Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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La chica de la fábrica de cerillas

Título: La chica de la fábrica de cerillas

Dirección: Aki Kaurismäki

Interpretación: Kati Outinen, Elina Salo, Esko Nikkari.

Finlandia 1990

 

 

 

 

 

 

 

 

-“Si te crees que hay algo entre nosotros, estás muy equivocada, nada me emociona menos que tu afecto, ahora lárgate”.

 

 

Minimalismo despreciativo.

Minuto 22 de la película, hasta el momento las únicas palabras surgidas de la garganta de la actriz protagonista son: “Una caña”. Minuto 44 el número de diálogos aumenta ligeramente, pero no su intensidad, apenas hay relevancia en las frases. Minuto 66, los títulos de crédito anuncian el final de la película (Y menos mal porque de lo contrario no sería soportable). Pese a todo, la cinta con la que Aki Kaurismäki culmina su trilogía del proletariado cuenta una historia, un dramón enérgico enmarcado en los parias de la sociedad finesa y en los males de una chica incomunicada y maltratada por la vida, repudiada por su madre, con un trabajo aburrido y una vida, en general, sin alicientes, enfrascada en una dolorosa soledad. Si bien Kaurimäki es conocido por su austeridad a la hora de trabajar, por reducir a la mínima expresión el concepto de cine, en esta ocasión, en mi opinión, el director fines se pasa de rosca, tanto que lo que hace, casi no es cine y su narratividad es más novelada ya que la película deja tras sí un enorme número de socavones que el espectador tiene que rellenar en su imaginación.

Muchos críticos alaban esta obra precisamente por eso, por ser capaz de comunicar una historia sin apenas elementos, solo con miradas, gestos, imágenes mecánicas, y alguna música de fondo con letras alusivas a los sentimientos de los personajes, pero en mi opinión, esa supuesta comunicación entre director y espectador, está llena de ruidos y llega por canales estrechos, tanto que el espectador tiene que poner demasiado de su parte para construir la historia. Y es que esta forma minimalista de construir una historia, sin diálogos, sin apenas escenografía, sin apenas personajes secundarios ni tramas subalternas, la frialdad con la que se construye la historia no es del todo inspiradora, deja la esencia, la pureza del cine, de acuerdo, pero un diamante sin pulir no vale nada y aquí, por ejemplo, no hay elementos para entender porque la sociedad se ceba con esa pobre chica y porque todo el mundo la desprecia, en mi opinión está muy exagerado, al igual que su reacción de venganza calculada y extrema, también exagerada y que tal vez con más diálogo o algo más de emotividad en la caracterización del personaje, se podría haber llegado a entender pero yo no hayo razones para implicarme en la historia, y eso es un déficit.

Es de alabar, eso sí, la idea general de la trama con un final que verdaderamente te marca y llama poderosamente la atención, también algunos pequeños puntos de humor negro, muy difuminados a lo largo del filme, pero que realmente sirven de inflexión en la angustiosa historia, y por último lo ya citado de las formas austeras de este director, pero en mi caso, más porque despiertan mi curiosidad como cinéfilo que como halago técnico. Pese a lo insidioso de sus continuos silencios, su escasa duración hace que uno no se desespere y sea digerible.

 

Nota: 4

Un hombre sin pasado

Título: Un hombre sin pasado

Dirección: Aki Kaurismaki

Interpretacción: Makku Peltola, Kati Outinen, Juhani Niemela

Finlandia. 2002

 

 

 

-“Puedo hablar, pero no he tenido nada que decir hasta ahora”.

-“Nunca te rindas aunque hayas perdido la memoria, la vida sigue, no mires atrás, te meterías en problemas si lo hicieras”.

 

 Mejor volver a empezar

Un cine distinto y sin complejo llegado de Finlandia, con una apuesta de adaptación de la narrativa propia del cine mudo hasta la estética de nuestros días. Buena fotografía, diálogos audaces, una historia un tanto surrealista que no deja indiferente y que sirve además como denuncia a la sociedad capitalista. Esta historia de superviviencia de un hombre que pierde la memoria, y que vive situaciones sorprendentes, pero no abusivas para el guión, es realmente excéntrica, vivaz. Los toques de humor rayando en el absurdo son también elogiables. La construcción de personajes estrafalarios en esa oda a la estética clásica del cine (la textura del filme aun rodada con técnicas actuales recuerda tanto a la de antaño) con una utilización de la luz y los colores exquisita. La exploración al mundo del paro y la exclusión social lleva a Kaurismaki a hacer una introspección muy profunda en los personajes, todos desesperados por fuera, pero con profundas convicciones por dentro, dan que pensar que son más personas que los de clase media o alta. La banda sonora que mezcla clásicos con rock de los 50 también tiene un punto que hace ganar puntos a la película. La película es aparentemente sencilla, pero realmente tiene segundas lecturas muy complejas, a las que, quizás, y este pueda ser tal vez su mayor problema, cuesta mucho acercarse, pero incluso en su nivel más básico, resulta una película que hay que descubrir.

 Nota: 7

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