Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Archivo para la etiqueta “cine clásico”

Cuentos de Tokio

Título: Cuentos de Tokio

Tōkyō Monogatari  東京物語 

Director: Yasujiro Ozu

Interpretación: Chishu Ryu, Chieko Higashiyama, Setsuko Hara, So Yamamura, Hariko Sogimura.

 Japón. 1953

 

 

-“Seguro que es pesado salir con un par de viejos”.

-“Tokio es tan grande que si nos perdiéramos, lo más probable es que no volviéramos a encontrarnos”.

-“Los hombres de hoy no tienen agallas, están totalmente desprovistas de carácter”.

-“Hoy en día hay jóvenes a los que les encantaría matar a sus padres, no puedo quejarme, al menos el mío no es de esos”.

-“Una hija casada es casi como una desconocida”.

 

Adiós papás

 

Estilo Ozu. Esta película (la tercera mejor de la historia según la última encuesta de la revista ‘Sight and Sound’ realizada en agosto de 2012) tiene lo que es típico en este director nipón, la sencillez, la cotidianidad, la habilidad para hacer que el espectador se sienta dentro de la escena gracias a unos diálogos fluidos y bellos, una escenografía muy natural y una historia que de corrido te ofrece elementos comprensibles, consecuentes, asumibles y con cierto valor pedagógico, ya que la moraleja, las enseñanzas sobre la vida, siempre están detrás de este director, etc.

En esta ocasión Ozu reflexiona sobre la vejez y la distancia psicológica entre padres e hijos mediante un viaje que hacen los progenitores desde su pequeña ciudad de provincias hasta la gran ciudad de Tokio donde verán a sus hijos y a una nuera viuda y donde refrendarán como la distancia entre la modernidad y la tradición es cada vez mayor y como la familiaridad se convierte en casi una obligación por el paso del tiempo y el cambio de los personaje. Todo esto lo hace Ozu con una mirada muy naturalista, lejos de cualquier artificiosidad, muy humana, con personajes realistas y bien confeccionados.

Hasta ahí estamos de acuerdo, pero de ahí a ser una de las mejores películas de la historia va un gran trecho. En su espectro minimalista, la película es perfecta, pero ¿le daríamos el premio de arquitectura a una maqueta por muy buena que sea?… tal vez haya mucho que alabar pero la película es pequeña en sí misma, no arriesga, no trata de ir más allá de su precioso discurso, no asalta la conciencia o la moral, simplemente la muestra y de un modo un tanto dulcificado. Efectivamente Ozu sabe cocinar una tapa exquisita, pero con eso sólo no como, el cine debe ser algo un poco más excelso, con más ansias de transformar, de trascender. La pequeña historieta se queda corta en su diminuta belleza, atrae y seduce pero a pequeña escala y hay muchas facetas de la película que quedan desaprovechadas en el afán de no salirse de un camino estricto marcado a un ritmo a la japonesa, es decir, bastante lento.

 

Vea el trailer de Cuentos de Tokio

Nota: 6

Persona

Título: Persona

Director: Ingmar Bergman

Interpretación: Liv Ullmann, Bibi Andersson, Margathera Krook, Günnard Björnstrand.

 Suecia. 1966

 

 

 

-¿Crees que no lo entiendo? El sueño imposible de ser, no de parecer, si no de ser, conciente en cada momento, vigilante. Al mismo tiempo el abismo entre lo que eres para los otros y para ti misma. El sentimiento de vértigo y el deseo constante de al menos estar expuesta, de ser analizada, diseccionada, quizás incluso aniquilada. Cada palabra una mentira, cada gesto una falsedad, cada sonrisa una mueca”.

-Estabas realmente asustada ¿verdad? Durante un segundo has estado verdaderamente asustada no? Un verdadero miedo a la muerte. Pensaste que Alma se había vuelto loca ¿Qué clase de persona eres tú?

-Puedes ser una la misma persona a un tiempo. Quiero decir ¿yo era dos personas? Dios que tonta soy.

-No tiene sentido, él y yo no encajamos. Después una tiene mala conciencia por las cosas pequeñas.¿Tu lo entiendes?, ¿Qué pasa con todo en lo que crees? ¿No es necesario?

Pulso mental

Difícil, críptica con toques surrealistas y con un guión más intuitivo que narrativo, Bergman nos regala una película complejísima, inabordable, densa y con momentos fascinantes. El maestro sueco juega con el espectador avasallándolo con una reflexión sobre el propio cine durante los primeros cinco minutos, donde inicia su periplo con impactantes imágenes inconexas, comportándose como un demiurgo que mueve a su antojo los elementos. Luego comienza la historia que sirve de guión principal, una actriz pierde la voz durante una representación por una extraña enfermedad mental y queda al cuidado de una enfermera que para animarla a recuperar la cordura le habla constantemente contándole sus intimidades y temores, un autopsicoanalizándose a ojos de la actriz. Esta historia aparentemente sencilla se enreda formalmente de tal forma que los últimos 15 minutos de la narración resultan absolutamente incomprensibles, donde las barreras entre la realidad, el sueño, o los deseos se funden sin que el director trate siquiera de separarlos narrativamente. Las dos protagonistas sufrirán una especia de proceso de transmutación en la que sus personalidades convergerán de una forma misteriosa y enigmática, que insisto, el director no tiene ni el más mínimo interés por explicar. Si necesita comprender una película para disfrutarla no vea jamás Persona, se aburrirá y desilusionará a partes iguales, llegará a odiarla, si puede pasar por disfrutar de la forma y tratar de intuir el contenido, que se presta a múltiples interpretaciones, podrá disfrutar de unas actuaciones solidísimas capaces de sostener la película y transmitir fortísimas emociones. Las dos protagonistas mantendrán un pulso interpretativo y mental agotador y efectista que resulta admirable y muy persuasivo, tanto Liv Ullmann como Bibi Andersson rayan a un gran nivel.

Podrá también disfrutar de una fotografía maravilloso, potente, escurridiza a veces, y creando un ambiente siniestro en una película marcada por muchos primeros planos en los que se derraman las sombras con un efecto dramático imponente. Podrá asistir al ingenio narrativo del genio Bergman, con planos que posteriormente ni siquiera se han atrevido a copiar. La cara creada con las dos mitades de la protagonista al efecto de recoger la transmutación de la protagonista, la cara de perfil en primer plano tapando la mitad de la otra cara al fondo (efecto copiado por Abba en uno de sus famosos videoclips) o el hecho de repetir dos veces una conversación (Una desde el punto de vista de cada una de las protagonistas) sin necesidad de recurrir al plano-contraplano, son algunos de los recursos más famosos que se exhiben en este filme y que ya han quedado para la historia del cine.

Sugerente pero incomprensible, libérrima pero exasperante, hoy por hoy es una de las películas más complejas jamás realizadas y un orgullo para el cine independiente, referente para muchos directores que se han dejado arrastrar por su belleza formal y su atrevida puesta en escena sin importarles que la historia realmente tenga algún sentido o alguna intención más allá de la cabeza del director.

 

 

 

 

Vea el trailer de Persona

 

 

Nota: 7

Ciudadano Kane

Título: Ciudadano Kane

Citizen Kane

Dirección: Orson Welles

Interpretación: Orson Welles, Joseph Cotten, Everett Sloane, George Coulouris, Dorothy Comingore, Ray Collins, Agnes Moorehead.

USA. 1941

 

 

El tuétano de Charlie Kane

El calificativo de la mejor película de la historia del cine (Así lo ha sido oficialmente durante 50 años hasta el 2 de agosto de 2012 cuando la revista ‘Sight and Sound’ la ha relegado a la segunda posición después de Vértigo) le ha hecho más daño que favor a esta maravilla, su condición de liderazgo ha hecho que muchos se acerquen a ella con recelo, con cierto temor, como si la película sólo estuviera hecha para eruditos cobardes incapaces de dar un dictamen contrario a la fama que se ha labrado el filme durante décadas. Yo reivindico que Ciudadano Kane, tiene un interés más allá de su plano técnico revolucionario (en su época) y de su ágil lenguaje cinematográfico, tiene un guión intachable y eso es suficiente para que cualquiera sin ideas preconcebidas pueda al menos disfrutarla, hay que prestarle cierta atención, no es una película para ver tirado en el sofá con una cerveza en la mesilla, pero a poco que uno se introduzca en el mundo de Kane, terminará por engancharse. 

Hace más de 70 años un joven llamado Orson Welles rodaba su ópera prima e hizo una película tal y como se debe ver, sin ideas preconcebidas… el resultado es el de un cambio en la historia del cine. Muchos de los aspectos técnicos se han copiado e incluso superado con el paso del tiempo, pero esa fotografía tenebrista de claroscuros potentes que elevan la personalidad mediante la sombra, la kilométrica profundidad de campo, el uso de angulares que deforman predeterminadamente la imagen o algunos movimientos más allá del encuadre que tiene esta película, aún mantienen vigencia y frescura y sobre todo, poder narrativo… eso por delante, pero no vamos a hablar sólo de lo que todo el mundo sabe o ha leído en algún lado. Yo quiero hablar del guión y de su estructura, porque la historia de este magnate basada en la vida real de  W.R. Hearst (a poco que uno conozca de forma básica su biografía comprenderá que Welles no trata de ocultar a quién alude su personaje) es de por sí sola fascinante en la búsqueda de una palabra mágica a marcada para siempre a fuego en la historia del cine, Rosebud.

Durante la película un periodista tratará de buscar el significado de esa palabra, la última que dijo el magnate antes de fenecer y para ello se entrevistará con varias personas importantes en la vida de Kane que lo introducirán en diversos flashbacks por los que va circulando la película. Ninguno de los personajes llegó a conocer realmente bien a este singular hombre, pero la suma de todos ellos permiten al espectador hundirse hasta la médula en la personalidad, el carácter, las intenciones y los temores de Charlie Kane, uno de los personajes mejor construidos de la historia del cine del que saboreamos todas sus experiencias vitales… y su vida es realmente interesante, nada trivial, por lo que el interés salta a la vista. La intriga vendrá de parte de Rosebud, la palabra mágica que sólo en el penúltimo plano el espectador descubrirá. El guión, además de estar perfectamente forjado, esta genialmente estructurado y está cosido con un montaje realmente efectivo. La presentación del personaje se hace mediante un documental que el grupo de periodistas prepara sobre la vida de Kane, luego llega la trama con los ya mencionados flashbacks entre conversaciones y un final brillante donde nos sorprende con el verdadero significado de la palabra… una estructura brillantemente academicista (teniendo en cuenta que él prácticamente inventó el academicismo). Las conversaciones dan lugar a frases de las de antes (digo esto porque es lo que más me gusta del cine clásico del que no soy especialmente un forofo) con una carga conceptual y una sentenciosidad admirable, fascinantes para detenerse a pensar en ellas y valorar lo que esconden. Interpretaciones correctas (el acartonamiento de los actores es lo que menos me gusta del cine clásico) y un enorme trabajo de dirección sirven para  redondear una auténtica obra de arte… y entonces ¿Por qué no le doy un 10? , pues porque para mi la perfección académica no es la panacea, me gusta más que me sorprendan, que me dejen con la boca abierta, que me hagan llorar en un raudal de emociones o sienta la taquicárdica angustia del miedo… quiero sentir más y en Ciudadano Kane el factor emotivo, el del control de los sentimientos del espectador está apagado. Es perfecta, tal vez demasiado, porque el cine también es emoción, humanamente imperfecto.

————————————————————————————————-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Frases de la película:

-“Señor Wheeler, usted proporcione poemas, yo proporcionaré la guerra”.

-“Yo no sé dirigir un periódico, hago lo que se me ocurre”

-“Si no hubiera sido rico, hubiera llegado a ser un gran hombre”.

-“No es tan difícil hacer dinero como la gente cree si lo único que se desea es hacer dinero, sepa usted que Kane no era dinero todo lo que quería”.

-“Hace 2.000 años que en Europa están haciendo estatuas, yo sólo llevo cinco comprándolas”.

-“La vejez es la única enfermedad de la que uno no espera jamás curarse”.

-“Solo te quieres a ti mismo, y lo que intentas es persuadir a los demás de que los quieres tanto que no tienen más remedio que quererte a ti”.

-“Estaba desilusionado con el mundo y por eso se construyó uno para sí sólo que pudiera gobernar”

-“No creo que una palabra pueda explicar toda una vida, Rosebud no es más que la pieza de un rompecabezas, la más importante”

Nota: 9 ☺

Lo que el viento se llevó

Título: Lo que el viento se llevó

Dirección: Victor Fleming

Interpretación: Vivien Leigh, Clark Gable, Olivia de Havilland, Leslie Howard.

 USA 1939

 

 

 

-“Llevo tan apretado el corsé que no terminaré el día sin tener hijos”.

-“¿No te vasta con todos los corazones que destrozaste hoy?… porque en el mío ya hincaste los dientes”.

-“A Dios pongo por testigo que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pasar hambre, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre”.

-“Estás más encantadora de lo que permite la ley”.

-“No puedo pasarme la vida tratando de pescarla entre marido y marido”.

-“No soy un caballero ni tú una señora, carecemos de honor… ¿no es verdad?”.

-“Y pensar que he amado algo que ni siquiera existe…”

-“Te quiero Scarlett, pese a ti y a mí y a ese mundo que se desmorona a nuestro alrededor, te quiero. Porque Somos iguales, dos malas personas, egoístas y astutos, pero sabemos enfrentarnos a las cosas y llamarlas por sus nombres”

-“¿Qué haré yo si te vas?…. Francamente querida, me importa un bledo”.

Pasión imperturbable.

Lo bueno del cine clásico, es que sabe contar historias de una forma maravillosa, épica y con diálogos literarizados que colocan a la narración con una enorme intensidad, un lujo para los sentidos del espectador. Lo malo suele ser la utilización de decorados que aún no habían alcanzado un buen grado de realismo, la excesiva teatralización, la sobreactuación de los actores y un metraje que normalmente era excesivo… y como encaja en todo esto Lo que el viento se llevó?  Pues ya lo saben, como un clásico imperturbable, intergeneracional, una película que el viento nunca se pudo llevar y resiste tanto y tanto, por la gran epicidad de su historia, por un guión con la fuerza de un ciclón que trata con intensidad los temas universales (los clásicos) como el amor, la amistad, los celos, la guerra, el hambre, las diferencias de clases, el honor… por la creación de unos personajes íntegros redondos llenos de matices (dicen algunos críticos que el Scarlata O´Hara es el papel femenino mejor construido de la historia del cine)  y porque pese a sus cuatro horas los directores que se hicieron cargo del filme supieron mantener el ritmo y la intensidad durante toda la película. Son algunas de las claves para que ‘Lo que el viento se llevó’ haya podido resistir el paso del tiempo sin pestañear y eso que también tiene por donde callar (en su comparación con Casablanca siempre perderá).

El guión de esta mítica película es poderoso sí, pero también muy maniqueo, poniendo el acento en las bondades de las familias nobles del sur y a los esclavos negros con unas condiciones muy dignas de vida. La nobleza con la que afrontan la vida los ricos sureños y el amor por su tierra (La finca Tara terminará siendo el verdadero amor de Vivian Leigh)  es casi desaforado pero se entiende que en una historia épica algo de hipérbole debe haber, claro está.

Hay mucho decorado y plano superpuesto que tal vez en la época fueran revolucionarios, pero que acostrumbrados a los espacios de hoy retocados con tecnología digital, la verdad quedan demasiado superficiales y poco atractivos y eso que hay recogidos algunos atardeceres fotografiados maravillosamente, pero siendo honestos se quedan muy atrás con la fotografía de hoy en día y esa es una tara que tendrá que pagar el cine clásico.

Tampoco los actores están en mi opinión tan inconmensurables como he leído en algunas críticas, aunque si es verdad que el transfondo y la fuerza de los personajes que representan es tal, que realmente no se nota mucho. Como en la mayoría de películas clásicas y más aún en esta época temprana, se sobreactúa, se intensifica en demasía la respuesta humana objetiva… pero vuelvo a insistir, se perdona todo cuando la garra que muestran tanto Scarlata O´Hara (Vivian Leigh) como Rhett Butler (Clark Gable) como la hiperbondadosa Melanie Hamilton (Olivia de Haviland) ofrecen tantos matices, tantas alternativas a la interpretación desde tantos puntos de vista… hay que quitarse el sombrero ante la perfecta construcción de los personajes.

Tal vez lo que mantiene unido a ‘Lo que el viento se llevó’ lo que la hace grande a lo largo del tiempo se resuma en un palabra: Pasión… A la hora de rodarla, a la hora de realizar un guión, de interpretarla, todo con errores o aciertos pero todo en esta película parece ser apasionado, indómito, huracanado, una tempestad arrebatadora  que hoy día sigue despojando de lágrimas a muchos espectadores en todo el mundo.

Vea el trailer de Lo que el Viento de llevó ENG

Nota: 7

Casablanca

Título: Casablanca

Dirección: Michael Curtiz

Interpretación: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid, Claude Rains.

USA. 1942.

 

 

 

 

-“Rick es… un hombre del que yo me enamoraría si fuera mujer. Un ser extraño, misterioso. Así veo yo a Rick. Pero, ¡qué estupidez hablar a una bella mujer de otro hombre”.

-“Si no subes a ese avión, te arrepentirás. Tal vez no ahora, tal vez no hoy ni mañana, pero pronto y para el resto de tu vida”.

-“Los alemanes iban de gris y tú ibas vestida de azul”… aún guardo ese vestido.

-“El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”.

-“¿Dónde estabas esta mañana?, no recuerdo, hace demasiado tiempo. ¿Qué harás esta noche? Nunca hago planes con tanta antelación”.

-“Le echaré de menos, es usted la única persona en Casablanca que tiene menos escrúpulos que yo”.

-“Confieso que carezco de convicciones, yo voy con el viento”.

-“Señor Rick, se está usted convirtiendo en su mejor cliente”.

-“Si es diciembre aquí en Casablanca ¿Qué hora es en Nueva York?”

-“Me desprecias ¿verdad?… Si llegara a pensar en tì, probablemente”.

-“A nosotros siempre nos quedará París, no lo teníamos hasta que viniste a Casablanca, anoche lo recuperamos”.

-“Louis, creo que este es el comienzo de una gran amistad”.

Y el tiempo pasará…

…y siempre nos quedará Casablanca. Mientras resuena en la introducción del DVD los compases de ‘As time goes by’ me pregunto que podría escribir de esta película que no se haya dicho antes… absolutamente nada.

—————————————————————————————-

“Una película inmortal desde sus avatares de producción hasta su culminación final y posterior presentación en la pantalla grande, que el paso posterior del tiempo la ha elevado justamente a la categoría de mito”. (Alohacriticon)

“Nadie hizo ni hará jamás de perdedor cínico como este hombre y nadie tuvo ni tendrá tanto estilo. Es el personaje por excelencia, un hombre con el que empatizas hasta grados inauditos, el tipo que todos querríamos ser. Ha habido mejores actores que Bogart (Brando, Newman, Hoffman,…) pero ninguno ha marcado tanto al espectador, y la cúspide de su carrera es Casablanca”. (Javier Martínez)

“Por donde se la mire, Casablanca es admirable. El cooperativo guión, la  iluminación, el montaje, la música y hasta el vestuario están puestos (por azar o intencionadamente) a disposición de esta historia de amor, honor y lealtad. A Curtiz le alcanza con la cámara para decirnos casi todo sobre Rick. Registra su poder en esa mano que firma autorizaciones antes de mostrarnos la cara del héroe, nos enfrenta a su soledad, el cigarrillo, esa partida de ajedrez sin contrincante, su vaso de bebida…”  (Eugenia Guevara).

“Un film tan mítico y divulgado que convierte en ocioso y redundante todo tipo de comentario. Sin embargo, y al revés de lo que ocurre a menudo, su mito no se sustenta en razones puramente coyunturales sino en bases muy sólidas: unas memorables interpretaciones, un guión brillantísimo, una música que extrae talento del puro pastiche y una realización que va más allá de la simple artesanía, demostrando una notable inspiración” (Fotogramas) 

“Extraordinaria la rara atmósfera romántica y apasionada de la película. Bogart y Bergman nunca estuvieron mejor” (Enrique Colmena)

“He aquí el mito hecho celuloide, la más grande entre las grandes. Casablanca es la obra maestra absoluta, un icono de la historia del cine merced a un guión sublime sembrado de diálogos insuperables, envuelto en una dirección, puesta en escena e interpretaciones mágicas, que alcanzan el techo del séptimo arte. Puede que nunca se haga una película mejor”. (Pablo Kurt)

…………………………………………………………………………………….

Estos son sólo algunos de los millones de comentarios que se pueden encontrar en la red acerca de la película más mitificada de la historia. La película con mayúsculas. Para mí, lo que siempre me quedará en el recuerdo, son las frases prodigiosas, casi esculpidas en la boca de los protagonistas, de altísima índole literaria, incontestables, sentenciosas, todo un ardid de ingeniería lingüística al servicio del cine y de dos actores irrepetibles con una capacidad de seducción abrumadora.

Tiene en su debe, una factura de bajo presupuesto que llevó a rodar la historia sin exteriores, si no al completo en un estudio y eso se deja notar especialmente en algunas secuencias… pero es que nada es perfecto, ni siquiera Casablanca, pero casi.

Vea el trailer de la película

Nota: 10

La gran ilusión

Título: La gran ilusión.

Dirección: Jean Renoir

Interpretación: Jean Gabin, Erich von Stroheim, Pierre Fresnay, Marcel Dalio, Dita Parlo, Jean Dasté.

Francia. 1937

 

 

 

 

-“Señores, admiro profundamente vuestro valor patriótico, pero aquí la situación es diferente, nadie se escapará de esta fortaleza”.

-“Todos moriríamos de las enfermedades de nuestra clase si la guerra no hubiera unido a todos los microbios”.

Lazos con el enemigo.

Algo más que un alegato antibelicista. En la Gran Ilusión, Renoir nos lleva a la primera guerra mundial (la película es tan antigua que la segunda ni siquiera se había producido) para contarnos la historia de un grupo de oficiales aliados, prisioneros en un campo de concentración alemán. Allí la relación entre capturados y captores es más afable de lo que podría suponerse en una contienda bélica, todos ellos se respetan y al ser un campo de concentración sólo para oficiales, las condiciones de vida para los prisioneros, están lejos de parecerse a lo que solemos ver en otras películas, donde hay tiempo para comer bien, divertirse y, como no, para intentar escapar. 

El director francés nos deja claro que las fronteras son unas líneas inventadas por los hombres, que las guerras son absurdas por definición y que la humanidad está por encima de todo, incluso por encima de las lenguas o de las clases sociales. Porque es también un tema a tratar por Renoir, la conciencia de clases y la pérdida de privilegios de la antigua aristocracia europea, eso sí, en la película el guión les ofrece a este grupo un descomunal sentido del honor, una mitificación de la honra que los coloca casi en un escalón superior al del resto de oficiales más ‘chabacanos’, buenas personas, pero incapaces de sacrificarse, un mensaje que personalmente no me gustó.

En cualquier caso, al margen de hablarnos de la fraternidad universal, de los elementos comunes que unen a todos los hombres del mundo, incluso en las circunstancias más perversas para la confraternización, en cuanto a los elementos propiamente cinematográficos todavía se nota que el cine como industria aún anda por sus albores y por mucha filosofía que la crítica generalizadamente le quiera extraer al filme del genio francés hay elementos de seria inmadurez a la hora de cuajar la historia.

Se nota por ejemplo a la hora de cercenar el filme en dos partes demasiado diferenciadas que casi parecen dos películas marginadas entre sí, hubiera hecho falta un mejor trabajo de montaje para engranar una historia con la otra y situar al espectador mejor en la historia. Tampoco ayuda demasiado una falta de ritmo constante en toda la historia que en algunas ocasiones explota la tensión y en otras deja pasar escenas costumbristas que valen más para rellenar que para narrar. Aunque el aliciente de la relación entre aliados y enemigos resulta el factor principal de la película, el guión no se preocupa en absoluto de hacerlo creíble, simplemente ocurre y se da y esa complicidad puede resultar falsa en algunos momentos, al menos a ojos de un espectador del siglo XXI.  También le falta algo de magia al trabajo interpretativo, todavía poco gestual por lo que la potencia de los personajes deja toda la responsabilidad en los diálogos, y en cuanto a los márgenes técnicos, aunque el director sabe utilizar con buen tino los planos largos con una amplia profundidad de campo, la verdad es que el catálogo de manejo de la cámara se antoja algo corto.

Tal vez una década más de experiencia en eso del cine, hubieran hecho de esta película una obra maestra, pero honestamente a mi no me lo parece aunque muchos lo den por hecho.

Vea el trailer de La gran ilusión

Nota: 5

El puente sobre el río Kwai

Título: El puente sobre el río Kwai

Dirección: David Lean

Interpretación: William Holden, Alec Guinness, Jack Hawkins.

UK. 1957

 

 

 

-“Estamos aislados en mitad de la selva virgen, a muchos kilómetros de la civilización, y en manos de un hombre capaz de todo con tal de lograr sus fines. Principios? Nadie sabrá jamás ni a nadie le importará lo que aquí ocurra”.

-“Tengo a mi cargo el puente sobre el río Kwai y pienso volarlo con algunos voluntarios”.

 

El silbido sobre la selva.

 

Me ocurre con muchas películas de cine clásico, especialmente las superproducciones, que sólo veo en ellas dinero, montones de dinero para extras, para vestuario, para construir un puente de madera, para viajar a Tailandia y rodar sus espectaculares paisajes, para un espectacular montaje de sonido, donde la fuerza del río arrastra… y todo eso lo tiene el Puente sobre el río Kwai es indudable, pero sólo es eso, a mi parecer es una Titanic de la época, sin nada más y de hecho creo que no es la mejor película de David Lean que se superó en Lawrence de Arabia o Doctor Zhivago.

Sin restarle méritos a la calidad técnica que se consigue del dinero (mucho para 1957) la historia de El Puente sobre el río Kwai es más bien simplona. De hecho me resulta gracioso ver comentarios que la tachan de película bélica, cuando de bélica solo tiene quizás los últimos 10 minutos, aunque en ella aparezcan soldados todo el rato.

Más de media película, el guión se lo pasa intentando resolver un conflicto laboral ni más ni menos, y el tema radica más en el honor y en la capacidad del ser humano para anteponerse a las necesidades del cuerpo. En este sentido la película en general tiene que ver más con Ghandi que con cualquier otra del género bélico, o si me apuras con algo parecido a ‘Prison Break’ por la imposibilidad de poder escapar de una cárcel abierta en plena selva tropical, pero la estrategia militar y la acción bélica no aparecen hasta muy el final. Aunque no sea bélica no significa que el guión sea interesante, pero no es una historia ni mucho menos tan sobresaliente como para pasar a la historia del cine por la puerta grande y llevarse de paso 7 oscars.

También hablan las crónicas de las grandes interpretaciones, especialmente de la de Alec Guinnes. Otra de las características que observo en los clásicos es el de las interpretaciones bastante forzadas o teatrales, y en este caso también me reafirmo, creo que el cine ha mejorado en ello con el tiempo.

Por último, cabe destacar lo extremadamente chauvinista que es la película, donde el señor Lean y los personajes que pululan por la cinta, no caben en sí de los orgullosamente británicos que son. Esto también desnaturaliza a los personajes que parecen más trozos de una bandera que seres humanos.. y es que ¿De verdad me tengo que creer al orgulloso y flemático coronel Nicholson achicharrándose con tal de mantener a sus tropas altas de moral una vez que han sido capturados? Pues lo siento pero no, tal vez en los años 50 los recuerdos de la II guerra mundial todavía empujaba a la gente a ensoñar con historias sobre el valor y el  honor, pero… el cine es inmortal y el tiempo te ha ‘pillado’ señor Lean.

Con todo esto no quiero dar a entender que es una mala película, está bien rodada, con buena estructura técnica, tiene un guión más o menos interesante, y aunque se hace larga en sus dos horas y 40 minutos tampoco llega a aburrir del todo. Pero de ahí a pasar a la historia, para mi es totalmente inmerecido y lo único que realmente emociona es ese silbido militar resonando en la selva con orgullo después de la derrota, es un momento grande e inolvidable la verdad es que sí.

 

Nota: 6

Matar a un ruiseñor

Título: Matar a un ruiseñor

Director: Robert Mulligan

Interpretación: Gregory Peck, Mary Badham, Brock Peters, Phillip Alford.

USA. 1962

 

 

 

-“Los testigos que ha presentado la acusación han basado su relato en la cínica confianza de que su testimonio no se pondría en duda, confiaban en que ustedes estarían de acuerdo en la indigna suposición de que todos los negros mientes, de que en el fondo todos los negros son seres inmorales, de que nadie se puede fiar nunca de los negros cuando están cerca de nuestras mujeres”.

– “Atticus dijo una vez, que uno no conoce realmente a un hombre hasta que uno se ha calzado sus zapatos y ha caminado con ellos”.

-“Hay hombres en este mundo que han nacido para cargar con las tareas desagradables de los demás, tú padre es uno de ellos”.

Resucitar la honestidad

Matar a un ruiseñor ha sido siempre mi clásico favorito. Historia perfecta, guión asentado y flexible, diálogos sentenciosos y abrumadores, una música celestial, y emotividad a flor de piel contando la historia a través de los ojos de una niña, con un mensaje claro y rotundo, el de la honestidad y el de la igualdad (en un contexto claramente racista en el sur de los Estados Unidos durante la época de la gran depresión). Preciosa y emotiva película para desterrar prejuicios, para ver el mundo con otros ojos, para querer a tus congéneres y superar adversidades con la cabeza alta.

Este ‘Matar a un ruiseñor’ (la frase encierra una metáfora preciosa) narra la vida de Atticus (una de las mejores interpretaciones en la carrera de Gregory Peck) un abogado viudo que vive con sus dos hijos y a los que educa en la bondad, la comprensión y la tolerancia, con grandes dosis de amor. Atticus recibe el encargo de defender a un hombre negro acusado de violar a una mujer blanca en un contexto sureño abominablemente racista, esta y otras muchas pequeñas historias que se entrecruzan en la trama consiguen reanimar al espectador, enternecerlo, inyectarle el mensaje de la tolerancia y emocionar con las ocurrencias pueriles de una niña ‘Scout’, que se comporta más como un chico y de cuya boca salen las verdades capaces de avergonzar a los mayores que le rodean en ese ambiente sureño.

Buena fotografía en blanco y negro, gran recreación del ambiente, una música que cala en tristeza y esperanza por igual y unos personajes redondos, forjados en convicciones, rumiantes de pobreza tras el crack de 1929 y (eso sí es achacable) exageradamente maniqueos. La película salva esta última circunstancia gracias a la sutileza con la que el guión va soltando las pequeñas filias de los personajes con la que se van desgranando sus corazones, segregando sus almas a cuentagotas, de forma que el trabajo de Mulligan es capaz de saltar este exceso de atribuciones a sus personajes porque se proyectan lentamente.

Pero incluso sobre la fortaleza que adquiere la trama judicial como la vía principal sobre la que se vertebra la película, existe una segunda que se desarrolla de manera más subterfugia pero que in crescendo va adquiriendo un cariz importantísimo en la película. Se trata del de la propia educación de los dos menores que viven con él, un tema que compite en importancia en la propia película y que se desarrolla con una dulzura y un encanto encomiables, para formar parte de una película imprescindible. 

Nota: 10

Desayuno con diamantes

Título: Desayuno con diamantes

Dirección: Blake Edwards

Interpretación: Audrey Hepburn, George Peppard.

USA 1961

 

-“Ella cree sinceramente en todas las fantasías que se imagina”.

-“Es la primera vez que doy un paseo por Nueva York por la mañana, he andado por la quinta avenida a las seis de la mañana, pero eso lo considero de noche”.

-“Soy como este gato, somos un par de infelices sin nombre, no pertenecemos a nadie ni nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro”.

 

El hechizo de la gatita del tocador.

 

Si no es usted extraterrestre o un habitante de la selva amazónica que no ha mantenido contacto con el mundo exterior (al que los extraterrestres habrían dotado de Internet) habrá visto alguna vez en su vida la imagen de Audrey Hepburn, tocado en pelo, sosteniendo la boquilla alargada de un cigarro. Esta imagen extraída de la película es simplemente una de las iconografías más poderosas del siglo XX, un hito de la cultura pop, y este logro no hubiera sido posible de no ser porque el personaje que encarna Audrey Hepburn (tan encantador como desencantado) ha sido capaz de despertar la fascinación de cientos de miles de espectadores durante décadas y hacerse inmortal.

La descarada Holly Golightly, con un comportamiento extravagante y falsamente ostentoso, pero un alma transparente y sincero, es uno de esos escasos personajes capaces de acaparar toda la atención de la película y relegar al resto (incluido al otro personaje supuestamente principal) a un segundo plano. Holly es alegre, jovial, dicharachera, encantadora, ingenua, dulce.. y al mismo tiempo esconde un pasado doloroso y un presente vacío que llena con lujos y un tren social que no le corresponde y que consigue de las invitaciones de los hombres que casi nunca consiguen nada de ella (a 50 dólares cada uno cada vez que va al tocador), es una ‘party girl’ a la que Hepburn sabe sacarle dignidad y sentimiento dentro de su alocado mundo.

La Hepburn domina en la película, impone su interpretación y reparte sonrisas y compasión a partes iguales, hechizando con sus torpes maneras y su ‘look’ sofisticado.

Se habla de ‘Breakfast at Tiffany´s’ (libremente interpretada de la novela del mismo nombre escrita por Truman Capote) como de una comedia romántica, pero este género es el superficial de la película, en cuyo interior esconde el verdadero drama vital de una chiquilla desgajada de sus raíces, desconfiada y atrapada en un estilo de vida banal.

Otro de los grandes encantos de la película es una banda sonora inolvidable (Henry Mancini forever) que llevaron a la composición de Moon River, para muchos, una de las mejores canciones jamás compuestas para una película.

Pero más allá de la abrumadora presencia de su personaje principal, de su capacidad para desarrollar un género dentro de otro y de su excepcional acompañamiento musical ‘Desayuno con diamantes’ flojea en otros aspectos. El guión es solido, pero no intenso, y aunque el personaje de Holly es excepcional, lo cierto es que no evoluciona dentro de la estructura cinematográfica, ni el suyo ni ningún otro, e incluso nos encontramos con algún personaje que hiere la inteligencia con la caricatura de un vecino chino interpretado por Mickey Rooney, un humor de otra época reventado a tópicos. El ‘Happy End’ bajo la lluvia forzadamente romántico, aunque emotivo, tampoco ayuda a digerir el filme, y la dirección de Blake Edwards, no es la de un genio, le falta consistencia. Pero sólo con la iconografía que despliega y la sonrisa de Hepburn, ya se ha ganado un hueco en el Olimpo del séptimo arte.

 

Nota: 7

La parada de los monstruos

Título: La parada de los monstruos

Dirección: Tod Browning

Interpretación: Wallace Ford, Leila Hyams, Olga Baclanova, Roscoe Ates.

USA 1932

 

 

 

 

 

 

 

-“Para mi eres un hombre, para ella eres un objeto de burla, todo el circo se ríe de vosotros dos”.

-“Nuestra boda, una broma… ahora veo lo gracioso que es”

 

Humillando a la ‘bella’ humanidad.

 

Si nos basamos únicamente en criterios cinematográficos, ‘freaks’ es una mala película, y sin embargo, su naturaleza de alegato único contra las desigualdades, su nauseabunda inmersión en un mundo desconocido, su juego para confundir al espectador, para doblegar sus valores, su valentía para filmar una película absolutamente irrepetible (y nunca esta expresión se puede ajustar más a un título) la han convertido en un clásico imperecedero en la que todavía bucean cientos de cinéfilos contemplando esta ‘rara avis’ del celuloide de la que nunca se ha podido hacer si quiera una mala copia 80 años después.

En un circo una serie de personajes, deformes, tullidos, amputados o monstruosos conviven día a día, son los freaks. Tratados como parias, el director nos muestra durante más de la mitad de la película su vida diaria casi a modo de documental, mientras la pequeña trama se va formando, que no es otra que la de un enano que se enamora de la hermosa trapecista del circo, que accede a sus peticiones a sabiendas de la enorme fortuna que ha heredado el pequeño personaje, mientras ella mantiene un idilio con el ‘forzudo’ del circo.

Los ‘freaks’ son tratados en la película con toda su humanidad, (también con sus defectos) uno de los grandes logros del filme que no cae en efectismos de ternura o compasión, son humanos, pero lo son más aún en comparación con los denominados ‘normales’, cuya avaricia, ingratitud y maldad los convierte en los verdaderos monstruos de la película, una transmutación de valores de la que apenas te das cuenta a lo largo del filme y que te golpea con su crítica atroz y grotesca que engloba cualquier tipo de desigualdad y que fustiga de forma inmisericorde a la intolerancia. Y es que lo que verdaderamente define a la película es que cuando e utilizado palabras como grotesco o atroz lo hago más pensando en los ‘normales’, no en el grupo de ‘monstruitos’ que pululan por el filme y es que Browning tiene un forma espectacular de voltear los valores como un calcetín y hacernos repudiar nuestra existencia de ‘normales’ a ojos de nuestra sociedad.

Ahora bien, en el grueso de la película sus grandes virtudes se encasillan solo en este aspecto, en el de los valores y enseñanzas y en la valentía que tiene a la hora de plantearlos. Es su carácter único lo que nos fascina, nos despierta la misma curiosidad que un deforme personaje de circo y nos quedamos tumbados en el sofá viendo esa aberración inigualable. Pero en cuanto a niveles técnicos o artísticos la película tiene hondas y profusas  decepciones. Para empezar, el nivel interpretativo es bajo, bajísimo, al igual que el ritmo y el guión en general. El director se obceca en la presentación y el desenlace, apenas hay nudo en la película y por lo tanto tampoco hay intriga (algo que también destruye al hacer que el grueso de la película sea un flashbacks) ni oportunidad de saborear como se cocina la trama. La anulación del nudo es lo que hace que la película tenga una duración de apenas una hora.

Tampoco ayuda la creación de algunos ‘trucos’ con pretensiones efectistas que tal vez en la época lo fuesen pero que hoy día resultan ridículos y que (especialmente en el final restan credibilidad a la película). En definitiva, la película puede ser plausible por muchas cosas, pero no como obra del séptimo arte.

 

Nota: 3

Navegador de artículos