Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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El jardín de los Finzi-Contini

Título: El jardín de los Finzi-Contini

Il giardino dei Finzi-Contini

Dirección: Vittorio De Sica

Interpretación: Dominique Sanda, Lino Capolicchio, Helmut Berger, Romolo Valli, Fabio Testi, Camillo Cesarei, Inna Alexeief.

 Italia. 1971

 

 

-“No te quiero, mi amor es para gente de carácter diferente, tú y yo somos iguales, como dos gotas de agua..¿cómo iba entonces a quererte?”

-“Los judíos somos perseguidos, me asustan las caras de la gente que veo por la calle, cuando salgo, tengo la impresión de que alguien me está espiando, de que me envidian…no me gusta”.

 

El locus amoenus en la tempestad

El Oscar a la mejor película extranjera y el Oso de Oro en el Festival de Berlín avalaron ante la crítica a esta película de uno de los grandes del cine y del neorrealismo italiano, Vittorio De Sica, más conocido por su tierna historia en El ladrón de bicicletas.

También de tono sentimental y enfoque realista esta historia basada en un libro de éxito de Giorgio Bassani, irrumpe en los años 30 en la localidad de Ferrara en el ambiente acomodado de un grupo de familias judías que observan como poco a poco Mussolini va asumiendo los dictámenes antisionistas de Hitler. Con una aguda crítica social, un labrado sentido histórico y un tono acorde con las circunstancias, desdramatizado en todo momento para mostrar como las familias viven en la opulencia mientras vislumbran su inminente caída la película pasa por reflejar con acierto y con un complejo montaje que nos lleva del presente al pasado en zig-zag aquellos años de guerra y preguerra y el papel que desempeñaron los judíos en aquella Italia.

 

La cinta va desgranando muy pausadamente los acontecimientos, y su valor radica precisamente en eso en la lentitud
con la que los adinerados personajes van asumiendo lo que ocurre a su alrededor mientras juegan al tenis en un precioso jardín, coquetean o realizan tesis acerca de literatos universales afianzando su posición social. La mano negra que los acecha, va también haciendo cambiar poco a poco sus percepciones y sus modos de vida, pero a un ritmo tan pausado que corren el riesgo de caer en las fauces del Holocausto mientras prosiguen con sus vidas elitistas. 

Esa impasibilidad ante la amenaza queda muy bien reflejada, en efecto, sin embargo, la película pasa sin mojarse durante toda su duración. La versión de De Sica de esta obra es demasiado academicista, poco atrevida y solo mira de soslayo al fascismo y al nazismo. La crítica es poco concreta y blanda y lo que se puede interpretar como drama pierde toda su energía al no ser más concisos en esos momentos. Es más, los momentos verdaderamente dramáticos de la película hacen más hincapié en la historia de amor de dos de los jóvenes protagonistas que en la barbarie de la guerra y la persecución contra los judíos, más preocupado el director por mostrar algunos aspectos de la cotidianidad y los estilos de vida de la clase alta italiana (sobre los que también se percibe una crítica) que en meterse en veredas políticas.

El resultado final es de un postre desabrido pero bien adornado… llaman la atención los paisajes de Ferrara, los increíbles jardines de la familia Finzi-Contini donde se desarrolla buena parte del filme, la gracilidad y la evocación a la belleza de algunos de los actores y algunos detalles simbólicos (el cruce de la frontera en tren o el Gran Danés que aparece en algunas de las escenas cruciales) que le aportan algo de vida e interés. Pero en general y en mi opinión, la película está muy sobrevalorada y el relato es bastante manido aunque bien ejecutado.

 

Vea el trailer de El jardín de los Finzi-Contini

Nota: 5

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El gran dictador

Título: El gran dictador

Dirección: Charles Chaplin

Interpretación: Charles Chaplin, Paulette Goddard, Jack Oackie, Reginald Gardiner.

USA. 1940

 

 

 

 

 

 

-“Ario no, sagitario”

-“Obreros que quieren ir a la huelga… fusílelos a todos, no quiero obreros insatisfechos”.

 

El mundo en un globo.

 

Clasicazo imperecedero y una de las mejores parodias jamás filmada. Charles Chaplin hace una película muy valiente, antes incluso de la II guerra mundial, interpretando a dos personajes (uno un barbero judío y otro el mismísimo Hitler)  que comparten el mismo espacio y el mismo tiempo permitiendo ver el problema del auge del nazismo desde los dos puntos de vista con un irreverente sentido del humor.

Desde los delirios de poder del dictador Hinkel, hasta las payasadas del barbero amnésico que ha pasado gran parte de su vida en un centro psiquiátrico sin saber la progresiva reclusión que había ido sufriendo el pueblo judío, todo resulta brutalmente cómico, pero al mismo tiempo vislumbra una nada sutil crítica lacerante hacia el régimen del III Reich, (Tomania en la película) y a las consecuencias humanas que tenía ese abominable sistema político sobre los habitantes de los guetos.

Los dos personajes, aunque maniqueos, están muy bien construidos incluso en la absurdez que representan, y son sus personalidades, en sentidos contrapuestos, las que arrancan las sonrisas del espectador.

El paso del tiempo sólo ha tenido un par de inconvenientes para la película, por un lado, que el tipo de humor (en general brillante e incluso inteligente) a veces tiene ese toque de ‘Pepe Viyuela’ muy hilarante en la época pero un tanto zafio en la actualidad. Por otro lado, la ambientación tiene decorados de cartón piedra bastante falsos, especialmente en la escena del tren de cartón que llega con otro dictador en su interior (referencia a Mussollini) y que es realmente inverosímil por la ‘cutre’ escenografía achacable sin duda a la falta de medios de la época.

Para compensar tiene escenas memorables, mítica es sin duda la del juego del globo terráqueo en plena efervescencia de poder de Hinkel que ha pasado a engrosar la lista de escenas inolvidables de la historia del séptimo arte.

Del mismo modo, el discurso final con el que concluye la película, un canto inigualable a la paz, la igualdad y la convivencia de las culturas, es emotivo, certero y le da más trascendencia a la película, la ensalza y pone un broche de oro para cerrar una historia divertidísima y crítica.

 

Nota: 7

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