Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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El señor de los anillos: El retorno del rey

Título: El señor de los anillos: El retorno del rey.

Dirección: Peter Jackson

Interpretación: Elijah Wood, Viggo Mortensen, Ian McKellen, Sean Astin, Andy Serkis, John Rhys-Davies, Orlando Bloom, John Noble, Miranda Otto, David Wenham.

Nueva Zelanda. 2003

 

-“Así pues, será ante Minas Tirith donde la maldición de nuestro tiempo se habrá de decidir”.

-“El sendero está cerrado, fue construido por aquellos que murieron y los muertos lo guardan”.

-“Nos aguarda la muerte, no hay victoria posible…¿A qué esperamos?”.

 La madre de todas las batallas.

 En la historia más grande jamás contada no podía faltar la madre de todas las batallas. El fantástico escenario de Minas Tirith es el lugar elegido para el brutal choque de huestes que cuentan sus efectivos por decenas de millares y en el que se medirán hombres, orcos, magos, espectros, artilugios increíbles, ‘olifantes’… un alarde de imaginación para cerrar una trilogía espectacular en la que además culminará la travesía de Frodo con su ‘pesada carga’.

La tercera entrega remonta con respecto a la segunda, lastrada por el montaje. Aquí pese a que los personajes principales se unen y separan en multitud de ocasiones, el montaje sí es capaz de seguir el ritmo de la historia y de presentar las tramas simultáneamente, sin embarullar la mente del espectador, con un ritmo preciso, tirando de entretenimiento sin descanso y llevando la acción sin límites. Es más, la debilidad de la segunda parte es una de las fortalezas en ‘El retorno del rey’ que incluso tiene un momento cumbre de montaje con la carga Kamikaze de Faramir contra el batallón de orcos mientras Pippin canta a su padre Denethor (senescal de Gondor) una tristísima canción de la comarca, uno de los escasos momentos en los que el fulgurante guión da opción a emocionarse.

Es una escena que marca pero, seamos realistas, ‘El retorno del Rey’ no le atrapará por su sentimentalidad, sino por presentar la mayor batalla épica jamás rodada, con unos recursos visuales asombrosos, con unos efectos especiales para dejar pasmado, pero lo que es más importante, un embalaje espectacular y al servicio de la credibilidad de la historia (esto no es una peli de Van Damme) para meter al espectador en centro de la batalla, rodearlo del caos y hacerle sentir el hedor y el fulgor de la batalla, una maravilla. Como ocurre en la segunda parte, la película cometes algunos excesos de heroicidad, pero son más limitados y mejor llevados, aceptables teniendo en cuenta la trama de la película y además se corrige la actitud cómica de Gimli y Légolas que tanto daño le hizo a la segunda parte.

Por su puesto se mantiene todo lo positivo de las dos anteriores, personajes muy buen compuestos, especialmente el mágico Gollum, buen ritmo, buen pulso narrativo, una fotografía espectacular, con gráficos por ordenador integrados en el mundo real y que permite la contemplación de recreaciones pasmosas (Aquí la ciudad de Minas Tirith aparece como una apoteosis para la vista), en fin que es una película colosal, en todos los sentidos.

Tiene eso sin, en mi opinión, un hándicap importante, y es que después de más de dos horas y media de película para cerrar los principal de la trama, Jackson utiliza unos tres cuartos de hora para despedirse y cerrar las tramas secundarios, por primera vez en toda la saga la película se me hizo larga, solo por el final al que dedica demasiado tiempo y demasiados detalles, es más fiel al libro, pero se podría haber pasado sin ellos.

Nota: 8

 

El señor de los anillos: Las dos torres

Título: El señor de los anillos: Las dos torres.

Dirección: Peter Jackson

Interpretación: Elijah Wood, Viggo Mortensen, Ian McKellen, Sean Astin, Andy Serkis, John Rhys-Davies, Orlando Bloom, Bernard Hill, Miranda Otto, David Wenham

Nueva Zelanda. 2002

 

 

 -“Algo está a punto de ocurrir, algo que no ocurría desde la edad antigua. Los Ents despertarán y descubrirán su fortaleza”.

-“¿Qué esperas que haga? Mira a mis hombres, su coraje pende de un hilo, si este es nuestro fin, haré que rubriquen un final que permanezca en las memorias”.

-“Lo queremos, lo necesitamos, debemos conseguir nuestro tesoro, ellos nos lo han robado, sucios, rastreros hobbits, malos, traidores, falsos… no, no…Sí, falsos, te engañan, te sacuden, mienten…El amo es mi amigo… No tienes amigos, nadie te quiere…No oigo nada, no puedo oírte… Eres mentiroso y asesino…”

Gollum, nuestro tesoro.

La travesía hacia el Monte del Destino continúa, pero la comunidad del anillo se deshace. En ‘Las dos torres’ se mantienen la mayoría de los elementos que hacen del Señor de los anillos la historia más grande jamás contada. Personajes magníficamente definidos dentro de una historia épica y llena de grandilocuencia, escenarios espectaculares, una escenografía meticulosa, cuidada al milímetro y un ritmo, quizás en un escalón inferior al de la primera parte, pero igualmente portentoso.

Pero tiene esta segunda entrega algunos inconvenientes que en mi opinión le hacen rebajar en algunos puntos la magnífica eficacia narrativa de la primera parte sin dejar de reconocer que en lo básico sigue siendo una película de gran calidad.

El rodaje se encuentra aquí con una dificultad añadida, la separación de las tramas y los personajes al dividirse la comunidad de la primera parte en tres grupos de personajes independientes. Esto significa tres tramas principales (además de las secundarias), tres escenarios diferentes de acción y añade la dificultad de otorgar el protagonismo a diferentes personajes en diferentes momentos. Esto significa un hándicap importante para el montaje, especialmente agravado en una película de largo metraje como es esta. La consecuencia inevitable es una narración con saltos espacio temporales demasiado largos, cuando el montaje te lleva a otra trama el espectador ya prácticamente había olvidado el destino del resto de personajes y la historia pierde equilibrio y pulso narrativo pues de la épica furibunda del fragor de la batalla, te lleva en una profunda fosa narrativa a la tranquilidad y parsimonia de las profundidades del bosque en el que han terminado los hobbits Merry y Pippin o de ahí, a la fatiga e incertidumbre que sufren Sam y Frodo en las inmediaciones de Mordor. Estos saltos y cambios de intensidad que en libro funcionan a la perfección, resultan demasiado distantes en una narración cinematográfica que no puedes dividir en pequeños capítulos como sí ocurre en la literaria. La fidelidad al libro que intenta guardar Peter Jackson en todo momento, aquí sí pasa factura.

Otro de los hándicaps de la segunda entrega de la saga es el exceso de épica en la gran batalla que desarrolla el ejército de 10.000 orcos contra los guerreros de Rohan en el abismo de Helm. La crónica de la batalla colosal que ya reseña el libro ya es de una naturaleza tan portentosa que no necesitaría de más artificios, sin embargo, aquí Peter Jackson le da un giro más para pasarse de rosca, con actuaciones sobrenaturales en cuanto a la épica de la batalla centradas principalmente en las habilidades guerreras de Légolas, capaz de diezmar tropas montado sobre una especie de ‘monopatín’ o de encaramarse a un caballo con un giro espectacular de saltimbanqui, excesos de la acción que no requiere un guión que ya de por sí ofrece acción a raudales.

El propio director neozelandés parece darse cuenta de esta circunstancia y en ocasiones intenta romper la elevada línea en la que se desarrolla la epopeya con giros de humor, centrados especialmente en el pique que mantienen Gimli y Légolas por matar a un mayor número de rivales. En efecto consigue limar en parte el exceso en la magnitud de la batalla, pero al mismo tiempo, tiene contraindicaciones. Vivir el buen humor de los personajes principales en un momento de máxima tensión en el que sus vidas penden de un hilo, parece cuanto menos contraproducente y resta mucha verosimilitud en la intrahistoria que se desarrolla, un desacierto.

Pero si hay algo nuevo en lo positivo de esta segunda parte de El señor de los Anillos, es la irrupción de un personaje como Gollum, un ser fantástico desarrollado por ordenador a partir de la gestualidad y los movimientos del actor Andy Serkis. Gollum-Smeagol, es simplemente uno de los mejores personajes que ha aparecido jamás en una película. Su complejidad comienza en su desdoblamiento de personalidad, en ser dos personajes a la vez. Gollum y Smeagol conviven en el mismo cuerpo esmirriado, y ambos son contrapuestos, uno es aparentemente bondadoso, el otro aparentemente perverso. Uno es aparentemente débil y otro aparentemente fuerte, pero en ocasiones las tornas de cada una de las dos personalidades varían, convirtiendo a este bichejo en uno de los personajes más sensacionales de la historia del cine por sus autocontradicciones y su extrema y enigmática complejidad. Pero lo mejor quizás del personaje se encuentra en que tras su caparazón de diseño gráfico por ordenador, se encuentra el corazón y el alma de un actor llamado Andy Serkis que logra lo imposible con un personaje de fantasía dándole una emoción interpretativa y una intensidad dificilísima en un personaje de sus características. La gestualidad en este ser de ficción, la profundidad de sus enormes ojos melancólicos que reflejan la tristeza sufrida durante cientos de años por esta criatura y su extraña y grácil movilidad a gatas por los pedregosos terrenos en los que transita, van más allá de lo humano, justo lo que requiere la interpretación de un ser tan enrevesado y psicótico. Brillante ejercicio de interpretación que encuentra su culmen en la escena en la que este ser comienza a hablar consigo mismo, con dos tonos de voces diferente, acusándose y dándose la réplica simultáneamente en un diálogo que se te queda marcado.

Otros personajes que también nacen en esta segunda entrega y que también resultan fascinantes son Theoden, Faramir, Eowyn u otro personaje fantástico como Bárbol, cada uno aporta cosas importantes a la película pero no tanta intensidad o eficiencia como para sobresalir de la manera que lo hace Gollum, magníficamente caracterizado.

Nota: 7

El señor de los anillos: La comunidad del anillo

Título: El señor de los anillos: La comunidad del anillo.

Dirección: Peter Jackson

Interpretación: Elijah Wood, Ian McKellen, Vigo Mortensen, Sean Astin, Sean Bean, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Liv Tyler, Ian Holm, Orlando Bloom, Christopher Lee.

Nueva Zelanda. 2001

 

 

 -“Un anillo para gobernarlos a todos, un anillo para encontrarlos, un anillo para traerlos a todos y atarlos en las tinieblas. Este es el anillo único, forjado por el señor Oscuro en los fuegos del monte del destino, arrebatado por Ísildur de las mismas manos de Saurón”.

-“La tierra media se encuentra al borde de su destrucción, debéis uniros o pereceréis. Toda raza se enfrenta a este destino, a esta maldición”.

-“Que extraño destino tener que sufrir tanto miedo y dudas por algo tan insignificante, tan irrisorio”.

-“Sólo tú puedes decidir que hacer con el tiempo que se te ha dado”.

La historia más grande jamás contada.

El señor de los anillos merecería un blog entero para sí. Sólo la mirada ambarina de Galadriel daría para un post, la brillante espada Dardo merecería un amplio comentario, los ribeteados del colgante de Arwen bien valdrían unas cuantas líneas y así, con cada pequeño detalle se podría rellenar un libro de artículos más amplio que la propia obra magna que Tolkien ideó en su cabeza. George Stevens eligió la Biblia para rodar en 1965  la que denominó ‘La historia más grande jamás contada’, pero se equivocó, ya se había publicado en 1954 y se llevó al cine de forma insuperable en 2001. La base estaba puesta y la tecnología del siglo XXI y un ingente presupuesto han hecho el resto para lograr contar una epopeya sin par y sin fisuras.

¿Qué se ha hecho tan bien como para que una superproducción convenza no sólo al público de todo el mundo si no también a la crítica, y lo que es más difícil aún, a los millones de fans de la saga literaria, catalogados de frikys, a lo largo y ancho del mundo?.. pues muchas cosas, en primer lugar respetar en gran parte la historia, hacer una obra cinematográfica fidedigna al espíritu del libro, pero no un calco. El guión cinematográfico se guarda algunas sorpresas propias y acertadísimas, entre ellas, el dar más protagonismo a los papeles femeninos, algo que resulta maravilloso gracias a las inspiradísimas interpretaciones de Cate Blanchett y Liv Tyler. Toda una gozada.

En segundo lugar el magnífico tratamiento del ritmo de la película dosificado de tal forma que las tres horas de película se hagan cortas al espectador que se queda con ganas de ver la segunda parte para seguir la andadura de Frodo Bolsón. La película no aburre en ningún momento, y pese a contener un gran número de acciones, tampoco se emborracha de aventuras al encantado espectador. Se le da el punto justo a la historia, mérito del señor Jackson.

 

La tercera razón pasa por su esplendorosa fotografía de los paisajes neozelandeses, y la conjugación de la escenografía real o por ordenador que se hace combinando a la perfección con los elementos reales de la naturaleza. Las fantásticas ciudades y torres, los colosales monumentos o las impresionantes construcciones que se observan en la película, no son meros postizos, están absolutamente integrados en los maravillosos paisajes de esa indómita Nueva Zelanda, y el resultado es de una grandilocuencia abrumadora.

Pero no sólo de las apoteósicas construcciones vive la escenografía de esta primera parte de la saga de El Señor de los anillos, lo verdaderamente mágico de la película es la absoluta meticulosidad con la que se labran los pequeños detalles en vestuario, orfebrería, mobiliario y diversos utensilios que recrean la vida de los personajes fantásticos con una precisión nanométrica. Cada raza, y dentro de cada una de ellas, cada clase social de los seres que integran la película, goza de un amplio espectro de atavíos que van desde las armas, a la vestimenta, la comida o hasta los botones y ojales de cada una de las prendas, y todos los utensilios tienen una líneas de diseño característicos del modo de vida de cada individuo dependiendo de si son elfos, enanos, orcos, hombres o hobbits. No puedo ni imaginar la enorme carga de trabajo que ha habido detrás del perfeccionamiento de cada uno de esos trabajos.

Pero claro, nada de esto serviría si no hubiera un trabajo actoral a la medida. Nuevo acierto. El casting de actores se sirve de un amplio elenco de interpretes con una larga trayectoria consolidada, pero ninguna estrella, el resultado de esta combinación es exquisito y la capacidad para hacer llegar con credibilidad una historia por definición increíble y fantástica es realmente un logro, de todos en general, pero quiero detenerme especialmente en el pequeño papel de Cate Blanchett como la reina élfica Galadriel, su gracilidad a la hora de bajar escaleras como si flotara, su expresividad a la hora de hablar con la mente (sin mover los labios) o la intensa profundidad que consigue con su mirada celeste, capaz de ser dulce o terrible, es verdaderamente un ejercicio de interpretación que me dejó anonadado, lástima que su papel no diera para más.

 

Una de las ventajas del cine fantástico es la oportunidad que da de crear personajes ficticios llenos de matices, que no están anclados a una realidad fija para ser verosímiles, cualquier creación puede estar justificada en el guión y en la saga del señor de los anillos esta oportunidad se aprovecha de forma magistral. El sabio y enigmático Gandalf el gris (Ian McKellen), el valeroso, intrépido y honesto Aragorn (Viggo Mortensen), el estilizado guerreo élfico Légolas (Orlando Bloom), el tozudo y orgulloso enano Gimli (John Rhys-Davies), el débil pero con un alto sentido de la responsabilidad Frodo Bolsón (Elijah Wood), su inseparable y leal compañero Samsagaz Gamgee (Sean Astin), la bellísima y sensible Arwen (Liv Tyler), el poderoso mago corrompido por el poder Sarumán (Christopher Lee) y así un amplio elenco de personajes cada uno de ellos con características propias, con una personalidad diferente, con rasgos y habilidades definitorias que los hacen únicos. Si a eso le sumamos el gran acierto a la hora de escoger a los actores por sus características físicas de forma que la caracterización sea excelente, es lo que permite que tan épica historia resulte creíble (dentro del propio guión, claro) y apasionante.

Otro apartado merece una banda sonora deliciosa, armoniosa, en virtud de cada momento y cada ambiente, también la música sabe diferenciar entre composiciones de hobbits y composiciones de elfos o de orcos y eso requiere de verdadero talento.

Pero por encima de otras consideraciones, lo mejor de esta maravilla sigue siendo la historia, la cosmogonía creada por un señor llamado J.R.R. Tolkien que un buen día jugó a ser Dios y creó su propio mundo con sus propios continentes, reinos, culturas, lenguajes y una historia entera para ese mundo forjada a través de los siglos. Fue la creación de la historia más grande jamás contada. Plasmarla en el cine era un reto dificilísimo y Peter Jackson lo ha conseguido con creces, superando las expectativas. Uno, que no suele ser muy amigo de las superproducciones, no tiene más remedio que rendirse ante la grandilocuencia de una obra llamada a los altares de la eternidad. Me dejo cautivar por esta obra faraónica.

 Nota: 10

The lovely bones

Título: The Lovely Bones.

Dirección: Peter Jackson.

Interpretación: Mark Whalberg, Rachel Weisz, Susan Sarandon, Saoirse Ronan, Stanley Tucci.

Nueva Zelanda. 2009

 

 

 

 

 

-“Mi asesino fue un hombre del barrio, le tomé una foto una vez mientras hablaba sobre sus flores”.

-“Tienes una tumba en el centro de su casa, ¿Crees que si encierras el dolor se va a ir?

 

Cadáver azucarado

 

A Peter Jackson le sigue gustando el cine fantástico, pero en esta ocasión ha tomado por unos derroteros bien diferentes a la saga de El Señor de los Anillos. Este melodrama sobre una chica asesinada que narra desde ‘el cielo’ los acontecimientos que prosiguen tras su propia muerte, tiene momentos muy buenos, pero en general resulta demasiado melosa, ñoña y sensiblera. Lo fantástico lo construye Jackson en esa especie de ‘nada’ entre el cielo y la tierra en la que el personaje principal se queda atrapado, allí el mundo del más allá esta dibujado con una estupenda fotografía digital y un lirismo encomiable que te da una agradable sensación, la invención de los paisajes está realmente bien lograda y algunos momentos dramáticos también, el problema es que redunda tanto en ellos que los desgasta y puede llegar a ser visualmente cursi. El problema está en adaptar el guión a los efectismos y caprichos de los sueños y vaivenes de una adolescente muerta, tratando de hurgar en esos rancios tópicos del primer beso, el primer amor, la complicidad con la familia, los desgarros del seguir viviendo ante una terrible pérdida, el guión es remilgado a más no poder y el sentido de la ética que intenta fijar en el celuloide es banal, sólo apto para niñas con Hello kitty incorporada. Lo mejor de calle, salvo algunos de los mencionados escenarios fantásticos o la inclusión de elementos dramáticos como el de una ciénaga a la que todos los personajes del lugar van a tirar las basuras y muebles viejos, un agujero que se convierte casi por si solo en un personaje, es sin duda el reparto. Un tanto dócil la joven protagonista pero con talento, pero magistrales el resto de secundarios especialmente Stanley Tucci. Tanta carga de azúcar en un filme que requiere ciertas dosis para no angustiar con una historia muy cruda se la carga en cierta forma, a esto hay que sumarle un final horrible para la credibilidad del filme y para desbordar la carga edulcorante y el guión es sí tiene muchos desvaríos, convierten al personaje de Mark Whalberg en casi un papanatas a la hora de investigar el crimen execrable, condiciona a los actores, y va perdiendo tuercas a la vez que avanza el metraje. Aún así tiene cosas recomendables, pero realmente la sensación general es la de haber estropeado una buena idea.

 Nota: 4

El piano

Título: El Piano.

Dirección: Jane Campion

Interpretación: Holly Hunter, Harvey Keitel, Sam Neill, Anna Paquin.

Nueva Zelanda. 1993

 

 

 

 

 

 

-“Me gustaría hacer un trato, hay cosas que me gustaría hacer mientras toca, si usted me dejara se lo devolvería”.

-“Yo he oído su voz aquí, en mi cabeza, he observado sus labios, no formaban palabras, pero cuanto más la escuchaba, más claramente la oía”.

 

La tecla de la sensibilidad.

 

Un piano varado a orillas del mar con una mujer enlutada a su lado, no es un cuadro de Friedrich es la poética imagen de la levedad del ser humano plasmada en una película como El Piano, con una fotografía que transciende, que cuenta la historia, que relata a través de los paisajes embarrados de una Nueva Zelanda tan salvaje como solitaria. Esto junto a la sensibilidad musical (necesaria para la obra) que le aporta la música de Michael Nyman es lo más impresionante de la película. En general el piano no es más que una sencilla historia de amor, quizá con una vuelta de tuerca más a la que nos tiene acostumbrados el cine comercial, ya que la extraña relación que surge al compás de la tecla de un piano y a través de un acuerdo espurio y bajo las enaguas de ese negro traje de época, rebosa misterio, sobre todo porque la incapacidad para producir palabras de la protagonista impide contarlo, hay que sentirlo y esa pasión imprevisible queda perfectamente explicada en la película sin necesidad de palabras. Ese es otro acierto de la película, la construcción de unos personajes totalmente atípicos, una madre viuda que no puede hablar y que siente una devoción casi enfermiza por la música de su piano y un analfabeto de rudos modales y que ha adquirido algunas costumbres de los indígenas maoríes pero que también es capaz de sentir a su amada a través de la música. Para hacer creíble la historia amorosa es necesaria la magistral interpretación de Holly Hunter que sin decir una palabra borda el papel en lo gestual. La escena final bajo las aguas es conmovedora y tremendamente lírica. A veces, eso sí, peca de excesivamente sensiblera, rayano a la inverosimilitud, pero ni siquiera es una sensación general sino que llega en determinadas escenas.

 Nota: 7

Braindead

Título: Braindead

Director: Peter Jackson

Interpretación: Thimoty Balme, Diana Peñalver, Elisabeth moody

Nueva Zelanda 1992

 

 

 

 

-“Tú madre se ha comido a mi perro, pero no todo”.

-“La muerte está a tu alrededor, habrá terrible sufrimiento, estas marcado”.

 

¿Cómo una cinta de serie B, de guión absurdo, mal interpretada y peor realizada puede llegar a convertirse en una película de culto?, la respuesta hay que hallarla en la imaginación, en un descaro terrible a la hora de dirigir, a olvidar cualquier tipo de convencionalismo (excepto en las escenas de amor que sí son tópicas) y en crear un subgénero dentro de un subgénero. En efecto, la mente enfermiza de un neozelandés llamado Peter Jackson, creo un día, mucho antes de hacerse famoso con la saga de El Señor de los Anillos, una disparatada película de gore cómico, por ello, pese a sus pecados como filme tiene un algo especial y es el saber reirse a carcajadas de descuartizamientos, tripas esparcidas, decapitaciones, trituraciones de carne humana y miles de litros de tomate frito desparramados a lo largo de uno de los celuloides más irreverentes de la historia, pero absolutamente hilarante. Componen esta alocada historia zombies follando, bebés asesinos, un cura karateca, un héroe armado con un cortacésped y una madre que trata de devolver a su hijo al vientre materno. Esta coctelera disparatada y delirante es el engendro de esta película, que pese al regusto positivo que te deja por su innovación y su carácter gamberro y tremendamente ‘freaks’, cuando te detienes en su análisis no puedes uno dejar de olvidar que más que una película lo que uno ha visto es un broma rodada entre amigos que alcanza niveles internacionales, como algunos de los actuales videos que se cuelgan en Youtube. Asi que, pese a recomendarla, hay que suspenderla sin más remedio, porque su factura es mediocre, las interpretaciones penosas (especialmente la de la española Diana Peñalver en esta aventura que se marcó por las antípodas), el guión pierde fuelle por todos lados en busca de privilegiar la risa y hasta los efectos especiales son cutre plastilina en muchos momentos, En lo positivo, algunos aspectos del guión, que si en vez de tomarlo como un todo, lo desmenuzáramos cual cadáver de zombie, nos quedaría de veras algunas escenas memorables, veáse cuando se devora al perro, la escena final de la madre tratando de llevarse al vientre a su hijo (lo que esconde una gran crítica) las natillas de oreja servidas en una comida, las travesuras del bebé zombie, o los denodados esfuerzos de una tripa por ahogar a su adversario. Diferente, especial, provocadora, pero mala.

 Nota: 4

 

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