Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Niños del Paraíso

Título: Niños del Paraíso

Bacheha-ye aseman (بچه‌های آسمان ) (Children of heaven)

Dirección: Majid Majidi

Interpretación: Amir Naji, Amir Farrokh Hashemian, Bahare Seguidi

 Irán 1997

 

 

-“Ya no eres un niño, tienes 9 años, cuando yo tenía tu edad ayudaba a mis padres”

-“Tus zapatillas están muy sucias, me da vergüenza calzármelas”

 

Por unas zapatillas

 

La magia del cine iraní vuelve a obrar el milagro… nunca me canso del cine ‘made in Irán’ donde sin apenas recursos y con ideas sencillas se han creado algunas de las mejores joyas cinematográficas de los últimos tiempos y estos ‘Niños del Paraíso’ se corresponde con uno de sus mejores exponentes, a la altura de Buda explotó por vergüenza y Las tortugas también vuelan, otras dos obras magistrales que me emocionaron, también rodadas en persa.  El esquema en estas tres y en otras muchas de este país es siempre el mismo, niños como protagonistas, un guión aparentemente simplista que esconde mucho más, realismo punzante, y un drama edulcorado por los pequeños protagonistas que hacen que la triste realidad que viven se sobrelleve con media sonrisa, eso junto con algunos planos ingeniosos agudizados por la falta de dinero para montar la ingeniería cinematográfica que requerirían en otros países, la elección de escenarios reales de las calles de Teherán y algunas de sus casas más desconchadas y el buen gusto para utilizar los escasos recursos que tienen (el plano final en el que el pequeño pone sus pies en remojo es memorable) dotan de una personalidad propia y una capacidad para conmover al espectador.

 

 

 

 

 

 

La historia simple sobre la que se mueve la película es en esta ocasión la de un niño Alí, que pierde los zapatos de su pequeña hermana Zhara sin los cuales no puede ir a la escuela. Conscientes de que sus padres no cuentan con recursos económicos para comprar unos nuevos, urden una pequeña treta para intercambiarse las zapatillas en diferentes horarios sin que sus progenitores se den cuenta, una jugada que les llevará a mayores problemas y pequeñas aventuras inesperadas… Eso es todo, tan simple como la vida realista que trata de retratar la película, pero con un transfondo de pobreza que queda marcado al estar siempre presente durante el filme.

Con tan pocos elementos, Majidi sabe construir un guión prodigioso, lleno de fuerza, conmovedor, durísimo y esperanzador al mismo tiempo. El director maneja los tiempos narrativos con una suficiencia exquisita, infunde mediante pequeños trucos de cámara o elipsis una tensión narrativa prodigiosa para una historia tan esquelética, llega incluso a crear cierta ansiedad y tensión en el espectador que espera ávido el resultado final de una nimiedad, hace que nos apesadumbremos ante la lágrima de alguno de los pequeños y se guarda un final (la película va de menos a más) magnífico en el que acelera el pulso con un juego de niños.

La película no pasó desapercibida en el mundo del cine y fue una de las cinco finalistas para el Oscar a la mejor película extranjera el año que La vida es Bella se alzó como vencedora (demasiada competencia) luego se borró del mapa como tantas otras sin acceso a grandes distribuidoras, pero los afortunados que la hemos visto, sabemos que quedar terceros en una carrera puede ser mucho más importante que ganar.

 Vea el trailer de Children of Heaven

Nota: 9

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El viento nos llevará

Referencia: V-0308

Título: El viento nos llevará

Dirección: Abbas Kiarostami

Interpretación: Behzad Dourani, Noghre Asadi, Rousham Karam Elmi, Bahman Ghobadi, Shahpour Ghobadi.

Irán.   1999

 

-“La vejez es una enfermedad terrible, pero hay enfermedades peores como la muerte”.

-“Le dijimos al chico que veníamos a buscar un tesoro, no queríamos que se supiera porqué estamos aquí, este es un pueblo muy pequeño”.

 

 

Esperando la guadaña.

 

Un fémur humano flotando arrastrado por la corriente de un río, el diálogo invisible con un hombre a tres metros bajo tierra, caminos sinuosos y espolvoreados por el viento. Todo en ‘el viento nos llevará’ tiene un aire lírico y la aldea de Siah Dareh es una especie de extraño ‘Locus amoenus’ apartado del mundo donde contar una historia sencilla y sin pretensiones, al estilo austero y realista del cine iraní.

La película es una reflexión profunda sobre la vida, la moral y la muerte con un sentido final muy positivo, una oda a la vida filmada.

El estilo Kiarostami se hace aún más patente en esta película, probablemente la más personal del director. El director utiliza actores no profesionales para incrementar el realismo del filme, planos fijos con mucho diálogo en varias escenas, elementos repetitivos para fijar mensaje y dar más ritmo a la historia. Muchos diálogos en off que salen de elementos lejanos para la cámara y mucha acción fuera de plano para afianzar el carácter de sutileza que en general te deja la película.

En los múltiples diálogos el director iraní evita siempre utilizar el contraplano, así, en muchas ocasiones ni siquiera vemos la cara al interlocutor, y en otras simplemente vemos a los personajes a lo lejos mientras se produce la conversación, siempre simple y llana, muy realista, en ese estilo cercano al documental que siempre utiliza Kiarostami.

Pero aunque todo esto esté muy bien, y se pueda valorar como un buen ejercicio de cine, al director iraní le falta la otra pata para completar la película, la del espectador. La película es tan personal y poética, que en general resulta muy críptica, poco accesible y esto aburre, más cuando el ritmo no se caracteriza por su agilidad. Muchas de las metáforas visuales no se entienden en una primera visualización y desde luego no está hecha para todos los públicos. Del mismo modo, hay más poesía que historia en la  película, apenas existe acción o giros de guión que inciten a mantener la atención de hecho el objeto de la película no se desvela hacia la mitad del filme dejando esos minutos con una intriga un tanto fallida y sólo vemos el discurrir de un pueblo peculiar con las simples vidas de sus habitantes.

Sin historia ni trascendencia, la mejor baza de la película en muchos aspectos es su sentido estético, los paisajes rocosos del pueblo, las colinas salpicadas de árboles aislados. Esa localización laberíntica, árida, desolada en algunos aspectos y rezumante de vida en otros, es uno de los grandes aciertos, así como el toque especial que consigue en algunas escenas, como la del encuentro del protagonista con una joven en la bodega de una casa para que ordeñe una vaca y obtener leche, donde la oscuridad sólo permite que a la muchacha sólo se le vean las manos mientras entabla una de las conversaciones más interesantes del filme.

Pero donde no hay historia, simplemente no hay guión suficiente y eso, pese a muchos otros aspectos loables, lastra en demasía la película.

 Vea el Trailer de El viento nos llevará

Nota: 5

La manzana

Título: La manzana

Dirección: Samira Makhmalbaf

Interpretación: Massumeh Naderi, Zahra Naderi, Ghorbanali Naderi, Azizeh Muhamadi.

Irán. 1998

 

 

-“Que hayas estado 11 años encerrada no te da derecho a no pagar el helado”.

-“Una muchacha es como una flor, si se la expone al sol, se marchita”.

Y los gusanos sociales

Una película documental rodada al estilo de la ficción. Es la interesante propuesta que nos trae el cine iraní en una película, que por filmar directamente unos hechos acaecidos de verdad con los personajes reales, consigue una crudeza y un sentido crítico espeluznante. La joven directora decidió, en su ópera prima, acompañar a una trabajadora de los servicios sociales iraníes en un mediático caso de dos gemelas que no habían salido de casa en 11 años al ser su madre ciega y su padre un fundamentalista religioso que se niega a dejar a sus hijas jugar en la calle, sin la atención debida de una madre. Esto hace que ambas niñas hayan adquirido discapacidades comunicativas, y ciertas discapacidades motriles por su cautiverio.

Como siempre en las películas que nos llegan de este país, el guión es sencillísimo y el tono austero y sobrio, apoyando su fuerza en pequeñas metáforas que dan a la historia más énfasis. La falta de cualquier artificio y la utilización de no-actores es lo que labra la credibilidad de la obra, la que ofrece más vínculos al espectador para comulgar con la historia que nos regala Makhmalbaf que rodó esta película con tan solo 17 años.

Lo que consigue esta brutal metáfora es poner el acento sobre la situación de las mujeres en Irán, señalar con el dedo los ambiente retrógrados que aún perviven en la sociedad, fijar la descomunal brecha entre clases sociales, y emocionar a través de la mirada límpida de estas dos chiquillas, reclusas en su propia casa, con su corretear torpe cuando consiguen la libertad, con sus primeras palabras con otros niños, la ilusión de darse un capricho tras tanto años sin saber si quiera como funciona el mundo.

Como decía las pequeñas metáforas son las que ponen más énfasis a tan sencilla historia, y en este ámbito nos encontramos los espejos que sujetan las pequeñas y el agua corriendo por ellos para desvirtuar la imagen, la manzana atada un palo y que es imposible de alcanzar para las niñas, el helado que sirve de comida para una cabra, serrar los barrotes de una puerta… todo un despliegue poner el dedo en la yaga, la parte que corresponde a la ficción en esta película y que la convierte en una gran maravilla.

Lo peor es que el ritmo languidece por momentos, quizás de una manera más evidente que otros filmes de esta nacionalidad, por la escasa soltura de los ‘actores’ para soltar los diálogos, más realismo sí, pero también paciencia, en ocasiones al menos.

Nota: 7

El globo blanco

Título: El globo blanco

Director: Jafar Panahi

Interpretación: Aida Mohammadkhanj, Mohsen Kalifi, Fereshteh Sadr Orfanj, Anna Borkowska, Mahammad Shahani.

Irán 1995

 

 

 

 

 

-“No se te ocurra llorar en vísperas de año nuevo, tendrás un año de llantos”

-“Estos peces están muy flacos, los que yo vi eran más gordos y tenían más aletas”.

 

El pez globo.

 

Tan sencilla como cautivadora, esta propuesta del siempre emocionante cine iraní nos sorprende nuevamente con una pequeñísima historia, pero rebosante de vitalidad. Una vez más una niña pequeña de siete años es el gancho idóneo para hacer babear al espectador, una niña que como ocurre en otras películas elaboradas en este país lleva el peso de toda la acción y lo hace con tal gracia y naturalidad que conquista al espectador. La trama, una nimiedad, una pequeña niña se encapricha con un pez de colores (en Irán es tradicional celebrar el año nuevo con uno de estos peces de adorno) y cuando consigue convencer a su madre de que le de el dinero para comprarlo, lo pierde… nada más, y nada menos, porque de tan diminuta visión lo que nos regala Panahi (en una historia escrita por el gran Kiarostami) es toda una mezcolanza de detalles que le van dando más matices a la historia , que la van engordando y que le permiten diversos giros de guión en la búsqueda del billete de 5.000 tomans extraviado.

La película está rodada a tiempo real, lo cual permite limar las asperezas que le dan algunas secuencias demasiado lentas, además un metraje de sólo 80 minutos permite que no sea demasiado larga y que pueda ser vista sin desesperación.

Pero lo mejor de la película son los diversos personajes que van entrando y saliendo de escena en su afán o no por ayudar a la pequeña a recuperar su dinero para obtener su pez de colores, juntos dibujan una buena parte de la sociedad de aquél país, en su capital Teheran, la mayoría señalados como seres bondadosos y amables que quieren hacer el bien a esa pequeña, y que dejan un retrato costumbrista de oficios, quehaceres, preocupaciones y problemas de la ciudadanía iraní.

Con jovialidad y buenas dosis de ternura, la película consigue atraer y encandilar pese al gran número de planos fijos y largas secuencias basadas en conversaciones que a un tipo de público menos paciente detestará. Por que eso sí, la película requiere relajación y dejarse llevar por la cotidianidad y a partir de ahí se sumergirá en un mundo austero (pero no precario), dócil, simpático en el que la historia más simple puede llegar a ser muy interesante.

 

Nota: 6

Media luna (Niwemang)

Título: Media Luna (Niwemang)

Dirección: Bahman Ghobadi

Interpretación: Ismail Ghaffari, Allah Morad Rashtiani, Hedye Tehrani, Golshifteh Farahani, Hassan Poorshirazi

Irán. 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

-“Vivo o muerto, llévame al escenario”.

-“Aprisa, echad tierra sobre mí, mi hora ha llegado”.

-“Es donde las 1.334 voces femeninas fueron exiliadas”.

Los ecos del solfeo exiliado

Dentro de la terna de directores iraníes que pusieron en solfa este nuevo estilo cinematográfico, Ghobadi siempre ha ido un poco más allá que sus compatriotas, agregando no solo el dramatismo extremo de las condiciones de vida en esta área del mundo, sino sumando el humor y otros recursos cinematográficos en el que sus compañeros son menos prolíficos como la música con sentido narrativo o la introducción de escenas oníricas. En ‘Media luna’ el director Kurdo vuelve a sorprender con la historia de un afamado compositor Kurdo que inicia un viaje con sus hijos para ofrecer un concierto en el Kurdistan iraquí, volviendo del exilio, una vez que la dictadura de Sadan Hussein ha caído pero cuando aún permanece la guerra. Al estilo de una ‘Road Movie’ en autobús y por caminos agrietados, la película llega a superar incluso en el plano técnico en su afamada ‘Las tortugas también vuelan’ pero con un guión menos cimentado en el que el lirismo, el drama, lo onírico y las numerosas tramas secundarias no concluyentes enrevesan demasiado el hilo argumental.

Pese a esto, la película es bellísima, intrigante a ratos, crítica y conmovedora. Tiene un sentido musical que va más allá de la ambientación, que en algunas escenas alcanza una trascendencia tribal que logra intrigar al espectador, un efecto que se incrementa hasta agarrarse a un lirismo intenso con la ralentización de imágenes, o los planos oníricos o evanescentes. El uso del humo para ocultar caras o perfiles, los rayos de luz que encuentran una escapatoria a través de los huecos del techo, los contrapicados desde una fosa, la deslumbrante visión de un paisaje nevado… los recursos que utiliza Ghobadi para trasladar la poesía al celuloide son variopintos y efectivos.

La fotografía es simplemente superlativa, y para ello utiliza desde paisaje humanos corales, hasta los pueblos kurdos escalonados en la montaña con un efecto de vida en la desolación inmenso, a lo que hay que sumar los ya citados paisajes nevados de alta montaña, todos escenarios naturales Kurdos de una belleza increible y que Ghobadi sabe aprovechar al máximo.

Los actores, como siempre en este tipo de filmes, no son profesionales, en esta ocasión están correctos sin más, no te saquen del papel pero hay escenas en las que se podría haber logrado mayor intensidad de emoción.

En cuanto al guión, aunque se pierda por derroteros sinuosos, no deja de plasmar el tejido social con un aire crítico que deja entrever desde la opresión al pueblo kurdo, la banalidad de las fronteras, el exiguo papel de la mujer, la corrupción en la policía, o el papel de los medios de comunicación, una gran riqueza de temas pero que al fin y al cabo están mal definidos.

Nota: 8

La pizarra

Título: La pizarra

Dirección: Samira Makhmalbaf

Interpretación: Saeid Mohammadi, Bahman Ghobadi, Behnaz Jaffari, Mohammad Karim Rahmati.

Irán. 2000

 

 

 

 

 

 

-“Hacer las cuentas, eso es genial para un jefe, nosotros somos mulas, siempre en movimiento, ¿cómo esperas que leamos?, para leer un libro hay que estar sentado, nosotros nunca paramos de movernos”.

-“Mi corazón es como una estación de tren, siempre hay alguien que se sube o se baja, pero aquí hay alguien que nunca bajará, mi hijo”.

Tortugas docentes.

La fórmula sigue funcionando. Un guión sencillo pero intenso cargado de denuncia social y de alegorías, rodaje en exteriores con paisajes naturales sorprendentes que encajan perfectamente con la historia, actores no profesionales insuflando de realismo a la narración y pequeñas historias que salpican la película para conocer más profundamente la realidad social en la que se ven inmerso los personajes, un tanto planos en la medida en la que los diálogos repetitivos no dejan hurgar en los sentimientos de los personajes, porque lo que importa en La pizarra, al igual que en la mayoría de las películas iraníes, es el concepto social en el que se desenvuelve la trama, se trata de hurgar en las miserias de un país, de la guerra, de la religión, no en las de una sola persona.

Tiene la película como escenario las montañas del Kurdistán, terrenos áridos y  pedregosos, eriales como las vidas del pueblo que vaga subiendo y bajando por las laderas polvorientas y neblinosas, los únicos rasgos que pueden difuminar la dura realidad del hambre, el miedo, la enfermedad, el éxodo…

La pizarra que los maestros cargan a sus espaldas como tortugas, tratando de buscar alumnos desesperadamente, es el elemento visual fundamental del filme, y el que representa las alegorías en un pueblo que carece de educación básica y que tiene cosas más importantes que solucionar antes que aprender a leer y escribir, asegurar su propia supervivencia, por ello, la pizarra se utiliza para casi excepto para escribir y a lo largo de la película tiene utilidades como la de camilla de emergencia, de puerta, tablas para entablillar y hasta de escudo anti-balas, la necesidad es mucho más poderosa que la progresión de un pueblo que debe pensar en el presente mucho antes que en su futuro.

Las actuaciones de no-profesionales, que en otras películas iraníes han funcionado bastante bien, especialmente con los niños, en ‘La pizarra’ no terminan de cuajar y algunos diálogos parecen recitados, muy poco creíbles. 

La película pone de manifiesto el escaso valor de la educación en algunas sociedades y de la necesidad de realizar malabares para poder sobrevivir en algunas circunstancias. Es muy buena también la utilización de la guerra, omnipresente en toda la película, sin que se vea una sola bala o rifle, solo el temor que genera en los personajes, por otro lado acostumbrados a vivir en tales circunstancias. El sentimiento de dificultad y sufrimiento es intenso y palpable, tratando el tema de forma astuta y sensiblemente crítica al mismo tiempo. Esta valiente apuesta mereció el premio especial del jurado en el festival de Cannes del año 2000.

Nota: 7

¿Dónde está la casa de mi amigo?

Título: ¿Dónde está la casa de mi amigo?

Dirección: Abbas Kiarostami

Interpretación: Babek Ahmad Poor, Ahmed Ahmed Poor, Kheba Barech Defai.

Irán. 1987

 

 

 

 

 

 

 

-“Debemos educarnos de un modo en el que solo nos digan las cosas una vez”.

-“Ha oído que las puertas de hierro duran toda la vida, pero yo no se cuanto dura una vida”.

 

Irán, puertas cerradas

 

Con dos duros y muy buenas intenciones, Kiorastami nos regala esta sencillísima película cuya sinopsis ya la refleja el título, el ‘miniviaje’ que emprende un niño para buscar la casa de su amigo y devolverle un cuaderno que se ha llevado por error. Con esta historia tan simplista y sin ningún tipo de alarde ni giros argumentales que nos desvíen a otras tramas temáticas, Kiarostami ejerce de arquitecto fílmico para construir una narración firme, hecha apenas de adobe y paja, como el laberíntico enjambre de casas cerradas que nos va mostrando a lo largo de esta película. Con tan débiles mimbres el director iraní nos ofrece una parábola de la vida en Irán que no está escondida, si no que es directa y fácil de digerir. Nos habla sobre todo en la película del salto generacional en un Irán rancio y soslayado, de la inocente pelea de un niño por imponer el valor de la solidaridad ante sus mayores que muestran siempre una actitud distante, y que no escucha a esa nueva generación mientras mantienen ridículos diálogos de besugos y que proliferan en su ignorancia de una forma exasperante. Su lucha pueril es sobre todo, contra la incomunicación de un pueblo, contra el temor a escuchar otras ideas por sencillas y lógicas que sean y ante esto, lo que se encuentra el joven protagonista, son puertas cerradas.

De una factura tosca, sin más ornamento que las callejuelas estrechas, serpenteantes y escalonadas de la ciudad en la que se rueda, la película presenta graves déficits en cuanto a localizaciones, reparto general (prácticamente solo hay un personaje en la película y todos los demás son meros extras) y escenografía, supongo que lastrada por un escaso presupuesta que limita en mucho las condiciones para rodar.

Tampoco sabe manejar Kiarostami los tiempos ni el ritmo, prácticamente monocorde a lo largo de la película, donde lo único ‘in crescendo’ es la desesperación del protagonista, tal vez para realzar aún más la naturalidad y el realismo de la película pero que en esencia sobra, porque solo el planteamiento fílmico que nos presenta ya adquiere con creces la sombra de realidad al filme.

Aún así, pasando por alto el plano técnico lo importante de la película son sus valores y la sutil subversión que nos presenta en forma de pequeña fabula infantil capaz de radiografiar la realidad de su país sin ningún artificio visual.

 

Nota: 6

Las tortugas también vuelan

Título: Las tortugas también vuelan

Dirección: Bahman Ghobadi

Interpretación: Avaz Latif, Soran Ebrahim, Hirsh Feysall

Irán. 2004

 

 

 

 

-“Si no abandonamos a este niño ahora, sé que no lo haremos”.

-“Ya saben matemáticas y ciencias, ahora tienen que aprender a disparar y a ponerse las máscaras”.

 

K.O. moral

 

Bofetada en la conciencia, dentellada en el corazón, cine para petrificar los cuerpos y exasperar las almas de aquellos que lo ven. La historia de un grupo de niños que recoge minas en los albores de la segunda guerra del golfo, tiene el poder de emocionar, enternecer, sacudir el espíritu, formar conciencias…mete el puño en la yaga de una manera violenta y sangrante, en un desfile de cuerpos despedazados de casas-tanque donde las mujeres ponen la ropa sobre los cañones, donde el dinero crece al albur de las víctimas, donde las niñas son violadas y el suicidio una idea recurrente. En este panorama se desarrolla una película estremecedora, de un guión brutal maquiavélicamente confeccionado y que a cada amputación de la conciencia te pone un tirita en forma de la ternura de los niños que la desarrollan, unos niños que actúan con una naturalidad soberbia e intrigante capaces de transmitir el horror sin tapujos, de forma explícita. Los escenarios naturales llenos de chatarras también le dan una naturalidad increíble y afianzan su realismo, yla historia nunca aburre, porque entre la desgracia, también hay pequeños momentos para la risa, la ternura, la emoción, la crítica al tradicionalismo musulmán, los estilos de vida…Nunca decae y para colmo deja abierta algunas tramas con las que poder reflexionar, es desgracia en vena y en sobredosis quizás.

 Nota: 9

Kandahar

Titulo: Kandahar

Director: Mohse Makhmalbaf

Interpretes: Niloufar Pazira, Hassan Tantai, Sadou Teimouri

Irán. 2001                       

 

 

 

-“Si los muros son altos, más alto es el cielo, algún día la gente del mundo se dará cuenta de vuestra difícil situación, si no lo hacen, os ayudareis vosotros mismos”.

-“¿puede el amor pasar a través de un Burka?”

El enrejado afgano

-Una película que comienza enseñando como unas piernas ortopédicas caen en paracaídas desde el cielo da ya mucha muestra de cómo se puede enseñar una realidad cruenta con un lirismo exacerbado. La crítica solapada tras una historia, didáctica pero sin herir directamente la sensibilidad del espectador, al más puro estilo con el que el cine iraní nos deslumbra durante los últimos años, es lo que muestra esta película. El retrato de la sociedad afgana desde el punto de vista de un mujer que llegó desde su refugio para salvar a su hermana. La brutalidad de la realidad que vive este pueblo se dosifica de manera magistral durante la película y nos muestra historia de bondad entre la guerra que se vive allá. Sencillez, color, ritmo… son algunos de estos elementos de esta ‘road movie’ a pie donde los elementos que se encuentran en el camino son los que conforman el guión, siempre entretenido pese a la escasez de recursos. Otro acierto del cine iraní.

Nota: 6

El sabor de las cerezas

Título: El sabor de las cerezas

Dirección: Abbas Kiarostami.

Interpretación: Homayon Irshadi, Abdolrahman Baqueri, Safar Ali Moradi.

Irán. 1997

 

 

 

 

 

 

 -“A las seis de la mañana ven aquí y llámame dos veces, si contesto coge mi mano y ayúdame a salir de ahí, hay 200.000 tomans en el coche, cógelos y vete, si no te contesto echa 20 paladas de tierra sobre mi”.

 -“Yo dejé mi casa para matarme, pero una cereza me cambió, una ordinaria cereza, simple y sin importancia”.

 

Suicidio técnico.

 

De corte minimalista y sencilla, Kiarostami reduce en esta película el cine a su expresión narrativa más primigenia, desnudándola de cualquier artificiosidad. Ante esta concepción tan purista del cine, lo que nos queda es un poema acerca de la condición humana con el suicidio como telón de fondo, una introspección a la tragedia tratada con gran naturalidad y a través de los diferentes personajes que el protagonista se va encontrando por su camino, con diferentes puntos de vista. Lo que nos propone Kiarostami es una obra de gran envergadura moral y de diálogos reflexivos pero no complejos con palabras llanas que salen de las bocas de sus humildes personajes pero que tratan de llegar al corazón. Otro de los aciertos argumentales radica en que jamás se desvelen las motivaciones que tiene el aspirante a suicida en la película, basta fijarse en su mirada caída, en sus andares pesados en la deshumanización del personaje, para ver que tendrá motivos suficientes y en que no le gusta el mundo en el que vive, y así actua de una forma cerebral y lógica no a la desesperada.

La película es equilibrada e inteligente, arraigada en la austeridad y en paisajes casi desérticos, y es aquí donde entramos en algunos problemas que presenta el filme a la hora de llegar al espectador. En primer lugar, en torno a tres cuartas partes del filme se desarrollan dentro de un coche en movimiento, lo que deja muy poca variedad de planos que se repiten hasta la extenuación una y otra vez y lo que deja desde el punto de vista técnico mucho que desear, también se repiten una y otra vez los paisajes desolados y polvorientos, que el coche recorre en varias ocasiones, (adiós a la escenografía y la fotografía) y la casi eliminación de la música, también lo deja en un filme demasiado vacío de sensibilidad. El filme es totalmente aséptico en lo formal pero prolijo en su contenido. El final es más que llamativo e incluye un epílogo muy original y con un amplio sentido narrativo.

Nota: 6

 

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