Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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La leyenda Bagger Vance

Título: La leyenda de Bagger Vance

Dirección: Robert Redford

Interpretación: Will Smith, Matt Damon, Chalize Theron, Bruce McGill, Joel Gretsch.

USA. 2000

 

 

 

-“Sólo hay un golpe que está en perfecta armonía con el campo, un golpe que es su auténtico golpe, y ese golpe lo va a elegir a él, hay un golpe perfecto que nos elige a cada uno de nosotros y lo único que tenemos que hacer es despejarle el camino, dejar que él nos elija”.

 

-“Dentro de todos y cada uno de nosotros hay un verdadero y auténtico swing, algo con lo que nacemos, algo que es nuestro y solo nuestro, algo que no se puede enseñar ni aprender, debemos mantenerlo vivo. Con el paso del tiempo el mundo puede robarnos ese Swing y queda enterrado en nuestro interior bajo nuestros habría, podría, debería… y hay quien llega a olvidar cual era su swing”.

 

En el ‘green’

 

No ha ganado grandes premios, ni ha conseguido atraer a una legión de fans y convertirse en una película de culto, y sin embargo, quién ve ‘La leyenda de Bagger Vance’ termina encantado e incluso extasiado por la sensibilidad y la fuerza emotiva de los diálogos de esta película. Para hacerlo posible hace falta un enorme trabajo de dirección y aquí, Redford, en ese aspecto se sale, y tiene un control total sobre la película sacándole el máximo partido a cada una de las escenas.

Son varios los secretos que hacen de esta  película una cinta entrañable. Por un lado, el tema elegido, el golf, no es un ambiente muy recurrente en el cine, y menos para mostrar valores de deportividad, emoción y épica, para los que se suelen elegir deportes más activos. El extraer estas emociones a lo largo de 18 hoyos, solo es posible (ya lo dijimos antes) gracias a una gran dirección. Y es que Redford sabe medir los tiempos con una precisión milimétrica e insuflar, a través de los diálogos y los movimientos de cámara una emoción al guión que por si solo no conseguiría.

Clave es también la ambientación años 30, el buen trabajo en aspectos como la fotografía, el vestuario el maquillaje y los juegos de cámara en el campo de golf, ofreciendo una profundidad para dilatar la emoción deportiva y haciendo de cada bunker y hondonada un verdadero desafío.

Nada desdeñable es tampoco la banda sonora de la película compuesta con gran sensibilidad por Rachel Portman  con melodías tan bellas como integradas en la historia. Y tampoco es vacuo el personaje que se saca de la manga este guión y que da nombre a la película. El extraño personaje Bagger Vance, muy bien interpretado por Will Smith. Esta mezcla entre ángel de la guarda y caddie, sabe guardar su esencia enigmática durante toda la película, con un perfil tan impertinente como solidario que termina por conquistar al espectador y por mantener una solidez y una originalidad que llama poderosamente la atención.

Pero no podemos pasar por alto, que la película también tiene algunos déficits que le hacen bajar su nota media y casi todo se centra en las tramas secundarias. Lo que interesa aquí es el duelo, la competición y la deportividad, el juego del golf, “el mejor juego del mundo” según se hace constar en la película. Pero al margen Redford intenta dibujar otras tramas secundarias que son claramente fallidas. Por un lado hay una historia de amor muy deslavazada y discontinua, que termina por perder el interés, por mucha belleza que atesore una Charlize Theron a la que dan ganas de comérsela en determinadas escenas, por otro también se deja entrever una historia de los derrotados por la crisis económica que dejó el crack del 29 y las ansias de superación de algunos de sus protagonistas para intentar salir adelante. Este matiz también queda muy escondido, con escenas que casi no vienen a cuento en mitad del maremagno deportivo, que están fuera de lugar, como metidas con calzador para intentar justificar la esencia social de los hombres que van a ver el juego.

Tampoco podemos decir que Matt Damon hace la interpretación de su vida, aunque para ser honestos tampoco es desastrosa.

En general la leyenda de Bagger Vance, deja muy buen sabor de boca y da la oportunidad de descubrir un nuevo género, otra mirada diferentes sobre el deporte, la caballerosidad y la épica. Bella e interesante.

 

Nota: 7

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Como Dios

Título: Como Dios

Dirección: Tom Shadyac

Interpretación: Jim Carrey, Morgan Freeman, Jennifer Aniston

USA. 2003

 

 

 

-“Dios no se puede ir de vacaciones… ¿Te suena de algo la alta edad media?”

-“Últimamente has estado quejándote mucho de mi, si crees que puedes hacerlo mejor, es tu oportunidad”

 Blasfemia divertida

 Comedia familiar efectiva y efectista, que basa su historia en el increíble y poco convincente relato de un periodista local, Bruce Nolan (Jim Carrey), que tiene la oportunidad de convertirse en Dios todopoderoso tras sufrir el peor día de su vida, por obra y gracia del Señor interpretado por Morgan Freeman. Al margen de la escasa credibilidad que se le puede otorgar a la historia en su propia concepción el mayor problema que le encuentro a la película es su excesivo tacto, su blanca contención narrativa en un afán de no molestar a los creyentes ni enfadar a la iglesia. El resultado es una historia, nimia, pueril, lleno de gags, algunos bastante buenos, otros directamente bochornosos (un buen guionista puede dar mejor uso a los poderes de Dios que el de hacer que un mono salga del culo de una persona) pero que cumple sobradamente su poco talentoso objetivo, el de hacer reír con los recursos más básicos.

Si lo que busca es no pensar mucho y pasar una tarde entretenida, esta es su película, pero si quiere llegar más allá le diré que el guión es desmedido, que las escenas se dilatan en su narrativa intentando prologar la carcajada  muy por encima de la temporalidad que requiere la historia y que en general es exagerada y poco inteligente, pues no ofrece reflexión alguna ni pone de manifiesto ninguna realidad, ni siquiera de forma secundaria.

Como protagonista Jim Carrey en su papel de siempre, histriónico y exagerado dando uso a sus poderes celestiales. No diré que su actuación es buena, pero sí que cumple a la perfección con lo que le exige el guión, una gestualidad hiperbólica, movimientos de saltimbanqui, y fogosidad en las expresiones y diálogos para lograr el efecto mimético de una risa enlatada. El Jim Carrey de siempre vamos, ni más ni menos, al que sus payasadas no pueden librar de su carisma en pantalla.

En el resto de papeles, poca oportunidad para lucirse para Morgan Freeman (Ya hay que ser cafre para que un guionista no de oportunidad de lucirse al mismo Dios) en un papel de divinidad ‘molona’ y de poca trascendencia y una Jennifer Aniston correcta dentro del poco aplomo que da el ser la novia de… donde sólo hay que acentuar el cariz romántico de su interpretación, cosa que logra.

Los pocos argumentos teológicos en los que se detiene la película (al menos intenta desarrollar el concepto de libre albedrío) resultan además bastante repetitivos y siempre con mucho cuidado de no herir sensibilidades, lo que al final resulta pasteloso.

En definitiva una película divertida, sí, pero nada más.

Nota: 3

 

 

Sueños de un seductor

  Título: Sueños de un seductor

  Director: Herbert Ross

  Interpretación: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts

  USA. 1972

 

 

 

 Siempre nos quedará Woody

-Entrañable, divertida y diferente. Esta vez Woody Allen deja apartada la dirección para dar cabida a una obra teatral escrita y dirigida por él mismo y que sí se encarga de protagonizar. Se trata de una película que a su vez es un homenaje a Casablanca, de tal forma que a lo largo del metraje nos encontraremos la figura imaginaria de Humphrey Bogart dar consejos a Allen sobre cómo conquistar a las mujeres y que culmina imitando la escena final de la famosa película.

En general la ausencia de Woody Allen detrás de la cámara se echa de menos, en un director que además de tirar de guión tiene cierta habilidad en el manejo de la cámara y talento para moverla de forma adecuada. Aquí no ocurre nada de eso, el trabajo de dirección es bastante neutro, pasable en definitiva pero sin el encanto de las películas dirigidas por el neoyorquino. Esta película es algo rodado de una forma más mecánica.

Lo que no defrauda es el guión, al más puro estilo de Woody, cómico, con frases repletas de genialidad para disparar una historia sencilla sobre las inseguridades con las mujeres de un personaje inteligente pero torpe, y sobre todo entrañable por su sinceridad.

Pese al repetitivo estilo que Woody Allen repite continuamente en el personaje que interpreta, la verdad es que el hecho de desinhibirse de la dirección, parece que deja a Allen más libre en su labor actoral y logra una de sus mejores papeles. Además, el nivel de conexión con el papel que interpreta Diane Keaton es sublime, ambos logran una complicidad pocas veces vista entre personajes en el cine y eso, por supuesto, supone también una conexión íntima con el espectador e intensificar las emociones que propone la película. La química entre ambos es realmente espectacular.

También resulta estimulante la contraposición entre los personajes de Allan (el que interpreta Allen) y el imaginario Bogart que se aparece para aconsejarle en dos personajes casi contradictorios cada cual haciendo uso de su magia personal. El personaje maniático y chistoso que interpreta tiene un cariz aún más peculiar al lado del arrogante y magnético Bogart.

Lo que personalmente no me gusta, es la parodia final de Casablanca, adaptando este filme al mítico clásico del cine. Ahí el homenaje con las continuas citas al clásico, se convierte en algo más vulgar, que no beneficia a la película homenajeada, ni a la homenajeante, que tiene que cometer varios fallos de guión para adaptarse al final mítico de Casablanca.

Pero como digo, lo mejor que nos proporciona Woody Allen es su guión y sus frases para enmarcar de las que dejo una pequeña muestra de esta película:

1)      “Esta sala contiene algunas de las mejores obras de la civilización occidental… pero no hay chicas”.

2)      “¿Qué hace el sábado por la noche?”… me voy a suicidar… ¿Y el viernes?

3)      “Mi vida sexual se ha convertido en algo así como un bosque petrificado”.

4)      “Estoy bien, pero no me vendría mal un vendaje a lo momia”.

5)      “Yo te veo perfectamente, ¿Porqué estás tan llena de síntomas?”

6)      “Soy la vergüenza de mi sexo, debería ir a trabajar a un harem como eunuco”

7)      “Si me necesitas, estaré en el suelo de mi casa con un ataque de ansiedad”.

8)      “En la vida hay otras cosas además de las mujeres, y una de ellas es saber que has hecho algo bueno por un amigo”.

9)      “Yo soy también lo bastante bajito y feo como para tener éxito por mí mismo”

Nota: 6

Matar a un ruiseñor

Título: Matar a un ruiseñor

Director: Robert Mulligan

Interpretación: Gregory Peck, Mary Badham, Brock Peters, Phillip Alford.

USA. 1962

 

 

 

-“Los testigos que ha presentado la acusación han basado su relato en la cínica confianza de que su testimonio no se pondría en duda, confiaban en que ustedes estarían de acuerdo en la indigna suposición de que todos los negros mientes, de que en el fondo todos los negros son seres inmorales, de que nadie se puede fiar nunca de los negros cuando están cerca de nuestras mujeres”.

– “Atticus dijo una vez, que uno no conoce realmente a un hombre hasta que uno se ha calzado sus zapatos y ha caminado con ellos”.

-“Hay hombres en este mundo que han nacido para cargar con las tareas desagradables de los demás, tú padre es uno de ellos”.

Resucitar la honestidad

Matar a un ruiseñor ha sido siempre mi clásico favorito. Historia perfecta, guión asentado y flexible, diálogos sentenciosos y abrumadores, una música celestial, y emotividad a flor de piel contando la historia a través de los ojos de una niña, con un mensaje claro y rotundo, el de la honestidad y el de la igualdad (en un contexto claramente racista en el sur de los Estados Unidos durante la época de la gran depresión). Preciosa y emotiva película para desterrar prejuicios, para ver el mundo con otros ojos, para querer a tus congéneres y superar adversidades con la cabeza alta.

Este ‘Matar a un ruiseñor’ (la frase encierra una metáfora preciosa) narra la vida de Atticus (una de las mejores interpretaciones en la carrera de Gregory Peck) un abogado viudo que vive con sus dos hijos y a los que educa en la bondad, la comprensión y la tolerancia, con grandes dosis de amor. Atticus recibe el encargo de defender a un hombre negro acusado de violar a una mujer blanca en un contexto sureño abominablemente racista, esta y otras muchas pequeñas historias que se entrecruzan en la trama consiguen reanimar al espectador, enternecerlo, inyectarle el mensaje de la tolerancia y emocionar con las ocurrencias pueriles de una niña ‘Scout’, que se comporta más como un chico y de cuya boca salen las verdades capaces de avergonzar a los mayores que le rodean en ese ambiente sureño.

Buena fotografía en blanco y negro, gran recreación del ambiente, una música que cala en tristeza y esperanza por igual y unos personajes redondos, forjados en convicciones, rumiantes de pobreza tras el crack de 1929 y (eso sí es achacable) exageradamente maniqueos. La película salva esta última circunstancia gracias a la sutileza con la que el guión va soltando las pequeñas filias de los personajes con la que se van desgranando sus corazones, segregando sus almas a cuentagotas, de forma que el trabajo de Mulligan es capaz de saltar este exceso de atribuciones a sus personajes porque se proyectan lentamente.

Pero incluso sobre la fortaleza que adquiere la trama judicial como la vía principal sobre la que se vertebra la película, existe una segunda que se desarrolla de manera más subterfugia pero que in crescendo va adquiriendo un cariz importantísimo en la película. Se trata del de la propia educación de los dos menores que viven con él, un tema que compite en importancia en la propia película y que se desarrolla con una dulzura y un encanto encomiables, para formar parte de una película imprescindible. 

Nota: 10

Desmontando a Harry

Título: Desmontando a Harry

Dirección: Woody Allen

Interpretación: Woody Allen, Elisabeth Shue, Demi Moore, Robin Williams, Judy Davis, Kirstie Allie, Amy Irving, Billy Crystal, Julie-Louis Dreyfus.

USA 1997

 

 

-“¿Qué hay de malo en la ciencia?… yo entre el aire acondicionado y el Papa me quedo con el aire acondicionado”.

-“Estamos solo en el universo, también quieres culparme a mi de eso?”

-“La tradición es la ilusión de lo permanente”

-“Un personaje demasiado neurótico como para funcionar en la vida, que sólo puede funcionar en el arte”

Los micro-Allens

 Siempre me pareció que desmontando a Harry ha sido una de las grandes películas de Woody Allen, siendo divertidísima, crítica, inteligente, dinámica y sobre todo con una innovadora y hábil manera de narrar a través de pequeños microrrelatos, pensamientos, recuerdos.. es decir, una historia desmontada en decenas de pedacitos, pero que aún así conforman un todo único, con los que vas conociendo al personaje de ficción dentro de la ficción que se inventa. Y esa destreza para contar situaciones diversas saltándose las reglas del espacio tiempo sin liar al espectador resulta realmente deliciosa, entretenida y muy ingeniosa.

Es la mayor novedad que aporta Woody Allen en esta película, en la que sigue arrastrando sus temas fetiches de siempre.. el amor, la infidelidad, el sexo, las relaciones de pareja, la religión (y el judaísmo más concretamente), los psicoanalistas, el mundo del arte, y todo con su habitual sentido crítico para repartir bofetadas a diestro y siniestro incluso para sí mismo, porque si algo sabe hacer Woody Allen es mofarse de sí mismo.

Todas las pequeñas historias, que ya de por sí tienen un alto interés por si mismas, ponen además el acento en puntos que se irán repitiendo en otras, de forma que la mezcla entre la ficción de los personajes que crea el escritor protagonista y la ‘vida real’ de este escritor se conjugan de una forma maravillosa, para no discernir nunca exactamente que forma parte de la realidad y que de la ficción. Un ejercicio narrativo complicadísimo que Allen borda en esta película.

De igual modo, y como también ocurre en otras películas del genio neoyorkino, los gags de humor que nos regala también coexisten con la amargura pertinaz que infringe a su relato, ese sentido nihilista sobre la absurda existencia del hombre y que se combate con el sexo.

El argumente principal está basado (quién lo diría) en la gran obra del sueco Ingmar Bergman, Fresas Salvajes (https://palomitasconchoco.wordpress.com/2011/06/13/fresas-salvajes), en una especie de road movie en la que un hombre va a recibir un homenaje en su universidad y por el camino sufrirá diferentes aventuras y le vendrán muchos recuerdos del pasado. Sólo que Woody Allen abandona toda la seriedad de esta obra (también con un carácter muy nihilista por cierto) y él hace el viaje con una prostituta, con un muerto y con su hijo raptado, además de introducir a los personajes que cobran vida de sus novelas, desde el ser desenfocado, al diablo en persona.

Pero si algo tiene de bueno Woody Allen, y que en esta película supera, son sus ácidos y humorísticos diálogos, perla tras perla, nos deja la sonrisa permanente, para quién aún no lo conozca, le dejaré algunas de las frases que deja en esta película:

 1)      ¿Sabes qué hacíamos en mi época a tu edad? Ponerle nombre a nuestro pito.
– Al mío le pondré Al Capone.

2)      – No sabemos si hay Dios, pero sí hay mujeres. No en un cielo imaginario, sino aquí, en la Tierra. Y algunas de ellas…compran lencería en Victoria’s Secret.

 3)      – Tú y la ciencia…
– ¿Qué hay de malo en ella? Entre el aire acondicionado y el Papa, prefiero el aire acondicionado.

4)      – Las palabras más bonitas de nuestro idioma no son “te quiero” sino “es benigno”

5)      – Es curioso. A todas las putas que conozco les he oído decir que siempre es mejor que ser camareras. Camarera debe ser el peor trabajo del mundo.

6)      – ¿Sabes qué es un agujero negro? (a una prostituta negra)
– Sí, con lo que me gano la vida.

7)      – Siempre llevo dinero encima para putas. Una vez pagué con cheque y el fisco me machacó.

8)      – Sigues con tus ligues, busconas y zorrongas.
– pero si tiene un doctorado.
– ¿Sí? Seguro que en el exámen oral sacó un sobresaliente.

9)      – La tradición es la ilusión de la permanencia.

10)  – No tienes valores. Toda tu vida es nihilismo, cinismo, sarcasmo y orgasmo.
– En Francia con ese eslogan sería presidente.

11)  – Hagas lo que hagas, escucha la versión de Max.
– ¿Max tiene una versión? ¿Mata a su familia, se los come y tiene una versión?

12)   – ¡Wolf Fishbein dijo que para ocultar los cuerpos…te los comiste!
– ¡Entonces por qué te escandalizas! Unos los entierran, otros los queman y yo me los comí.

13)  – ¿Te importa el Holocausto? ¿O crees que no ocurrió?
– Sé que perdimos a 6 millones. Lo horrible es que los récords se hacen para superarlos.

14)   – Soy tan víctima como tú. ¿Crees que me resulta agradable que una tetuda de 26 años me haga una mamada?

15)   – ¿Quién es peor que yo?
– Hitler.
– Vale. Quizá Hitler, Goering y Goebbels, pero yo soy el cuarto.

16)  – (En el infierno) ¿Qué hizo usted?
– Inventé los muebles de metacrilato.

17)  – Déjenle ir al cielo.
– Soy judío, no creo en el cielo.
– ¿A dónde quieres ir?
– A un restaurante chino.
– Llévenlo al “Pato feliz”. A pesar de todo, lo quiero.

18)   Soy propenso a la violencia. Una vez casi atropello a un crítico literario, pero el coche resbaló.

19)   ¿Tenéis aire acondicionado (en el infierno)?
– Sí, jode la capa de ozono.

20)   – Soy feliz aquí en el infierno. He tenido muchas ofertas en tu mundo.
– ¿Qué te ofrecían?
– Dirigí dos años un estudio de Hollywood, pero no te puedes fiar de ellos.

21)   (Voz del ascensor del infierno)
– 5ª Planta: Carteristas de metro, mendigos agresivos y críticos literarios.
– 6ª Planta: Extremistas de ultraderecha, asesinos en serie, abogados que salen por televisión.
– 7ª Planta: Medios de comunicación, lo sentimos, esta planta está llena.
– 8ª Planta: Criminales de guerra evadidos, telepredicadores y asociación pro armas.
– Planta baja: todo el mundo fuera.

Nota: 8

Desayuno con diamantes

Título: Desayuno con diamantes

Dirección: Blake Edwards

Interpretación: Audrey Hepburn, George Peppard.

USA 1961

 

-“Ella cree sinceramente en todas las fantasías que se imagina”.

-“Es la primera vez que doy un paseo por Nueva York por la mañana, he andado por la quinta avenida a las seis de la mañana, pero eso lo considero de noche”.

-“Soy como este gato, somos un par de infelices sin nombre, no pertenecemos a nadie ni nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro”.

 

El hechizo de la gatita del tocador.

 

Si no es usted extraterrestre o un habitante de la selva amazónica que no ha mantenido contacto con el mundo exterior (al que los extraterrestres habrían dotado de Internet) habrá visto alguna vez en su vida la imagen de Audrey Hepburn, tocado en pelo, sosteniendo la boquilla alargada de un cigarro. Esta imagen extraída de la película es simplemente una de las iconografías más poderosas del siglo XX, un hito de la cultura pop, y este logro no hubiera sido posible de no ser porque el personaje que encarna Audrey Hepburn (tan encantador como desencantado) ha sido capaz de despertar la fascinación de cientos de miles de espectadores durante décadas y hacerse inmortal.

La descarada Holly Golightly, con un comportamiento extravagante y falsamente ostentoso, pero un alma transparente y sincero, es uno de esos escasos personajes capaces de acaparar toda la atención de la película y relegar al resto (incluido al otro personaje supuestamente principal) a un segundo plano. Holly es alegre, jovial, dicharachera, encantadora, ingenua, dulce.. y al mismo tiempo esconde un pasado doloroso y un presente vacío que llena con lujos y un tren social que no le corresponde y que consigue de las invitaciones de los hombres que casi nunca consiguen nada de ella (a 50 dólares cada uno cada vez que va al tocador), es una ‘party girl’ a la que Hepburn sabe sacarle dignidad y sentimiento dentro de su alocado mundo.

La Hepburn domina en la película, impone su interpretación y reparte sonrisas y compasión a partes iguales, hechizando con sus torpes maneras y su ‘look’ sofisticado.

Se habla de ‘Breakfast at Tiffany´s’ (libremente interpretada de la novela del mismo nombre escrita por Truman Capote) como de una comedia romántica, pero este género es el superficial de la película, en cuyo interior esconde el verdadero drama vital de una chiquilla desgajada de sus raíces, desconfiada y atrapada en un estilo de vida banal.

Otro de los grandes encantos de la película es una banda sonora inolvidable (Henry Mancini forever) que llevaron a la composición de Moon River, para muchos, una de las mejores canciones jamás compuestas para una película.

Pero más allá de la abrumadora presencia de su personaje principal, de su capacidad para desarrollar un género dentro de otro y de su excepcional acompañamiento musical ‘Desayuno con diamantes’ flojea en otros aspectos. El guión es solido, pero no intenso, y aunque el personaje de Holly es excepcional, lo cierto es que no evoluciona dentro de la estructura cinematográfica, ni el suyo ni ningún otro, e incluso nos encontramos con algún personaje que hiere la inteligencia con la caricatura de un vecino chino interpretado por Mickey Rooney, un humor de otra época reventado a tópicos. El ‘Happy End’ bajo la lluvia forzadamente romántico, aunque emotivo, tampoco ayuda a digerir el filme, y la dirección de Blake Edwards, no es la de un genio, le falta consistencia. Pero sólo con la iconografía que despliega y la sonrisa de Hepburn, ya se ha ganado un hueco en el Olimpo del séptimo arte.

 

Nota: 7

El hombre elefante

Título: El hombre elefante

Dirección: David Lynch

Interpretación: Anthony Hopkins, John Hurt, Anne Bancroft, John Gielgud

USA 1980

 

 

 

-“Aunque su apariencia sea terrible, tan terrible incluso que algunas personas huyen de terror al verle, y ser también objeto de continuas burlas, además de verse totalmente impedido para ganarse la vida con normalidad, es superior en inteligencia, es tranquilo, amable e incluso refinado en su manera de pensar”.

-“Recordad que bajo ninguna circunstancia pueden entrar espejos en esta habitación”.

-“No soy un monstruo… no soy un animal… soy humano… soy un hombre”.

Ser un hombre, dormir como un hombre.

Que el hecho intrascendente de que recostar la cabeza sobre la almohada genere tensión narrativa ya es un logro. Portentosa película de David Lynch nacida de la poderosa atracción hacia un personaje magistral, toda la esencia que Browning utilizó para crear ‘La parada de los monstruos’ concentrada aquí en un personaje deforme hasta el extremo, pero que compensa su horrenda deformidad física con una inteligencia, amabilidad y rectitud moral superlativa… la concentración de dos valores extremos y aparentemente contrapuestos en una sola persona hacen de John Merrick, apodado ‘el hombre elefante’ un personaje extraordinario, complejo y tremendamente interesante sobre el que se apoya toda la película, pero es que además David Lynch sabe envolverlo en la atmosfera más adecuada (lástima que el director posteriormente se prodigase en otras exploraciones tan valoradas por algunos críticos pero absurdas para mi) y en revestir al filme de un equilibrio entre la dignidad y lo grotesco maravilloso que sabe hilvanar una historia superlativa y que se mantenga en los limites de la credibilidad (una historia que está basada en hechos reales pero que parecería de ciencia-ficción si no se narra con los elementos adecuados). Nace así más que una película, una leyenda, un hombre para trascender en el tiempo pero no por su capacidad para asustar con su horrenda figura, sino por su profusión para conmover, empapándonos poco a poco de su dolorosa situación de una sensibilidad profunda y abigarrada, sin falsos efectismos lacrimógenos, ni superficialidad.

Para contar esta historia, nada mejor que el blanco y negro en una fotografía sublime, un embalaje dieciochesco, brumoso, granulado y avejentado que permite al filme aferrarse a una textura propia y moldeada para la película. Un ambiente de claroscuros (cercana a la escuela expresionista alemana), un humo invasivo, una arquitectura victoriana y una tétrica iluminación para recrear una Londres decadente y una sociedad hostil que se funde a la perfección en el relato.

Detrás de kilos de maquillaje, John Hurt consigue una expresividad única en el rostro de plastilina del ser que encarna, con una sutileza vocal en cada sonido que emite en su torcida boca y que sugiere el dolor interior arrastrado durante su vida y emitido con un refinado lenguaje y una actitud agradecida. Le acompaña magistralmente Anthony Hopkins con otro papel encomiable como doctor y amigo de la criatura dando la reválida a otro personaje con muchos matices al que Hopkins le da relieve.

El manejo del guión en sólido, sin brillantez, pero todo lo que vaya en pro de agilizar y dar intensidad a la historia iría en detrimento del propio personaje, por lo que sobran en la película más artificios. Basta con que el ritmo sea estable, algo que el director consigue sobradamente.

Nota: 9

La parada de los monstruos

Título: La parada de los monstruos

Dirección: Tod Browning

Interpretación: Wallace Ford, Leila Hyams, Olga Baclanova, Roscoe Ates.

USA 1932

 

 

 

 

 

 

 

-“Para mi eres un hombre, para ella eres un objeto de burla, todo el circo se ríe de vosotros dos”.

-“Nuestra boda, una broma… ahora veo lo gracioso que es”

 

Humillando a la ‘bella’ humanidad.

 

Si nos basamos únicamente en criterios cinematográficos, ‘freaks’ es una mala película, y sin embargo, su naturaleza de alegato único contra las desigualdades, su nauseabunda inmersión en un mundo desconocido, su juego para confundir al espectador, para doblegar sus valores, su valentía para filmar una película absolutamente irrepetible (y nunca esta expresión se puede ajustar más a un título) la han convertido en un clásico imperecedero en la que todavía bucean cientos de cinéfilos contemplando esta ‘rara avis’ del celuloide de la que nunca se ha podido hacer si quiera una mala copia 80 años después.

En un circo una serie de personajes, deformes, tullidos, amputados o monstruosos conviven día a día, son los freaks. Tratados como parias, el director nos muestra durante más de la mitad de la película su vida diaria casi a modo de documental, mientras la pequeña trama se va formando, que no es otra que la de un enano que se enamora de la hermosa trapecista del circo, que accede a sus peticiones a sabiendas de la enorme fortuna que ha heredado el pequeño personaje, mientras ella mantiene un idilio con el ‘forzudo’ del circo.

Los ‘freaks’ son tratados en la película con toda su humanidad, (también con sus defectos) uno de los grandes logros del filme que no cae en efectismos de ternura o compasión, son humanos, pero lo son más aún en comparación con los denominados ‘normales’, cuya avaricia, ingratitud y maldad los convierte en los verdaderos monstruos de la película, una transmutación de valores de la que apenas te das cuenta a lo largo del filme y que te golpea con su crítica atroz y grotesca que engloba cualquier tipo de desigualdad y que fustiga de forma inmisericorde a la intolerancia. Y es que lo que verdaderamente define a la película es que cuando e utilizado palabras como grotesco o atroz lo hago más pensando en los ‘normales’, no en el grupo de ‘monstruitos’ que pululan por el filme y es que Browning tiene un forma espectacular de voltear los valores como un calcetín y hacernos repudiar nuestra existencia de ‘normales’ a ojos de nuestra sociedad.

Ahora bien, en el grueso de la película sus grandes virtudes se encasillan solo en este aspecto, en el de los valores y enseñanzas y en la valentía que tiene a la hora de plantearlos. Es su carácter único lo que nos fascina, nos despierta la misma curiosidad que un deforme personaje de circo y nos quedamos tumbados en el sofá viendo esa aberración inigualable. Pero en cuanto a niveles técnicos o artísticos la película tiene hondas y profusas  decepciones. Para empezar, el nivel interpretativo es bajo, bajísimo, al igual que el ritmo y el guión en general. El director se obceca en la presentación y el desenlace, apenas hay nudo en la película y por lo tanto tampoco hay intriga (algo que también destruye al hacer que el grueso de la película sea un flashbacks) ni oportunidad de saborear como se cocina la trama. La anulación del nudo es lo que hace que la película tenga una duración de apenas una hora.

Tampoco ayuda la creación de algunos ‘trucos’ con pretensiones efectistas que tal vez en la época lo fuesen pero que hoy día resultan ridículos y que (especialmente en el final restan credibilidad a la película). En definitiva, la película puede ser plausible por muchas cosas, pero no como obra del séptimo arte.

 

Nota: 3

12 hombres sin piedad

Título: 12 hombres sin piedad

Dirección: Sidney Lumet

Interpretación: Henry Fonda, Lee J. Jacob, E. G. Marshall, Jack Warden, Ed Begley, Martin Balsam, John Fiedler, Robert Webber, Jack Klugman, Edward Binns, Joseph Sweeney, George Voskovec.

USA  1957

 

 

 

 

 

 

-“Los testigos que pueden llevar a un muchacho a la silla eléctrica deben ser rotundos”

-“Desde que ha entrado en esta sala se comporta como el vengador del pueblo, quiere verle morir por interés personal, no por lo que digan los hechos, es un sádico”

 

Obra maestra, sin duda razonable.

 

Uno, que gusta de mirar de todo pero que tampoco es un devoto del cine clásico, no tiene más remedio que rendirse ante una obra de estas características. 12 hombres sin piedad se desarrolla prácticamente al completo en una sola habitación con sus doce protagonistas encerrados, la acción es muy comedida dados los límites espaciales y no hablemos de la fotografía, basada en una mesa, y aún así, con todos esos condicionantes el señor Lumet es capaz de construir un guión acongojante, basado simplemente en los diálogos (¡pero que diálogos!) y en desmenuzar un presunto caso de asesinato, diagnosticando cada detalle en las palabras de sus protagonistas. Así transcurre una hora y media cargada de intensidad, de giros inesperados, de crítica y radiografía social, de interés y divertimento ante unos personajes seleccionados para confrontarse ante sus ideales en esta especie de Gran Hermano ficticio que montó Lumet allá por 1.957.

La base sobre la que se desarrolla la película es tan sencilla como la de un jurado que se reúne tras un juicio a deliberar si un hombre es inocente o si por el contrario lo envía a la silla eléctrica, pero de tan simple idea sale un resultado espléndido en los argumentos de unos y otros entre los que defienden si debe morir o si quieren salvarlo, ahí entrarán en juego las dudas razonables.

 Además de los ya referidos diálogos, lo que hace a esta película grande es la confección del elenco del jurado, cada uno con sus propios detalles y convicciones y que intenta ser un reflejo de la sociedad del momento, ahí nos encontramos desde un frívolo, a un irascible, a otro hombre que ejerce con razonamiento, otro que habla desde la experiencia, un paria social que logró huir de la violencia y la pobreza, un prejuicioso… cada uno aporta una visión diferente que se enfrenta a la de los demás y al final son los hechos poco a poco los que van dictaminando la suerte del joven. Este rosario de personajes tan diferentes pero carismáticos (cada uno en su esencia) logran mantener una tensión continúa en ese ir y venir de opiniones que cambian de lado como en un partido de tenis y que logran mantener la atención poderosamente.

Quizás lo más sorprendente sea la gestión del ritmo y del tiempo, puede parecer increíble que un filme que transcurre alrededor de una mesa en una sola habitación pueda tener acción suficiente como para dosificarla a lo largo de 96 minutos, pero es así y eso es una genialidad, porque la acción te atrapa aunque no la palpes, aunque solo se trate de ver a un hombre que ni siquiera aparece en la cinta más cerca o más lejos de la muerte, de dudar si se hará o no se hará justicia.

En efecto la película también tiene mucho de crítica al sistema judicial norteamericano y a la pena de muerte en sí, y buena parte de los diálogos te llevan a reflexionar sobre el tema con valentía, gracias a la mordacidad del jurado número 8, el de la sensatez, un Henry Fonda cuyo papel lleva el mayor peso de la película pese al reparto coral de la misma.

El principal problema de la película es su limitación espacial, lo cual le hace ser un tanto teatralizada, algo que las interpretaciones no logran superar, ya que pese a ser buenas se necesitaría algo sublime para escapar de ese detalle, pero pese a este hándicap el filme resulta maravilloso.

 

Nota: 9

Psicosis

Título: Psicosis

Dirección: Alfred Hitchcock

Interpretación: Anthony Perkins, Janet Leigh, John Gavis, Vera Miles

USA. 1960

 

 

 

 

 

 

 

 

-“El mejor amigo para un muchacho es su madre”

-“Este chico vive como un ermitaño”

-“Si no voy al parador no quedaré satisfecha”

La madre del McGuffin.

Además de la escena más famosa de la historia del cine (me estoy refiriendo claramente al asesinato en la ducha), de la chirriante música de cuerda llamando a la sangre, de las trampas argumentales que nos lanza Hitchcock en un guión maliciosamente orquestado y en la que caen los espectadores como bobalicones y de la construcción de un personaje tan complejo e imbricado como el de Norman Bates (Anthony Perkins), además de todo eso (que ya lo encumbra merecidamente en la historia del cine) Psicosis es mucho más. Y es que esta mítica película tiene más incluso de las escenas que una y otra vez nos repiten en los medios de comunicación. Ya desde el principio, en una habitación de Hotel, el genial director inglés rompe los convencionalismos de la sociedad americana de la época con un diálogo de enorme calado a lo que le sigue el gran McGuffin (palabra acuñada por el propio Hitchcock) con el robo del dinero que no es más que una trampa, un anzuelo para enganchar al espectador enfocando y poniendo el acento en una circunstancia que realmente no tiene ninguna relevancia para la película. Ese es para mi el mayor mérito de la película más allá de los dos momentazos de terror que guarda en la chistera, la capacidad que tiene el guión de llevarnos a donde el director quiere, de manejarnos impunemente como marionetas, de engañarnos constantemente sin que podamos remediarlo.

Y en medio de ese engaño nos encontramos con escenas medidas que son un prodigio de la inventiva, varios giros de guión imprevistos (que yo recuerde es el único director que se ha atrevido a matar a la protagonista a mitad de la película) una atmosfera templada pero que manifiesta sutilmente el terror (La casa de Norman Bates o la lluvia golpeando el coche con una música al ritmo de los limpiaparabrisas es buen ejemplo de ello) una buena fotografía en blanco y negro y una maravillosa actuación de Anthony Perkins que sabe agarrar a uno de los personajes más complejos de la historia del cine con su actitud tímida a veces y psicótica y que tiene como hobby el disecciona pájaros, mientras vive supeditado a su madre. Perkins sabe combinar la simpática timidez del personaje con los achaques mentales del joven para hacer una actuación muy lograda.

Ciertamente es muy difícil buscarle fallos a la película, tiene ese toque actoral que personalmente nunca me ha gustado del cine clásico, donde siempre se nota que están actuando de una manera muy teatralizada (excepto en el caso de Perkins como ya he explicado) y donde se funciona más por roles que por personificación con el típico detective intrépido, el típico varón bondadoso pero dominante, el rico texano, la hermana protectora, personajes sin nada propio que decir de si mismos que no se haya dicho ya en la pantalla previamente, pero la verdad es que con Norman lo demás queda solapado.

Otro de sus problemas es la mediatización de una película cuyas escenas hemos visto hasta en la sopa. Si tiene la suerte de no saber nada de ella, se quedará anonadado con su final de infarto.

Nota: 9

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