Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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La Ola

Título: La Ola

Die welle

Dirección: Dennis Gansel

Interpretación: Jürgen Vogel, Frederick Lau, Jennifer Ulrich, Max Riemelt, Christiane Paul, Elyas M´Barek, Jacob Matschenz, Cristina Do Rego.

 Alemania 2008

 

 

-“La semana de proyectos trata de poner en valor la democracia, la preparación de cockteles molotov es cosa de química”.

-“En el nuevo orden de los asientos subyace un sistema”

-“Este es nuestro símbolo, la ola va a arrasar la ciudad”

-“Desde aquí la ola arrasará a Alemania entera y quién se interponga en nuestro camino será arrasado por la ola”.

 

Filofascismo

 

Interesante, didáctica, intrigante y demoledora. La ola es una seria advertencia a los que dormitan sus ideales amparados en la plácida protección del estado democrático. El guión de esta película germana husmea en las raíces de los idearios fascistas o autocráticos, indaga en su germen social y atiza con una perseverante actitud crítica las razones por las que estas pueden llegar aún a proliferar hoy en día.

El medio para conseguirlo es un guión bien trabajado, que remueve poco a poco los despojos para dejarlos oler en un final explosivo, narrando la convergencia ideológica de un grupo de alumnos que se dejan llevar por un experimento de clase sobre el autoritarismo y la disciplina hasta ser subyugados por el sistema ficticio que han llegado a crear, manipulados por sí mismos casi sin darse cuenta. Esta es la interesante propuesta del novato Gensel que deja, desde luego, una historia para la reflexión, una parábola corrosiva que te lleva a comprender lo que muchas veces los ciudadanos de a pie consideramos incomprensibles, la expansión de grupúsculos de extrema derecha o adoradores de Hitler.

Si a eso le sumamos el intrigante comienzo de la película con el cartel de ‘basado en hechos reales’ (en realidad es la adaptación de la novela de Tod Stresser del mismo nombre que a su vez se basa en el experimento real llevado a cabo en una escuela de Palo Alto, en California) un recurso facilón para aumentar el realismo de una película pero que suele funcionar en el subconsciente del espectador, el resultado es casi estremecedor… Y digo casi porque a la película le faltan algunos ingredientes para que nos subamos en su cresta. La película entretiene, dosifica y explica con bastante nitidez los acontecimientos, reparte intriga y en realidad hasta su propio funcionamiento narrativo es un cúmulo continuo de agua que termina por estallar al final contra las rocas, pero lo del realismo… se me escapa, sólo a medias. En realidad la película está bastante forzada especialmente en la confección de dos personajes, quizás los dos con más protagonismo para la historia, por un lado el profesor Rainer Wenger, que comienza autodefiniéndose en el filme como una persona vinculada a la izquierda, e incluso a movimientos okupas y anarquistas y termina de forma no muy lograda creyéndose sus propias mentiras para la clase y por otro el del alumno Tim Stoltefuss quién en apenas un día de clase es capaz de cambiar su conducta radicalmente de un chico aparentemente normal a un doctrinario cuyo lavado de cerebro apenas necesitó una sesión para erigirse en el más dependiente de la ‘secta’, mientras que la actitud del resto de alumnos más o menos se sostiene en estos dos casos mi credulidad pone un listón más alto y además coincide con que son personajes clave para la trama. Que conste que Jürgen Voler si hace una genial interpretación, sólo que la conversión de su personaje no está a la altura. Su interpretación destaca mucho sobre las de los demás chicos que no terminan de encontrar la talla (tal vez por que interpretan a miembros de un grupo y no a seres individuales) .

En este punto también llegamos a otra clave, estamos ante un buen guión y una buena historia de acuerdo, pero que hay del apartado técnico?  Pues ni se nota. El joven director alemán no aprovecha en absoluto los aspectos de la historia para posicionar o mover la cámara y se limita a rodar del modo más aséptico y equilibrado posible, sin romper esquemas en una trama que tiene poderosas opciones de trasladarse a un estilo más independiente (se me ocurriría simplemente el poder de los picados y contrapicados en un discurso del líder a sus seguidores), habla la historia, pero no la cámara, tampoco la iluminación ni la escenografía dejan detalles para impresionar… la técnica no acompaña al torrente creativo intrínseco de la historia.

 Vea el trailer de La Ola

Nota. 7

 

 

El día de chacal

Título: El día del chacal

Dirección: Fred Zinnemann

Interpretación: Edward Fox, Michael Lonsdale, Cyril Cusack, Derek Jacobi, Alan Badel, Eric Porter.

  UK. 1973

 

 

 

-“El complot descrito anteriormente es el plan más peligroso que los terroristas podían concebir contra la vida del presidente De Gaulle. Si el complot existe y un extranjero cuyo apodo podría ser chacal ha sido contratado para atentar contra la vida del presidente, es mi deber informarle de que nos encontramos ante una emergencia nacional”.

-“No hay forma alguna de averiguar su identidad”.

A la caza del presidente.

La primera tentación que uno tiene después de haber visto ‘El día del chacal’ es buscar en Google como aconteció el intento de asesinato del presidente De Gaulle en Francia, no hallará nada, todo es pura ficción, pero la forma de narrar esta historia es tan sumamente detallista, con datos, cifras, nombres, imágenes de archivo y un realismo tan palpable que, el espectador creerá que todo lo que ha visto está cuanto menos basado en hechos reales. No es así, y al descubrirlo, la película despierta todavía más admiración de la que se forja con los títulos de crédito finales.

Tiene la película un estilo casi periodístico a la hora de describir los hechos, y una puesta en escena muy austera que realza el realismo de la película. Además la narración se hace fuerte al contarse desde diversos puntos de vista. Las diferentes formas de ver un mismo problema que se dan desde las centrales policiales de Francia e Inglaterra, o de la Organización terrorista OAS, amen de las del propio asesino a sueldo, Chacal, ofrecen una visión muy amplia… y un verdadero problema para engarzar el montaje que en la película se lleva a cabo con algo más que solvencia, hasta el punto de ser nominada al Oscar en este ámbito.

Pero si algo resulta fascinante en la película, es el personaje que la sustenta, alguien sin identidad, sin nacionalidad, camaleónico, capaz de variar su personalidad con una eficacia pasmosa, de permanecer escondido ante 100.000 policías que lo buscan, de ganarse la confianza de sus víctimas, de ser despiadado sin despeinarse, de ser desafiante y todo ello en la sombra, en la práctica inexistencia social. Lo mejor, que tales habilidades resultan absolutamente creíbles al amparo de la narración que realiza Zinnemann.

Es por todo esto que pese a que es una película relativamente desconocida, hay gran parte de la crítica que la coloca en la cima del Thriller europeo de todos los tiempos, porque realmente el reparto de la intriga a lo largo del filme en ese juego continuo entre ratón y gato que incluye a políticos, servicios secretos y de espionajes, organizaciones terroristas, falsificadores de documentos y personajes civiles que se cruzan por el camino resulta fascinante. 

En el debe del filme, es achacable algún fallo inherente a las propias dificultades de realización que presenta tan compleja estructura. Por un lado, la elección de un actor desconocido para hacer de Chacal como es el caso de Edward Fox, resulta acertada para afianzar aún más el carácter de incógnita que tiene el propio personaje, pero en general se nota que hay más personaje que actor, en cualquier caso, no estoy seguro de que otra elección hubiera podido dominar las complejidades de este profesional del asesinato que trabaja tan bien que consigue la complicidad del espectador (realmente el que ve la película termina con unas ganas locas de que culmine el asesinato). De otro lado, y pese a las excelencias del montaje, la diversidad de situaciones y puntos de vista embrollan la historia y muchas veces se resuelve la continuidad con cortes abruptos de la trama. Incluso el final resulta cercenado, hay ganas de más película y posibilidades de haber hecho al menos otra hora interesante con la materia mostrada.

En cualquier caso, comparada con el remake efectuado un cuarto de siglo después con Bruce Willis como protagonista, se nota que la dirección de un tipo como Zinnemann resulta determinante para que la película convenza y siga vigente mucho tiempo después, para disfrutarla hasta el último fotograma.

Vea el trailer de la película

Nota: 8

La batalla de Argel

Título: La batalla de Argel.

Dirección: Gillo Pontecorvo.

Interpretación: Jean Martin, Yacef Saadi, Brahim Haggiag, Fusia El Kader, Samia Kerbash.

Italia. 1965

 

 

 

-“Comenzar una revolución es difícil, y más difícil aún continuarla… y vencerla es dificilísimo, pero solamente cuando hayamos vencido comenzarán las verdaderas dificultades”.

-“Una tenia es un gusano que puede crecer hasta el infinito, son millares de trozos y se pueden reproducir todos, pero mientras quede la cabeza se reproducen inmediatamente. Con el FNL ocurre los mismo”.

 

Manual terrorista.

 

Hubo un tiempo en el que existía un género cinematográfico basado en la política, en los juegos de poder y en sus consecuencias. Tal vez no sea este el mejor ejemplo ya que el drama y el cine bélico se entremezclan en la trama por encima incluso de la ideología, pero me gusta resaltar que encuentro en esta película algunos retazos de ese cine ya prácticamente extinto que no sólo narra, sino que explica y trata de convencer y que tiene un estilo casi periodístico a la hora de contar los hechos.

Si La batalla de Argel estuviera basado en un libro en lugar de en los hechos reales, se habría extraído de un manual de estrategia terrorista del Frente de Liberación Nacional argelino, su detalladísima explicación acerca de los métodos, organizaciones y fundamentos de la revolución que culminaría con independencia de Argelia del colonialismo francés, lo hacen un documento único y Pontecorvo lo sabe, de ahí qe el estilo narrativo sea casi documental y absolutamente realista, pero lo bueno es que lo hace sin quitarle tensión narrativa, sin eliminar efectos musicales o visuales y atendiendo a los métodos cinematográficos en cuanto a la fotografía, planos, música y cuantos elementos técnicos requiera el séptimo arte, vamos que es una película, pero es tan detallada y minuciosa que a veces no lo parece.

Luego está el entramado político de la película al que hacía referencia al principio. La batalla de Argel no es un filme imparcial, tiene motivaciones y un sesgo, pero tampoco es dogmático y esa línea la mantiene siempre a raya el director italiano. Si alguien representa el papel de malo, desde luego son los miembros del ejército francés, la división de paracaidistas, torturadores y violentos, la crítica a sus métodos para intentar sofocar la rebelión de un pueblo que en la película se muestra como casi unánime, no deja demasiado bien a los soldados, pero no nos engañemos, aunque ideológicamente los independentistas salgan reforzados del filme, los planos de niños franceses muriendo en un atentado mientras se comen un helado, o los policías asesinados por la espalda, tampoco son plato de buen gusto para los rebeldes. En cualquier caso, sea más o menos dogmática, la película tiene ideología, tiene discurso, antecedentes, explicaciones acerca de porqué en la cabeza de un grupo de seres humanos se funde la idea de la independencia, y como en la de otros se arraiga la necesidad de la soberanía francesa y eso, es muy difícil de encontrar en el cine. Lo dicho, espíritu de documental, cuerpo de película.

El papel de la prensa, de la Onu, de los políticos… todos quedan reflejados con sus diversos papeles en este filme, donde hasta los actores con sus vicios interpretativos de aficionados, quedan bien en un docu-filme.

 

Nota: 7

 

El viento que agita la cebada

Título: El viento que agita la cebada

Dirección: Ken Loach

Interpretación: Cillian Murphy, Padraic Delaney, Liam Cunninghan, Orla Fitzgerald, Mary O´Riordam, Mary Murphy.

UK 2006

 

 

 

 

 

 

 

-“No quería meterme en esta guerra y me metí, ahora no puedo salirme de ella”.

-“Es muy fácil saber contra que se está, pero es mucho más difícil saber a favor de que se está”.

 

Combativa y comprometida.

 

Muchos achacan a Ken Loach su escaso pudor a la hora de fijar sus ideas, de ser maniqueo en cuanto a su puesta escena. Pues para bien o para mal Loach es así, comprometido con la izquierda, rebelde, combativo y no tiene otra forma de expresar su  personalidad. A quién le moleste su ideario, que no vea sus películas, pero se perderá a un gran cineasta.

En ‘El viento que agita la cebaba’, Loach se adentra en el germen del conflicto irlandes, en los años 20 del pasado siglo cuando el imperio británico, a juicio de Loach (y de muchos historiadores) gobernaba con mano de hierro y con estado policial a la comunidad irlandesa que ansiaba libertad. Fueron esos primeros pasos del IRA los que refleja Loach en la película a través de la vida de dos hermanos implicados en esta lucha que el autor justifica en todo momento (y recordemos que Loach es británico).

El director consigue aportarle al guión una gran intensidad narrativa, una agilidad dramática en la que constantemente hace recaer el interés del espectador y en todo momento la película es aparentemente muy realista (otra cosa es que no lo sea o que la historia esté sesgada hacia un bando) lo que consigue, en todo aquel que sepa apartar sus prejuicios políticos, que nos metamos dentro de la vida de un guerrillero del IRA, una vida apasionante y no exenta de problemas y es que la humanidad que consigue inyectar a sus personajes hace aflorar emociones con una tremenda eficacia.

En el ámbito técnico, la película también es notable con una bellísima fotografía basada en los exteriores de los verdes campos irlandeses y una magnífica iluminación, además de la buena evocación de la época por el vestuario y la escenografía.

En fin que es una película para enrabietarse, para cerrar los puños de indignación, para rebelarse, pero también para disfrutar, para sentir y para implicarse. Tiene grandes alicientes y un final perverso y desgañitado que arruga el corazón. Elementos de sobra para que el jurado del festival de Cannes decidiera otorgarle la palma de oro a la mejor película y en cuanto a los guiños políticos que muchos tratan de llamar como imposición de una opinión, yo, prefiero llamarlo compromiso, juzguen ustedes.

Nota: 7

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