Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Hunger (hambre)

Título: Hunger (Hambre)

Dirección: Steve McQueen

Interpretación: Michael Fassbender, Liam Cunningham, Liam McMahom, Lalor Roddy

Irlanda 2008

 

 

 -“Sólo fumamos las lamentaciones, un cigarrillo miserable”.

-“Han vuelto la violencia hacia ellos mismos con la huelga de hambre hasta morir. Buscan trabajar sobre uno de los sentimientos humanos más básicos, la compasión”.

La fortaleza del mártir.

Servida en crudo y putrefacta, ‘Hunger’ es una de las películas más comprometidas y reveladoras del cine europeo de los últimos años. Mezcla una sobriedad escenográfica, compensada por la imaginación de los encuadres, una historia fortísima basada en hechos reales y sobrecogedora que se inyecta directamente en vena para el espectador (nada de edulcorantes), una portentosa interpretación de un Michael Fassbender que luego se convertiría en el chico de moda del cine europeo, un no menos portentoso trabajo de dirección,  y cierta innovación narrativa para calificarla dentro del subgrupo de las llamadas ‘independientes’.

El tema del IRA y el imperialismo británico sobre Irlanda, ya ha dado enormes películas (Véase en este blog ‘El viento que agita la cebada’ https://palomitasconchoco.wordpress.com/2011/11/22/el-viento-que-agita-la-cebada/  o ‘En el nombre del padre’ https://palomitasconchoco.wordpress.com/2011/06/10/352/) pero la visión más dura y desgarradora del conflicto, ha resultado ser la que no tiene explosiones de bombas ni la disertación épica sobre idearios políticos.

Y es que cuando la realidad supera a la ficción lo mejor es copiarlas y los hechos que ocurrieron en la prisión de Maze son lo bastante elocuentes como para narrarlos en su profunda sobriedad.

Año 1981, Margaret Thatcher domina con mano de hierro la Commonwealth y hacina en una misma cárcel a los presos del IRA saltándose los derechos humanos más fundamentales ante un colectivo que reclama la condición de presos políticos. En la primera parte de la película asistimos a golpizas, tratos denigrantes y vejatorios, torturas psicológicas, y unas condiciones de vidas insalubres que incluyen orines y heces (que los propios reos convirtieron en un arma en la llamada huelga sucia). Son secuencias de impacto, sin aviso previo, sin introducción ni contexto, con un grado de salvajismo y brutalidad atenazante que prescinde de los diálogos. La narración visual, la propia secuencia de los hechos lo dice todo.

Por si el espectador necesita situarse en la historia nos adentramos en la segunda parte, en la que la austeridad se hace marca, quizás en exceso. Un único plano fijo de 17 minutos nos adentra en el corazón del conflicto, con una conversación entre el protagonista, Bobby Sands y un sacerdote católico que sirve para poner sobre la mesa las raíces del conflicto y ciertos aspectos filosóficos del mismo. Es ahí cuando el reo anuncia su intención de iniciar una huelga de hambre.

La tercera parte es la más poética y conmovedora, mostrando el progresivo deterioro del preso y su férrea convicción, aquí es donde la mano del director se hace más fuerte, un montaje soberbio, gran elección del acompañamiento musical de piano y un visión estupenda para saber captar pequeños detalles del moribundo a través de la cámara, que ante la posibilidad de hablar del moribundo (nuevamente los diálogos desaparecen de la película) , nos narra su estado de ánimo y su lamentable y cada vez más escuálido estado físico.

Es una gran película con un punto de vista diferente y con un gran dominio de la cámara y la narrativa cinematográfica.

Nota: 8

 

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El viento que agita la cebada

Título: El viento que agita la cebada

Dirección: Ken Loach

Interpretación: Cillian Murphy, Padraic Delaney, Liam Cunninghan, Orla Fitzgerald, Mary O´Riordam, Mary Murphy.

UK 2006

 

 

 

 

 

 

 

-“No quería meterme en esta guerra y me metí, ahora no puedo salirme de ella”.

-“Es muy fácil saber contra que se está, pero es mucho más difícil saber a favor de que se está”.

 

Combativa y comprometida.

 

Muchos achacan a Ken Loach su escaso pudor a la hora de fijar sus ideas, de ser maniqueo en cuanto a su puesta escena. Pues para bien o para mal Loach es así, comprometido con la izquierda, rebelde, combativo y no tiene otra forma de expresar su  personalidad. A quién le moleste su ideario, que no vea sus películas, pero se perderá a un gran cineasta.

En ‘El viento que agita la cebaba’, Loach se adentra en el germen del conflicto irlandes, en los años 20 del pasado siglo cuando el imperio británico, a juicio de Loach (y de muchos historiadores) gobernaba con mano de hierro y con estado policial a la comunidad irlandesa que ansiaba libertad. Fueron esos primeros pasos del IRA los que refleja Loach en la película a través de la vida de dos hermanos implicados en esta lucha que el autor justifica en todo momento (y recordemos que Loach es británico).

El director consigue aportarle al guión una gran intensidad narrativa, una agilidad dramática en la que constantemente hace recaer el interés del espectador y en todo momento la película es aparentemente muy realista (otra cosa es que no lo sea o que la historia esté sesgada hacia un bando) lo que consigue, en todo aquel que sepa apartar sus prejuicios políticos, que nos metamos dentro de la vida de un guerrillero del IRA, una vida apasionante y no exenta de problemas y es que la humanidad que consigue inyectar a sus personajes hace aflorar emociones con una tremenda eficacia.

En el ámbito técnico, la película también es notable con una bellísima fotografía basada en los exteriores de los verdes campos irlandeses y una magnífica iluminación, además de la buena evocación de la época por el vestuario y la escenografía.

En fin que es una película para enrabietarse, para cerrar los puños de indignación, para rebelarse, pero también para disfrutar, para sentir y para implicarse. Tiene grandes alicientes y un final perverso y desgañitado que arruga el corazón. Elementos de sobra para que el jurado del festival de Cannes decidiera otorgarle la palma de oro a la mejor película y en cuanto a los guiños políticos que muchos tratan de llamar como imposición de una opinión, yo, prefiero llamarlo compromiso, juzguen ustedes.

Nota: 7

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