Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Caché (Escondido)

Título: Caché (Escondido)

Dirección: Michael Haneke

Interpretación: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou.

Francia. 2005

 

 

 

 

-“Quería repetirle que no se nada de esos videos, te pedí que vinieras porque quería que estuvieras presente”.

-“Sabes que?… estas enfermo, estás tan enfermo como tu padre, no se que te habrá contado sobre mí, ni que obsesión te ha metido en la cabeza, pero te diré una cosa, no vas a sentir que me sienta culpable porque la vida de tu padre fuera triste o porque fuera un fracasado, no soy responsable… y si alguna vez tratas de molestarme a mi familia o a mí, te arrepentirás de ello, te lo garantizo”.

La culpa indiscreta

Haneke lo vuelve a conseguir, en Caché vuelve a inyectar este terror fantasma, casi imperceptible pero efectivo, ese miedo sugerido en la parcela psicológica sin necesidad de mostrar un solo plano referido a él, dominando con maestría la dirección y el montaje para conseguir ese efecto demoledor sobre la conciencia. Y es que el tema principal sobre el que gira la película es la culpa, pero alrededor de este concepto logra montar una trama de thriller, una sombra amenazante que nunca se llega a diluir (ni si quiera la final, o sea que los que quieran una película completamente cerrada óbvienla) y con la que de paso, realiza una radiografía detallista sobre la clase burguesa europea, una sociedad insolidaria y enferma que queda al desnudo bajo la cámara del genial director austriaco.

Formalmente, la película es austera, como en la mayoría de los filmes del director, muy sencilla en lo técnico, pero insondable en el aspecto temático. Mucho plano fijo y planos secuencias para dar cobertura a la historia que no necesita de más dispendio que la oscura eficiencia psicológica que tiene la película… y de dónde surge?

La genial idea de Haneke es casi macabra a la hora de engañar al espectador. El argumento tiene como base los extraños mensajes en forma de cinta de video que recibe una familia de clase media-alta francesa y en la que aparecen ellos mismos o la fachada de su casa sin más referencias, salvo los pueriles dibujos sangrientos en los que envuelve las cintas. El director tiende a confundir constantemente al espectador, para que dude de si lo que está viendo es una de las cintas, o la realidad (dentro de la ficción) que presenta, y este hecho, sin saberse a ciencia cierta quién es el autor de las grabaciones, es el que provoca que una escena tan sencilla como ver a alguien dormir esté repleta de una alta tensión por la sospecha, por la incertidumbre, de no saber que estamos viendo.

Y todo, para casi nada, porque en realidad todo es un descomunal McGuffin una trampa para servirnos en bandeja, la culpa y la hipocresía de la sociedad francesa, una anzuelo en el que picamos irremediablemente.

Tanto Juliette Binoche como Daniel Auteill realizan unos papeles magníficos como ‘víctimas’ de la cruel broma y escenificando la crisis que este elemento que interfiere en sus vidas provoca en su estable vida.

Lo que está claro es que Haneke sabe crear una gran inquietud con una gran profundidad intelectual y la película, aunque necesita de la colaboración del espectador para funcionar, es fantástica.

 

Nota: 8

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La pianista

Título: La pianista

Dirección: Michael Haneke

Interpretación: Isabelle Huppert, Benoit Magimel, Annie Girardot, Anna Sigalevitch, Susanne Lothar

Francia 2001

 

 

 

 

 

 

-“No tengo sentimientos, métaselo en la cabeza, y aunque algún día los tenga, no triunfarán sobre mi inteligencia”.

-“No puedes excitar así a un tío y luego refugiarte en el hielo”.

-“Suena tan transparente como un parabrisas sucio..¿Será por las imágenes que le rondan por la cabeza?”

 

 

Juguemos al sado.

 

Otra vez Haneke bailando al borde del abismo sin precipitarse, con una maestría insondable. La Pianista es una obra que resulta a veces repulsiva, con la que el espectador se siente violado, y observa con reticencias y curiosidad malsana las atrocidades y desviaciones sexuales que se proyectan en la pantalla. No es una película fácil, ni si quiera agradable, pero el alubión de sentimientos que te hace experimentar, la empatía con los personajes, los increíbles giros de guión y la tormentosa relación entre profesora de piano y alumno que se contempla, hace que a partir de la primera hora seas incapaz de separar la mirada de una pantalla, sintiéndote un vulgar vouyer, pero atrapado por esa sensación entre el placer y el asco que hizo que esta obra ganara el gran premio del jurado en el Festival de Cannes.

Y es aquí, además de la violencia tan habitual en este director austriaco, donde se fragua una cinta en la que tenemos, para empezar, un magnífico personaje protagonista, con una doble vida, una doble moral y una doble sexualidad, la de una rígida y fría profesora de piano que marcada seguramente por años de autorrepresión sexual termina por acudir secretamente a cabinas de sex-shop, practicar el vouyerismo e inclinarse por el sadomasoquismo. La bidisección psicológica de este personaje es realmente encomiable y cruel y resulta apasionante a ojos del espectador, desbordante y atrayente un resultado al que contribuye sin duda la impecable actuación de Isabelle Huppert, que borda un papel complejísimo y redactado a dos velocidades, en ambas, su contribución es exquisita y Cannes se lo reconoció con el premio a la mejor actriz mientras que el de mejor actor se quedó en manos de su compañero de reparto, Benoit Magimel.

Su guión es macabro, enfermizo, tóxico, pero en él se encuentra también la precisión matemática y fría para jugar con los tiempos y asir al espectador por el cuello, una obra de ingeniería como casi siempre en Haneke pero con un problema inevitable, el de tener que cocinar lentamente a los personajes durante los primeros 45 minutos a fuego muy lento, buscándole los matices, ‘introspecionándolos’ (perdón por el palabro que me acabo de inventar)  lo que puede derivar en que durante un buen rato acabes hasta el gorro de la música de Schubert y de las clases de piano, pero indiscutiblemente, sin esta preparación previa, sin meterse uno en el mundo que nos plantea, el efecto de la película no sería el mismo, de tal modo que, nos guste o no, terminamos por participar en el juego aberrante de Haneke.

Aviso que no es una película apta para todas las sensibilidades y que, las personas morbosas, tampoco encontrarán exactamente lo que buscan, aunque puede que si encuentren algún premio en esta obra incómoda, pero excelente.

 

Nota: 8

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