Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Léolo

Título: Léolo

Dirección: Jean-Claude Lauzon

Interpretación: Maxime Collin, Gilbert Sicotte, Ginette Reno, Julien Guiomar.

Canadá. 1992

 

 

 

-“Hasta donde alcanza mi memoria, los olores y la luz habían soldado mis primeros recuerdos. Mi abuela había convencido a mi padre de que la salud florece al cagar, asi que todos los viernes nos sometíamos a un tratamiento de choque a base de laxantes para purificarnos de todas las enfermedades del mundo”.

-“Había empezado a escribir todo lo que se me pasaba por la cabeza, los miembros de mi familia se habían convertido en personajes de ficción y hablaba de ellos como extraños”.

 

La insondable imaginación putrefacta

 

“Porque sueño, no lo estoy”… Así comienza esta desconcertante película, extraña mezcolanza entre lo grotesco y lo deliciosamente lírico que se desarrolla paralelamente en un alarde de imaginación, como una centelleante historia de realismo mágico deliberadamente ensuciada y enmohecida, una maravillosa ‘rara avis’ del cine, peculiar y originalísima.

La historia de este niño brillante con una portentosa imaginación, inmersa en una familia de locos (dementes literalmente) es una lucha continua entre el genio, la vivacidad y la poética que desprende el pequeño Leolo, contra el ambiente deprimente, escatológico y negativo en el que se desenvuelve. En ese aspecto, esa fotografía sucia, granulada, con ese aire de retrete encarnizado y esa escenografía casi perversa con animales asquerosos y vísceras a modo de juguete sexual forman el ambiente perfecto para el desarrollo ambivalente de la película. Ese escenario putrefacto termina por devorarlo todo, por abigarrarse a la pituitaria abierta del espectador pero en el corazón del filme la sonrisa del pequeño, sus ocurrencias y su alma libre, siguen siendo un tesoro entre la mierda.

El comienzo del filme es asombroso y fascinante envolviéndote en una especie de fábula irónica, de fantasía rebelde y poderosa. Ese alarde inicial de imaginación va perdiendo fuelle y retrata los mismos puntos fuertes del principio, pero éstos son tan originales e interesantes que el guión mantiene el tipo, sin tantas brillantez como en su inicio, claro está.

Los personajes están muy elaborados en su locura, marcados psicológicamente, pero también personalmente con sus manías y miedos con ese toque onírico, camino del delirio, de lo estrambótico, pero al mismo tiempo con un aura de realidad en los pasillos del psiquiátrico que acongoja.

En ese mundo al filo de la navaja la verdadera maravilla se esconde tras los sueños, las ilusiones, los paisajes literarios de Léolo, su amor ‘italiano’ Bianca, su liberación de la locura, su lucha sin fin por escapar.

Deliciosamente enigmática, Léolo es desde luego una película única y elocuente, con un guión intenso pero firme, pese a lo abstracto y lírico de lo que trata de representar, un filme diferente que sorprende desde sus primero planos, algo que todo el mundo debería ver para comprender lo insondable del universo del cine, las múltiples posibilidades que ofrece… en uno de sus vértices está esta película.

 

Nota: 8

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Las invasiones bárbaras

Referencia: I-0226

Título: Las Invasiones Bárbaras

Dirección: Denys Arcand

Interpretación: Remy Girard, Stephane Rousseau, Marie-Joseé Croze, Dorotheé Berryman, Louise Portal, Dominique Michel, Pierre Curzy.

Canadá. 2003

 

 

 

 

 

 

-“Tengo la firma intención de mantenerme lúcido hasta mi muerte”.

-“He derramado ríos de esperma soñando con esos muslos”.

-“No es su vida actual la que no quiere dejar, es su vida pasada. Esa ya está muerta”

-“Nunca imaginé el día en el que rechazarías trufas frescas”.

 

 

El estertor del imperio americano.

 

Dos décadas después de estrenar ‘El declive del imperio americano’, Denys Arcand quiso realizar la segunda parte de esa película, con los mismos personajes que 20 años antes tan grácilmente hablaban de sexo pero sensiblemente más envejecidos. La película tiene prácticamente los mismos ingredientes que su antigua predecesora, es decir, mucho diálogo, profundas reflexiones acerca de la vida, un clima intelectual, continuas referencias al sexo en los diálogos y un intento desesperado por ensalzar la amistad. Pero además de todo esto Arcand añade un elemento que mejora sensiblemente su primer engendro intelectualoide, y ese elemento no es más que una historia, algo que poder desarrollar en un guión y con lo que poder emocionarse.  Y es que el travieso y adultero profesor de historia que en la primera entrega nos hacía reír tiene 20 años después un mortal cáncer de cerebro, esa será la noticia que propiciarán que todo el grupo de amigos se vuelva a reunir en torno a su lecho de muerte y veamos progresivamente el avance de un enfermedad dejando además abiertas otras subtramas como la del mundo de la droga, la eutanasia, la pérdida de la fogosidad sexual, temás que son tratados conjuntamente junto a otro que también aparece en la primera parte, el de la política y sus letales consecuencias en forma de guerras y genocidios.

Bien ensamblada, inteligente, audaz y con toque de cinismo a la hora de criticar los convencionalismos sociales, el problema de las Invasiones Bárbaras es que su incursión en el camino del diálogo es demasiado profusa, todo es hablar y serpentear acerca de los mismos temas, rodearlos una y otra vez, alejarlos de lo que entendemos como una conversación tradicional, haciendo que la película vaya perdiendo realismo poco a poco, es decir, exactamente lo que le pasaba a al primera parte pero en una dosis inferior y claro, lo que se aleja de lo real, tiene más dificultades para emocionar, por ello, pese a lo logrado del personaje del moribundo y de sus curiosas reacciones ante la muerte (desde luego si es una película para pensar) no llega a tocar la fibra sensible, a emocionar realmente. Y eso que individualmente muchas de las frases que los personajes van dejando a lo largo de la película son verdaderamente geniales, pero juntas conforman una amalgama que muchas veces parecen difíciles de digerir.

En el plano técnico también mejora esta película al declive del imperio americano, con buenos trávellings a lo largo de los pasillos del hospital, los sutiles acercamientos de cámara en los momentos más emocionantes, y paisajes bien fotografiados.

En definitiva una película para aprender, para reflexionar y para ver con la mente bien despierta, nunca como puro entretenimiento.

 

Nota: 6

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