Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Bubu de Montparnasse

Título: Bubu de Montparnasse

Bubù

Dirección: Mauro Bolognini

Interpretación: Massimo Ranieri, Ottavia Piccolo, Antonio Falsi, Gigi Proietti

 Italia. 1971

 

 

-“Transformé el amor en dinero, porque el amor es cansancio y el dinero consuela”

-“A veces esas chicas son más puras que otras a las que el dinero les permite ser honestas”.

-“La sífilis es como la cárcel que puede destrozarte o puede fortalecerte, a mí ni la sífilis ni la cárcel me han dado nunca miedo”.

Prostitución formal

Melodrama de contenido durísimo pero formalmente mucho más liviano que cuenta la vida de una mujer a la que su novio arrastra al mundo de la prostitución para que la mantenga. El vórtice en el que se ve involucrada la llevará a cotas cada vez más dramáticas de desesperación. Mauro Bolognini, demuestra una gran capacidad de dirección con un buen manejo de la situación artística, una fotografía notable, planos muy adecuados y una gran dirección de actores que lleva a grandes cotas especialmente a Ottavia Piccolo en el papel de la infortunada meretriz. Pero ahí se acaba todo, Bolognini es un director formalista, rígido en los planteamientos estéticos, un cineasta de manual que lleva todo a cabo con afán perfeccionista pero con escasa imaginación y con estrecho margen de maniobra, lo que la convierte también en una cinta refinadamente anquilosada, de una belleza granítica. Por otro lado, el sumo cuidado en el aspecto técnico que trata de imponer con disciplina dictatorial, deja muy de lado el guión que avanza linealmente a un ritmo constante, sin poner el acento en los giros narrativos o en los acontecimiento que pudieran destacar para el desarrollo de la historia, en general desarbolando de energía y de tensión narrativa la novela que Charles-Louis Philippe escribió a finales del siglo XIX y que fue éxito de público y crítica sin que la película pueda seguir ni con el entusiasmo popular ni con el beneplácito de los expertos que si le brindaron a la historia original sobre el que se basó la película.

Ciertamente la película no pasa de ser un discreto relato, con más pretensiones que hechos que no obstante si tiene algunos puntos interesantes que merecen ser vistos, insistiendo en la interpretación del personaje femenino, en la fotografía y en algunos planos interesantes y también en el reflejo del mundo de la prostitución en el París del siglo XIX y del negocio montado por aquel entonces entorno al oficio más antiguo del mundo, unos hechos en los que la literatura y el cine no ha abundado demasiado y que merece la pena descubrir. La dureza de la situación que viven los personajes, la encarnizada supervivencia en un mundo hostil, aparece, sin embargo, dulcificada por la embriaguez formal del director.. y es que a veces las cosas deben resultar feas para ser útiles, o para trascender como obras de arte y en una historia como esta hubiera sido seguramente lo más conveniente, pero se ha quedado en una oportunidad perdida para el cine.

 

Vea el trailer de Bubu de Montparnasse

Nota: 4

 

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El jardín de los Finzi-Contini

Título: El jardín de los Finzi-Contini

Il giardino dei Finzi-Contini

Dirección: Vittorio De Sica

Interpretación: Dominique Sanda, Lino Capolicchio, Helmut Berger, Romolo Valli, Fabio Testi, Camillo Cesarei, Inna Alexeief.

 Italia. 1971

 

 

-“No te quiero, mi amor es para gente de carácter diferente, tú y yo somos iguales, como dos gotas de agua..¿cómo iba entonces a quererte?”

-“Los judíos somos perseguidos, me asustan las caras de la gente que veo por la calle, cuando salgo, tengo la impresión de que alguien me está espiando, de que me envidian…no me gusta”.

 

El locus amoenus en la tempestad

El Oscar a la mejor película extranjera y el Oso de Oro en el Festival de Berlín avalaron ante la crítica a esta película de uno de los grandes del cine y del neorrealismo italiano, Vittorio De Sica, más conocido por su tierna historia en El ladrón de bicicletas.

También de tono sentimental y enfoque realista esta historia basada en un libro de éxito de Giorgio Bassani, irrumpe en los años 30 en la localidad de Ferrara en el ambiente acomodado de un grupo de familias judías que observan como poco a poco Mussolini va asumiendo los dictámenes antisionistas de Hitler. Con una aguda crítica social, un labrado sentido histórico y un tono acorde con las circunstancias, desdramatizado en todo momento para mostrar como las familias viven en la opulencia mientras vislumbran su inminente caída la película pasa por reflejar con acierto y con un complejo montaje que nos lleva del presente al pasado en zig-zag aquellos años de guerra y preguerra y el papel que desempeñaron los judíos en aquella Italia.

 

La cinta va desgranando muy pausadamente los acontecimientos, y su valor radica precisamente en eso en la lentitud
con la que los adinerados personajes van asumiendo lo que ocurre a su alrededor mientras juegan al tenis en un precioso jardín, coquetean o realizan tesis acerca de literatos universales afianzando su posición social. La mano negra que los acecha, va también haciendo cambiar poco a poco sus percepciones y sus modos de vida, pero a un ritmo tan pausado que corren el riesgo de caer en las fauces del Holocausto mientras prosiguen con sus vidas elitistas. 

Esa impasibilidad ante la amenaza queda muy bien reflejada, en efecto, sin embargo, la película pasa sin mojarse durante toda su duración. La versión de De Sica de esta obra es demasiado academicista, poco atrevida y solo mira de soslayo al fascismo y al nazismo. La crítica es poco concreta y blanda y lo que se puede interpretar como drama pierde toda su energía al no ser más concisos en esos momentos. Es más, los momentos verdaderamente dramáticos de la película hacen más hincapié en la historia de amor de dos de los jóvenes protagonistas que en la barbarie de la guerra y la persecución contra los judíos, más preocupado el director por mostrar algunos aspectos de la cotidianidad y los estilos de vida de la clase alta italiana (sobre los que también se percibe una crítica) que en meterse en veredas políticas.

El resultado final es de un postre desabrido pero bien adornado… llaman la atención los paisajes de Ferrara, los increíbles jardines de la familia Finzi-Contini donde se desarrolla buena parte del filme, la gracilidad y la evocación a la belleza de algunos de los actores y algunos detalles simbólicos (el cruce de la frontera en tren o el Gran Danés que aparece en algunas de las escenas cruciales) que le aportan algo de vida e interés. Pero en general y en mi opinión, la película está muy sobrevalorada y el relato es bastante manido aunque bien ejecutado.

 

Vea el trailer de El jardín de los Finzi-Contini

Nota: 5

La batalla de Argel

Título: La batalla de Argel.

Dirección: Gillo Pontecorvo.

Interpretación: Jean Martin, Yacef Saadi, Brahim Haggiag, Fusia El Kader, Samia Kerbash.

Italia. 1965

 

 

 

-“Comenzar una revolución es difícil, y más difícil aún continuarla… y vencerla es dificilísimo, pero solamente cuando hayamos vencido comenzarán las verdaderas dificultades”.

-“Una tenia es un gusano que puede crecer hasta el infinito, son millares de trozos y se pueden reproducir todos, pero mientras quede la cabeza se reproducen inmediatamente. Con el FNL ocurre los mismo”.

 

Manual terrorista.

 

Hubo un tiempo en el que existía un género cinematográfico basado en la política, en los juegos de poder y en sus consecuencias. Tal vez no sea este el mejor ejemplo ya que el drama y el cine bélico se entremezclan en la trama por encima incluso de la ideología, pero me gusta resaltar que encuentro en esta película algunos retazos de ese cine ya prácticamente extinto que no sólo narra, sino que explica y trata de convencer y que tiene un estilo casi periodístico a la hora de contar los hechos.

Si La batalla de Argel estuviera basado en un libro en lugar de en los hechos reales, se habría extraído de un manual de estrategia terrorista del Frente de Liberación Nacional argelino, su detalladísima explicación acerca de los métodos, organizaciones y fundamentos de la revolución que culminaría con independencia de Argelia del colonialismo francés, lo hacen un documento único y Pontecorvo lo sabe, de ahí qe el estilo narrativo sea casi documental y absolutamente realista, pero lo bueno es que lo hace sin quitarle tensión narrativa, sin eliminar efectos musicales o visuales y atendiendo a los métodos cinematográficos en cuanto a la fotografía, planos, música y cuantos elementos técnicos requiera el séptimo arte, vamos que es una película, pero es tan detallada y minuciosa que a veces no lo parece.

Luego está el entramado político de la película al que hacía referencia al principio. La batalla de Argel no es un filme imparcial, tiene motivaciones y un sesgo, pero tampoco es dogmático y esa línea la mantiene siempre a raya el director italiano. Si alguien representa el papel de malo, desde luego son los miembros del ejército francés, la división de paracaidistas, torturadores y violentos, la crítica a sus métodos para intentar sofocar la rebelión de un pueblo que en la película se muestra como casi unánime, no deja demasiado bien a los soldados, pero no nos engañemos, aunque ideológicamente los independentistas salgan reforzados del filme, los planos de niños franceses muriendo en un atentado mientras se comen un helado, o los policías asesinados por la espalda, tampoco son plato de buen gusto para los rebeldes. En cualquier caso, sea más o menos dogmática, la película tiene ideología, tiene discurso, antecedentes, explicaciones acerca de porqué en la cabeza de un grupo de seres humanos se funde la idea de la independencia, y como en la de otros se arraiga la necesidad de la soberanía francesa y eso, es muy difícil de encontrar en el cine. Lo dicho, espíritu de documental, cuerpo de película.

El papel de la prensa, de la Onu, de los políticos… todos quedan reflejados con sus diversos papeles en este filme, donde hasta los actores con sus vicios interpretativos de aficionados, quedan bien en un docu-filme.

 

Nota: 7

 

La vida es bella

Título: La vida es bella

Dirección: Roberto Benigni

Interpretación: Roberto Benigni, Nicoletta Braschi, Giorgio Cantarini, Marisa Paredes.

Italia. 1997

 

 

 

-“A partir de mañana pondremos un cartel ¡Prohibida la entrada a las arañas y a los visigodos! Se acabó, me tienen frito esos visigodos”.

-“El primer premio es un carro blindado de verdad, nuevo, nuevo”.

 

El mayor optimismo ante la mayor tragedia.

 

Cuando uno ha publicado más de 280 post en este blog sobre críticas de cine, se da cuenta de que tal vez ha utilizado muchos adjetivos a la ligera, ya que, cuando se cruza con una película como ‘La vida en ella’ no quedan elogios suficientes para hacer justicia a esta historia maravillosa, sorprendente y terriblemente conmovedora.

Esta hermosísima narración es directamente un monumento audiovisual, un poderosísimo alarde de imaginación pero basando los hechos en una historia real, tan real como los campos de concentración nazis en los que murieron 6 millones de judíos y con esta base ¿Qué se puede esperar de esta película? Pues lejos de ofrecernos otro drama sobre el holocausto, nos encontramos con una de las películas más optimistas y positivas jamás realizada y ahí radica su grandeza, en hacernos llorar de alegría y emoción y no de tristeza en uno de los marcos históricos en los que la humanidad ha sido más cruel y dañina. La historia que nos cuenta Benigni es en sí una paradoja, un imposible hecho realidad y que funciona a la perfección sacando a cada momento la sonrisa del espectador en mitad del estertor judío. Pero tampoco se olvida de la tragedia de la que somos testigos, hay momentos que serían dolorosísimos si no estuvieran envueltos en ese aura de optimismo. Y es que si en muchas de las tragicomedias que vemos a diario se ofrecen risas y llantos pero en diferentes momentos y escenas de la película. Lo que nos ofrece este filme italiano es la perfecta fusión entre ambas para que se desarrollen a la vez aunque con una clara preponderancia del optimismo.

Benigni no solo domina la historia detrás de la cámara, contando esta compleja historia con una sencillez y soltura digna de elogio, sino que también se como la cámara como actor. Su personaje, que ha nacido para hacer feliz a los demás, para hacer reír y para inventar, está definido a la perfección y la interpretación es simplemente magistral, dotando a Guido de una entereza firme ante la tragedia y de un sentido del humor prodigioso, además de una benevolencia difícil de creer en el mundo real pero que gracias a su gestualidad y a su risa contagiosa resulta totalmente verosímil.

Un apartado especial merece la pegadiza composición musical de Nicola Piovani, una melodía llena de positivismo que tarareará sin darse cuenta incluso varios días después de haber visto la película y que además acompaña perfectamente al espíritu de la película.

Localizaciones, vestuario, maquillaje, montaje, todo resulta casi perfecto para acompañar a la historia, pero es en el guión donde se encuentra la clave para que ‘La vida es bella’ se convierta en un futuro clásico. La idea primigenia, la chispa que hizo brotar este filme es sensacional, rebosa creatividad y es de por sí un seguro de arte. Todo basado en la personalidad encantadora de un judío jocoso capaz de desdramatizar el más terrible de los acontecimientos en beneficio de la felicidad de su hijo. Benigni nos enseña que siempre hay esperanza y que el amor triunfa sobre la muerte y que todo, absolutamente todo, tiene una lectura positiva. La película es un triunfo del ingenio, que hace llorar alejándose de la sensiblería barata, que ridiculiza la intransigencia de los hombres sin ser reivindicativa, que expone la esencia de la felicidad con una pasmosa naturalidad.

A todo esto hay que sumar las críticas sutiles que va dejando a lo largo de la película, payasadas al fin y al cabo para hacer reflexionar sobre el fascismo, la libertad, la educación y el amor y que al mismo tiempo nos sirven para hacer reír.

Y es que en el propio título de la película se encierra el mensaje, que no puede ser más directo. Pese a todo, la vida es bella, y por muchas crueldades y atropellos que sufra el ser humano, éste tiene la capacidad intrínseca de superarlos y de ver el lado positivo de las cosas, un mensaje que cala muy hondo, hondísimo y que hace que ‘La Vida es Bella’ haya pasado a la historia y tenga garantizado un puesto en ese escaso Olimpo de películas que pueden competir con los clásicos y que han sido realizados después de los 80, porque quién vea la película no podrá olvidarla y no podrá evitar llenarse de optimismo aunque sea por un rato.

Nota: 10

 

Los girasoles

Título: Los girasoles

Dirección: Vittorio De Sica

Interpretación: Sophia Loren, Marcello Mastroianni, Lyudmila Savelyeva.

Italia. 1970

 

 

 

 -“Esta oscuridad… teníamos que encontrarnos en la oscuridad después de tanto tiempo”.

-“Es como si yo hubiera muerto y luego fuera otro, la muerte tan cercana cambia a las personas”.

Lealtades de postguerra.

Una historia sobre los estragos que puede causar la guerra en el amor y sobre la lealtad. De Sica abandona el neorrealismo para presentarnos una película emotiva, sentimental y nostálgica que profundiza en los sentimientos humanos bajo el amparo de un guión muy cuidado.

Son elementos claves para ganarse el corazón del espectador en este filme, por un lado la música de Mancini (una preciosa banda sonora de piano que marca la sístole y diástole de los protagonistas con una notas tristes y evocadoras) y la firme interpretación de dos de los grandes del cine italiano de todos los tiempos, una visceral Sophia Loren en su papel de mujer napolitana de carácter indómito, muy alejada de los papeles de sex symbol (de hecho la película parece empeñada en envejecerla más que en presentarnos su verdadera belleza) y Mastroianni en un ejercicio de interpretación de hombre humilde, honesto, cariñoso, jovial, llamado al frente durante la segunda guerra mundial para madurar de golpe e impregnarse del halo nostálgico con el que sobrecoge en la segunda parte de la película.

El guión está forjado al estilo clásico muy firme, impetuoso, regado de diálogos y situaciones intensas, cuidando que el ejercicio narrativo no se salga del cauce establecido, pero sin arriesgar ni tratar de descubrir nada nuevo más allá de la propia historia que, ya de por sí tiene bastante fuerza narrativa como para no necesitar de ningún otro truco para mantener alerta al espectador.

De Sica, quiso rodar parte de la película en escenarios reales de Ucrania y de Rusia para las escenas que allí acontecen (de hecho, esta fue la primera película de una productora occidental que cruzó el telón de acero tras la segunda guerra mundial) sin embargo, no aprovecha en demasía la oportunidad más allá de kilómetros de estepa nevada y campos plagados de girasoles, no hay nada más destacable en la fotografía, una oportunidad perdida en mi opinión.

Por otro lado, la película parece tener dos partes bien diferenciadas y la segunda es mucho más interesante que la primera. El comienzo relata la etapa de enamoramiento de la pareja, con pequeños retazos de una pequeña historia de amor, muchas veces entrecortadas por grandes elipsis en la evolución amorosa, muy discontinua y con escaso pulso narrativo y salpimentada con alguna escena costumbrista de escaso interés, como la típica discusión a la italiana en mesa de madera y con los platos de spaghetti por delante. Es a partir de la irrupción de la guerra cuando la película gana en intensidad, en pulso, en ritmo y sobre todo en emoción, cuando las circunstancias de ambos cambian para siempre, cuando se ven abocados a un futuro distinto del que soñaron con la mirada puesta en el pasado, cuando la lealtad vence sobre el amor, aunque se mantenga la ternura.

Es pues una película interesante, pero incompleta, discontinua y a veces demasiado melosa.

Nota: 7

Saló o los 120 días de Sodoma

Título: Saló o los 120 días de Sodoma

Dirección: Pier Paolo Pasolini

Interpretación: Paolo Bonacelli, Giorgio Cataldi, Umberto Paolo Quintavalle, Aldo Valletti, Caterina Boratto, Elsa De Giorgi.

Italia. 1975

 

 

 

 

 

 

 

-“Ver que otros no gozan, es lo que me produce goce, de provocar las peores humillaciones se deriva el poder decirse uno mismo: Bien mirado yo soy más feliz que la canalla que se llama pueblo. Donde quiera que los hombres sean iguales y no exista esta diferencia, tampoco existirá la felicidad”.

-“El acto sodomítico es el más absoluto por lo que contiene de mortal para la especie humana.. y el más ambiguo porque acepta las normas sociales para infringirlas”.

 

Despotismo sexuado.

 

La perversión más grande jamás filmada, un escándalo mastodóntico, una película inconmensurablemente atroz, nauseabunda hasta el extremo. Vean el repertorio: Violaciones, torturas, vejaciones, coprofagia, sodomía, humillaciones públicas, lluvias doradas… cualquier técnica que pueda ser concebida como la anulación total de la dignidad del ser humano se encierra en estos 120 minutos de cine, que desde luego no olvidará. Si se atreve, vaya preparando el estómago.

Esta película, una de las más controvertidas jamás realizadas, cuenta la historia de un grupo de poderosos (un banquero, un político, un duque y un obispo) que en plena ocupación fascista del norte de Italia secuestran a 18 muchachos y muchachas (los mejores especímenes entre los hijos e hijas de los partisanos) para someterlos a sus caprichos, degradarlos y hacerlos partícipes de sus más perversas aberraciones sexuales. En efecto, el cariz político que se esconde tras la historia del reconocido comunista Pasolini, no es casual y es en esa crítica, tal vez demasiado evidente, donde radica la fuerza de la película donde el horror de la dictadura, del poder y del dinero no conoce límites. Sin embargo, y pese a los fines que tuviera la película a priori, lo que es cierto es que Saló no ha trascendido por su calado político si no por sus espeluznantes escenas y la abominable gelidez expositiva con la que el maestro italiano nos sirve una incesante ración de repugnancia desmedida. En esta extravagancia en la que hay que apartar la vista cada dos minutos, hay también cine, del que solo uno de los grandes maestros podría realizar, encuadres armónicos, imágenes equilibradas, una preciosa fotografía y la música del siempre genial Ennio Morricone,  todo ello, naturalmente pasa desapercibida ante la angustia sin fin que se sucede ante nuestros ojos.

La película es a todas luces excesiva, y sin embargo tiene el encanto de lo grotesco, el encanto de la crítica feroz y sin tapujos al sistema político y de poder, que en este caso, la crítica parece ser incluso más despiadada que el objeto de crítica, una técnica magistral, un argumento interesante, desarrollado con tempo y que jamás llega a aburrir (aunque se muestra demasiado repetitiva en cuanto a sus despiadados personajes) todo podría ser bueno, si no fuera porque no está rodada para los escrúpulos de esta (ni ninguna otra que yo sepa) sociedad, pero es que precisamente esa es una de las premisas del arte, que tiene receptores como cualquier otro acto comunicativo.

Con todo la película me ha gustado en líneas generales, pero ni se les ocurra decir que yo se la he recomendado. Para que se hagan una idea: Dicen de Pasolini, que fue asesinado antes de que se estrenara la película, que el mundo hubiera sido un lugar mejor si lo hubieran asesinado antes de realizarla. Otra aberración (como la película).

 

Nota : 6

El último tango en París

Título: El último tango en París.

Dirección: Bernardo Bertolucci

Interpretación: Marlon Brando, Maria Schneider.

Italia. 1972

 

 

 

 

 

 

 

-“Tú y yo nos encontraremos aquí sin saber nada de lo que nos ocurra fuera, venimos a olvidar”.

-“Durante toda mi vida me han puesto un millón de nombres y no me quedo con ninguno, prefiero un gruñido”.

-“Tu soledad es abrumadora, no es indulgente, no es generosa… eres egoista”

Soledades con mantequilla.

El portentoso Marlo Brando que nos encontramos en esta película, su entrega total a un papel complejísimo y el prodigioso resultado que consigue ya es un elemento más que suficiente para elevar a esta película a los altares, pero no se queda ahí, ‘El ultimo tango en París’ tiene un guión esplendoroso basado principalmente en los diálogos y una fotografía para enmarcar, con una iluminación triste y grisácea, irradiación superlativa del estado de ánimo de dos personajes perfilados en cada una de sus células a los que llegamos a conocer profundamente, dolorosamente.

Cuenta la leyenda que Brando improvisó gran parte de sus diálogos con el consentimiento tácito de Bertolucci, si es así, el acierto es primoroso, porque la cadencia con la que va narrando sus pensamientos este personaje perturbado, triste, solo, asqueado tras el suicidio de su mujer, la ironía que desprende de cada una de sus palabras, la angustia que produce el saber que detrás de sus frases yace la experiencia… no sé, los diálogos que fluyen de Brando pueden tener un cariz casi absurdo, abyecto incluso en otras bocas, por las atrocidades que suelta con tanta espontaneidad, pero de los labios de este personaje mancillado, vienen acompañadas de la losa de la verdad absoluta, palabras con un sentido filosófico y racional que significan mucho más de lo que quieren decir.

Es una lástima que la película haya pasado a la historia más por sus escenas eróticas que por otras de sus virtudes, aunque indiscutiblemente la imbricaciones sexuales que muestra la película  merecen su lugar en la historia del cine, eso sí, no esperen nada demasiado explícito, porque aparte de algunos desnudos integrales de la bellísima María Schneider, no verán nada más, ya que el director cuida mucho la escena para hacer del sexo algo casi poético y es ahí donde entran en escena el vaho de la ducha, las cortinas de visillo, las sábanas entreveladas, para dar más poder a la imaginación que a la visión, un resultado que personalmente me gusta más.

En cualquier caso, el sexo en sus diferentes variedades, formas y posturas, tienen también (al igual que los diálogos) algo más que el sentido literal del placer. En la famosa escena de la mantequilla (Cuenta también la leyenda que la misma se rodó sin el consentimiento de la actriz) el coito anal no es ya una penetración, sino una profanación de los valores derruidos del personaje de Brando y en el caso de Schneider, una sumisión a su aburguesamiento que le esperan a las puertas de una boda (“No se lo que hacen los adultos, acabo de empezar a serlo”, le contesta en una escena).

Y con tanto cuerpo entrelazado, mi escena favorita de esta bellísima obra no tiene nada de erótico. El monólogo que mantiene Brando hablándole a su difunta mujer corpore in sepulto’ es de lo mejor que se ha hecho jamás en el cine, la fuerza de la escena sobrecoge irremediablemente, algo que también consigue el final, poético, dramático… la guinda perfecta.

Nota: 9

Caterina en Roma (Caterina va in citta)

Título: Caterina en Roma

Dirección: Paolo Virzi

Interpretación: Alice Teghil, Sergio Castellitto, Margherita Buy, Zach Wallen, Federica Sbrenna.

Italia. 2003

 

 

 

 

 

 

 

-“Me parece que te has vuelto un poco gilipollas como todos los de Roma, que se lo creen porque tienen dos equipos de fútbol en primera”

-“Hemos intentado civilizarla, pero la pobre no tiene remedio, incluso le buscaste un novio”.

-“Somos personas que solo podemos contar con nuestras propias fuerzas, antes pensaba que precisamente por eso podríamos salir adelante, pero no es así, nos utilizan, somos marionetas”.

 

Molto intranscendente.

 

‘Caterina va in citta’ se deja ver, tiene una historia más o menos concreta, que no intriga pero que no aburre, que expone críticas sobre la diferencia de clases, pero que no ahonda en ellas, que realiza un recorrido sobre el entorno socio-político de la Italia actual a través de los ojos de una adolescente, pero la mirada es tan inocente que sólo la araña superficialmente… el resultado final es una cinta un tanto intranscendente, diríase cobarde a la hora de tratar los temas y que encima utiliza bastantes tópicos a la hora de hablar de ricos y pobres, comunistas y fascistas y niñas impúdicas a los 13 años.

El mejor personaje de la película, el del padre de Caterina, está desaprovechado y eclipsado en la película por la muchacha, pero en sí mismo, este profesor que piensa por sí mismo, que muestra sin tapujos su hartazgo por la clase política y el bipartidismo, que cree en el trabajo pero que va viendo como sus principios se van desmoronando poco a poco en la gran ciudad a la que ha llegado junto a su familia, resulta muy carismático y el más fascinante de toda la trope que aparece en la película. Para el resto se tira de clichés, desde el pase de modelos de niñas posicionadas ideológicamente en función del voto de sus padres (con apuntes filofascistas hacia los que apoyan a Berlusconi), hasta estudiantes extranjeros que no se enteran de nada, o madres pasotistas que viven despreocupadas al despertar al mundo de sus hijas.

Nada especial en la música, en la fotografía o en el plano técnico, la película es más bien plana en estos aspectos en los que desde luego no tiene nada que enseñar.

Lo que hace permanecer al espectador frente a la pantalla, es más que nada la mirada inocente con un tanto de comedia con la que esta dulce muchacha va narrando el devenir de los acontecimientos. Y es que lo bueno de la intranscendencia es que el liviana y fácilmente digerible, y sin errores de bulto, es suficiente para pasar el rato, pero no se le puede pedir mucho más.

 

Nota: 5

 

Alemania, año cero

Título: Alemania, año cero.

Dirección: Roberto Rossellini

Interpretación: Edmund Moeschke, Werner Pittschau, Barbara Hintz, Franz Kruger.

Italia. 1948

 

 

 

-“¿Porqué he sido condenado a vivir?”

-“No me fío de la ayuda de los demás, cada uno debe apañárselas solo”.

 

El desamparo

 

Neorrealismo puro: la filmación del desamparo. Rossellini nos trae una cinta durísima, virulenta, donde el hambre, la muerte, el extraperlo y la delincuencia forman parte de la vida diaria en la Alemania de la postguerra. El escenario: el real, las escombreras de una Berlín a medio derruir poco después de la segunda guerra mundial, impagable como lugar donde rodar, en exteriores, ningún decorado por perfeccionado que fuera podría lograr ese efecto.

La película es terrible en su guión, un martillazo a la conciencia, y es que el maestro Rossellini es ante todo un director comprometido, que siente lo que hace y que trata de que sus películas tengan una relevancia social que trasciendan más allá de lo puramente cinematográfico.

La imagen desoladora que consigue el pequeño protagonista de doce años en mitad de los cascotes y las huellas de los horrores de la guerra es, además de efectiva, fantástica y es el motor de la historia que nace en el drama y culmina en los infiernos. La contundencia de la imagen es abrumadora para hacer sentir al espectador las miserias de una vida arrastrada, donde la necesidad hace cruzar los límites de la honestidad y hace plantearse opciones morales que rasgan el corazón, porque también esa traba pone el guión al espectador, para hacerle pensar acerca de las condiciones de vida, y también de la condición humana, es una película para sangrar, para derrumbarse.

Tiene como peor elemento el paso del tiempo, en primer lugar, porque la calidad del metraje ha perdido muchas de las tonalidades de claroscuros que debiera tener antaño y la fotografía pierde fuelle en un celuloide ajado y granulado que evita poder detenerse más en los detalles y en su factura técnica. En segundo lugar, porque la guerra queda demasiado lejos y la conciencia del espectador actual está más edulcorada a golpe de telediario, por ello la película parece extremista en muchas de sus condiciones y el final es claramente exagerado, pero aún así nunca está demás ampliar los horizontes de la conciencia con un filme en la que los escenarios naturales del Berlín, los diálogos amargos y certeros y un guión que sangra deja al menos un sello en la historia del cine. Una joya antigua.

Nota: 6

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