Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Carros de fuego

Título: Carros de fuego

Chariots of fire

Director: Hugh Hudson

Interpretación: Ben Cross, Ian Charleson, Nigel Havers, Cheryl Campbell, Alice Krige, Iam Holm, John Gielgud.

 Reino Unido. 1981

 

 

 

-“Van a enfrentarse a los mejores del mundo, a hombres de todas las razas, jóvenes y decididos como ustedes, ligeros, con fuerza y nervio, representando a todas las naciones civilizadas de la tierra, no tengo la menor duda de que todos ustedes se comportarán de forma honorable y digna. Buena suerte a todos”.

-“Yo creo que Dios me hizo con un propósito, él me hizo rápido para poder complacerle”.

-“Mi arrogancia llega tan lejos como lo exige mi conciencia”

 

Espíritu olímpico en sepia

 

Hay bastante más que la famosa banda sonora de Vangelis en esta película y que es maravillosa. La película tiene carácter, el que le da un guión férreo al estilo clásico y que además está basado en la historia real de los atletas británicos que participaron en las olimpiadas de 1924, en París. El guión bucea no sólo en la cita olímpica sino en las motivaciones y convicciones de dos de los protagonistas olímpicos, por lo que el filme rastrea también los ambientes sociológicos y psicológicos de los dos personajes principales y de paso incita a la reflexión en los aspectos religiosos (uno de los atletas es católico y otro un judío en un país protestante) y políticos (uno es escocés con ciertas tendencias independentistas y otro hijo de un inmigrante lituano) dos facetas de la vida sobre las que gana el propio guión para no ser una cita simplemente deportiva. Eso sí, ambas historias se desarrollan de una forma paralela, separada, y aunque ambos coinciden en la cita olímpica, la verdad es que no lo parece a nivel fílmico. Ahí el guión si desgaja la historia y el montaje no sabe arreglarlo. Pero el espíritu olímpico de competición el afán por la victoria, el esfuerzo previo por lograrlo, es el verdadero protagonista de la película más allá de las interesantes paralelas (que se quedan bastante cortas) y aquí es donde entra el plano técnico. Para empezar la recreación en vestuario y ambientación general, así como la fotografía de tintes antiguos es muy buena. Durante la película podrás descubrir curiosidades sobre las citas olímpicas de antaño, curiosidades que afirman que el tema ha sido bien estudiado y documentado para hacer el filme. No es tan bueno, sino más bien lamentable, el aspecto del maquillaje donde no se trabajó para lograr un buen efecto. 

 

En cuanto al trabajo de cámara, no es brillante pero sí efectivo, cámara lenta en las líneas de llegada, contrapicados para resaltar la heroicidad del atleta, algún movimiento panorámico para reflejar los momentos de euforia… recursos que se repiten cientos de veces pero que no por eso dejan de funcionar… y la música de Vangelis hace el resto para hacer que cualquier escena crezca como espolvoreada por levadura y llegue al alcanzar buenas dosis de emotividad y comunicación con el espectador.

Lo que menos me gustó del filme fue su forma de hacer del patriotismo un fetiche, ya no sólo por ensalzar la deportividad y competitividad de los atletas británicos, algo lógico si tenemos en cuenta que es el tema de la película y que está basado en hechos reales, si por la manera de llenar de perfectos ‘gentleman’ y ‘sir’ la película, de dotarlos de esa caballerosidad extrema de la que quieren hacer gala en sus películas los británicos, otro maquillaje al guión que no le sienta bien y que hacen que sea demasiado chauvinista y hasta propagandística en algunos aspectos.

La dirección de Hudson y las interpretaciones de Ben Cross (Harold Abrahams) e Ian Charleson (Eric Henry Liddell) simplemente correctas.

 Vea el trailer de Carros de fuego

Nota: 7

Lolita

Título: Lolita

Dirección: Stanley Kubrick

Interpretación: James Mason, Sue Lyon, Shelley Winters, Peter Sellers, Marianne Stone

 Reino Unido. 1962

 

 

 

-“Ningún hombre puede cometer el crimen perfecto, la casualidad, sin embargo puede hacerlo”.

-“Tu eras la personificación de la integridad. ¿Cómo pudimos haber engendrado a ese pequeño monstruo?”.

-“Voy a hacer lo que me de la gana, cuando quiera, como quiera y  con quien quiera y no podrás impedírmelo”.

El pecado.

Luz de mi vida, fuego de mis entrañas, pecado mío, alma mía… así comienza la excepcional novela de Nabokov Lolita. Pocas veces una película ha hecho honor al libro del que se forjó, pero en esta ocasión Kubrick obra la excepción, probablemente sólo alguien como él podría hacerlo, aunque también tuvo algo que ver que fuera el propio Vladimir Nabokov el que escribiera el guión cinematográfico.

Ya sólo la historia merece un punto y aparte, su versión literaria ya fue todo un escándalo en la época y creó un icono social que se ha multiplicado y diversificado ampliándose en la actualidad hasta un concepto sexual ampliamente aceptado como referente erótico. Evidentemente libro y  película tienen mucha menos carga sexual de la que actualmente se le confiere a este personaje, eran otros tiempos, pero el solo hecho de imaginar a una menor de edad con esas ‘atenciones’ hacia el sexo opuesto ya eran más que suficientes para concitar la atención de un lector/espectador y hoy día ese proceso de seducción oculto, esa insinuación, ese dulce escándalo sigue teniendo vigencia porque se realiza con una sutilidad narrativa maravillosa.

Lolita es sin duda un trabajo arriesgado y provocador que resulta portentoso desde el punto de vista narrativo, Kubrick se las ingenia muy bien para mantener la atención más allá de los juegos de una niña, comenzando por el propio inicio del filme en el que el director da una vuelta a su ingenio y nos muestra directamente al final lógico de la película, una argucia narrativa que servirá para centrar la atención del espectador más allá de los poderes afrodisíacos de la bella protagonista.

Si guión y dirección son muy acertados también lo son las interpretaciones, comenzando por el siempre genial Peter Sellers, que aquí hace el complejo papel de Quilty, un ser camaleónico y malvado, el único tal vez con el que el espectador no llega a identificarse y que resulta mezquino pero complejo. Shelley Winters en el papel de la madre de Lolita (Charlotte) y James Mason como el pedófilo obsesionado con Lolita también están realmente bien encarnando a sus personajes. La actriz elegida para el complejo papel de niña seductora, Sue Lyon, también actúa bien, sabe darle un aire de perversión inocente a su personaje muy acorde con lo que plantea el guión, pero en realidad su aspecto físico descoloca. La Lolita de la novela tiene 12 años, que se elevan a 14 en el filme a causa de la censura, Sue Lyon, tenía 16 cuando se estrenó el filme, pero su melena rubia parece que llegue a los 22, quizás demasiado bella para una película de estas características. Y es aquí donde el filme se topa con su mayor talón de Aquiles, la verosimilitud. En primer lugar por el ya anunciado conflicto de edades de la protagonista y en segundo lugar, porque la película no explica un hecho clave para la novela, la afición u obsesión de Humbert Humbert (James Mason) por lo que el llama nínfulas. Un problema psicológico, que aparece perfectamente explicado en el libro pero que en la cinta se omite, por lo que el enamoramiento súbito del personaje por  la pequeña Lolita es simplemente atroz.

Pero aún así, no se le puede negar al filme un altísimo valor narrativo y el principio de toda una oleada de filmes que luego han mirado a esta primera obra de Kubrick como ejemplo y que ha inspirado innumerables historias. Sólo como ejemplo, la escena que utiliza Kubrick para los títulos de crédito iniciales en el que una mano masculina se recrea mimando los pies de la joven Lolita aparece casi como una copia en una película vietnamita como Cyclo y las historias de jovencitas que causan la perdición de los hombres se pueden ver a lo largo de todo el mundo, como por ejemplo en la película mexicana Flor de fango. Son sólo algunos ejemplos de una iconografía, que Nabokov inventó y que Kubrick hizo aún más grande con el poder que confiere la imagen.

Vea el trailer de Lolita

Nota: 7

¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú

Título: ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú.

Dr. Strangelove or How I learned to stop worrying and love the bomb.

Dirección: Stanley Kubrick

Interpretacción: Peter Sellers, George C. Scott, Sterling Hayden, James Earl Jones, Keenam Wynn, Slim Pickens.

Reino Unido. 1964

 

 

-“Profesor, según lo expuesto y a fin de que los hombres no defrauden sus optimistas cálculos de reproducción tendremos que resignarnos al abandono de la monogamia en lo que se refiere a los hombres como elemento activo…  Por desgracia sí, pero es otro sacrificio que exige el futuro de la raza humana y añadiré que ya que cada hombre deberá realizar un prodigioso servicio de superación, las mujeres deberán ser seleccionadas por unas características que causen su admiración”

-“No quiero pasar a la historia como el mayor asesino de la historia de Adolf Hitler”

-“Caballeros, no pueden pelear aquí, esto es la sala de guerra”.

El Apocalipsis más satírico.

Solo a Kubrick se le podría haber ocurrido algo así, tan sumamente delirante como para hacernos reír con un holocausto nuclear de fondo, con la extinción de la vida humana sobre la mesa y al mismo tiempo para hacernos reflexionar y despertar la sensibilidad social acerca de la tensión bélica y sus peligros en plena guerra fría.

La cinta es altamente corrosiva, cínica, con un humor negro indigesto para los poderes públicos, terriblemente crítica, altamente imaginativa y con un guiño terrorífico hacía lo que podría haber pasado en un momento de la historia de alta tensión, pues aunque Kubrick hace más llevadera la amenaza con el humor, la certidumbre de que algo parecido pudiera haber pasado realmente no abandona al espectador.

La capacidad de repartir estopa que tiene Kubrick a diestro y siniestro en esta película no tiene parangón. Comenzando por una clase política poco previsora, absurdamente competitiva, cínica e hipócrita y machista, seguida por una clase militar enloquecida, obsesiva, peligrosa, incauta y mujeriega, y seguida por la clase media estadounidense, el hombre corriente que se comporta como borregos, incapaz de decidir por si mismo y de convertirse en falsos héroes para cumplir órdenes por absurdas que estas sean. Con este panorama de personajes nos encontramos a un animal de la interpretación que hace de esta película algo sumamente especial, un Peter Sellers que realiza tres de los papeles protagonistas de este filme con una solvencia extraordinaria y como era costumbre en este extraordinario actor improvisando en muchos de los momentos por importantes que fueran para el filme. Así, Sellers interpreta al extraño Doctor Strangelove que da nombre al título original de la película, un ex nazi que asesora en materia de tecnología militar y otros aspectos científicos al presidente de los Estados Unidos. También interpreta Sellers al capitán Mandrake, el ayudante del General Ripper (Sterling Hayden) que es el que inicia la revuelta militar contra la URSS y el del propio presidente de USA (llamado Merkin Muffey en el filme), todos ellos con características muy diferentes y que el gran Sellers borda a la perfección.

A esto hay que sumarle un buen trabajo técnico y de dirección (aunque desde luego no es el mejor trabajo de Kubrick en este aspecto) y un guión bastante bueno, con grandes frases hilarantes y momentos para mitificar, especialmente el del cowboy sobre la bomba, otro de los momentos con los que Kubrick ha conseguido engrosar la lista de iconos de la historia del cine.

Todo ello hace de ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú (Pena de muerte al genio que se le ocurrió traducir el título) una película más que interesante pero que sin embargo peca en algunos momentos de pequeños fallos como por ejemplo algunas escenas demasiado repetitivas que pueden hacer bajar el listón del filme y llegar en determinados momentos a aburrir, una banda sonora que aunque genial también resulta reincidente y ‘pesada’ y la extrema caricaturización de algunos personajes hasta el grado de los histriónico lo que hace que la película pierda mucha credibilidad y eficacia, pecando de exageración. Aún así, no dejará de ser memorable, otra de las geniales obras del genio Kubrick, uno de los grandes de este invento llamado cine.

 Vea un trailer de ¿Telefono Rojo?

Nota: 7

2001: Una odisea en el espacio

Título: 2001: Una odisea en el espacio.

2001: A Space Odissey

Dirección: Stanley Kubrick

Interpretación: Keir Dullea, Gary Lockwood, William Sylvester, Daniel Richter, Laonard Rossiter, Margaret Tyzack.

UK. 1968

 

 

-“Durante las dos últimas semanas han sucedido cosas muy extrañas en Clavius”.

-“Oye HAL, en un computador de las serie 9000 no se había dado jamás ningún fallo ¿Verdad?”

-“Usted está trastornado por esto, debería tomar una píldora para la fatiga y una vez tranquilo pensar las cosas de nuevo, ya se que recientemente he tomado unas decisiones equivocadas, pero puedo asegurarle que mi trabajo volverá a la normalidad, tengo todavía el mayor entusiasmo y la máxima confianza en la misión y quiero ayudarle, Dave deténgase, deténgase quiere, tengo miedo Dave, mi cabeza se va, siento que se va todo es confuso para mi, todo se va, me doy cuenta”.

Atmósfera.

Es probablemente la película más compleja jamás realizada, fascinante desde los títulos de créditos hasta el enigmático y ‘todopoderoso’ final, explorando por el camino nuevos conceptos visuales y narrativos, eliminando casi por completo los diálogos (no escuchamos una palabra hasta el minuto 20 del filme), capaz de agitar en una misma coctelera filosofía, ciencia-ficción, antropología, teología, tesis morales… capaz de inventar el paisaje y nuevos caminos para la fotografía, capaz de hacer de una película un concepto metafísico, capaz de insuflar música clásica en un filme Sci-Fi y que el resultado sea portentoso.

No es cuestión de engañar a nadie, ‘2001 Una Odisea en el espacio’ es una experiencia tan diferente, tan puramente subjetiva, que se hace desde luego muy cuesta arriba para el espectador. Muchas secuencias se hacen realmente difíciles de soportar, alumbradas únicamente por el silencio, por la atmosfera de la soledad en el espacio, por el frío y descorazonador ambiente que transmite la nave espacial, se aburrirá en muchos momentos, otros ni siquiera los comprenderá, se escapan del alcance del espectador al menos en un primer visionado… y entonces. ¿Qué es lo que hace de esta película el cénit de la ciencia-ficción?, ¿Qué tiene para que legiones de espectadores la contemplen, se aburran, pero la comenten con entusiasmo, la hagan objeto de estudio, la desmonten y analicen hasta sus mínimos detalles?… Es difícil de explicar, porque toda la película es en sí un enigma, hipnótico y especial… pareciera que Kubrick trata en todo momento de eliminar el elemento humano de la cinta de hacer una película tan futurista que esta pensada para los droides del futuro y no para los espectadores del presente. De hecho, quizá el personaje más importante de la película sea un no humano, una voz en off que hace de la máquina HAL 9.000, y que tiene un efecto determinante en la trama principal de la película.  Pero sí tiene algo que fascina y a lo que nadie escapa es la atmósfera con la que cuenta la película, lo primero con una fotografía bestialmente espectacular, salvaje, arriesgada, de colores que queman en la retina desde los amaneceres en rojizos en un remotísimo pasado, cuando el hombre aún no era hombre, saltan a la vista, donde los blancos impolutos de la nave espacial, estallan en el nigérrimo espacio, donde la tierra puede ser de colores, el cielo irisar toda una amplia gama de luminiscencias… hay imágenes preciosas por sí mismas, para no olvidar. Luego, es evidentemente la película de ciencia-ficción que trata temas más complejos y con mayor convicción, con mucha pretenciosidad desde luego (alguien como Kubrick se lo puede permitir), es sugerente e incita a análisis posteriores (la película va más allá de su propio visionado), ha creado iconos que han pasado a la historia del cine (el niño-estrella, el monolito, o la mayor elipsis de todos los tiempos en el hueso-nave son ya un mito en la historia del cine), hace una de las mejores utilizaciones de la música jamás llevada a cabo en el cine utilizando piezas clásicas de Richard Strauss y Johan Strauss, especialmente el Así habló Zaratrusta y que encaja sorprendentemente a la perfección en una cinta de aires futuristas, sabe utilizar otro lenguaje cinematográfico otro ambiente más valiente y diferente a lo jamás rodado, dividida en tres actos, a cada cual más magnético e inquietante…

Y con todos estos elementos… ¿Qué más dará que la cinta te resulte soporífera e insoportable durante el primer visionado si tienes el resto de tu vida para amarla?… esa es la grandeza de la cinta que trasciende al propio cine, trasciende de si misma y de su género para convertirse en un ente propio, casi extraterrestre, incomprensible para la cognición humana.

Tal vez el paso del tiempo, hace ya más de una década que dejamos atrás el 2001, y la llegada de nuevas tecnologías que dejan obsoletas algunos de los efectos especiales que se muestran en la cinta hacen que el filme haya perdido algo de vigencia. Pero cuando algo se convierte en un símbolo, la igual la edad que tenga y las arrugas que le salgan.

Vea el trailer de 2001: Una Odisea en el espacio

Nota: 8

El día de chacal

Título: El día del chacal

Dirección: Fred Zinnemann

Interpretación: Edward Fox, Michael Lonsdale, Cyril Cusack, Derek Jacobi, Alan Badel, Eric Porter.

  UK. 1973

 

 

 

-“El complot descrito anteriormente es el plan más peligroso que los terroristas podían concebir contra la vida del presidente De Gaulle. Si el complot existe y un extranjero cuyo apodo podría ser chacal ha sido contratado para atentar contra la vida del presidente, es mi deber informarle de que nos encontramos ante una emergencia nacional”.

-“No hay forma alguna de averiguar su identidad”.

A la caza del presidente.

La primera tentación que uno tiene después de haber visto ‘El día del chacal’ es buscar en Google como aconteció el intento de asesinato del presidente De Gaulle en Francia, no hallará nada, todo es pura ficción, pero la forma de narrar esta historia es tan sumamente detallista, con datos, cifras, nombres, imágenes de archivo y un realismo tan palpable que, el espectador creerá que todo lo que ha visto está cuanto menos basado en hechos reales. No es así, y al descubrirlo, la película despierta todavía más admiración de la que se forja con los títulos de crédito finales.

Tiene la película un estilo casi periodístico a la hora de describir los hechos, y una puesta en escena muy austera que realza el realismo de la película. Además la narración se hace fuerte al contarse desde diversos puntos de vista. Las diferentes formas de ver un mismo problema que se dan desde las centrales policiales de Francia e Inglaterra, o de la Organización terrorista OAS, amen de las del propio asesino a sueldo, Chacal, ofrecen una visión muy amplia… y un verdadero problema para engarzar el montaje que en la película se lleva a cabo con algo más que solvencia, hasta el punto de ser nominada al Oscar en este ámbito.

Pero si algo resulta fascinante en la película, es el personaje que la sustenta, alguien sin identidad, sin nacionalidad, camaleónico, capaz de variar su personalidad con una eficacia pasmosa, de permanecer escondido ante 100.000 policías que lo buscan, de ganarse la confianza de sus víctimas, de ser despiadado sin despeinarse, de ser desafiante y todo ello en la sombra, en la práctica inexistencia social. Lo mejor, que tales habilidades resultan absolutamente creíbles al amparo de la narración que realiza Zinnemann.

Es por todo esto que pese a que es una película relativamente desconocida, hay gran parte de la crítica que la coloca en la cima del Thriller europeo de todos los tiempos, porque realmente el reparto de la intriga a lo largo del filme en ese juego continuo entre ratón y gato que incluye a políticos, servicios secretos y de espionajes, organizaciones terroristas, falsificadores de documentos y personajes civiles que se cruzan por el camino resulta fascinante. 

En el debe del filme, es achacable algún fallo inherente a las propias dificultades de realización que presenta tan compleja estructura. Por un lado, la elección de un actor desconocido para hacer de Chacal como es el caso de Edward Fox, resulta acertada para afianzar aún más el carácter de incógnita que tiene el propio personaje, pero en general se nota que hay más personaje que actor, en cualquier caso, no estoy seguro de que otra elección hubiera podido dominar las complejidades de este profesional del asesinato que trabaja tan bien que consigue la complicidad del espectador (realmente el que ve la película termina con unas ganas locas de que culmine el asesinato). De otro lado, y pese a las excelencias del montaje, la diversidad de situaciones y puntos de vista embrollan la historia y muchas veces se resuelve la continuidad con cortes abruptos de la trama. Incluso el final resulta cercenado, hay ganas de más película y posibilidades de haber hecho al menos otra hora interesante con la materia mostrada.

En cualquier caso, comparada con el remake efectuado un cuarto de siglo después con Bruce Willis como protagonista, se nota que la dirección de un tipo como Zinnemann resulta determinante para que la película convenza y siga vigente mucho tiempo después, para disfrutarla hasta el último fotograma.

Vea el trailer de la película

Nota: 8

El sueño de Cassandra (Cassandra´s dream)

Título: El Sueño de Cassandra (Cassandra´s dream)

Dirección: Woody Allen

Interpretación: Ewan McGregor, Colin Farrell, Tom Wilkinson, Hayley Atwell, Sally Hawkins.

UK 2007

 

 

 

-“Yo creo que todos creamos nuestro propio destino”

-“Comprendo la magnitud del favor que os estoy pidiendo, pero os prometo que no os arrepentiréis”

-“Toda la vida está llena de violencia, el mundo es cruel, estás asustado porque te enfrentas a tu propia naturaleza”.

-“¿Porqué tienes que mirarlo todo con un microscopio?, viendo las cosas tan de cerca, se ven las imperfecciones”

Pesadillita en Londres.

Woody Allen pone fin a la trilogía londinense con un film de guión bastante endeble en su vuelta al drama con una somera exploración de los temas obsesivos de su filmografía (el sexo, la muerte, la religión…) y de los límites humanos por los que el director neoyorquino se ha encaprichado durante la elaboración de su biografía. Es decir, que de toda la trilogía nos tenemos que quedar con una soberbia Match Point en todo su esplendor, algún chiste suelto de Scoop, y alguna reflexión vacua de este último trabajo. En Cassandra´s dream nos encontramos con la pesadilla que vivirán dos hermanos cuando cruzan la línea del mal guiados por la ambición, pero los hechos que se desencadenan, son, al igual que en la película predecesora, demasiado programados, muy cogidos por los hilos, con un guión poco convincente, que, al igual que en Scoop, culmina en un final muy abrupto y desalentador. Del mismo modo, redunda en la poca profundidad de los personajes, algo con lo que ya me mostré incrédulo en Scoop ya que no es propio de Allen y que aquí repite para desconcertarme. Para colmo, la bella fotografía londinense que había creado en las dos anteriores películas aparece aquí en muy determinadas escenas y aunque no se puede hablar de un mal concepto fotográfico de la película, sí diré que los toques de genialidad a los que nos tiene acostumbrados, aparecen de manera más residual.

Lo bueno vuelve a estar en los diálogos y en la fortaleza de los temas que trata, reflexiones profundas sobre el honor, la fraternidad, la suerte (elemento clave en toda la trilogía londinense), la ambición y la culpa (este último punto muy exagerado en la película) y todo ello con profundos dilemas que van saltando en la película, que crean dudas en el espectador y que le llevan a un pequeño estado de claustrofobia, cuando se cruza el límite y ya no hay vuelta atrás. Los recovecos morales que nos hace atravesar están bien dosificados, mostrando su experiencia en esto de generar expectación durante el visionado, para que hasta un transcurrir Sueve pueda gozar de buen ritmo.

Pero todo esto se sustenta sobre unos cimientos poco seguros, y el mármol con el que construye se tambalea ante el discurrir de unos acontecimientos poco anclados al suelo del guión, muy escurridizos y más casuales que causales y eso resta. Porque, aunque la reflexión trate de ir por el buen camino, a veces resulta hiperbólica, no encuentra el equilibrio necesario y la historia se hace distante.

Donde también vuelve a acertar es en el casting, buena interpretación de Ewan McGregor y Colin Farrell, y una sorprendente de Hayley Atwell con el peculiar sentido que Allen da a sus ‘femmes fatale’, sin llegar a lo que ofrecía Scarlett Johansson, cumple los requisitos de interpretación y belleza.

Vea el trailer de ‘El sueño de Cassandra’

Nota: 5

Scoop

Título: Scoop

Dirección: Woody Allen

Interpretación: Woody Allen, Scarlett Johansson, Hugh Jackman, James Nesbitt, Ian McShame, Romola Garai.

 UK 2006

 

 

 
-“Ese tío no es un asesino en serie, me extrañaría mucho que hubiera matado a más de una persona o dos”.

-“¿Pudiste conseguir algo además de un posible embarazo?”

-“Yo me crié en la confesión israelita pero al hacerme mayor me convertí al narcisismo”

Scúpida

La segunda entrega de la trilogía londinense de Woody Allen, no tiene nada que ver con esa maravilla fílmica llamada Match Point con la que inició su acercamiento a la capital británica. Allen trata de recuperar aquí su cine más característico, volviendo a la comedia con humor ácido, inteligente e inesperado, y plantándose a sí mismo como actor, haciendo del personaje de siempre, el único que es capaz de interpretar, pero que encandila a miles de espectadores de todo el mundo, con sus fobias, sus delirios, su tartamudeo forzado antes situaciones problemáticas, sus chistes sobre antisemitismo y sus gags de egolatría. Y ese regreso a su génesis cineasta sale un tanto errado y no porque no reconozcamos grandes dosis las buenas aptitudes del cine de Allen, si no más bien porque el guión es un tanto estúpido, pasado de vueltas y poco racional. 

La película es divertida y tiene algunos de los geniales golpes de humor con los que arranca carcajadas al público más selecto, casi siempre, claro está, los que salen de su personaje, el ‘Gran Splendini’ un mago de tercera que se gana la vida con trucos baratos y un buen sentido del humor. Tiene también buenos diálogos, agudos, ingeniosos y muy personales, capaces de describir de forma muy específica y sin demasiada verborrea todo lo que el espectador necesita saber y como no aparece una buena fotografía otra vez sobre la alta sociedad londinense y sacándole las entrañas y los colores al estilo de vida londinense, retratando la ciudad de una forma preciosista, sin llegar a los términos casi líricos y esplendorosos de Match Point, pero sí dejando su sello de gran creador de atmósferas urbanas.

¿Y qué es lo malo entonces?. Pues que el guión no da la talla, la historia es estúpida, muchas de las situaciones están forzadas o cogidas por finos hilos, hay poco que contar (se sostiene en que apenas dura 93 minutos porque con más metraje probablemente empezaría a aburrir)  y además (y esto sí es extraño en el gran Woody) desarrolla muy poco a los personajes y de hecho los más secundarios apenas conocemos dos pinceladas para que puedan sobrevivir en la historia. Y es que para empezar la historia sobre un periodista fenecido que vuelve de ultratumba para contar una primicia sobre un asesino en serie es tan delirante que, si no estuviera tratada por la mano ‘mágica’ de Woody Allen sería tachada directamente de Serie B, luego, el desarrollo de la historia está muy forzado, hay muchas acciones que el espectador se tiene que creer porque sí, pero no están justificadas ni tienen lógica, y el final es tan abrupto y banal, tan poco cuidado, que termina por desinflar las notas de intriga que se habían ido acumulando en las escenas anteriores y arruina en gran parte las expectativas que se hubieran podido generar. 

Siempre nos queda Scarlett, claro está, pero si en la primera parte de la trilogía londinense deslumbraba con su sex appear y se comía la pantalla con una muy buena interpretación, aquí queda mucho más desdibujada, y no porque la chica lo haga mal, sino porque allá donde aparezca la figura ególatra del gran Woody Allen, todo lo demás queda al margen y en este caso concreto pese a que su participación en los acontecimientos es más bien secundaria, él se las arregla para ser el protagonista y eso no beneficia a una película que cambia los galones a los intérpretes.

En definitiva que es una película para ver, disfrutar, reirse… y olvidar, donde las genialidades se dan con cuentagotas y donde el sabor final es la de haber presenciado un historia un tanto ridícula, que ha servido para pasar el rato y para hacer mención a un par de frases agudas que se irán perdiendo en la inmensidad del tiempo y de su descomunal filmografía.

Vea el trailer de la película

Nota: 5

Match Point

Título: Match Point

Dirección: Woody Allen

Interpretación: Jonathan Rhys Meyers, Scarlett Johansson, Emily Mortiner, Matthew Goode, Brian Cox.

 UK. 2005

 

 

-“Todo el mundo teme reconocer lo importante que es la suerte. Según parece todos los científicos confirman cada vez más que toda la existencia es fruto del puro azar sin ningún fin ni designio”.

-“No veo que quieras a esa otra mujer como para sacrificar todo lo que has conseguido”.

-“No conoces a tus vecinos hasta que hay una crisis, aprendes a esconder la conciencia bajo la alfombra y a seguir, tienes que hacerlo, si no aquello te supera”.

Saque y bolea

Una de las mejores obras de uno de los mejores directores. Match Point está hecha con una elegancia deslumbrante, con una meticulosidad asombrosa, es redonda y perfecta en su confección (si entendemos por perfecto la adaptación precisa de los cánones clásicos del cine) y la encumbra como la mejor obra dramática del director neoyorquino (en otros parámetros habría que pedir permiso a películas como Annie Hall o Desmontando a Harry).

Allen nos pone sobre la mesa una introducción con una pelota de tenis haciendo las veces de parábola sobre la vida, luego comienza una virtuosa presentación de los personajes (fascinante la entrada en escena de Scarlett Johansson encarnando a Nola Rice) y poco a poco a la historia va reverberando  a ritmo de opera hasta un explosivo final… que no termina ahí si no que escala hasta un magnífico epílogo que nos lleva de nuevo a la parábola de la pelota de tenis. Así se estructura una película cosida fuertemente con un ritmo suave pero ascendente, agarrando al espectador a una historia que cada vez sube más su tono como una soprano en éxtasis. 

Todo en Match Point está milimétricamente cuidado. La escenografía reflejando la alta sociedad inglesa repara en todos los detalles con lámparas acristaladas, ampliaos ventanales para dar más juego a la iluminación, cuadros vanguardistas, un vestuario sofisticado… todo está preparado para sumergirte en la atmósfera de la yet set londinense, en ese mundo de opulencia tan lejano para el publico general en la realidad y que en esta película se muestra sorprendentemente cercano. La fotografía también sabe reflejar la maravillosa esencia de la capital inglesa y es que el bueno de Woody descubre la belleza de una ciudad con aire clasista y postmoderna al mismo tiempo y así aprende que no sólo en Nueva York puede salir una buena película, sino que entre las vistas al Tamessis, la Tate Modern , la City y los majestuosos parques de la capital puede construirse un escenario espléndido para una película de tal intensidad dramática.

De entre lo mejor de la película están sin duda los diálogos que recuperan la esencia más clásica del cine, entre citas devastadoras, palabras con doble sentido, mordaces ironías y silencios tremendamente expresivos capaces de contar más que cualquier monólogo de uno de los protagonistas. 

Con un buen elenco de actores, Scarlett Johansson deslumbra en la pantalla, te enamora desde la primera escena con una interpretación soberbia de un personaje muy complejo y arraigado a esencias vitales en connivencia con el espectador. Su rol de ‘femme fatale’ aturdida, con una belleza clásica apabullante (¡Dios que guapa es!), consciente del efecto que provoca en los hombres, insegura en algunos aspectos y despojada de toda la maldad que el cine suele  atribuir a las rubias explosivas, hacen de Nola Rice, una víctima inusual, un ser hecho para ser amado, tremendamente atractivo, tanto que eclipsa al resto de trabajos interpretativos que hubieran merecido una mayor mención de no estar ella. La selección del programa operístico como acompañamiento musical, resulta también de lo más adecuado para engrandecer la trama que nos brinda el director neoyorquino.

Con todo este bowl de ingredientes aparece el genio del director para cocinarlos lentamente con maestría y solvencia, un trabajo de dirección impecable, para manejar el ritmo la intriga y destapar todas las vicisitudes que va creando la película. El resultado es una reflexión al más puro estilo Woody Allen con la suerte como eje vertebrador, sobre como el azar puede tener tanta trascendencia en el éxito o el fracaso de una vida entera, a lo que se suman sesudas interpretaciones acerca de la pasión, el amor, el poder del dinero, las clases sociales o el límite humano para transformar una vida modélica en una execrable conducta. El punto justo que nos hace atravesar la barrera del mal y que todos tenemos aunque jamás lo hayamos pensado.

Vea el trailer de la película

Nota: 9

El puente sobre el río Kwai

Título: El puente sobre el río Kwai

Dirección: David Lean

Interpretación: William Holden, Alec Guinness, Jack Hawkins.

UK. 1957

 

 

 

-“Estamos aislados en mitad de la selva virgen, a muchos kilómetros de la civilización, y en manos de un hombre capaz de todo con tal de lograr sus fines. Principios? Nadie sabrá jamás ni a nadie le importará lo que aquí ocurra”.

-“Tengo a mi cargo el puente sobre el río Kwai y pienso volarlo con algunos voluntarios”.

 

El silbido sobre la selva.

 

Me ocurre con muchas películas de cine clásico, especialmente las superproducciones, que sólo veo en ellas dinero, montones de dinero para extras, para vestuario, para construir un puente de madera, para viajar a Tailandia y rodar sus espectaculares paisajes, para un espectacular montaje de sonido, donde la fuerza del río arrastra… y todo eso lo tiene el Puente sobre el río Kwai es indudable, pero sólo es eso, a mi parecer es una Titanic de la época, sin nada más y de hecho creo que no es la mejor película de David Lean que se superó en Lawrence de Arabia o Doctor Zhivago.

Sin restarle méritos a la calidad técnica que se consigue del dinero (mucho para 1957) la historia de El Puente sobre el río Kwai es más bien simplona. De hecho me resulta gracioso ver comentarios que la tachan de película bélica, cuando de bélica solo tiene quizás los últimos 10 minutos, aunque en ella aparezcan soldados todo el rato.

Más de media película, el guión se lo pasa intentando resolver un conflicto laboral ni más ni menos, y el tema radica más en el honor y en la capacidad del ser humano para anteponerse a las necesidades del cuerpo. En este sentido la película en general tiene que ver más con Ghandi que con cualquier otra del género bélico, o si me apuras con algo parecido a ‘Prison Break’ por la imposibilidad de poder escapar de una cárcel abierta en plena selva tropical, pero la estrategia militar y la acción bélica no aparecen hasta muy el final. Aunque no sea bélica no significa que el guión sea interesante, pero no es una historia ni mucho menos tan sobresaliente como para pasar a la historia del cine por la puerta grande y llevarse de paso 7 oscars.

También hablan las crónicas de las grandes interpretaciones, especialmente de la de Alec Guinnes. Otra de las características que observo en los clásicos es el de las interpretaciones bastante forzadas o teatrales, y en este caso también me reafirmo, creo que el cine ha mejorado en ello con el tiempo.

Por último, cabe destacar lo extremadamente chauvinista que es la película, donde el señor Lean y los personajes que pululan por la cinta, no caben en sí de los orgullosamente británicos que son. Esto también desnaturaliza a los personajes que parecen más trozos de una bandera que seres humanos.. y es que ¿De verdad me tengo que creer al orgulloso y flemático coronel Nicholson achicharrándose con tal de mantener a sus tropas altas de moral una vez que han sido capturados? Pues lo siento pero no, tal vez en los años 50 los recuerdos de la II guerra mundial todavía empujaba a la gente a ensoñar con historias sobre el valor y el  honor, pero… el cine es inmortal y el tiempo te ha ‘pillado’ señor Lean.

Con todo esto no quiero dar a entender que es una mala película, está bien rodada, con buena estructura técnica, tiene un guión más o menos interesante, y aunque se hace larga en sus dos horas y 40 minutos tampoco llega a aburrir del todo. Pero de ahí a pasar a la historia, para mi es totalmente inmerecido y lo único que realmente emociona es ese silbido militar resonando en la selva con orgullo después de la derrota, es un momento grande e inolvidable la verdad es que sí.

 

Nota: 6

Hotel Rwanda

Título: Hotel Rwanda

Dirección: Terry George

Interpretación: Don Cheadle, Sophie Okonedo, Desmond Dube, Hakeen Kae-Kazim, Nick Nolte

UK 2004

 

 

 

-“Por favor no dejen que me maten, les prometo que no seré tutsi nunca más”

-“No van a quedarse Paul, no van a poner fin a la matanza”.

-“Son unos cobardes, Rwanda no vale para ellos un solo voto”.

La ética frente al machete.

No es Hotel Rwanda una película especialmente buena, pero sí la mejor de las pocas que han tratado el genocidio en Rwanda, la que al menos trata de explicar los orígenes, critica el deleznable papel de la ONU, y tiene algunas respuestas a porqué sucedió lo aparentemente inexplicable para el mundo occidental y lo menos explicable aún, porque occidente no le puso freno. Todo ello, de una forma bastante ‘blandita’ ante una de las mayores atrocidades que ha sufrido el mundo recientemente, una perversidad que acabó con la vida de cientos de miles de personas de una misma etnia y que aquí se muestra con dureza sí, pero desde la atalaya de un hotel de lujo, un oasis en medio de un desierto de carne picada para hacer soportable al espectador esta orgía de sangre en la que se convirtió este país.

Aún así, cualquier historiador coincidirá en que tiene lagunas importantes (especialmente en el raro comportamiento de la ONU) y que tampoco es un ejemplo para poner en las facultades de Historia, pero al menos es lo suficientemente didáctica como para saber algo sobre un conflicto en el que tanto Europa como Estados Unidos miraron para otro lado.

En cuanto a sus valores cinematográficos destacan especialmente las maneras de sus dos actores principales, Don Cheadle y Sophie Okonedo que saben interpretar el difícil trance de mantener el tipo, incluso el lujo, en mitad de tanta sangre. El otro gran logro es la tensión narrativa que genera el filme, especialmente en la segunda parte, llevando al guión hacia varios giros inesperados que ponen en alerta los peores temores del espectador y que conectan con sus miedos, ahí el director sabe como llevar al espectador a su terreno.

El guión no cae ni en sensiblerías, ni en heroicidades, el transcurrir aislado de la guerra permite mantener una postura bastante humana, comprendiendo el horror que se vierte afuera pero sin necesidad de mostrarlo de primera mano. Tampoco cae en la hiperbole pese a que la historia cuenta las acciones de un ‘Schindler’ a lo Rwandés, que siendo Hutu salvó a cientos de Tutsis del exterminio que se llevaba a cabo en las calles, pero en lugar de un hombre tocado por la varita mágica de la heroicidad, vemos a un ciudadano corriente, bueno y cuyas circunstancias (y su mujer) le llevan a tener que refugiar en su hotel a tantas personas.

Lo peor es una fotografía muy simplona, de telefilme, y la escasez de recursos técnicos tanto a la hora de mover la cámara, como a la hora de narrar una guerra (pocos efectos especiales y de sonido). Pero en definitiva es un filme digno, con importantes aspectos éticos, realizado con mucha honestidad y que nos enseña, sin mancharnos los ojos, en que horror puede convertirse este mundo en pleno siglo XXI.

Nota: 6

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