Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Archivo para la etiqueta “extraterrestres”

El gran marciano

Título: El gran marciano

Dirección: Antonio Hernández

Interpretación: Jorge Berrocal, Ismael Beiro, María José Galera, Jaroslav Bielski, Marta Belenguer, Mabel Garrido, Ania Iglesias, Iván Armesto, Cari Antón.

España 2001

 

 

 

-“No podemos entrar ahí, no sabemos de dónde viene, os van a poner a todos en cuarentena gilipollas”.

-“Para ser sincero se que algunos se hace algún porrete, pero en aquel momento debido a que estaba la alcaldesa y que era una cena de protocolo yo creo que nadie”.

Inocentada.

Pues sí, hay que ser bastante pardillo para ver esta película, o en su defecto que alguien te obligue a verla con chantajes sentimentales. Sea cuales sean los motivos que me impulsaron a hacerlo, la he visto… y sí, es tan mala como parece.

Esta fricada realizada a modo de docu-ficción, realizada con los concursantes de la primera edición del programa Gran Hermano, rueda una broma filmada en la que hacen creer a los pobres palurdos que son testigos de un encuentro extraterrestre, una broma elaborada pero en la que los hombres pertenecientes a la vida inteligente no picarían nunca.

La película no tiene otro objetivo que el de ridiculizar a los integrantes de este bombazo televisivo, poniendo ante las cámaras a este grupo de famosos de laboratorio para burlarse de ellos con una inocentada millonaria, pero burda en su concepto y a la que los pobres concursantes se ven arrastrados pese a algunas obviedades básicas que sus mentes preseleccionadas para el espectáculo denigrante prefieren pasar por alto.

La película solo tiene una base de guión, ya que lo demás se va sucediendo espontáneamente según la reacción de los personajes aunque esta sea bastante previsible. El problema radica en que las víctimas de este experimento cinematográfico no dan más de sí y sus reacciones, aunque hiperbólicas e incluso graciosas en algunos momentos por las memeces que salen de este grupo de engañados, no dan más de sí. Son personajes que por su propia condición de guiñapos televisivos no consiguen atrapar en la intriga al espectador, ni sorprender, sólo que nos riamos, pero de ellos y sus esperpénticas reacciones, no del guión ni de la trama.

Algo parecido pasa con las supuestas interpretaciones. Cabría esperar que en una filmación en la que los protagonistas no tienen que aprenderse sus frases estuviéramos ante interpretaciones muy reales y naturales, pero la propia condición de los seleccionados hace que todo el desarrollo de la película se base en cometarios y acciones histriónicas y desmedidas, paradójicamente, un documental, una convivencia natural y real en sí misma parece a ojos del espectador mucho más falsa que una película de ficción pura (ahí radica la magia del cine), reacciones desproporcionadas que se centran principalmente en un Jorge Berrocal, el peor parado en esta trama absurda que se cree a pies juntillas el encuentro extraterrestre y cuya tensión estalla ante tan magnífico acontecimiento.

Este intento cinematográfico sólo cuenta con un par de tramas secundarias, una protagonizada por Iñigo, al que separan del resto de los compañeros y otra de una supuesta infidelidad de una alcaldesa. Ambas están descompensadas, una de ellas se cierra nada más iniciarse la película y la otra se va dando a grandes saltos durante el metraje y sin demasiada relación con lo que ocurre con el resto del filme, parecen dos cortos encajados a la fuerza en el montaje posterior.

En definitiva, una película ridícula, insultante, sin más pretensión que sacar algo de dinero a los fanáticos del ‘Star System’ Gran Hermano.

Nota: 0

Anuncios

El pueblo de los malditos

Título: El pueblo de los malditos

Dirección: Wolf Rilla

Interpretación: George Sanders, Michael Gwynn, Barbara Shelley, Martin Stephens.

UK. 1960

 

 

 

 

 

 

 

 

-“Todas las mujeres de este pueblo que puedan concebir van a dar a luz”

-“Dentro de unos años esos niños serán incontrolables y las consecuencias pueden ser catastróficas”.

-“Si no tuvieras emociones, sentimientos, serías muy poderoso también, no alcanzarás nuestra mente”.

 

Los cucos de Midwich

 

El título de esta crítica, es también el de la novela que sirvió de base para el guión de esta película, un clasicazo de terror, una de esas escasas películas de serie B que consiguen sobreponerse a su escueto margen de acción y trascender no sólo en su época si no a lo largo de los tiempos. La razón es bien sencilla: La originalidad, que en esta ocasión utiliza el miedo a lo desconocido pero ahondando aún más en la confusión, porque en este caso nadie sabe a ciencia cierta el origen o las intenciones de estos maléficos niños con corazones como témpanos. En ‘El pueblo de los malditos’ no hay monstruos, ni sangre, ni apariciones fantasmagóricas, ni psicópatas… hay niños, extraños púberes de cabello rubio platino, que no muestran sentimiento alguno y capaces de leer y controlar la mente humana, pero niños al fin y al cabo y el hecho de provocar terror en algo tan cercano e inocente es lo que ha hecho a esta cinta un mito.

El acierto está también en no desvelar segundas intenciones en mantener a los personajes de la trama tan confundidos como al espectador, sólo pequeños detalles van desvelando la verdadera naturaleza maquiavélica de estos seres y su origen. Otra de las razones en la que radica su originalidad es la naturalidad de la invasión de estos niños, mientras que en el cine de terror al uso, casi todo lo que ocurre se hace de manera subrepticia y los ‘malos’ tratan de huir de lo público para no ser descubiertos, aquí las acciones de estos pequeños no solo se efectúa ante la mirada de todo el pueblo, también ante las autoridades civiles y militares que están informadas en todo momento.  Así, en otros seres hay un punto flaco que minar, una esperanza, pero el autoritarismo con el que estos bellos y arios engendros pavonean su poder sin que nadie pueda hacer nada es pavoroso, sencillamente son imparables pero… ¿qué es lo que hay que parar?. Lo que se consigue no es una película de terror al uso, no hay golpes de efecto ni sobresaltos, es simplemente una intranquilidad latente a lo largo de toda la película, un desasosiego que no te hace taparte los ojos, pero que no suelta el nudo de la garganta. Pese a la buena cimentación de la película con un guión tan poco común y un apetitoso gancho, lo cierto es que la película no deja de ser una serie b, y en los aspectos técnicos flaquea y tropieza. Las actuaciones son acartonadas y poco concluyentes (a excepción de niño David que realmente no parece mostrar ante la cámara sentimiento alguno y mantiene una frialdad asombrosa), los efectos especiales resultan ser bastante falsos, y la música es más propia de una marcha militar que de una película de miedo. La escasa duración del filme (74 minutos) y la celeridad por tratar de explicar tantos hechos extraordinarios en tan poco tiempo es otro hándicap importante de tal modo que el director tiene que recurrir a enormes elipsis para encofrar la obra y los lapsus temporales se notan demasiado. Tampoco el guión tiene todas consigo salvo la originalidad ya reseñada y un extraordinario comienzo, el gancho perfecto para introducirte en una trama ante un fenómeno misterioso sin explicación… pero tiene bastantes lapsus, muchas incognitas no resueltas y otros muchos detalles por los que se pasa de puntillas y sobre todo, tiene un pésimo final, una manera un tanto absurda de acabar la obra de forma abrupta, acelerada  y poco certera.  …y pese a caer en tantos errores ¿porqué nos atrapa?

 

Nota: 5

Super 8

Título: Super 8

Dirección: J.J. Abrams

Interpretación: Joel Courtney, Riley Griffiths, Elle Fanning, Ryan Lee, Gabriel Basso.

USA. 2011

 

 

 

 

 

 

 

-“No todo son cosas malas, también hay cosas buenas”.

-“Las drogas son muy malas”.

-“Pero… tenemos que terminar la película”.

 

Super-forzada.

 

Su sabor ochenteno, sus referencias a títulos como los Goonies, ET o encuentros en la tercera fase o sus fascinantes efectos especiales, no son suficientes para hacer olvidar a una película con un guión desastroso, carente de sentido, de diálogos absurdos, con situaciones tan increíbles que rozan lo cómico, en una narración totalmente inverosímil. Lo cierto es que esta historia de aventuras de un grupo de niños con un extraterrestre de por medio, ni emociona, ni comparte experiencias, ni innova, ni conecta con el espectador, a lo sumo entretiene… y solo a ratos.

Todo en la película es añejo, lo que a veces resulta entrañable, pero también deja un sabor mascado, por ejemplo: las personalidades del grupo de niños no podría ser más tópica, el gordito gracioso, el héroe aventurero, la niña rubia y adorable en un entorno familiar hostil y el más pequeñajo y obsesivo… ¿les recuerda a algo? a mi a decenas de películas. Lo mismo ocurre con muchas de las actitudes del ejército, de las piruetas del alien (esta vez con forma arácnida), o de la convivencia de los niños, son todas situaciones muy vistas y que además están mal utilizadas en el desarrollo del filme.

 Para colmo muchas de las situaciones que se dan en la película aparecen demasiado forzadas, apelando a las coincidencias para dinamitar el guión y por ende la credibilidad misma de la película, la historia está mal grapada y a veces hasta insulta a la inteligencia del espectador que tiene que arrojar grandes dosis de voluntad para seguir adelante con el visionado sin regurgitar los nada sutiles fallos que presenta la historia. Todo ello tiene una escena abanderada, la del final, un auténtico reto de ensanchamiento de las tragaderas del espectador en el que héroe-niño dialoga con el monstruito de turno con un diálogo simplemente aborrecible, infantiloide, deplorable…

Tiene en cambio ese poder que da el invertir unos cuantos milloncejos, en explosiones (a veces excesivas) coches volando, luces centelleantes y especialmente en hacer que un bicho arácnido gigante hecho por ordenador se mueva con soltura por la cinta y hasta tenga rasgos faciales y expresiones, e incluso se le puede atribuir un cierto gusto por saber devolver ese cine de aventuras un tanto olvidado en los últimos años y que dejó su sello de diversión… pero ya no estamos en los 80 y la fórmula no funciona, menos aún si la adulteramos con la exigencias de un público ávido de excitaciones a base de llamaradas o sangre, éste no es mi cine de los 80.

 

Nota: 3

Navegador de artículos