Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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O palhaço (El payaso)

Título: O palhaço (El payaso)

Dirección: Selton Mello

Interpretación: Selton Mello, Paulo José, Tonico Pereira

Brasil 2011

 

 

 

 

Detrás del maquillaje del payaso

“Yo hago reír a la gente…¿pero quién me hace reír a mí?”. Esta frase resume la esencia de la película brasileña que acaparó 12 premios de la academia brasileña de cine (incluidos los de mejor película, guión, director y actor) y que ha sido seleccionada para los Oscars por este país. La sencilla historia de un payaso de circo rural que trata de encontrarse a sí mismo y que quiere saber cuál es su lugar en el mundo, sirve para espolear una película donde la comedia suave y el drama edulcorado combinan en un maridaje perfecto de complicidad con el espectador, donde se pueden encontrar risas, emociones y tristeza .

Protagonizada y dirigida por Selton Mello (con un trabajo loable en ambas facetas) el personaje del payaso Benjamín resulta redondo en su complejidad, capaz de expresar las más profundas simpatías en el escenario y de transmitir una honda tristeza, basada en los anhelos no alcanzados, en su desesperación por llegar a ser un tipo corriente. Una situación que apela al lado más sensible del espectador con certera puntería. No ocurre lo mismo, sin embargo, con el resto de personajes que aparecen en la cinta, tanto sus compañeros del circo, como algunos de los personajes con los que se cruzan en su deambular por las pequeñas poblaciones brasileñas en esta especia de ‘road movie’ rural, están caricaturizados y están más marcados por estereotipos que por una identidad propia. Este tipo de personajes más planos alcanzan su mayor grado de desidentidad en los alcaldes de las poblaciones que van visitando, donde Mello aprovecha para intentar realizar una crítica a la política y al tráfico de influencias, que no resulta nada sutil.

Pero al margen de esto, la película resulta maravillosa, con un guión simple pero elegante y bien dosificado, que avanza impulsado por los detalles, por pequeñas transformaciones que afectan a Benjamín y a sus sueños,  al payaso y a quién se esconde detrás del maquillaje. Lo realmente significativo del guión es que consigue que objetos tan cotidianos como un ventilador o un sujetador sean determinantes para una historia y logren congregar emociones en torno a estos. Eso por no hablar del propio circo cuyo nombre, Esperanza, lo dice todo.

La música es otro de los prodigios que nos ofrece esta cinta. Las composiciones propias con un triste aire circense resultan más que evocadoras, y a estas hay que sumar una gran selección de canciones cargadas de melancolía que resultan perfectas para acompañar las vicisitudes del payaso protagonista.

Destacar también tanto la fotografía como la escenografía, muy cuidada en ambos casos. Tanto en el caso de las brillantes pero un tanto lúgubres luces del circo, como en el de los polvorientos caminos que recorre el camión circense en busca de un nuevo espectáculo.

Una película para divertirse con buenos golpes, de humor, para emocionarse en la introspección de su personaje principal y para disfrutar en su estética valiente y bien moldeada, un lujo.

 

Nota: 8

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