Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Archivo para la etiqueta “oscar a la mejor película de habla no inglesa”

La vida de los otros

Título: La Vida de los otros

Das leben der anderen

Dirección: Florian Henckel von Donnersmarck

Interpretación: Ulrich Mühe, Martina Gedeck, Sebastian Koch, Ulrich Tukur, Thomas Thieme, Hans Uwe-Bauer.

  Alemania. 2006

 

 

-“Eres tan idealista que pareces un pez gordo del partido, ¿Quién ha hundido a Jerska, gente como ellos, soplones traidores y conformistas, si no tomas partido es que no eres humano, si te decides a actuar llámame, si no, no tenemos nada más que decirnos”.

-“Aún recuerdo las palabras de Lenin sobre la Pasionatta: (si sigo escuchándola no acabaré la revolución). ¿Puede un hombre escuchar esta música, escucharla de verdad, y ser mala persona?”.

-“Recuerde que ahora es una confidente, eso conlleva responsabilidades, pero también privilegios”.

Sonata para un hombre bueno

República Democrática Alemana (RDA) años 80. El control del estado comunista sobre sus habitantes muestra su mayor exponente en la Stasi (Organo de seguridad y espionaje de la RDA) que asfixia la libertad de expresión, especialmente de los artistas. Por motivos más personales que profesionales, los altos mandos del ministerio deciden investigar a un poeta y dramaturgo que en principio no parece sospechoso de tener vinculación alguna con los movimientos anti-régimen. Sin embargo, la relación que surge entre los intereses del poder, los espías y los espiados darán para un muy buen guión, para desarrollar una trama inteligente, crítica, veraz e instructiva con momentos de enorme tensión narrativa bien administrados por el director y que merecieron el Oscar de la academia de Hollywood a la mejor película de habla no inglesa, amén de otros muchos reconocimientos por parte de los círculos de la crítica o de los certámenes de cine de otros países como Italia (David de Donatello) o Francia (Cesar).  

La película es bastante sobria en cuanto a elementos artísticos o técnicos, hay poco que admirar en cuanto a movimientos de cámara, ambientación o fotografía, que simplemente se pueden incluir en el apartado de correctos, pero la película prefiere centrarse más en lo emocional, en la convicción de presentar de forma acertada una serie de personajes con objetivos contrapuestos, privados de libertad en diversas áreas de sus vidas por culpa del Estado y que, en cierta manera, chocan frontalmente entre sí arrastrados por las corrientes que se imponen desde arriba. La búsqueda de la libertad, el tratar de escapar del sistema haciendo trampas, será la que encierre la mayor virtud de la cinta, la valentía o cobardía que muestran los personajes en momentos críticos determinará de alguna forma sus vidas.

Y es que en esta historia hay un hombre que es especialmente bueno, que arriesga mucho para salvaguardar la felicidad de otros de los que sabe que no son culpables, que son injustamente acusados, un héroe anónimo a los que esta historia trata de hacer justicia muchos años después de la caída del muro de Berlín.

La película tiene sin duda cierta maestría para llevar a cabo el guión para desarrollarlo y dosificarlo para inyectarle un aire trágico y conmovedor… pero tampoco va mucho más allá.

Destacable también Ulrich Mühe en el papel del ‘hombre bueno’ sabiendo reflejar esas pequeñas dosis de soledad y sentimentalismo dentro de un personaje bastante austero por lo general, el resto de las actuaciones son en realidad demasiado hieráticas y no del todo convincentes.

Y eso es a grandes rasgos La Vida de los Otros, un filme que narra aspectos no tan conocidos de la vida en el Europa del Este, que apunta hacia el control del estado en la ideología y en los proyectos artísticos (un tema ya desarrollado en otros filmes como Mephisto) y que encierra un memorable guión.

Vea el trailer de La vida de los otros

Nota: 7

Anuncios

En un mundo mejor

Título: En un mundo mejor.

Dirección: Susanne Bier

Interpretación: Mikael Persbrandt, Trine Dyrholm, Ulrich Thomsen, Markus Rygaard, William Johnk Nielsen.

Dinamarca. 2010

 

 

-“Los adultos parecen niños cuando están muertos”.

-“Coño pequeño, cuchillo grande. Tal vez Omar pueda tomarla, a él le gustan las cosas que no se mueven”.

A un paso del bien y del mal.

Últimamente Hollywood suele tener mejor tino a la hora de premiar a las películas extranjeras que a las suyas propias y esta ‘In a better world’ es un buen ejemplo al haber sido la ganadora del oscar a la mejor película de habla no inglesa. Este cocktail molotov de emociones, de relaciones paterno-filiales, de violencia… te estalla en los ojos con virulencia, te captura con una historia compleja, que no se limita a exponer si no que explora el germen de las emociones humanas, los detonantes que nos impulsan a tomar uno y otro camino y especialmente a caminar sobre la delgada línea que separa el bien del mal y reflexiona sobre los orígenes de la violencia y sus consecuencias con dos niños como protagonistas.

Durante este torbellino de emociones nos encontramos la historia de Antón, un medico comprometido con los más necesitados en África que deja en Dinamarca a su mujer engañada (de la que requiere su perdón) y a su hijo Elías. Este chico que sufre acoso escolar conocerá en el primer día de colegio a Christian, un chico que ha perdido a su madre por un cáncer, que está enrabietado con la vida y que busca venganza haya donde encuentre una buena excusa. Con tales circunstancias Bier sazona un drama que irá creciendo apaciguadamente hasta estallar, cocinado lentamente y con temple de maestro, sin perder jamás el interés pero sin precipitarse y revolviendo emociones a un lado y al otro de la balanza.

Con cada uno de los personajes, la directora danesa consigue hacer un profundo retrato personal de enorme calado, reflexivo. Nos desnudas sus almas y nos deja al descubierto lo bueno y lo malo de todos ellos. A nivel moral hay sin embargo un personaje que está por encima de todos ellos, y cuyo sentido de la vida y su disposición natural a poner la otra mejilla en los casos de violencia le supone una superioridad moral con respecto al resto de personajes. Se trata de Anton, magníficamente interpretado por Mikael Persbrandt que sabe transmitir la paciencia, la estabilidad emocional, la capacidad para encajar los golpes de un personaje complejo al que le labra un intenso y cálido valor emocional gracias a un trabajo actoral de lujo. De igual modo los dos niños que aparecen en la cinta también consiguen hacer creíble e incluso intensificar emociones en un papel dificilísimo para sus edades e incluso la complicidad entre ambos con dos personajes a priori muy alejados en sus personalidades resulta muy convincente.

En el plano técnico destaca una muy buena fotografía (especialmente en las escenas que se desarrollan en África, así como en los paisajes más rurales en los que se refugian los personajes que de vez en cuando necesitan de la soledad) así como algunos primeros o primerísimos planos para captar las emociones en momentos clave.

Una historia muy humana, accesible, en la que la directora deja opciones a los personajes donde cada acción tiene su causa y su efecto perfectamente hilvanados y con una desgarradora intensidad narrativa.

Nota: 8

Las invasiones bárbaras

Referencia: I-0226

Título: Las Invasiones Bárbaras

Dirección: Denys Arcand

Interpretación: Remy Girard, Stephane Rousseau, Marie-Joseé Croze, Dorotheé Berryman, Louise Portal, Dominique Michel, Pierre Curzy.

Canadá. 2003

 

 

 

 

 

 

-“Tengo la firma intención de mantenerme lúcido hasta mi muerte”.

-“He derramado ríos de esperma soñando con esos muslos”.

-“No es su vida actual la que no quiere dejar, es su vida pasada. Esa ya está muerta”

-“Nunca imaginé el día en el que rechazarías trufas frescas”.

 

 

El estertor del imperio americano.

 

Dos décadas después de estrenar ‘El declive del imperio americano’, Denys Arcand quiso realizar la segunda parte de esa película, con los mismos personajes que 20 años antes tan grácilmente hablaban de sexo pero sensiblemente más envejecidos. La película tiene prácticamente los mismos ingredientes que su antigua predecesora, es decir, mucho diálogo, profundas reflexiones acerca de la vida, un clima intelectual, continuas referencias al sexo en los diálogos y un intento desesperado por ensalzar la amistad. Pero además de todo esto Arcand añade un elemento que mejora sensiblemente su primer engendro intelectualoide, y ese elemento no es más que una historia, algo que poder desarrollar en un guión y con lo que poder emocionarse.  Y es que el travieso y adultero profesor de historia que en la primera entrega nos hacía reír tiene 20 años después un mortal cáncer de cerebro, esa será la noticia que propiciarán que todo el grupo de amigos se vuelva a reunir en torno a su lecho de muerte y veamos progresivamente el avance de un enfermedad dejando además abiertas otras subtramas como la del mundo de la droga, la eutanasia, la pérdida de la fogosidad sexual, temás que son tratados conjuntamente junto a otro que también aparece en la primera parte, el de la política y sus letales consecuencias en forma de guerras y genocidios.

Bien ensamblada, inteligente, audaz y con toque de cinismo a la hora de criticar los convencionalismos sociales, el problema de las Invasiones Bárbaras es que su incursión en el camino del diálogo es demasiado profusa, todo es hablar y serpentear acerca de los mismos temas, rodearlos una y otra vez, alejarlos de lo que entendemos como una conversación tradicional, haciendo que la película vaya perdiendo realismo poco a poco, es decir, exactamente lo que le pasaba a al primera parte pero en una dosis inferior y claro, lo que se aleja de lo real, tiene más dificultades para emocionar, por ello, pese a lo logrado del personaje del moribundo y de sus curiosas reacciones ante la muerte (desde luego si es una película para pensar) no llega a tocar la fibra sensible, a emocionar realmente. Y eso que individualmente muchas de las frases que los personajes van dejando a lo largo de la película son verdaderamente geniales, pero juntas conforman una amalgama que muchas veces parecen difíciles de digerir.

En el plano técnico también mejora esta película al declive del imperio americano, con buenos trávellings a lo largo de los pasillos del hospital, los sutiles acercamientos de cámara en los momentos más emocionantes, y paisajes bien fotografiados.

En definitiva una película para aprender, para reflexionar y para ver con la mente bien despierta, nunca como puro entretenimiento.

 

Nota: 6

Navegador de artículos