Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Easy rider (Buscando mi destino)

Título: Easy rider (En busca de mi destino)

Dirección: Dennis Hopper

Interpretación: Peter Fonda, Dennis Hopper, Jack Nicholson, Karen Black, Antonio Mendoza, Phil Spector.

 USA 1969

 

 

 

-“Sí desde luego, todo el mundo quiere ser libre, sí. Pero una cosa es hablar de ello y otra muy diferente es serlo. Es muy difícil ser libre cuando te compran y te venden en el mercado. Claro que no les digas jamás que no son libres, porque entonces se dedicarán a matar y a mutilar para demostrar que lo son”

-“Vengo de una ciudad, no importa cual, todas son iguales”.

 

Libertad huraña

 

Tiene más de reflexión, de parábola filosófica, que de película, pero lo cierto es que a finales de los convulsos años 60 esta extraña road movie aderezada con hippies, drogas, Choppers, y nefastos prejuicios sociales fue un auténtico film de culto porque buscaba la auténtica esencia de la libertad y cortaba de un hachazo la hipocresía que se escondía detrás de un estilo de vida que se autodefinía como libre per se. Hay mensaje, contra el miedo a ser libre, la avaricia, la segregación racial, los falsos estereotipos, contra la América rancia y reaccionaria… pero también hay poco guión, en realidad sucede muy poco y especialmente el final, aunque necesario, es especialmente perverso, una manera poco medida de dar el final concreto que debe tener el filme, y muy vasto, un buen guión debería haber buscado algún modo más inteligente de que los dos protagonistas encontraran su destino y la verdadera acción está sólo en el final, en el resto del filme apenas pasa nada más, eso sí, va dejando pequeños retazos para que los más avispados puedan encontrar la verdadera esencia de la película.

En realidad tal vez hace esto Dennis Hopper porque el verdadero final está cinco minutos antes de la secuencia final, en una conversación aparentemente intrascendente en la que se ancla el mensaje que se quiere transmitir y que ya deja a los personajes a su suerte.

Las interpretaciones más bien estereotipadas de Peter Fonda y Dennis Hopper encuentran la suerte de contar con un secundario magistral, un joven Jack Nicholson que demuestra lo que valdrá en el futuro como actor, en un papel de abogado borracho, que también sueña con la libertad y cuya aparición (no casualmente) se inicia en la cárcel de una pequeña población.

Lo mejor de la película son, por un lado, sus apabullantes paisajes desérticos en una muy cuidada fotografía que aparece a lo largo del recorrido de los dos jinetes de Choppers, el otro elemento que hace destacable la película es su banda sonora con temazos rockeros de la época que se adaptan a la perfección al sentido que trata de aportar la cinta, con el ‘Born to be wild’ como escaparate perfecto para que el espectador aspire las mieles de una humanidad sin aparentes ataduras en la piel de estos melenudos.

También tiene una escena para el recuerdo, una extraña secuencia que merece entrar en los anales del cine. El rodaje de los efectos del LSD en un grupo de personajes, resulta en mi opinión fascinante. La manera de rodar esta inmersión en el inframundo de las alucinaciones, con trávelings circulares, elipsis, sonidos que no se corresponden con las imágenes… constituyen la esencia de la extraña sensación que deben tener los personajes perdidos entre el mundo real y el ilusorio, el efecto es verdaderamente desconcertante y asombroso.

 

Nota: 7

Vea el trailer de Easy Rider

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Estación Central de Brasil

Título: Estación Central de Brasil

Dirección: Walter Salles

Interpretación: Fernanda Montenegro, Vinicius de Oliveira, Marilia Pera, Soia Lira.

Brasil 1998

 

 

 

-“La que se subió a un taxi espacial fue mi madre, yo tenía tu edad cuando ella murió”.

-“Tu padre y tu madre no tendrían que haberte traído al mundo porque ahora soy yo la que tiene que aguantarte…¡eres un desgraciao!”

-“No tendría que existir la mierda de la fotografía para hacernos recordar, podrían dejarnos olvidar”.

Cartas perdidas.

Una película perteneciente casi al género epistolar, una misiva directa al corazón, entrañable y a veces cruel relato en el extraño e incierto viaje que emprenden una mujer mayor y un niño, que apenas se conocen, en busca del padre de éste. Esta es la escusa perfecta para desarrollar a dos personajes de una gran humanidad y para explorar el paisaje y las costumbres brasileñas, desde la bulliciosa Rio de Janeiro, hasta los poblados más rurales en otros confines de este enorme país.

El magnífico guión que tiene como razón de ser lo que ya he contado, pero cuya verdadera magnificencia está precisamente en el viaje, en el encuentro y desencuentro con otras vidas en el camino, tiene un alegre estilo neorrealista, muy engarzado a la realidad social, por ello todo el deambular de pequeños personajes que aparecen ante la cámara con pequeños problemas, con apenas una frase en la película, son una muestra perfecta del corolario que inunda este país, además, cuando lo hacen para que se les escriba una carta (la falsa madre tiene como oficio la de escribiente) descubrimos además curiosas intimidades de personajes que olvidaremos al poco tiempo… y es que este es uno de los mensajes principales que nos debe quedar de la película, el discurrir de la vida, el pasar por el mundo siendo olvidados por muchos (en casos extremos incluso por la propia familia) para seguir adelante en otro modo de existencia diferente, ocupando otros quehaceres y otros corazones que pronto reemplazarán a los que se quedan atrás. Mensaje duro, pero efectivo y revestido de cierta alegría al estilo de vida brasileño que encaja muy bien con todo lo que envuelve a esta película y que muestra al fin y al cabo el poder redentor de las relaciones humanas, sean del tipo que sean así como su carácter efímero.

También destaca enormemente de la película la capacidad interpretativa de Fernanda Montenegro (una actuación que le valió el Oso de plata en el Festival de Berlin, y la nominación al Oscar) capaza de conmover y de llevar también en volandas la actuación del chico que le acompaña, acertando con todo el realismo en esta difícil cinta con un personaje muy reflexivo y de profundos traumas sociales que la actriz sabe sacar a relucir en los momentos importantes.

También resulta interesante la fotografía, desde la extraída entre el gentío de la estación de trenes de Río, hasta los más abandonados pero bellos espacios naturales o rurales que van apareciendo durante la película y que muestran una Brasil pobre pero con capacidad de salir de su cloaca, con esperanza. 

Muy curioso también el talento tanto del director Walter Salles como del guión para utilizar ciertos símbolos como elementos de gran intensidad emotiva que sirven para conectar directamente con el corazón del espectador… asi veremos un pañuelo blanco blandirse por la muerte de un ser querido, las misivas en un cajón como la esperanza perdida, la televisión como el demonio narcotizador, una barra de labios gastada como símbolo de la belleza perdida, la fotografía para iluminar el paso del tiempo, la cerveza como la tentación… son muchos los que el espectador puede descubrir a lo largo del filme y que muestran que ciertamente la película está hecha con sumo cuidado.

Así, Sundance, San Sebastián y Berlín (éste último con el máximo galardón el oso de oro) premiaron esta película sensible, muy lograda en todos los aspectos técnicos con un guión cuidado y efusivo y una interpretación maravillosa.

Tal vez la excesiva repetición en las ideas centrales de la película (aún reconociendo que en una road movie el destino tiene que ser parte fundamental) y algunas pequeñas apreciaciones en cuanto a diálogos demasiado sensibleros en algunos momentos, y otros golpes de suerte que suponen un ‘empujoncito’ innecesario para afianzar la línea de guión, pueden ser los únicos fallos destacables de esta gran película brasileña.

  Vea el trailer de Estación Central de Brasil (ENG)

Nota: 7

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