Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Vicky el vikingo y el martillo de Thor

Título: Vicky el vikingo y el martillo de Thor

Wickie auf Grosser Fahrt

Dirección: Christian Ditter

Interpretación: Jonas Hämmerle, Waldemar Kobus, Valeria Eisenbart, Nic Romm

 Alemania 2011

 

 

-“Vicky, es el momento de demostrar que hay un auténtico Vikingo en ti”

-“Todos podemos ser valientes si algo nos importa de verdad”.

-“Si tenemos un jefe es para no tomar decisiones.

 

Golpe a golpe

 

Es una película para niños sí, pero aún teniendo en cuenta este hecho, un buen filme, o al menos trabajado, debería tener algo más que una sucesión de mamporros con sonidos enlatados, chistes de poca altura y unas aventuras desdentadas de guión, tratando de llevar al público más joven por fuertes emociones sin más cautela y sin importar que los recovecos de euforia que debe serpentear el joven héroe tengan si quiera el más mínimos sentido. No se trata de hacer realista una película para niños y basada en los famosos dibujos animados pero… al menos mantener la lógica dentro de este ámbito, no creo que sea mucho pedir.

El estereotipo de vikingo que decide llevar adelante la película es el de un bobalicón descerebrado, rudo, algo cobarde y que se ve envuelto en aventuras casi sin proponérselo y de la que, como no, milagrosamente parece que siempre salen bien parados por arte de magia. Ante esta panda de paletos, Vicky, el hijo del jefe del poblado, es el más débil pero también el más avispado, y cada vez que tiene una buena idea para salir del apuro, se frota la nariz produciendo un extraño brillo mágico. Lo raro y es quizá lo peor, es que en mi opinión, este hecho antes reseñado que es la piedra angular de este proyecto no se sostiene por las prisas o por la excesiva sencillez a la hora de afrontar el proyecto, ya que, las ‘increíbles’ ideas de Vicky, son en realidad bastante lógicas y elementales y sólo un vikingo bobalicón no las vería, es decir, el guión poco trabajado deja la impresión de que el héroe ni siquiera lo es tanto y a partir de esa premisa básica derrumbada todo se tambalea. No esperen encontrar un Mcgyber o un ingenioso Daniel El Travieso, encontrarán a un niño que quiere rescatar a su padre, punto y final, envuelto en un ambiente más mágico con amazonas, castillos de hielo, amuletos mágicos y piruetas de circo.

Queda bien recogido al menos esta escenografía y el vestuario, la elección del actor protagonista, pizpireto y alegre así como la recreación del poblado o de los lugares que visitan durante su larga travesía, y la fisionomía de los compañeros de aventuras con un aire de cuento ciertamente divertido y original que cuadran muy bien con la historia que tratan de contar… tiene cierto encanto.

Poca solvencia en la dirección, escasa imaginación, efectos especiales y sonoros muy tontorrones a la altura de sus protagonistas, poca altura de miras y el único objetivo de intentar entretener o incluso hacer gracia pero con tampoco demasiada fortuna. Si es de los que echa de menos las aventuras de este peculiar personaje, vuelva a las andanzas de la antigua serie de dibujos animados y olvide este vil invento comercial y escasamente trabajado, tiene mucho por mejorar.

 Vea el trailer de Vicky el Vikingo y el martillo de Thor

Nota: 3

 

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La historia interminable

Título: La historia interminable.

Dirección: Wolfgang Petersen

Interpretación: Barret Oliver, Noah Hathaway, Mosses Gunn

Alemania. 1984

 

 

 

 

 

 

 

 

-“Los libros que tú lees son sólo cuentos, este libro no es para ti”

-“Quizá todo el reino de Fantasía esté en peligro, sería espantoso”

-“Tú no te rindas nunca y la buena suerte te acompañará siempre”.

 

Para soñarla más que para verla.

 

Die unendliche Geschichte, en su título original, es una historia de fantasía y aventuras que rompió fronteras a finales de la década de los ochenta y engatusó a toda una generación de niños y jóvenes que se emocionaron con el pequeño Bastian y su dragón de la suerte.

En efecto, una novedad para la época como es la concurrencia de personajes fantásticos, surgidos de la imaginación conectada con los niños de Michael Ende (autor del libro en el que se basó de la película y que con buen criterio renegó de la misma), sumado a algunos efectos especiales, una banda sonora pegadiza y un llamamiento a la esperanza en el ser humano fueron suficientes para que el filme diera la vuelta al mundo, pero un cuarto de siglo después y con un análisis más profundo de la película, lo que nos queda es en realidad un guión insulso y deslavazado que tira de épica y emotividad para salir adelante, recursos ‘facilones’ pero que al menos le permiten llegar hasta el final salvando los muebles.

Un mundo mágico, por sorprendente que sea, no es suficiente como para hacer una buena historia. Aquí, para empezar los efectos están desfasados y muchos de los personajes imaginados parecen meros monigotes de plastilina. Pero lo peor, es que la poderosa amplitud que permite esta temática inabarcable (tanto como la imaginación del creador pueda asumir sin tener que ceñirse a las cortapisas del realismo) queda aquí un tanto subyugado por el factor humano, por emprender la historia dentro de un libro y de un niño fascinado, lo que al fin al cabo supone un lastre para la historia, una innecesaria conexión con la realidad, alas cortadas.

El ritmo también es desigual, con una mezcla de elipsis brutales en las que se suponen que los personajes han recorrido cientos de millas, o largos paréntesis para superar alguna de las pruebas que tiene que superar, pero la sensación general es que todo va demasiado acelerado, como la de una historia verdaderamente interminable que hay que encorsetar en 94 minutos con calzador dentro de una cinta, faltan muchos detalles, muchas tramas incompletas, muchas incógnitas por despejar, y sobre todo muchos personajes por conocer… porque pese al gran corolario de seres maravillosos que se dibuja en la película (mérito de Michael Ende y nunca de Wolfgang Petersen) nunca hay tiempo para adentrarse en la personalidad única y arrolladora de cada uno de estos simpáticos ‘muñequitos’ que sí tiene el libro y por los que el director pasa olímpicamente.

Por todo ello, aunque tenga sus buenos momentos, aunque te invite a soñar, la película es totalmente prescindible. Léanse el libro.

 

Nota: 4

 

Super 8

Título: Super 8

Dirección: J.J. Abrams

Interpretación: Joel Courtney, Riley Griffiths, Elle Fanning, Ryan Lee, Gabriel Basso.

USA. 2011

 

 

 

 

 

 

 

-“No todo son cosas malas, también hay cosas buenas”.

-“Las drogas son muy malas”.

-“Pero… tenemos que terminar la película”.

 

Super-forzada.

 

Su sabor ochenteno, sus referencias a títulos como los Goonies, ET o encuentros en la tercera fase o sus fascinantes efectos especiales, no son suficientes para hacer olvidar a una película con un guión desastroso, carente de sentido, de diálogos absurdos, con situaciones tan increíbles que rozan lo cómico, en una narración totalmente inverosímil. Lo cierto es que esta historia de aventuras de un grupo de niños con un extraterrestre de por medio, ni emociona, ni comparte experiencias, ni innova, ni conecta con el espectador, a lo sumo entretiene… y solo a ratos.

Todo en la película es añejo, lo que a veces resulta entrañable, pero también deja un sabor mascado, por ejemplo: las personalidades del grupo de niños no podría ser más tópica, el gordito gracioso, el héroe aventurero, la niña rubia y adorable en un entorno familiar hostil y el más pequeñajo y obsesivo… ¿les recuerda a algo? a mi a decenas de películas. Lo mismo ocurre con muchas de las actitudes del ejército, de las piruetas del alien (esta vez con forma arácnida), o de la convivencia de los niños, son todas situaciones muy vistas y que además están mal utilizadas en el desarrollo del filme.

 Para colmo muchas de las situaciones que se dan en la película aparecen demasiado forzadas, apelando a las coincidencias para dinamitar el guión y por ende la credibilidad misma de la película, la historia está mal grapada y a veces hasta insulta a la inteligencia del espectador que tiene que arrojar grandes dosis de voluntad para seguir adelante con el visionado sin regurgitar los nada sutiles fallos que presenta la historia. Todo ello tiene una escena abanderada, la del final, un auténtico reto de ensanchamiento de las tragaderas del espectador en el que héroe-niño dialoga con el monstruito de turno con un diálogo simplemente aborrecible, infantiloide, deplorable…

Tiene en cambio ese poder que da el invertir unos cuantos milloncejos, en explosiones (a veces excesivas) coches volando, luces centelleantes y especialmente en hacer que un bicho arácnido gigante hecho por ordenador se mueva con soltura por la cinta y hasta tenga rasgos faciales y expresiones, e incluso se le puede atribuir un cierto gusto por saber devolver ese cine de aventuras un tanto olvidado en los últimos años y que dejó su sello de diversión… pero ya no estamos en los 80 y la fórmula no funciona, menos aún si la adulteramos con la exigencias de un público ávido de excitaciones a base de llamaradas o sangre, éste no es mi cine de los 80.

 

Nota: 3

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