Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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La infancia de Iván

Título: La infancia de Iván

Ivanovo Detstvo (Иваново детство)

Dirección: Andrei Tarkovski

Interpretación: Nikolai Burlyayev, Valentin Zubkov, Yevgeni Zharikov, Stepan Krylov.

 URSS 1962

 

 

-“Me escaparé de la academia militar, ya me escapé del orfanato”.

-“No tienen escritores, les vi quemar libros en una plaza, los rociaban con gasolina, las cenizas volaban”.

-“Sólo los inútiles descansan durante la guerra”.

El Tarkovsky más niño.

Hasta un genio como Tarkovsky tuvo sus inicios y en su caso, esta fue su primera oportunidad, su opera prima, que con mayor naturalidad y entusiasmo que algunas de sus obras posteriores (algunas demasiado complejas e incomprensibles para el que les habla) consigue hacer una obra completa, bellísima, sumamente expresiva, aunque quizá con un guión básico un tanto rudimentario, al que el director soviético le extrae todo el jugo posible.

Pocas veces una película bélica ha estado inundada por tantas imágenes de carácter expresionista, fantásticamente trabajadas, reflejando el horror de la guerra sin derraman sangre, con el escenario fuera de plano, pero con magníficos contrapicados que ponen en valor la destrucción, fantásticos escenarios desvencijados y ennegrecidos que dejan hueco para el deambular de los personajes, juegos de claroscuros, neblinas intencionadas que no dejan ver la amenaza… todas las imágenes espoleadas por una sensacional fotografía en blanco y negro preciosista y contundente. 

El conjunto logra conmover e implicar al espectador en la vida de este pequeño huérfano, entusiasta que es utilizado por las tropas soviéticas para ciertos trabajos de espionaje o de exploración de las líneas enemigas.

Destaca también por la belleza de sus imágenes las escenas en el que el pequeño Ivan sueña o recuerda, unas secuencias filmadas normalmente con el agua de protagonista (de un pozo, del mar, o de la lluvia) y donde la expresividad explota en el ojo del espectador.

La naturalidad que se refleja en el film es en gran parte achacable al trabajo actoral del pequeño Nikolay Burlyaev, en una de las escasas ocasiones en los que los niños demuestran verdaderas tablas frente a la pantalla con un personaje dramático y complejo al que no hay que poner peros.

En fin, que para empezar a adentrarse en la filmografía de Tarkovsky no hay ninguna película mejor (luego el director hará películas cada vez más densas y complejas como El Espejo, Solaris o Sacrificio) y aunque el guión sea quizá demasiado artificial y hasta con algún punto propagandístico, se disfrutará de una película conmovedora muy bella estéticamente y con un mensaje antibelicista rotundo que empezó a elevar a esa gran figura del cine que sería Tarkovsky, especialmente tras ganar el León de oro en el Festival de Venecia (La única ópera prima que ha ganado este prestigioso festival hasta el día de hoy (Agosto 2012)

 

 

Vea el trailer de la Infancia de Iván

 

Nota: 7

 

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La batalla de Argel

Título: La batalla de Argel.

Dirección: Gillo Pontecorvo.

Interpretación: Jean Martin, Yacef Saadi, Brahim Haggiag, Fusia El Kader, Samia Kerbash.

Italia. 1965

 

 

 

-“Comenzar una revolución es difícil, y más difícil aún continuarla… y vencerla es dificilísimo, pero solamente cuando hayamos vencido comenzarán las verdaderas dificultades”.

-“Una tenia es un gusano que puede crecer hasta el infinito, son millares de trozos y se pueden reproducir todos, pero mientras quede la cabeza se reproducen inmediatamente. Con el FNL ocurre los mismo”.

 

Manual terrorista.

 

Hubo un tiempo en el que existía un género cinematográfico basado en la política, en los juegos de poder y en sus consecuencias. Tal vez no sea este el mejor ejemplo ya que el drama y el cine bélico se entremezclan en la trama por encima incluso de la ideología, pero me gusta resaltar que encuentro en esta película algunos retazos de ese cine ya prácticamente extinto que no sólo narra, sino que explica y trata de convencer y que tiene un estilo casi periodístico a la hora de contar los hechos.

Si La batalla de Argel estuviera basado en un libro en lugar de en los hechos reales, se habría extraído de un manual de estrategia terrorista del Frente de Liberación Nacional argelino, su detalladísima explicación acerca de los métodos, organizaciones y fundamentos de la revolución que culminaría con independencia de Argelia del colonialismo francés, lo hacen un documento único y Pontecorvo lo sabe, de ahí qe el estilo narrativo sea casi documental y absolutamente realista, pero lo bueno es que lo hace sin quitarle tensión narrativa, sin eliminar efectos musicales o visuales y atendiendo a los métodos cinematográficos en cuanto a la fotografía, planos, música y cuantos elementos técnicos requiera el séptimo arte, vamos que es una película, pero es tan detallada y minuciosa que a veces no lo parece.

Luego está el entramado político de la película al que hacía referencia al principio. La batalla de Argel no es un filme imparcial, tiene motivaciones y un sesgo, pero tampoco es dogmático y esa línea la mantiene siempre a raya el director italiano. Si alguien representa el papel de malo, desde luego son los miembros del ejército francés, la división de paracaidistas, torturadores y violentos, la crítica a sus métodos para intentar sofocar la rebelión de un pueblo que en la película se muestra como casi unánime, no deja demasiado bien a los soldados, pero no nos engañemos, aunque ideológicamente los independentistas salgan reforzados del filme, los planos de niños franceses muriendo en un atentado mientras se comen un helado, o los policías asesinados por la espalda, tampoco son plato de buen gusto para los rebeldes. En cualquier caso, sea más o menos dogmática, la película tiene ideología, tiene discurso, antecedentes, explicaciones acerca de porqué en la cabeza de un grupo de seres humanos se funde la idea de la independencia, y como en la de otros se arraiga la necesidad de la soberanía francesa y eso, es muy difícil de encontrar en el cine. Lo dicho, espíritu de documental, cuerpo de película.

El papel de la prensa, de la Onu, de los políticos… todos quedan reflejados con sus diversos papeles en este filme, donde hasta los actores con sus vicios interpretativos de aficionados, quedan bien en un docu-filme.

 

Nota: 7

 

El puente sobre el río Kwai

Título: El puente sobre el río Kwai

Dirección: David Lean

Interpretación: William Holden, Alec Guinness, Jack Hawkins.

UK. 1957

 

 

 

-“Estamos aislados en mitad de la selva virgen, a muchos kilómetros de la civilización, y en manos de un hombre capaz de todo con tal de lograr sus fines. Principios? Nadie sabrá jamás ni a nadie le importará lo que aquí ocurra”.

-“Tengo a mi cargo el puente sobre el río Kwai y pienso volarlo con algunos voluntarios”.

 

El silbido sobre la selva.

 

Me ocurre con muchas películas de cine clásico, especialmente las superproducciones, que sólo veo en ellas dinero, montones de dinero para extras, para vestuario, para construir un puente de madera, para viajar a Tailandia y rodar sus espectaculares paisajes, para un espectacular montaje de sonido, donde la fuerza del río arrastra… y todo eso lo tiene el Puente sobre el río Kwai es indudable, pero sólo es eso, a mi parecer es una Titanic de la época, sin nada más y de hecho creo que no es la mejor película de David Lean que se superó en Lawrence de Arabia o Doctor Zhivago.

Sin restarle méritos a la calidad técnica que se consigue del dinero (mucho para 1957) la historia de El Puente sobre el río Kwai es más bien simplona. De hecho me resulta gracioso ver comentarios que la tachan de película bélica, cuando de bélica solo tiene quizás los últimos 10 minutos, aunque en ella aparezcan soldados todo el rato.

Más de media película, el guión se lo pasa intentando resolver un conflicto laboral ni más ni menos, y el tema radica más en el honor y en la capacidad del ser humano para anteponerse a las necesidades del cuerpo. En este sentido la película en general tiene que ver más con Ghandi que con cualquier otra del género bélico, o si me apuras con algo parecido a ‘Prison Break’ por la imposibilidad de poder escapar de una cárcel abierta en plena selva tropical, pero la estrategia militar y la acción bélica no aparecen hasta muy el final. Aunque no sea bélica no significa que el guión sea interesante, pero no es una historia ni mucho menos tan sobresaliente como para pasar a la historia del cine por la puerta grande y llevarse de paso 7 oscars.

También hablan las crónicas de las grandes interpretaciones, especialmente de la de Alec Guinnes. Otra de las características que observo en los clásicos es el de las interpretaciones bastante forzadas o teatrales, y en este caso también me reafirmo, creo que el cine ha mejorado en ello con el tiempo.

Por último, cabe destacar lo extremadamente chauvinista que es la película, donde el señor Lean y los personajes que pululan por la cinta, no caben en sí de los orgullosamente británicos que son. Esto también desnaturaliza a los personajes que parecen más trozos de una bandera que seres humanos.. y es que ¿De verdad me tengo que creer al orgulloso y flemático coronel Nicholson achicharrándose con tal de mantener a sus tropas altas de moral una vez que han sido capturados? Pues lo siento pero no, tal vez en los años 50 los recuerdos de la II guerra mundial todavía empujaba a la gente a ensoñar con historias sobre el valor y el  honor, pero… el cine es inmortal y el tiempo te ha ‘pillado’ señor Lean.

Con todo esto no quiero dar a entender que es una mala película, está bien rodada, con buena estructura técnica, tiene un guión más o menos interesante, y aunque se hace larga en sus dos horas y 40 minutos tampoco llega a aburrir del todo. Pero de ahí a pasar a la historia, para mi es totalmente inmerecido y lo único que realmente emociona es ese silbido militar resonando en la selva con orgullo después de la derrota, es un momento grande e inolvidable la verdad es que sí.

 

Nota: 6

Enemigo a las puertas

Título: Enemigo a las puertas

Dirección: Jean Jacques Annaud

Interpretación: Jude Law, Joseph Fiennes, Rachel Weisz, Ed Harris, Bob Hoskins.

Francia: 2001

 

 

 

 

 

 

-“Soy una piedra, no muevo ni un músculo, lentamente me pongo nieve en la boca para que él no vea mi aliento, me tomo mi tiempo, sólo tengo una bala, dejo que se acerque, no tengo miedo”.

-“Un cazador de venados alemán, contra un pastor ruso que disparaba a lobos en los Urales, es más que un enfrentamiento entre dos naciones, es la esencia de la lucha de clases”.

-“En nombre de la Unión Soviética, ni un paso atrás, no habrá piedad para los desertores”.

Western telescópico.

Esta superproducción europea, da una vuelta de tuerca al cine bélico convencional y utiliza el western como vehículo para desarrollar la película aunque la batalla se desarrolle en la madre de todas las batallas, la de Stalingrado. Así, la película sustituye a dos pistoleros por dos francotiradores en el cruento entorno del amasijo de escombros en el que se convirtió Stalingrado durante la segunda guerra mundial y es este duelo el que mantiene en pie la acción, la intriga y la estrategia de la película, consiguiendo un efecto sorprendente que se multiplica además por no caer en el efecto maniqueista que el cine del oeste si daba a sus personajes, aquí ambos personajes son buenos y tienen razones para estar en Stalingrado, simplemente les ha tocado luchar en bandos diferentes y lo hacen lo mejor que pueden, pero incluso el personaje nazi resulta ser amable y es fácil empatizar con él.

Además de la innovadora forma de contar una guerra, ‘Enemigo a las puertas’ con una apasionante ambientación, los decorados, localizaciones y vestuario son maravillosos y consiguen recrear esa ciudad industrial horadada de metralla, polvorienta y cadavérica con una enorme precisión, aunque precisamente el rigor histórico no sea uno de los fuertes de la película.

Junto al desarrollo del duelo entre los francotiradores, la película si deja algunos apuntes históricos, como la sangría sobre el pueblo ruso en esa guerra debido a la política stalinista del ‘ni un paso atrás’ que hacía que los que retrocedieran ante las balas enemigas, fueran tiroteados por sus propios compañeros, o el efecto propagandístico en el ejercito ruso, apunte este último muy logrado, especialmente porque pese a los toques heroicos en los que la película incide demasiado, esta cinta esta basada en hechos reales, y el personaje de Vassili Zaitsev, el pastor de los Urales que cazaba lobos y se convirtió en francotirador, existió de verdad, y según la propaganda de la época abatió a todos esos oficiales alemanes hasta el punto de que el III Reich tuvo que enviar a su mejor francotirador para intentar liquidarlo. Según apunta la propia película al final, el fusil de Zaitsev aún se puede ver en el museo de historia de Moscú, el resto de los apuntos históricos sobre los que se basa la película son claramente mejorables, pero no es una pretensión del director el contarnos la verdadera batalla de Stalingrado.

La música es también un elemento importante de la cinta, junto a ella fluyen las emociones en los momentos más intensos de la película, una buena colección de puntos en los que regocijarse con el corazón encogido.

Las actuaciones de la película son también de sobresaliente, el duelo entre francotiradores es también un maravilloso duelo interpretativo entre Ed Harris y Jude Law, y Rachel Weisz borda también un papel magnífico. De aquí nace una de mis escenas favoritas del cine contemporáneo una angustiosa escena de sexo entre barracones hacinados a medio camino entre el placer y el horror que resulta ser acongojante y donde los matices que logran los actores son fantásticos.

Por el contrario, las mayores trabas de la película resultan ser su exceso de moralina  anticomunista que deja en peor lugar a los soviéticos que a los nazis de una forma innecesaria en una película donde los tintes políticos nos son imprescindibles para disfrutarla, y por otro lado, el exceso de heroicidad que llevan a algunos personajes a ser algo más que hombres lo que le hace perder cierta credibilidad a la película. Pero por todo lo demás este duelo resulta interesante divertido, lleno de buenos momentos y bien vestida técnicamente.

Nota: 8

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