Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Chungking Express

Título: Chungking Express

重慶森林

Dirección: Wong Kar-wai

Interpretación: Brigitte Lin, Chin Hsia, Takeshi Kaneshiro, Tony Leung, Faye Wong

 Hong Kong 1994

 

 

-“Todos los días nos encontramos con muchas personas, puede que no nos conozcamos, pero tal vez algún día lleguemos a ser amigos”.

-“En los momentos más cálidos de nuestra intimidad estamos solamente a 0,01 centímetros de distancia el uno del otro… 57 horas más tarde, me enamoré de esa mujer”.

-“Cada vez que me encuentro deprimido hago footing, el footing ayuda a que el agua del cuerpo se evapore, así no queda líquido suficiente para que se formen lágrimas..¿Cómo voy a llorar yo? Soy un tipo duro”.

-“El 1 de mayo de 1994 una mujer me deseó un feliz cumpleaños, a causa de esas palabras la recordaré toda mi vida. Si la memoria pudiera enlatarse haría que nunca caducara, pero si hubiera que ponerle una fecha de caducidad trataría de que fuese dentro de 10.000 años”.

California dreaming

Wong Kar-wai es un director insuperable… el único que sabe aunar el preciosismo y el pulido técnico del cine asiático, con la energía y el ritmo de Hollywood, el único capaz de convertir un género tan denostado como la comedia romántica, en un auténtico torrente de sensaciones sin caer en los vicios del género como el exceso de azúcar, el único capaz de convertir en aciertos las más que evidentes improvisaciones que se ven a lo largo de todo el filme. En fin que es un genio, aunque esta no sea su mejor película y aunque siempre lo recuerde por su increíble Deseando amar o por su continuación futurista 2046

En Chungking Express, la película con la que el director hongkonés se dio a conocer al mundo occidental, nos encontramos con dos historias diferenciadas que no se entremezclan (primero se desarrolla una y luego la otra como si fueran dos películas diferentes) y cuyo único nexo en común es el lugar en el que los dos protagonistas masculinos (ambos policías pero que no se conocen entre sí) van a comer ocasionalmente. Sin embargo, la textura que emanan ambas historias, la extraña sensibilidad de los dos personajes masculinos y la impregnación nostálgica con la que dota el director a ambas narraciones hacen que parezca una sola, dos caras de una misma moneda, las de la esperanza de un nuevo amor no exento de dificultades.

Pero lo que quizá arrastra al espectador es la sencillez y naturalidad con la que narra ambas historias (especialmente la segunda) y con las que consigue encandilar e incluso ilusionar al público, gracias a la originalidad de lo que acontece en la pantalla, algo extraña, pero muy estimulante.

En el plano técnico también hay que echar mano de los elogios. Ya desde el comienzo el director nos deja una serie de planos con muchedumbre que se difumina por las calles de Hong Kong, una serie de persecuciones callejeras para culminar en un plano de unas chimeneas que da pie con una voz en off a la primera reflexión en alto de uno de los personajes.  El colorido, la búsqueda de localizaciones pintorescas, el uso de multitud de planos para una única escena, los atrevidos movimientos de cámara, la doble exposición (el personaje principal se mueve a cámara lenta mientras todo a su alrededor a cámara rápida simbolizando la soledad del individuo en la superpoblada ciudad)… todo ayuda a destacar las enormes virtudes técnicas de este director que posteriormente perfeccionará en películas como My blueberry nights

La música es otro aspecto fundamental de esta película (lo es en casi todas las películas de Wong Kar-wai que parece tener un tacto especial a la hora de elegir acompañamiento musical) y en este caso mezcla desde clásicos como el California Dreaming de ‘The mamas and de Papas’ (una canción que incluso será fundamental para la trama de la segunda de las historias), algo de Jazz ligero y hasta una versión de Dreams de The Cranberries efectuada por la artista china Faye Wong  que también tiene un papel protagonista en la cinta como actriz y que verdaderamente es el alma de la segunda historia de amor en su papel de lunática y despreocupada en una especie de Amelie asiática muy atrayente.

Sí que se le achaca a la película cierto aire de improvisación, de algunos planos de relleno, pero a los que el director consigue dar cierto aire poético, de tener que recurrir en demasía a la voz en off para tener que explicar la situaciones, tal vez porque el guión no estaba demasiado bien cerrado, pero que el directo aprovecha para introducir reflexiones y frases de ensueño que dan una atmósfera aún más poética a la película.

Son cosas que resuelve bien el director a pesar de que pone en evidencia que la película se rodó en apenas un mes y que sabe aprovechar a su favor. No queda también quizás el giró de guión en la primera de las historias, en la que la historia de amor vira hacia trama de cine negro y narcotráfico un tanto extraña… igualmente el tiempo para la presentación de los personajes es bastante exiguo y se hecha de menos tener algún detalle más acerca de los mismos.

Vea el trailer de Chungking Express

Nota: 7

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2046

Título: 2046

Dirección: Wong Kar Wai

Interpretación: Tony Leung, Zhang Zhiyi, Gong Li, Faye Wong, Maggie Cheung.

Hong-Kong 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

-“Todos los recuerdos son surcos de lágrimas”.

-“Lo único que significaba 2046 para mi, es el número de una habitación de hotel”.

-“El amor es una cuestión de oportunidad, no sirve de nada conocer a la persona idónea demasiado pronto o demasiado tarde”.

 

La Casablanca del siglo XXI

 

La segunda parte de ‘In the mood for love’ (Deseando amar) a la postre una de mis películas favoritas de todos los tiempos, tiene la misma elegancia técnica que su predecesora, los planos coloristas, las escenas que se desarrollan fuera de plano, la misma temática con el desamor, la lluvia golpeando las farolas oxidadas, el eterno humo de un cigarro subiendo por encima de la desesperanza de sus personajes, el magnífico manejo del tiempo a la hora de ralentizar o acelerar los movimientos de los personajes, un portentoso y sugerente vestuario femenino, un trabajo actoral encomiable y el mismo buen gusto a la hora de elegir una metódica banda sonora que vuelve a incluir boleros y ópera y que es una de las claves para que las películas de Kar Wai funcionen a un nivel sentimental… ¿Qué es lo que hace entonces que esta obra esté un par de escalones por debajo de aquella memorable Deseando amar?

Por un lado, en la primera parte de la película (en realidad el autor nos intenta hacer ver que se trata de una sola película partida en dos, aunque en mi opinión las diferencias son notables)  la historia es más certera, tenemos solo una mujer amada (en realidad dos aunque conceptualmente sean la misma) y un hombre amado, la historia de entre ambos es de lo más estremecedor que haya visto jamás en una pantalla por el clima de intimidad que logra dibujar el director y por la evanescencia que surge de los rincones y decorados por los que transcurre su historia de no-amor. Aquí sin embargo, el mismo hombre trabaja su soledad (sexualmente activa) a varios niveles, con varias mujeres, en el presente, pasado y futuro, en su imaginación y en ‘su’ realidad, esto hace que pese a que la película gane en ritmo (algo que pese a ser consciente de la lentitud no eché para nada de menos en la primera parte) pierda mucho de ese clima casi vacuo, ese amor de vaho que circulaba como el aire entre los dos personajes, la historia aquí es mucho más caótica, zigzaguea y no concreta e incluse confunde con sus vaivenes de personajes que entran y salen del relato que van del presente al pasado, del yo del personaje a su alter ego en la novela que escribe…

Del mismo modo, si en ‘Deseando amar’ a los personajes les quedaba siempre un halo de esperanza, en esta ocasión el director opta por cercenar cualquier posibilidad y los amores son más imposibles que nunca y ese turbador cerrojazo no le conviene a la película que se cierra puertas a sí misma.

Algunos críticos han tachado a esta película como la Casablanca del siglo XXI, bien es cierto que estéticamente es arrolladora, que es poderosamente romántica, que consigue fluir con un lirismo asombroso, pero el guión está mal engarzado y el montaje es deficiente, por ello ‘Deseando amar’ siempre quedará enfrascada en mi memoria mientras que 2046 terminará sucumbiendo ante el paso del tiempo.

 

Nota: 7

 

 

 

My blueberry nights

Título: My Blueberry Nights

Dirección: Wong Kar-Wai

Interpretación: Norah Jones, Jude Law, Natalie Portman, Rachel Weisz, David Strathairn.

Hong-Kong. 2007

 

 

 

 

 

-“A veces utilizamos a otras personas como un espejo, para que nos definan y nos digan como somos, y cada reflejo hace que me guste un poco más”.

-“Vine aquí la noche que me fui, pero no pasé de la puerta, sabía que si entraba seguiría siendo la vieja Elisabeth, y ya no quería ser esa persona”.

 

Labios comen arándanos.

 

Adoro a Wong Kar Wai, incluso en esta aventura con actores norteamericanos y al estilo de una road movie que poco tiene que ver en cuanto a escenarios con su trabajo anterior, pero sigue teniendo esa extraña visión del amor sosegada, magnética, de eterna espera con la que encandila. Es my Blueberry nights, nuevamente una película con sello de director valiente, con planos abruptos en cualquier director que el suaviza en sus escenas, con una utilización magistral de los colores, las luces reflejadas en los cristales, las caras matizadas por los reflejos, los labios de Nora Jones empapados de tarta de arándanos… preciosa, una vez más en el plano estético y esta vez no tiene que utilizar pagodas chinas o cascadas para lograrlo, le sobra un típico bar neoyorquino y la magnificencia que encierra Nueva York como ciudad. En esta ocasión, sin embargo, el guión flojea y mucho, la historia es muy sencilla (el hecho de que sólo dure 90 minutos ayuda a digerir mejor la película) y además tiene algunas escenas que no acaban de ser verosímiles, la irrupción en el tramo final de la película de Natalie Portman como jugadora de Poker es especialmente desapacible y no muy creíble. En cuanto a las actuaciones, fantástica en su dulzura Norah Jones, algo más flojo el resto del reparto. Ayudan a la película sin embargo, además de la destreza de este director para fotografiar una ciudad y el corolario técnico que utiliza para ello (fantásticos recursos como el beso final o la utilización de la cámara subjetiva del bar) unos diálogos muy agudos y certeros que te ayudan a sobrellevar más la historia, y la utilización de metáforas (llaves y puertas que simbolizan un nuevo paso en la vida, el coche para escapar y volver al mismo tiempo) que dan mucho juego tanto en lo visual como en lo guionístico, también fantástica la banda sonora, otro de los recursos que Wong Kar Wai sabe utilizar como casi nadie, poniendo el sonido idóneo a cada escena. Pero pese a todo, pese a la grandeza de este director para captar el desamor, es una película tan calmada que no llega a emocionar demasiado, y aunque despierta muchos sentimientos, lo hace de una forma tímida, apenas se desperezan. Aún así una gran película.

 Nota: 7

Deseando amar (In the mood for love)

Título: Deseando Amar (In the mood for love)

Dirección: Wong Kar Way

Interpretación: Tony Leung, Maggie Cheung

Hong-Kong 2000

 

 

 

 

-“Cuando uno tiene un secreto que no quiere contar a nadie, tiene que subir a una montaña, buscar un árbol, hacerle un agujero y susurrarlo y luego taparlo con barro”.

-“Necesito un cambio de aires, creí que no éramos como ellos, pero mi mujer nunca dejará a tu marido”.

 

Amor al ralentí.

 

Es una de esas películas que se te clavan para siempre y que no puedes dejar de volver a ellas, nunca te cansas de verla. In the mood for love sumerge al espectador en decadentes paisajes urbanos, en vestidos de gala, en sus ritmos de bolero, en pasos a cámara lenta, en los humos de cigarros que dibujan la reflexión… No se muy bien en qué consiste la magia de Deseando amar, pero es mágica y envolvente y te crea un desasosiego en el alma. Creo que el secreto está en el despliegue técnico que consigue, contraluces soberbios, paisajes urbanos que tejen la historia, los pequeños detalles de muebles, corbatas, zapatos, en plano detalle, que van revelando la no tan secreta historia de amor de la película, ese amor exasperado y sin consumar que desconcierta, que insufla los pulmones de suspiros, esos microtrávellings de la cortina a la cara del personaje, los constantes fundidos a negro, los planos maquillados de una cadera junto al teléfono, una bocanada de humo surcando el cielo…, o tal vez por la utilización de esos colores en amarillo y rojo que te asaltan la vista en una película generalizada con tonos grises, o la fabulosa  música de Michael Galasso, junto a la utilización de los boleros como arma de desaliento amoroso, o la tensión que se crea en algunos diálogos trampa, cuando el espectador cree que se está hablando de una cosa y en realidad es otra, o por que las caricias son tan furtivas y deseadas que cuando se producen restallan en el celuloide, o porque el amor se cuece lentamente, incluso utilizando la cámara lenta para hipnotizar con la mirada furtiva, el gesto impreciso, la media sonrisa evanescente, para revelar al fin y al cabo eso que sólo captaríamos de modo inconsciente a 24 fotogramas por segundo. O porqué es una historia de amor shakesperiana, donde el amor está por encima del sacrificio de ambos, donde no hay sexo, ni siquiera besos donde todo es la seducción parsimoniosa que te arrastra, porque el seducido al final es el espectador que no puede escapar de la telaraña entretejida por un director que ha dejado para siempre una obra maestra a su cargo.  Es ante todo una película elaborada con una precisión milimétrica y una sensibilidad a flor de piel que te lleva hasta la emoción, contenida, como el amor de sus personajes, porque todo aparece como susurrado hasta el erotismo innato de la magistral interpretación de Maggie Cheung, es bella y turbadora porque lo dice todo sin llegar a decir nada, porque parecemos conocer con una profundidad abisal los secretos de dos corazones en realidad ignotos. Es ante todo que Wong Kar Wai parte desde fuera de cualquier convencionalismo y realiza esta filme como si fuera la primera historia de amor rodada, como si nada estuviera inventado antes, y él lo reinventa. Es una maravilla, arte en estado puro.

Nota: 10

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