Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Zatoichi

Titulo: Zatoichi

Director: Takeshi Kitano

Interpretes: Beat Takeshi, Tadanobu Asano, Michigu Ogusu, Yui Natsukawa.

Japón 2003

 

 

 

 

 

-“usted no es un vulgar masajista”…. “usted también huele a sangre”

 

-No te voy a matar, vivirás el resto de tu vida ciego.

 

Transgresión de lo sagrado.

 

Sorprendente film que narra la odisea de un viejo y taciturno samurái ciego que se hace pasar por masajista. La película utiliza la violencia sin grandes alardes (algo que se echa de menos en el cine actual) que la sangre sirva para marcar el ritmo, que tenga un valor narrativo por sí misma, es algo a lo que no estamos acostumbrados. Kitano es un maestro a la hora de reflejar la esencia social de la época, pero transgrediendo de forma casi cómica la historia y borrando de un plumazo los estereotipos, es un film épico y de época, pero con toques almodovarianos, una mixtura que sorprendentemente conjugan. La utilización de la música en el film tiene también dotes de maestría, donde el ritmo que marcan los campesinos con sus herramientas o el musical (no es una ironía) en el que se convierte el final de la película transgreden aún más en la historia. Una avalancha de situaciones y perfiles humanos que conforman un todo irrepetible, una obra maestra moderna que nos enseña que no todo está inventado.

Nota: 10

Samurai Rebellion

Título: Samurai Rebellion.

Dirección: Masaki Kobayashi

Interpretación: Toshiro Mifune, Yoko Tsukasa, Tsuyoshi Kato, Tatsuya Nakadai

Japón. 1967

 

 

 

 

 

-“Gracias a su disgusto yo he llegado a ser un hombre feliz. No podría haber encontrado una esposa mejor”.

-“Las esterillas es una costumbre en estas ocasiones, así nuestros pies no resbalarán con la sangre”.

 

Tensión entre dignidad.

 

Bajo los títulos de crédito se abre la película enfocando diversos tejados bajo el hipnótico tam-tam de una música de percusión tribal. Es el anuncio de lo que nos espera, un filme pasional, hecho con el corazón, una historia de amor, muerte y honor, de toques Shakesperianos y duelos dignos de un western, pero con catana. Si la historia de por sí ya tiene elementos de tensión fuertes y magnéticos imbricados en la milenaria tradición japonesa, su estilo rehusa de la lentitud de la narrativa asiática y consigue un ritmo de gran viveza emocional y una acción comedida pero atrayente, dosificada. Su intriga no se basa en la lucha en los desmanes de charcos de sangre, sino en la tensión psicológica que genera las presiones a las que se ven sometidos los personajes, unos personajes plagados de dignidad, de honorabilidad, y con los que el público se identifica rápidamente e interioriza con facilidad. Los protagonistas y secundarios tienen además diálogos de cierta profundidad moral, pero no tanto psicológicos o intelectuales, por lo que el objeto de lo que se quiere decir llega al espectador con facilidad pese a que las propuestas de los hablantes son sentenciosas y de gran calado. El factor de la música de percusión como elemento para preludiar el drama e intensificarlo, juega un importante papel a la hora de gestionar la incertidumbre y la angustia que emana el film y que es capaz de mantener la atención del espectador en todo momento. El estilo técnico de Kobayashi es elegante, utilizando la música como elemento focalizador, alejando el plano cuando el combate toca su fin… no hay un solo plano en el que el nipón pierda el aspecto formal dotando de intensidad incluso las escenas más cotidianas. Con una fotografía correcta y unas interpretaciones más que dignas, Samurai Rebellion conmueve, enseña, entretiene y dignifica en una película de muy alto nivel formal y estético.

Nota: 8

 

Rashomon

Título: Rashomon

Dirección: Akira Kurosawa

Interpretación: Toshiro Mifune, Masayuki Mori, Machiko Kyo.

Japón. 1950

 

 

 

 

 

 

-“Hoy en día nadie se fía de los demás, es difícil sobrevivir sino eres un egoísta”.

-“O bien mueres tú, o bien muere mi marido, pero uno de los dos tiene que morir ¡tenéis que luchar!”.

 

Guión de mentirosos.

 

Si no fuera en blanco y negro la podría haber firmado cualquier director contemporáneo, porque la gran destreza de esta película radica en una fuerza narrativa inconmensurable y en un guión, contando un mismo suceso desde cuatro puntos de vista diferentes, que pareciera ideado por un Tarantino o un González Iñárritu, porque sí, el montaje también es excepcional, mezclando cuatro historias diferentes (aunque sean de un mismo suceso) y tres tiempos distintos, todo ello mezclado con tal habilidad que la historia sale adelante sin ninguna tara. El espectador, está constantemente confundido en esta historia de tintes detectivescos en las que van aflorando detalles de las personalidades de los protagonistas, para al final llegar a una conclusión, el hombre miente por naturaleza y el hombre es capaz de cualquier maldad por naturaleza, más si se ve forzado por circunstancias excepcionales. Esta revisión filosófica a la que nos lleva Kurosawa nos hace ver las miserias del ser humano a través de una historia totalmente verosímil en el Japón del siglo XII pero al mismo tiempo, cuando todo parece perdido para la fe humana la poderosa figura de un bebé nos vuelve a dar esperanza y a sacar lo mejor del ser humano. Con una fotografía fantástica en blanco y negro llaman también poderosamente la atención las caracterizaciones de los personajes, sus ropajes y enseres tienen un punto fundamental en el guión y poco a poco también sirven para ver de que está hecho cada uno y para ir arrojando luz poco a poco sobre la historia, porque, y he aquí lo bueno del guión, los personajes mienten, todos ellos nos cuentan una visión diferente y egocéntrica de lo sucedido (un asesinato), pero los objetos no y con los personajes son los espectadores los que son mentidos también y nunca saben a ciencia cierta qué creer. La escena en la que el muerto cobra voz a través de la vidente para mentirnos a su manera, es aterradora, las sedas al viento de la contactada, con la cara pintada revolcándose por el suelo, es realmente acongojante, algo que el cine de hoy en color y Dolby Surround es incapaz de hacer, mientras que Kurosawa consigue petrificarte. El punto más flaco de la película es la interpretación de los actores, probablemente demasiado teatralizada aunque la época y el lugar del que proceden la película puedan disculparlo, pero desde luego las interpretaciones son demasiado histriónicas para el gusto occidental.

 Nota: 8

Ran

Título: Ran

Dirección: Akira Kurosawa

Interpretación; Tatsuya Nakadai, Akira Terao, Jimpachi Nezu, Daisuke Ryu.

Japón. 1985

 

 

 

 

 

-“Fui yo quien tomé este castillo, con vuestra familia dentro, deberíais odiarme, me sentiría mejor”.

-“Riete Tango, mira en lo que me he convertido, yo el gran Hidetora, desterrado por sus hijos”.

-“En este mundo loco, volverse loco es estar cuerdo”.

-“Nada me hubiera afectado menos que la muerte de mi marido, pero me preocupa que va a ser de mí”.

-“Solo un loco permanece en una roca que se desploma”.

-“Todos los hombres nacen llorando y mueren cuando ya han llorado lo suficiente”.

-“¿Es que no existe Dios en este mundo, tan aburridos están en los cielos que tienen que ver a los hombres morir como gusanos?”

 

Shakespeare Nipón.

 

La película Ran, una de las más veneradas de uno de los más venerados, está en mi opinión sobrevalorada. Muy buena técnicamente, (desde la dirección a la fotografía) y con un guión que trata temas tan profundos y humanos como la ambición, la traición, la lucha de poderes, las relaciones paterno-filiales, o la guerra de forma fiel, acompañado de unos diálogos certeros y de tintes filosóficos en muchas ocasiones, peca sin embargo, de algunos errores como su excesivo metraje. Utilizar 2 horas y 40 minutos para esta historia es sin duda demasiado y se podría haber resumido más ya que hay escenas que sobran sin que realmente se pierda nada importante. Pese a que el pulso narrativo es muy bueno casi en todo momento, hay veces en los que divaga y se vuelve algo mustio para volver a su ser original en otra escena, ocurre esto por ejemplo, en las escenas de guerra, donde la precisión de los peones moverse sobre el tablero es sublime y es Kurosawa el que hace de general realmente dirigiendo con gran destreza todo lo que ocurre en el campo de batalla, para mostrarlo sin embargo, utiliza muchas tomas que no son más que gente muriendo una tras otra (en una preciosa coreografía de estandartes) que llega a cansar. Su otro mal radica en la teatralización de algunos personajes, comenzando por el señor del clan que tanto en su condición de regio señor como en la de loco, está sobreactuado, incluso por el maquillaje, hecho que hace perder mucha credibilidad. Muy bueno el personaje de Lady Kaede, la maldad pura en una mujer y es que el papel de la mujer en esta película es bastante interesante y la coloca como cerebro de toda trama aunque su papel social fuera muy secundario. La escena final del ciego es también exquisita, sublime y llena de tensión, con tintes muy poéticos. Es en definitiva una muy buena película pero llevada por la crítica a estandartes demasiado altos teniendo en cuenta estos errores de bulto.

 Nota: 6

 

Primavera tardía

Título: Primavera Tardía.

Dirección: Yasumiro Ozu

Interpretación: Setsuko Hara, Chishu Ryu, Yumeji Tsukioka.

Japón. 1949

 

 

 

 

 

 

-“Si me caso se complicarían un poco las cosas, por mi padre, está acostumbrado a mi”.

-“Noriko, tu y yo no podemos estar juntos siempre, algún día tendrás que casarte y marcharte”.

 

Oro cotidiano.

 

Dicen de Ozu que nadie como él ha sabido sacar tanto partido a la cotidianeidad, y es cierto, pero eso no significa que sus filmes dejen de ser cotidianos. El director japonés rueda con cierta maestría la historia de una joven núbil presionada para darse en matrimonio y de una historia tan nimia el director saca oro, poniendo ciertas dosis de tensión a lo largo de la cinta, proponiendo dilemas morales que se resuelven sucintamente y agregando ternura y drama a partes iguales para salpimentar el filme. No deja de ser sin embargo, una historia fútil, con poca ‘chicha’ para el espectador muy liviana en cuanto a la temática y aunque el guión se construya sacándole un rendimiento del 100% la película, en mi opinión, pierde interés desde su propia concepción. La forma de rodar es muy occidentalizada, muy al estilo Hollywood, por lo que el ritmo es de forma general apropiado, tiene de todas formas algún despiece en la película donde se impone la tradicional lentitud japonesa, especialmente en la filmación de la obra de teatro a la que los dos protagonistas asisten, que no es apta para el espectador occidental que termina hastiado de esperar a que acabe la escena. Los detalles simbólicos en forma de trenes, o vestidos, la recreación en los cambios en los estilos de vida tradicionales de Japón por los gustos más occidentales, o el cuidado en la escenografía y los decorados, son otros apuntes positivos a tener en cuenta en este filme.

Pero su excesiva sencillez, su visión rasante acerca de los temas que trata (nunca llega a meter el dedo en la yaga), su humildad y corrección social, hacen que la película no termine de llenar del todo y nos quedamos en las maneras y no en lo que nos dice, tal es la sutileza con la que nos cuenta Ozu que apenas la percibimos.

 Nota: 5

 

La balada de Narayama

Título: La balada de Narayama

Dirección: Shohei Imamura

Interpretación: Ken Ogata, Sumiko Sakamoto, Tonpei Hidari, Takejo Aki.

Japón. 1983

 

 

 

 

 

 

-“Es verdad que en nuestra casa es importante una boca menos, por eso debo ir a la montaña”.

-“Cuando a los 15 años fui con padre a la caza del oso, fue en ese paraje donde lo maté”.

 

La ley del hambre

 

El microcosmos rural que consigue crear Imamura en esta película es primitivo, explícito, brutal un tanto esperpéntica. La historia de un grupo de campesinos que viven en un pequeño poblado aislado geográficamente rememora la trivialidad humana a la hora de establecer sus propias leyes, sus religiones y supersticiones y el uso que hacen para normalizar las necesidades (el hambre y el sexo) para aprender a convivir de forma que cualquier atrocidad para el mundo moderno se refleja con total normalidad en ese ambiente viciado (a nuestros ojos), así todo vale dentro de sus reglas, desde matar o vender a un recién nacido si no se puede asegurar su manutención, hasta la zoofilia, si no hay con quién mantener relaciones sexuales. Todo pudiera parecer depravado fuera de la película, pero la grandeza del filme radica en que dentro de esa sociedad todo pareciera ser lo común o incluso lo razonable para su propia supervivencia. Para conseguirlo, la confección de los personajes vuelve a ser magistral, tenemos excéntricos personajes desde la abuela razonable que tiene que viajar a la montaña (historia principal sobre la que gira el relato pero atravesado por decenas de pequeñas tramas que reflejan este extraño costumbrismo), hasta el hijo que no encuentra mujer porque tiene un olor horrible ( y que deja una pequeña raiz cómica dentro de las atrocidades de la película), el papel lascivo de algunas mujeres de la película, un sinfín de personajes raros que le dan un toque muy especial a la película. Junto a todo esto, las dos grandes características del cine asiático que se cosen también a esta película, la fotografía preciosista (algunas escenas de nieve son verdaderas maravillas), el culto a la naturaleza (que en este caso sirven como metáforas visuales de lo que le ocurre a los personajes humanos) y la desgracia de un ritmo lento, que en este caso es algo menos acuciantes, porque aunque la trama principal no es firme sí que existen pequeños matices e historias que van salpicando la película y la hacen llevadora, pero aún así, se hace larga. En cualquier caso es una gran película, bella, extraña, arrebatadora en las abyecciones que presenta y realmente original en su guión. 

Nota: 8

 

 

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