Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Archivo para la etiqueta “Cine británico”

Carros de fuego

Título: Carros de fuego

Chariots of fire

Director: Hugh Hudson

Interpretación: Ben Cross, Ian Charleson, Nigel Havers, Cheryl Campbell, Alice Krige, Iam Holm, John Gielgud.

 Reino Unido. 1981

 

 

 

-“Van a enfrentarse a los mejores del mundo, a hombres de todas las razas, jóvenes y decididos como ustedes, ligeros, con fuerza y nervio, representando a todas las naciones civilizadas de la tierra, no tengo la menor duda de que todos ustedes se comportarán de forma honorable y digna. Buena suerte a todos”.

-“Yo creo que Dios me hizo con un propósito, él me hizo rápido para poder complacerle”.

-“Mi arrogancia llega tan lejos como lo exige mi conciencia”

 

Espíritu olímpico en sepia

 

Hay bastante más que la famosa banda sonora de Vangelis en esta película y que es maravillosa. La película tiene carácter, el que le da un guión férreo al estilo clásico y que además está basado en la historia real de los atletas británicos que participaron en las olimpiadas de 1924, en París. El guión bucea no sólo en la cita olímpica sino en las motivaciones y convicciones de dos de los protagonistas olímpicos, por lo que el filme rastrea también los ambientes sociológicos y psicológicos de los dos personajes principales y de paso incita a la reflexión en los aspectos religiosos (uno de los atletas es católico y otro un judío en un país protestante) y políticos (uno es escocés con ciertas tendencias independentistas y otro hijo de un inmigrante lituano) dos facetas de la vida sobre las que gana el propio guión para no ser una cita simplemente deportiva. Eso sí, ambas historias se desarrollan de una forma paralela, separada, y aunque ambos coinciden en la cita olímpica, la verdad es que no lo parece a nivel fílmico. Ahí el guión si desgaja la historia y el montaje no sabe arreglarlo. Pero el espíritu olímpico de competición el afán por la victoria, el esfuerzo previo por lograrlo, es el verdadero protagonista de la película más allá de las interesantes paralelas (que se quedan bastante cortas) y aquí es donde entra el plano técnico. Para empezar la recreación en vestuario y ambientación general, así como la fotografía de tintes antiguos es muy buena. Durante la película podrás descubrir curiosidades sobre las citas olímpicas de antaño, curiosidades que afirman que el tema ha sido bien estudiado y documentado para hacer el filme. No es tan bueno, sino más bien lamentable, el aspecto del maquillaje donde no se trabajó para lograr un buen efecto. 

 

En cuanto al trabajo de cámara, no es brillante pero sí efectivo, cámara lenta en las líneas de llegada, contrapicados para resaltar la heroicidad del atleta, algún movimiento panorámico para reflejar los momentos de euforia… recursos que se repiten cientos de veces pero que no por eso dejan de funcionar… y la música de Vangelis hace el resto para hacer que cualquier escena crezca como espolvoreada por levadura y llegue al alcanzar buenas dosis de emotividad y comunicación con el espectador.

Lo que menos me gustó del filme fue su forma de hacer del patriotismo un fetiche, ya no sólo por ensalzar la deportividad y competitividad de los atletas británicos, algo lógico si tenemos en cuenta que es el tema de la película y que está basado en hechos reales, si por la manera de llenar de perfectos ‘gentleman’ y ‘sir’ la película, de dotarlos de esa caballerosidad extrema de la que quieren hacer gala en sus películas los británicos, otro maquillaje al guión que no le sienta bien y que hacen que sea demasiado chauvinista y hasta propagandística en algunos aspectos.

La dirección de Hudson y las interpretaciones de Ben Cross (Harold Abrahams) e Ian Charleson (Eric Henry Liddell) simplemente correctas.

 Vea el trailer de Carros de fuego

Nota: 7

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Lolita

Título: Lolita

Dirección: Stanley Kubrick

Interpretación: James Mason, Sue Lyon, Shelley Winters, Peter Sellers, Marianne Stone

 Reino Unido. 1962

 

 

 

-“Ningún hombre puede cometer el crimen perfecto, la casualidad, sin embargo puede hacerlo”.

-“Tu eras la personificación de la integridad. ¿Cómo pudimos haber engendrado a ese pequeño monstruo?”.

-“Voy a hacer lo que me de la gana, cuando quiera, como quiera y  con quien quiera y no podrás impedírmelo”.

El pecado.

Luz de mi vida, fuego de mis entrañas, pecado mío, alma mía… así comienza la excepcional novela de Nabokov Lolita. Pocas veces una película ha hecho honor al libro del que se forjó, pero en esta ocasión Kubrick obra la excepción, probablemente sólo alguien como él podría hacerlo, aunque también tuvo algo que ver que fuera el propio Vladimir Nabokov el que escribiera el guión cinematográfico.

Ya sólo la historia merece un punto y aparte, su versión literaria ya fue todo un escándalo en la época y creó un icono social que se ha multiplicado y diversificado ampliándose en la actualidad hasta un concepto sexual ampliamente aceptado como referente erótico. Evidentemente libro y  película tienen mucha menos carga sexual de la que actualmente se le confiere a este personaje, eran otros tiempos, pero el solo hecho de imaginar a una menor de edad con esas ‘atenciones’ hacia el sexo opuesto ya eran más que suficientes para concitar la atención de un lector/espectador y hoy día ese proceso de seducción oculto, esa insinuación, ese dulce escándalo sigue teniendo vigencia porque se realiza con una sutilidad narrativa maravillosa.

Lolita es sin duda un trabajo arriesgado y provocador que resulta portentoso desde el punto de vista narrativo, Kubrick se las ingenia muy bien para mantener la atención más allá de los juegos de una niña, comenzando por el propio inicio del filme en el que el director da una vuelta a su ingenio y nos muestra directamente al final lógico de la película, una argucia narrativa que servirá para centrar la atención del espectador más allá de los poderes afrodisíacos de la bella protagonista.

Si guión y dirección son muy acertados también lo son las interpretaciones, comenzando por el siempre genial Peter Sellers, que aquí hace el complejo papel de Quilty, un ser camaleónico y malvado, el único tal vez con el que el espectador no llega a identificarse y que resulta mezquino pero complejo. Shelley Winters en el papel de la madre de Lolita (Charlotte) y James Mason como el pedófilo obsesionado con Lolita también están realmente bien encarnando a sus personajes. La actriz elegida para el complejo papel de niña seductora, Sue Lyon, también actúa bien, sabe darle un aire de perversión inocente a su personaje muy acorde con lo que plantea el guión, pero en realidad su aspecto físico descoloca. La Lolita de la novela tiene 12 años, que se elevan a 14 en el filme a causa de la censura, Sue Lyon, tenía 16 cuando se estrenó el filme, pero su melena rubia parece que llegue a los 22, quizás demasiado bella para una película de estas características. Y es aquí donde el filme se topa con su mayor talón de Aquiles, la verosimilitud. En primer lugar por el ya anunciado conflicto de edades de la protagonista y en segundo lugar, porque la película no explica un hecho clave para la novela, la afición u obsesión de Humbert Humbert (James Mason) por lo que el llama nínfulas. Un problema psicológico, que aparece perfectamente explicado en el libro pero que en la cinta se omite, por lo que el enamoramiento súbito del personaje por  la pequeña Lolita es simplemente atroz.

Pero aún así, no se le puede negar al filme un altísimo valor narrativo y el principio de toda una oleada de filmes que luego han mirado a esta primera obra de Kubrick como ejemplo y que ha inspirado innumerables historias. Sólo como ejemplo, la escena que utiliza Kubrick para los títulos de crédito iniciales en el que una mano masculina se recrea mimando los pies de la joven Lolita aparece casi como una copia en una película vietnamita como Cyclo y las historias de jovencitas que causan la perdición de los hombres se pueden ver a lo largo de todo el mundo, como por ejemplo en la película mexicana Flor de fango. Son sólo algunos ejemplos de una iconografía, que Nabokov inventó y que Kubrick hizo aún más grande con el poder que confiere la imagen.

Vea el trailer de Lolita

Nota: 7

El día de chacal

Título: El día del chacal

Dirección: Fred Zinnemann

Interpretación: Edward Fox, Michael Lonsdale, Cyril Cusack, Derek Jacobi, Alan Badel, Eric Porter.

  UK. 1973

 

 

 

-“El complot descrito anteriormente es el plan más peligroso que los terroristas podían concebir contra la vida del presidente De Gaulle. Si el complot existe y un extranjero cuyo apodo podría ser chacal ha sido contratado para atentar contra la vida del presidente, es mi deber informarle de que nos encontramos ante una emergencia nacional”.

-“No hay forma alguna de averiguar su identidad”.

A la caza del presidente.

La primera tentación que uno tiene después de haber visto ‘El día del chacal’ es buscar en Google como aconteció el intento de asesinato del presidente De Gaulle en Francia, no hallará nada, todo es pura ficción, pero la forma de narrar esta historia es tan sumamente detallista, con datos, cifras, nombres, imágenes de archivo y un realismo tan palpable que, el espectador creerá que todo lo que ha visto está cuanto menos basado en hechos reales. No es así, y al descubrirlo, la película despierta todavía más admiración de la que se forja con los títulos de crédito finales.

Tiene la película un estilo casi periodístico a la hora de describir los hechos, y una puesta en escena muy austera que realza el realismo de la película. Además la narración se hace fuerte al contarse desde diversos puntos de vista. Las diferentes formas de ver un mismo problema que se dan desde las centrales policiales de Francia e Inglaterra, o de la Organización terrorista OAS, amen de las del propio asesino a sueldo, Chacal, ofrecen una visión muy amplia… y un verdadero problema para engarzar el montaje que en la película se lleva a cabo con algo más que solvencia, hasta el punto de ser nominada al Oscar en este ámbito.

Pero si algo resulta fascinante en la película, es el personaje que la sustenta, alguien sin identidad, sin nacionalidad, camaleónico, capaz de variar su personalidad con una eficacia pasmosa, de permanecer escondido ante 100.000 policías que lo buscan, de ganarse la confianza de sus víctimas, de ser despiadado sin despeinarse, de ser desafiante y todo ello en la sombra, en la práctica inexistencia social. Lo mejor, que tales habilidades resultan absolutamente creíbles al amparo de la narración que realiza Zinnemann.

Es por todo esto que pese a que es una película relativamente desconocida, hay gran parte de la crítica que la coloca en la cima del Thriller europeo de todos los tiempos, porque realmente el reparto de la intriga a lo largo del filme en ese juego continuo entre ratón y gato que incluye a políticos, servicios secretos y de espionajes, organizaciones terroristas, falsificadores de documentos y personajes civiles que se cruzan por el camino resulta fascinante. 

En el debe del filme, es achacable algún fallo inherente a las propias dificultades de realización que presenta tan compleja estructura. Por un lado, la elección de un actor desconocido para hacer de Chacal como es el caso de Edward Fox, resulta acertada para afianzar aún más el carácter de incógnita que tiene el propio personaje, pero en general se nota que hay más personaje que actor, en cualquier caso, no estoy seguro de que otra elección hubiera podido dominar las complejidades de este profesional del asesinato que trabaja tan bien que consigue la complicidad del espectador (realmente el que ve la película termina con unas ganas locas de que culmine el asesinato). De otro lado, y pese a las excelencias del montaje, la diversidad de situaciones y puntos de vista embrollan la historia y muchas veces se resuelve la continuidad con cortes abruptos de la trama. Incluso el final resulta cercenado, hay ganas de más película y posibilidades de haber hecho al menos otra hora interesante con la materia mostrada.

En cualquier caso, comparada con el remake efectuado un cuarto de siglo después con Bruce Willis como protagonista, se nota que la dirección de un tipo como Zinnemann resulta determinante para que la película convenza y siga vigente mucho tiempo después, para disfrutarla hasta el último fotograma.

Vea el trailer de la película

Nota: 8

El sueño de Cassandra (Cassandra´s dream)

Título: El Sueño de Cassandra (Cassandra´s dream)

Dirección: Woody Allen

Interpretación: Ewan McGregor, Colin Farrell, Tom Wilkinson, Hayley Atwell, Sally Hawkins.

UK 2007

 

 

 

-“Yo creo que todos creamos nuestro propio destino”

-“Comprendo la magnitud del favor que os estoy pidiendo, pero os prometo que no os arrepentiréis”

-“Toda la vida está llena de violencia, el mundo es cruel, estás asustado porque te enfrentas a tu propia naturaleza”.

-“¿Porqué tienes que mirarlo todo con un microscopio?, viendo las cosas tan de cerca, se ven las imperfecciones”

Pesadillita en Londres.

Woody Allen pone fin a la trilogía londinense con un film de guión bastante endeble en su vuelta al drama con una somera exploración de los temas obsesivos de su filmografía (el sexo, la muerte, la religión…) y de los límites humanos por los que el director neoyorquino se ha encaprichado durante la elaboración de su biografía. Es decir, que de toda la trilogía nos tenemos que quedar con una soberbia Match Point en todo su esplendor, algún chiste suelto de Scoop, y alguna reflexión vacua de este último trabajo. En Cassandra´s dream nos encontramos con la pesadilla que vivirán dos hermanos cuando cruzan la línea del mal guiados por la ambición, pero los hechos que se desencadenan, son, al igual que en la película predecesora, demasiado programados, muy cogidos por los hilos, con un guión poco convincente, que, al igual que en Scoop, culmina en un final muy abrupto y desalentador. Del mismo modo, redunda en la poca profundidad de los personajes, algo con lo que ya me mostré incrédulo en Scoop ya que no es propio de Allen y que aquí repite para desconcertarme. Para colmo, la bella fotografía londinense que había creado en las dos anteriores películas aparece aquí en muy determinadas escenas y aunque no se puede hablar de un mal concepto fotográfico de la película, sí diré que los toques de genialidad a los que nos tiene acostumbrados, aparecen de manera más residual.

Lo bueno vuelve a estar en los diálogos y en la fortaleza de los temas que trata, reflexiones profundas sobre el honor, la fraternidad, la suerte (elemento clave en toda la trilogía londinense), la ambición y la culpa (este último punto muy exagerado en la película) y todo ello con profundos dilemas que van saltando en la película, que crean dudas en el espectador y que le llevan a un pequeño estado de claustrofobia, cuando se cruza el límite y ya no hay vuelta atrás. Los recovecos morales que nos hace atravesar están bien dosificados, mostrando su experiencia en esto de generar expectación durante el visionado, para que hasta un transcurrir Sueve pueda gozar de buen ritmo.

Pero todo esto se sustenta sobre unos cimientos poco seguros, y el mármol con el que construye se tambalea ante el discurrir de unos acontecimientos poco anclados al suelo del guión, muy escurridizos y más casuales que causales y eso resta. Porque, aunque la reflexión trate de ir por el buen camino, a veces resulta hiperbólica, no encuentra el equilibrio necesario y la historia se hace distante.

Donde también vuelve a acertar es en el casting, buena interpretación de Ewan McGregor y Colin Farrell, y una sorprendente de Hayley Atwell con el peculiar sentido que Allen da a sus ‘femmes fatale’, sin llegar a lo que ofrecía Scarlett Johansson, cumple los requisitos de interpretación y belleza.

Vea el trailer de ‘El sueño de Cassandra’

Nota: 5

El viento que agita la cebada

Título: El viento que agita la cebada

Dirección: Ken Loach

Interpretación: Cillian Murphy, Padraic Delaney, Liam Cunninghan, Orla Fitzgerald, Mary O´Riordam, Mary Murphy.

UK 2006

 

 

 

 

 

 

 

-“No quería meterme en esta guerra y me metí, ahora no puedo salirme de ella”.

-“Es muy fácil saber contra que se está, pero es mucho más difícil saber a favor de que se está”.

 

Combativa y comprometida.

 

Muchos achacan a Ken Loach su escaso pudor a la hora de fijar sus ideas, de ser maniqueo en cuanto a su puesta escena. Pues para bien o para mal Loach es así, comprometido con la izquierda, rebelde, combativo y no tiene otra forma de expresar su  personalidad. A quién le moleste su ideario, que no vea sus películas, pero se perderá a un gran cineasta.

En ‘El viento que agita la cebaba’, Loach se adentra en el germen del conflicto irlandes, en los años 20 del pasado siglo cuando el imperio británico, a juicio de Loach (y de muchos historiadores) gobernaba con mano de hierro y con estado policial a la comunidad irlandesa que ansiaba libertad. Fueron esos primeros pasos del IRA los que refleja Loach en la película a través de la vida de dos hermanos implicados en esta lucha que el autor justifica en todo momento (y recordemos que Loach es británico).

El director consigue aportarle al guión una gran intensidad narrativa, una agilidad dramática en la que constantemente hace recaer el interés del espectador y en todo momento la película es aparentemente muy realista (otra cosa es que no lo sea o que la historia esté sesgada hacia un bando) lo que consigue, en todo aquel que sepa apartar sus prejuicios políticos, que nos metamos dentro de la vida de un guerrillero del IRA, una vida apasionante y no exenta de problemas y es que la humanidad que consigue inyectar a sus personajes hace aflorar emociones con una tremenda eficacia.

En el ámbito técnico, la película también es notable con una bellísima fotografía basada en los exteriores de los verdes campos irlandeses y una magnífica iluminación, además de la buena evocación de la época por el vestuario y la escenografía.

En fin que es una película para enrabietarse, para cerrar los puños de indignación, para rebelarse, pero también para disfrutar, para sentir y para implicarse. Tiene grandes alicientes y un final perverso y desgañitado que arruga el corazón. Elementos de sobra para que el jurado del festival de Cannes decidiera otorgarle la palma de oro a la mejor película y en cuanto a los guiños políticos que muchos tratan de llamar como imposición de una opinión, yo, prefiero llamarlo compromiso, juzguen ustedes.

Nota: 7

Blow up (deseo de una mañana de verano)

Título: Blow Up (Deseo de una mañana de verano)

Dirección: Michelangelo Antonioni

Interpretación: David Hemmings, Vanessa Redgrave, Sarah Miles

UK. 1966

 

 

 

 

 

 

 

 

-“No tengo un par de minutos ni para operarme el apéndice”.

-“Nunca se enamore de cosas pesadas un sábado por la mañana”.

-“Nada como un desastre para arreglar las cosas”.

 

Fluido psicodélico inabarcable

 

Como explicar una película con tantos matices y tan poca concreción. El etéreo guión de Blow Up tiene un crimen sin asesino ni cadáver, una brutal atracción sexual sin consumar y hasta un partido de tenis sin pelotas ni raquetas. Este deseo de una mañana de verano es un continuo ‘coitus interruptus’, sin principio ni final, sin un hilo argumental definido (más bien son varios argumentos que se van escalonando y que concluyen en un precipicio) y todas esas historias tienen un aire hipnótico y estimulante, pero el empecinamiento del complejo director por dejar la trama sin cerrar no deja ante un abismo cuando más no sube la lívido cinéfila.

Lo mejor de la película es la descripción del Londres psicodélico de los años 60, con colores chillones por las calles, vestidos exuberantes y desestructurados (como la propia película) y un gusto exacerbado por el arte pop y la música sesentera que le dan a la película su propia identidad y peculiaridad. Esto junto al pañuelo que luce Vanessa Redgrave a pecho descubierto en una escena sensual en la que nada ocurre (toda la película rebosa sensualidad sin que casi nada llegue a consumarse o mostrarse) y el final (por llamarlo de alguna forma) con el partido de tenis entre mimos, es de lo mejor que se puede sacar de esta película de Antonioni que consiguió la Palma de oro en el Festival de Cannes en 1967.

Pincelada a pincelada, Antonioni nos va dejando algunas escenas con una escenografía fantástica y un desarrollo fascinante (aunque insisto, sin final), pero la obra tiene más valor despiezada que en su conjunto, donde aparece como densa e inabarcable, le falta contundencia.

Basada en el cuento ‘Las babas del Diablo’ de Julio Cortázar, el genio italiano rehace la historia a sus necesidades, la descompone la envuelve con celofán purpúreo, le imprime ritmo y le añade una llamada salvaje al sexo libre, aunque todo eso signifique echa por tierra la enigmática historia original.

En fin una película rara, con cientos de interpretaciones diferentes, abierta a todo, tanto a los que pueden detestarla, como a los que quieran amarla por su especial estructura y su virtuosismo formal. Yo, me quedo en medio.

 

 

Nota: 6

 

Lloviendo piedras

Título: Lloviendo piedras

Dirección: Ken Loach

Interpretación: Bruce Jones, Julie Brown, Ricky Tomlinson, Tom Hickey, Gemma Phoenix.

UK. 1993

 

 

 

 

 

 

 

-“No somos animales porque no tengamos trabajo”.

-“Todo el mundo tiene derecho al trabajo y no merece ser criticado cuando no consigue uno”

-“Lo que tu tienes es miedo y ni cinco vírgenes María podrían aliviarte”.

 

En comunión con el paro.

 

 

El cine de Ken Loach nunca será espectacular, ni sorprenderá en demasía, pero siempre es honesto, riguroso, transparente y eficiente para contar la historia de los perdedores de la sociedad británica (la clase obrera) con una naturalidad vibrante y con un estilo documentalista (del que procede el director) con mucha verosimilitud y con una historia sencilla con dosis de drama y de humor que solo persigue dibujar la realidad de la parte más débil de la sociedad.

La película parte de las dificultades económicas por la que pasa un padre de familia católico que quiere comprarle un vestido de comunión a su pequeña, todo ello, cuando se encuentra en el paro y desesperado por conseguir dinero. Este hecho le llevará a vivir pequeñas aventuras a diario para intentar conseguir ese regalo para su niña Coleen y la mayoría, dada su situación, acabarán mal y muchas veces dan un perfil patético del personaje principal que no obstante se afana e insiste en su propósito, por lo que el sabor que queda de él es el de un buenazo.

Así es ‘Lloviendo piedras’ una mirada tierna y realista hacia la clase baja británica, con pequeños guiños críticos hacia el capitalismo y la iglesia, pero sin demasiadas estridencias, una película desde luego olvidable, pero que deja buen sabor de boca.

El cine de tensión más política que este autor refleja en muchas de sus obras no aparece con tanta fuerza en ‘Raining Stones’ pero sí que apunta sutilmente con el dedo a la incapacidad de un gobierno conservador para mitigar las desigualdades sociales o para dar esperanzas a las personas. Policías, funcionarios, los miembros del sistema en general, aparecen dibujados por su inutilidad para resolver los problemas del personaje, problemas muy llanos pero que se vuelven una montaña dado el envoltorio social en el que le ha tocado vivir y ante esta incapacidad manifiesta de los políticos es cuando Bob decide refugiarse en la religión, que tampoco saldrá excesivamente bien parada.

Toda esta serie de circunstancias con las que se podría rodar un dramón perverso, nos en realidad utilizados por Loach con bastante delicadeza y bien mezclados con el humor, las satisfacciones que dan los amigos y la familia, o los gestos de solidaridad de algunas personas, hacen que el filme sobreviva sin tener que pagar un peaje de lágrima, que siempre haya una esperanza, especialmente al final de la película lo que incide en la verosimilitud del mismo y en que se pueda ver el problema de una forma más global, sin personalizarlo, aunque de vez en cuando se solicite la compasión del espectador para añadir un poco de fuerza al filme.

Fácil de ver y de sentir, la película peca en exceso de sencillez, tanto en el guión como en el plano técnico pero resulta interesante para una mirada limpia que quiere también tener un sentido crítico sin llegar a ahogarse en un posicionamiento.

 

Nota: 6

 

Nueve canciones

Título: Nueve canciones

Dirección: Michael Winterbotton.

Interpretación: Kieran O´Brien, Margo Stilley

UK. 2004

 

 

 

 

 

 

 

-“Cuando me acuerdo de Lisa no pienso en su ropa, ni en su trabajo, ni de donde era, ni si quiera en lo que decía, pienso en su olor, en su sabor, en su piel tocando la mia”.

– “La capa de hielo puede tener cuatro kilómetros de profundidad, el hielo puede tener medio millón de años, el aire allí atrapado registra el clima de cuando se formó, es la memoria del planeta, una memoria de cuando no había gente”

Sexo musicado.

Con grandes dosis de talento y un mimo acunando cada plano, Michael Winterbotton nos presenta una película polémica por sus escenas de sexo explícito (la mitad de la película) intercaladas entre piezas de conciertos de rock en directo (la otra mitad del filme). El director nos presenta así una relación de pareja en su faceta más íntima y seductora, pero aunque nada se oculta a la cámara y no hay problemas para mostrar los órganos sexuales obrando su melodía, la función no es pornográfica ya que cada plano se ha creado de una forma armónica y sugerente, el sonido recoge el pálpito de cada beso y la música de piano que acompaña a la escena lo convierte en algo más dulce que obsceno. En cualquier caso, pese al mimo y a la habilidad fotográfica con la que Michael Winterbotton envuelve el acto sexual, la película no es apta para adictos a la moral. La otra parte de la película se basa en las tomas en directo de los conciertos de rock con grupos de primera línea del panorama musical británico y en los que también sabe sacar partido narrativo a la música con el espectáculo de luces, movimientos y las sensaciones del público asumiendo la dirección de un muy buen videoclip. Al margen de estas dos funciones, la película tiene un par de escenas más rodadas en la Antártida y cuya fotografía recoge la bella y solitaria estampa de estos parajes.

Eso es todo, por lo que la película se queda sin hilo argumental, sin base narrativa, sólo hay dos personajes (ni uno más, ni siquiera secundario) y a estos sólo los conocemos en una faceta, en su vida sexual, cuando acaba la película apenas tenemos un par de datos de esos desconocidos que aparecen ante la cámara y que por lo tanto terminarán por evaporarse en el recuerdo. Tampoco hay trama ni acción, más allá de las fantasías sexuales de los protagonistas, por lo que no hay nada que esperar, nada a lo que el espectador se pueda agarrar, no hay película sino una sucesión de escenas magníficamente rodadas que no llevan a ningún lugar y que no deja poso. Tan exigua es la narración que la película tiene un metraje de apenas una hora y en la que la mitad es relleno musical. Pese a su clima poético y sus buenas intenciones eróticas, la película no llega a los mínimos exigibles de entretenimiento, muy enfrascada en su sello de autor, aunque es de valorar la frescura que ofrece al espectador y la mirada cotidiana con respecto al sexo.

Nota: 4

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