Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Adiós a mi concubina

Título: Adiós a mi concubina

霸王别姬

Dirección: Chen Kaige

Interpretación:  Gong Li, Leslie Cheung, Zhang Fenqyu, Lu Qui, Ying Da.

China 1993

 

 

-“En esta obra hay una lección tanto para un actor como para un ser humano y es que cada uno debe ser responsable de sus actos”.

-“Ha conseguido la perfección, no se sabe si es hombre o mujer, juzgue usted mismo, no lo distinguirá”.

-“Por mucho que uno se esfuerce, uno sólo encuentra lo que busca por casualidad”.

-“Solo le importa la ópera, no le importa quién sea el público, se entrega en cuerpo y alma a la ópera”.

Malos tiempos para la lírica

Entre 1924 y 1977 China vive tiempos convulsos, guerras, rebeliones y revoluciones llevarán al enorme gigante chino a un  zig-zag político en el que también se ven inmersos dos actores (considerados casi héroes por el pueblo) que representan con enorme éxito una obra clásica de la ópera china, Adiós a mi concubina. Bajo este punto de partida Chen Kaige nos pone sobre la mesa una historia compleja, que repasa la historia de este país, sus tradiciones culturales, sus represiones sociales y la ambigua amistad entre dos amigos (Douzi y Shitou) que aprendieron desde muy pequeños el oficio de actores bajo la mano dura y las torturas, para meter a los pequeños ‘en vereda’ y que llegaran a ser grandes en su oficio. Todo ello narrado con el ineludible estilo asiático, bellísimo de una variedad cromática formidable, reforzada por el amplio esfuerzo en cuanto a vestuario, maquillaje y escenografía, todo ello fue tenido en cuenta sin duda para que la película fuera apabullada por numerosos premios entre ellos la palma de oro del Festival de Cannes de dónde también se trajo el Fipresci. 

Lloverán cadáveres sobre Beijing, el peligro también acechará a los protagonistas, pero la ópera tradicional es un sentimiento universal para el pueblo chino que va perviviendo durante los años aunque vaya dejando víctimas en derredor y en ese dicurrir el director Chino nos va enseñando detalles y utiliza ciertos símbolos y situaciones concretas para explicar con claridad todo lo que pasó durante aquellos años en el que la historia de un país giró demasiado.

Pero con todo, Adiós a mi concubina tiene un problema mayúsculo para el gran público, el sopor y el aburrimiento que se transmiten durante las casi tres horas que dura la cinta. Efectivamente, aunque en la faceta técnica no haya nada achacable al trabajo de Chen el director no ha sabido imprimir ritmo al guión, que se va desarrollando con muchos altibajos, muchas escenas de gran fuerza y otras absolutamente prescindibles. A ello contribuye como no, el clima interno de una obra que trata sobre una singularidad cultural tan específica como la ópera china y por ello, lo que para los chinos puede ser de una belleza arrebatadora, para la cultura occidental puede llegar a ser exasperante y estas escenas de actuaciones de ópera dentro de la película se repiten con demasiada asiduidad a lo largo del filme, lo cual no contribuye en absoluto a evitar la somnolencia.

De esta narración histórica es también muy destacable el personaje de Douzi, interpretado por Leslie Cheung, con esa ambigüedad física, esa femineidad adquirida a fuerza de interpretar a la concubina y los problemas psicológicos que le genera el meterse constantemente en el cuerpo de una mujer y que es sin duda, uno de los aspectos más interesantes de este filme.

Vea una escena de Adiós a mi concubina

Nota: 5

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La ducha

Título: La ducha

Dirección: Zhang Yang

Interpretación: Zhu Xu, Pu Cun xin, Jiang Wu

China 1999

 

 

 

-“Se que te avergüenzas de lo que hago, que te molesta lo que soy, pero no me importa, soy feliz en mi trabajo, me basta con ver a mis viejos clientes”.

-“Ducharse no da ni la mitad de gusto que bañarse aquí, todos juntos charlando y riendo”.

 

Intimidad pública.

 

Delicioso retrato del choque generacional en la China actual entre las tradiciones ancestrales y la pujante mercadotecnia capitalista, en una historia sencilla, sin pretensiones, sin giros inesperados pero que uno se traga sin pestañear, gracias al cuidadoso gusto empleado por hacer de las pequeñas cosas un reto y a apelar a los sentimientos del espectador con pequeñas dosis de drama, humor y compasión que se van desarrollando silenciosamente a lo largo del filme.

Cuenta la ducha el regreso de un hijo a casa en un antiguo barrio de ciudad, tras varios años en los que se ha forjado su propia vida haciendo negocios, mientras su padre y su hermano menor (discapacitado psíquico) se hacen cargo del negocio familiar, los baños públicos, un oficio en extinción en un China estresada que abraza el capitalismo.

Bajo este paraguas tan débil, Zhang Yang sabe construir un sólido guión, sin artificios, pero sostenido con entereza por los valores que despiertan sus personajes y especialmente por la ternura que Er Ming, el chico retrasado mental que ayuda al padre que con su mirada inocente de la vida evidencia tanto lo que une como lo que separa al padre y al otro hijo de la familia, siendo este personaje entrañable el verdadero eje sobre el que gira la película.

Cada escena, por nimia que parezca, despierta un encanto especial, los cantos bajo la ducha cantando ‘O sole mio’ de uno de los clientes con miedo escénico resultan agradables, los problemas de virilidad de otro de los clientes del local, comprensibles, el enfado entre dos amigos por una disputa tras una lucha de grillos, compasión. Todas las historias están hechas a pequeña escala, pero se ponen en común y se comparten en los baños públicos ofreciendo una gran variedad de pequeñas tramas para empatizar con todos los clientes del local que son como de la familia.

¿Y tiene una película tan sencilla el gravamen del tedioso ritmo asiático?… pues no, porque Zhang Yang, sabe dosificar las historias a la percepción y aunque sin peripecias, el ritmo al que se desarrollan las historias es del estilo occidental, algo que se logra con un trabajo de dirección encomiable que le valió a este realizador chino la concha de plata a la mejor dirección en el Festival de San Sebastián.

Con una técnica tampoco demasiado llamativa para no ensuciar la imagen del filme, el realizador sí que sabe envolver cada una de las escenas intimistas del vaho de las duchas o los trabajos mecánicos y diarios en los baños para crear un ambiente adecuado a lo que se cuenta.

No se encontrará mucho en la película, pero lo poco que hay es de una calidad exquisita.

 

Nota: 8

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