Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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El pueblo de los malditos

Título: El pueblo de los malditos

Dirección: Wolf Rilla

Interpretación: George Sanders, Michael Gwynn, Barbara Shelley, Martin Stephens.

UK. 1960

 

 

 

 

 

 

 

 

-“Todas las mujeres de este pueblo que puedan concebir van a dar a luz”

-“Dentro de unos años esos niños serán incontrolables y las consecuencias pueden ser catastróficas”.

-“Si no tuvieras emociones, sentimientos, serías muy poderoso también, no alcanzarás nuestra mente”.

 

Los cucos de Midwich

 

El título de esta crítica, es también el de la novela que sirvió de base para el guión de esta película, un clasicazo de terror, una de esas escasas películas de serie B que consiguen sobreponerse a su escueto margen de acción y trascender no sólo en su época si no a lo largo de los tiempos. La razón es bien sencilla: La originalidad, que en esta ocasión utiliza el miedo a lo desconocido pero ahondando aún más en la confusión, porque en este caso nadie sabe a ciencia cierta el origen o las intenciones de estos maléficos niños con corazones como témpanos. En ‘El pueblo de los malditos’ no hay monstruos, ni sangre, ni apariciones fantasmagóricas, ni psicópatas… hay niños, extraños púberes de cabello rubio platino, que no muestran sentimiento alguno y capaces de leer y controlar la mente humana, pero niños al fin y al cabo y el hecho de provocar terror en algo tan cercano e inocente es lo que ha hecho a esta cinta un mito.

El acierto está también en no desvelar segundas intenciones en mantener a los personajes de la trama tan confundidos como al espectador, sólo pequeños detalles van desvelando la verdadera naturaleza maquiavélica de estos seres y su origen. Otra de las razones en la que radica su originalidad es la naturalidad de la invasión de estos niños, mientras que en el cine de terror al uso, casi todo lo que ocurre se hace de manera subrepticia y los ‘malos’ tratan de huir de lo público para no ser descubiertos, aquí las acciones de estos pequeños no solo se efectúa ante la mirada de todo el pueblo, también ante las autoridades civiles y militares que están informadas en todo momento.  Así, en otros seres hay un punto flaco que minar, una esperanza, pero el autoritarismo con el que estos bellos y arios engendros pavonean su poder sin que nadie pueda hacer nada es pavoroso, sencillamente son imparables pero… ¿qué es lo que hay que parar?. Lo que se consigue no es una película de terror al uso, no hay golpes de efecto ni sobresaltos, es simplemente una intranquilidad latente a lo largo de toda la película, un desasosiego que no te hace taparte los ojos, pero que no suelta el nudo de la garganta. Pese a la buena cimentación de la película con un guión tan poco común y un apetitoso gancho, lo cierto es que la película no deja de ser una serie b, y en los aspectos técnicos flaquea y tropieza. Las actuaciones son acartonadas y poco concluyentes (a excepción de niño David que realmente no parece mostrar ante la cámara sentimiento alguno y mantiene una frialdad asombrosa), los efectos especiales resultan ser bastante falsos, y la música es más propia de una marcha militar que de una película de miedo. La escasa duración del filme (74 minutos) y la celeridad por tratar de explicar tantos hechos extraordinarios en tan poco tiempo es otro hándicap importante de tal modo que el director tiene que recurrir a enormes elipsis para encofrar la obra y los lapsus temporales se notan demasiado. Tampoco el guión tiene todas consigo salvo la originalidad ya reseñada y un extraordinario comienzo, el gancho perfecto para introducirte en una trama ante un fenómeno misterioso sin explicación… pero tiene bastantes lapsus, muchas incognitas no resueltas y otros muchos detalles por los que se pasa de puntillas y sobre todo, tiene un pésimo final, una manera un tanto absurda de acabar la obra de forma abrupta, acelerada  y poco certera.  …y pese a caer en tantos errores ¿porqué nos atrapa?

 

Nota: 5

La historia interminable

Título: La historia interminable.

Dirección: Wolfgang Petersen

Interpretación: Barret Oliver, Noah Hathaway, Mosses Gunn

Alemania. 1984

 

 

 

 

 

 

 

 

-“Los libros que tú lees son sólo cuentos, este libro no es para ti”

-“Quizá todo el reino de Fantasía esté en peligro, sería espantoso”

-“Tú no te rindas nunca y la buena suerte te acompañará siempre”.

 

Para soñarla más que para verla.

 

Die unendliche Geschichte, en su título original, es una historia de fantasía y aventuras que rompió fronteras a finales de la década de los ochenta y engatusó a toda una generación de niños y jóvenes que se emocionaron con el pequeño Bastian y su dragón de la suerte.

En efecto, una novedad para la época como es la concurrencia de personajes fantásticos, surgidos de la imaginación conectada con los niños de Michael Ende (autor del libro en el que se basó de la película y que con buen criterio renegó de la misma), sumado a algunos efectos especiales, una banda sonora pegadiza y un llamamiento a la esperanza en el ser humano fueron suficientes para que el filme diera la vuelta al mundo, pero un cuarto de siglo después y con un análisis más profundo de la película, lo que nos queda es en realidad un guión insulso y deslavazado que tira de épica y emotividad para salir adelante, recursos ‘facilones’ pero que al menos le permiten llegar hasta el final salvando los muebles.

Un mundo mágico, por sorprendente que sea, no es suficiente como para hacer una buena historia. Aquí, para empezar los efectos están desfasados y muchos de los personajes imaginados parecen meros monigotes de plastilina. Pero lo peor, es que la poderosa amplitud que permite esta temática inabarcable (tanto como la imaginación del creador pueda asumir sin tener que ceñirse a las cortapisas del realismo) queda aquí un tanto subyugado por el factor humano, por emprender la historia dentro de un libro y de un niño fascinado, lo que al fin al cabo supone un lastre para la historia, una innecesaria conexión con la realidad, alas cortadas.

El ritmo también es desigual, con una mezcla de elipsis brutales en las que se suponen que los personajes han recorrido cientos de millas, o largos paréntesis para superar alguna de las pruebas que tiene que superar, pero la sensación general es que todo va demasiado acelerado, como la de una historia verdaderamente interminable que hay que encorsetar en 94 minutos con calzador dentro de una cinta, faltan muchos detalles, muchas tramas incompletas, muchas incógnitas por despejar, y sobre todo muchos personajes por conocer… porque pese al gran corolario de seres maravillosos que se dibuja en la película (mérito de Michael Ende y nunca de Wolfgang Petersen) nunca hay tiempo para adentrarse en la personalidad única y arrolladora de cada uno de estos simpáticos ‘muñequitos’ que sí tiene el libro y por los que el director pasa olímpicamente.

Por todo ello, aunque tenga sus buenos momentos, aunque te invite a soñar, la película es totalmente prescindible. Léanse el libro.

 

Nota: 4

 

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