Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Soy un cyborg

Título: Soy un cyborg. (ㄴ먀ㅠㅐ혀ㅛㅑㅡ무 ㅏㅈ두초뭄)

Director: Park Chan-Wook

Interpretación: Lim Soo-jung, Jung Ji-Hoon, Choi Hee-jim, Lee Young-nyeo, Yoo Ho-jung, Shon Young-soon.

Corea del Sur. 2006

 

 

 

-“Me gustaría agradecerte todo lo que estas haciendo por mi, también por haber robado furtivamente mi compasión, me gustaría, pero tengo prohibido sentir agradecimiento”

-“Eres una bomba nuclear y tu razón de existir es el fin del mundo, necesitas un billón de voltios”.

Cables como venas                                                                         

Explorando los confines de la fantasía sin despegar del todo los pies del suelo, Park Chan Wook nos trae una película inclasificable, delirante, dulce, lisérgica y adorablemente trágica. Ante esta propuesta, el espectador es embaucado por una narrativa ‘abracadabresca’ que difumina los límites entre la alucinación y la realidad, lo sumerge en su particular fábula esquizoide y queda rendido ante la candidez ilusoria de sus chalados personajes.

Con un guión absolutamente diferente y rebuscado en el pajar insondable de la materia gris de este director coreano, se nos presenta la historia de una joven anoréxica que acaba seriamente perturbada hasta el punto de creer que es un robot que no necesita comer. Su clausura en un frenopático junto a otros peculiares personajes hace desarrollarse una historia sorprendente que culmina incluso en el extraño amor entre la dama Cyborg e Il Soon, un joven que se cree capaz de robar las habilidades de los que le rodean y que siempre se oculta tras una máscara.

Con este arriesgadísimo punto de partida, que nos lleva de sorpresa en sorpresa, Chan-wook recrea una atmósfera imposible entre las paredes y los jardines del manicomio, con una escenografía colorida y detallista y una fotografía que, con elementos reales, se acerca más al género anime japonés que al que observamos habitualmente en el cine convencional, todo para hacer restañar la ilusión disparatada de sus personajes haciendo olvidar por completo al espectador el tétrico ambiente en el que se desenvuelve su realidad. Si a esto le sumamos unos cuantos efectos especiales en aquellas escenas en las que ella piensa que actúa como robot (la forma en la que se recarga ficticiamente iluminándose las yemas de los dedos de los pies, es fascinante) nos encontramos ante una maravillosa forma de ensoñar la atmósfera en la que se desenvuelve el guión, inventando un microcosmos específico que contagia de armonía y magia tan inusual historia.

Después de alucinarnos con su trilogía de la venganza (Symphathy for Mr. Vengeance, Oldboy y Symphathy for lady Vengeance) Park Chan Wook, cambia de registro temático con una historia arropada de ternura, pero no en su peculiar visión sobre el ser humano o la carga visual que da a sus filmes, cuidando cada plano como un lienzo con un mágico sentido artístico de la cinematografía.

Desde luego no pasará inadvertida, trastocará mentes, fruncirá entrecejos y aunque no sea apta para todo tipo de públicos (hay que liberar mucho la imaginación para adaptarse a esta narración evanescente) bien merece la pena echarle un vistazo a la humanidad desde un ángulo tan escorado.

Vea el trailer de la película

Nota: 8

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Léolo

Título: Léolo

Dirección: Jean-Claude Lauzon

Interpretación: Maxime Collin, Gilbert Sicotte, Ginette Reno, Julien Guiomar.

Canadá. 1992

 

 

 

-“Hasta donde alcanza mi memoria, los olores y la luz habían soldado mis primeros recuerdos. Mi abuela había convencido a mi padre de que la salud florece al cagar, asi que todos los viernes nos sometíamos a un tratamiento de choque a base de laxantes para purificarnos de todas las enfermedades del mundo”.

-“Había empezado a escribir todo lo que se me pasaba por la cabeza, los miembros de mi familia se habían convertido en personajes de ficción y hablaba de ellos como extraños”.

 

La insondable imaginación putrefacta

 

“Porque sueño, no lo estoy”… Así comienza esta desconcertante película, extraña mezcolanza entre lo grotesco y lo deliciosamente lírico que se desarrolla paralelamente en un alarde de imaginación, como una centelleante historia de realismo mágico deliberadamente ensuciada y enmohecida, una maravillosa ‘rara avis’ del cine, peculiar y originalísima.

La historia de este niño brillante con una portentosa imaginación, inmersa en una familia de locos (dementes literalmente) es una lucha continua entre el genio, la vivacidad y la poética que desprende el pequeño Leolo, contra el ambiente deprimente, escatológico y negativo en el que se desenvuelve. En ese aspecto, esa fotografía sucia, granulada, con ese aire de retrete encarnizado y esa escenografía casi perversa con animales asquerosos y vísceras a modo de juguete sexual forman el ambiente perfecto para el desarrollo ambivalente de la película. Ese escenario putrefacto termina por devorarlo todo, por abigarrarse a la pituitaria abierta del espectador pero en el corazón del filme la sonrisa del pequeño, sus ocurrencias y su alma libre, siguen siendo un tesoro entre la mierda.

El comienzo del filme es asombroso y fascinante envolviéndote en una especie de fábula irónica, de fantasía rebelde y poderosa. Ese alarde inicial de imaginación va perdiendo fuelle y retrata los mismos puntos fuertes del principio, pero éstos son tan originales e interesantes que el guión mantiene el tipo, sin tantas brillantez como en su inicio, claro está.

Los personajes están muy elaborados en su locura, marcados psicológicamente, pero también personalmente con sus manías y miedos con ese toque onírico, camino del delirio, de lo estrambótico, pero al mismo tiempo con un aura de realidad en los pasillos del psiquiátrico que acongoja.

En ese mundo al filo de la navaja la verdadera maravilla se esconde tras los sueños, las ilusiones, los paisajes literarios de Léolo, su amor ‘italiano’ Bianca, su liberación de la locura, su lucha sin fin por escapar.

Deliciosamente enigmática, Léolo es desde luego una película única y elocuente, con un guión intenso pero firme, pese a lo abstracto y lírico de lo que trata de representar, un filme diferente que sorprende desde sus primero planos, algo que todo el mundo debería ver para comprender lo insondable del universo del cine, las múltiples posibilidades que ofrece… en uno de sus vértices está esta película.

 

Nota: 8

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