Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Carros de fuego

Título: Carros de fuego

Chariots of fire

Director: Hugh Hudson

Interpretación: Ben Cross, Ian Charleson, Nigel Havers, Cheryl Campbell, Alice Krige, Iam Holm, John Gielgud.

 Reino Unido. 1981

 

 

 

-“Van a enfrentarse a los mejores del mundo, a hombres de todas las razas, jóvenes y decididos como ustedes, ligeros, con fuerza y nervio, representando a todas las naciones civilizadas de la tierra, no tengo la menor duda de que todos ustedes se comportarán de forma honorable y digna. Buena suerte a todos”.

-“Yo creo que Dios me hizo con un propósito, él me hizo rápido para poder complacerle”.

-“Mi arrogancia llega tan lejos como lo exige mi conciencia”

 

Espíritu olímpico en sepia

 

Hay bastante más que la famosa banda sonora de Vangelis en esta película y que es maravillosa. La película tiene carácter, el que le da un guión férreo al estilo clásico y que además está basado en la historia real de los atletas británicos que participaron en las olimpiadas de 1924, en París. El guión bucea no sólo en la cita olímpica sino en las motivaciones y convicciones de dos de los protagonistas olímpicos, por lo que el filme rastrea también los ambientes sociológicos y psicológicos de los dos personajes principales y de paso incita a la reflexión en los aspectos religiosos (uno de los atletas es católico y otro un judío en un país protestante) y políticos (uno es escocés con ciertas tendencias independentistas y otro hijo de un inmigrante lituano) dos facetas de la vida sobre las que gana el propio guión para no ser una cita simplemente deportiva. Eso sí, ambas historias se desarrollan de una forma paralela, separada, y aunque ambos coinciden en la cita olímpica, la verdad es que no lo parece a nivel fílmico. Ahí el guión si desgaja la historia y el montaje no sabe arreglarlo. Pero el espíritu olímpico de competición el afán por la victoria, el esfuerzo previo por lograrlo, es el verdadero protagonista de la película más allá de las interesantes paralelas (que se quedan bastante cortas) y aquí es donde entra el plano técnico. Para empezar la recreación en vestuario y ambientación general, así como la fotografía de tintes antiguos es muy buena. Durante la película podrás descubrir curiosidades sobre las citas olímpicas de antaño, curiosidades que afirman que el tema ha sido bien estudiado y documentado para hacer el filme. No es tan bueno, sino más bien lamentable, el aspecto del maquillaje donde no se trabajó para lograr un buen efecto. 

 

En cuanto al trabajo de cámara, no es brillante pero sí efectivo, cámara lenta en las líneas de llegada, contrapicados para resaltar la heroicidad del atleta, algún movimiento panorámico para reflejar los momentos de euforia… recursos que se repiten cientos de veces pero que no por eso dejan de funcionar… y la música de Vangelis hace el resto para hacer que cualquier escena crezca como espolvoreada por levadura y llegue al alcanzar buenas dosis de emotividad y comunicación con el espectador.

Lo que menos me gustó del filme fue su forma de hacer del patriotismo un fetiche, ya no sólo por ensalzar la deportividad y competitividad de los atletas británicos, algo lógico si tenemos en cuenta que es el tema de la película y que está basado en hechos reales, si por la manera de llenar de perfectos ‘gentleman’ y ‘sir’ la película, de dotarlos de esa caballerosidad extrema de la que quieren hacer gala en sus películas los británicos, otro maquillaje al guión que no le sienta bien y que hacen que sea demasiado chauvinista y hasta propagandística en algunos aspectos.

La dirección de Hudson y las interpretaciones de Ben Cross (Harold Abrahams) e Ian Charleson (Eric Henry Liddell) simplemente correctas.

 Vea el trailer de Carros de fuego

Nota: 7

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En un mundo mejor

Título: En un mundo mejor.

Dirección: Susanne Bier

Interpretación: Mikael Persbrandt, Trine Dyrholm, Ulrich Thomsen, Markus Rygaard, William Johnk Nielsen.

Dinamarca. 2010

 

 

-“Los adultos parecen niños cuando están muertos”.

-“Coño pequeño, cuchillo grande. Tal vez Omar pueda tomarla, a él le gustan las cosas que no se mueven”.

A un paso del bien y del mal.

Últimamente Hollywood suele tener mejor tino a la hora de premiar a las películas extranjeras que a las suyas propias y esta ‘In a better world’ es un buen ejemplo al haber sido la ganadora del oscar a la mejor película de habla no inglesa. Este cocktail molotov de emociones, de relaciones paterno-filiales, de violencia… te estalla en los ojos con virulencia, te captura con una historia compleja, que no se limita a exponer si no que explora el germen de las emociones humanas, los detonantes que nos impulsan a tomar uno y otro camino y especialmente a caminar sobre la delgada línea que separa el bien del mal y reflexiona sobre los orígenes de la violencia y sus consecuencias con dos niños como protagonistas.

Durante este torbellino de emociones nos encontramos la historia de Antón, un medico comprometido con los más necesitados en África que deja en Dinamarca a su mujer engañada (de la que requiere su perdón) y a su hijo Elías. Este chico que sufre acoso escolar conocerá en el primer día de colegio a Christian, un chico que ha perdido a su madre por un cáncer, que está enrabietado con la vida y que busca venganza haya donde encuentre una buena excusa. Con tales circunstancias Bier sazona un drama que irá creciendo apaciguadamente hasta estallar, cocinado lentamente y con temple de maestro, sin perder jamás el interés pero sin precipitarse y revolviendo emociones a un lado y al otro de la balanza.

Con cada uno de los personajes, la directora danesa consigue hacer un profundo retrato personal de enorme calado, reflexivo. Nos desnudas sus almas y nos deja al descubierto lo bueno y lo malo de todos ellos. A nivel moral hay sin embargo un personaje que está por encima de todos ellos, y cuyo sentido de la vida y su disposición natural a poner la otra mejilla en los casos de violencia le supone una superioridad moral con respecto al resto de personajes. Se trata de Anton, magníficamente interpretado por Mikael Persbrandt que sabe transmitir la paciencia, la estabilidad emocional, la capacidad para encajar los golpes de un personaje complejo al que le labra un intenso y cálido valor emocional gracias a un trabajo actoral de lujo. De igual modo los dos niños que aparecen en la cinta también consiguen hacer creíble e incluso intensificar emociones en un papel dificilísimo para sus edades e incluso la complicidad entre ambos con dos personajes a priori muy alejados en sus personalidades resulta muy convincente.

En el plano técnico destaca una muy buena fotografía (especialmente en las escenas que se desarrollan en África, así como en los paisajes más rurales en los que se refugian los personajes que de vez en cuando necesitan de la soledad) así como algunos primeros o primerísimos planos para captar las emociones en momentos clave.

Una historia muy humana, accesible, en la que la directora deja opciones a los personajes donde cada acción tiene su causa y su efecto perfectamente hilvanados y con una desgarradora intensidad narrativa.

Nota: 8

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