Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Pelle el conquistador

Título: Pelle el conquistador

Pelle erobreren

Director: Bille August

Interpretación: Max von Sydow, Pelle Hvenegaard, Astrid Villaume, Lars Simonsen, Erik Paaske, Kristina Tornqvist.

 Dinamarca.1987

 

 

-“Recuerda Pelle, dentro de un año, cuando se funda la nieve, saldremos juntos al mundo real, primero América, luego Negrolandia y después China… y por fin el mundo entero”.

-“Ya está todo arreglado, tendrás una casa, un hogar y una madre muy guapa, la señora Olsen, serás muy feliz… y a lo mejor nos trae el café a la cama los domingos por la mañana”.

-“Defiendo al ave que se revuelve en su nido por muy pobre que sea”.

La libertad en un hatillo

Pelle el conquistador, es una película a medio camino entre Los santos inocentes y Los 400 golpes. Se trata de un drama durísimo, un hondo retrato social que hurga con precisión en las diferencias de clases, la inmigración, el servilismo o el estado de semiesclavitud, la vejez y la progresiva desaparición de las ilusiones por los golpes de la vida. El guión va desarrollando una trama contundente, quizás de una forma demasiado lenta en la hora y tres cuartos de película (puede hacerse demasiado larga) y con demasiadas repeticiones de los conceptos generales que el director quiere transmitir, pero indudablemente estamos ante una película de gran fuerza argumental muy bien retratada apoyada en una fotografía inmensa (los paisajes nevados de la granja en invierno son espectaculares) en buenos trabajos de vestuario y maquillaje (el realismo de los harapos y de las caras ennegrecidas por el duro trabajo son muy convincentes) y en la magnífica actuación de un clásico como Max von Sydow que muestra sus tablas en una película y en un personaje en el que tiene que darlo todo. 

La vida disoluta de los ricos, sus miserias internas y su hipocresía comparada con la dura vida de los más humildes que también cuentan con sus pecados, son una de las marcas de la casa que nos deja la película, pero también ahonda este Pelle el conquistador en la relación paterno-filial y en las dificultades que ambos tienen para cuidarse mutuamente, una relación que también despertará ternura y algunos de los contenidos más emotivos del filme, especialmente cuando ambos mantienen su orgullo o cuando no tienen más remedio que tragárselo, ya que éste, es otro de los temas que trata el filme.

La película se llevó los aplausos de la crítica y consiguió llevarse en ese año la Palma de Oro del festival de Cannes, el Globo de Oro y el Oscar a la película de habla no inglesa (el año en el que Almodóvar participaba con Mujeres al borde de un ataque de nervios) algo que ha ocurrido muy pocas veces a lo largo de la historia.

Vea el trailer de Pelle el conquistador

Nota: 7

 

Dogville

Título: Dogville

Dirección: Lars Von Trier

Interpretación: Nicole Kidman, Paul Bettany, Lauren Bacall, Stellan Skarsgard, James Caan, Ben Gazzara, Harriet Anderson.

Dinamarca 2003

 

 

 

-“No se haga ilusiones, este pueblo está podrido hasta la médula, nadie lo echaría de menos si se lo tragara la tierra, no le encuentro ningún encanto, pero usted sí, admítalo, ha picado el anzuelo”.

-“Sólo te estoy preguntando si tienes miedo de ser humano. No es un pecado dudar de uno mismo, pero es maravilloso que no lo hagas”.

-“Tienes la idea preconcebida de que no hay nadie que tenga los elevados valores morales que tú tienes y disculpas a todos. No puedo pensar en nada más arrogante que eso. Perdonas a todos con excusas que nunca te permitirías a ti misma”.

 

A-tiza.

Axioma número 1: Nadie en el siglo XXI hace un tipo de cine ni remotamente parecido al de Lars Von Trier, un talento natural soberbio para esto de hacer películas. Axioma número 2: Este filme es uno de los más valientes y arriesgados que se han hecho jamás, con una puesta en escena absolutamente novedosa y un guión narrado con una voz en off (principalmente) más cercano a los modos narrativos del teatro que del propio cine.

Con estas premisas nos encontramos ante una película, inteligente, inquietante, extraña por sus singularidades y con un guión demoledor al más puro estilo de una tragedia griega, en un desarrollo de las intrigas que se desmadejan ‘in crescendo’ para explotar en un noqueante final.

Los más intelectuales, encontrarán en esta película raíces inequívocas del teatro de Bertold Brecht y de Henrik Ibsen  con mensajes aleccionadores y críticas morales que ponen patas arriba la conciencia y exprimen al máximo la tensión dramática como ejemplo de las ruines actitudes de los personajes en un cuento moral arrebatador.

Los que no busquen más allá, encontrarán una historia fabulosa, construida con un ritmo constante hacia el estallido, ganando tensión, provocando la abyección, dosificando la intriga y, sobre todo, haciendo evolucionar al grupo-coral de personajes del pequeño pueblo de Dogville para terminar siendo prácticamente antagónicos a lo que predicaban en el principio de la película. Nada es lo que parece en una película que habla sobre todo de la doble moral de las personas y de la justicia con mayúscula, en el sentido más filosófico de la palabra y cuyo lento giro hacia el final rompe todas las estructuras preconcebidas por el espectador.

Hablábamos al principio de una puesta en escena revolucionaria, tan deliberadamente sobria y desmaquillada que termina por prescindir, directamente, de las localizaciones y la escenografía. Así, un puñado de personajes se distribuye en un escenario donde las casas están dibujadas con tiza sobre el suelo y donde unos pocos de utensilios cotidianos sirven para implementar maniobrabilidad al relato. La idea parece ser la de recalcar el carácter ficticio de la historia y concentrar más la atención sobre el mensaje, sólo que la historia tiene una fuerza tan brutal, que incluso siendo tan teatralizada inspira emociones profundas en el espectador. Lo mismo se podría decir de la voz en off omnisciente que va conduciendo el relato con múltiples paradas para la reflexión o de la propia estructura narrativa del relato dividida en un prólogo y nueve capítulos, ahondando a un más en el ejercicio de desmarcarse de la realidad. Así, debe ser la imaginación del espectador la que construya el entorno y los detalles, focalizando en el alma humana y en sus emociones (la ira, la venganza, la compasión y sobre todo la culpa) para desmembrar la esencia de los seres sociales (en los que también se incluirá un perro). 

Narrar en términos teatrales no implica que Von Trier no encuentre hueco para lucirse en la técnica cinematográfica. El trabajo de iluminación con juegos de cortinas que dejan traspasar más o menos los rayos, o la propia irradiación de la luna representada minimalísticamente por un simple foco, es majestuoso y logra unos efectos sorprendentes. De igual modo, ante tan escasa importancia de la fotografía y la escenografía el genial director danés sabe encontrar en el primer plano la emoción necesaria, sacando partido a la gestualidad de sus actores, especialmente de una maravillosa Nicole Kidman. Los barridos cenitales, mostrando de una sola pasada la totalidad del pequeño pueblo, literalmente dibujado en líneas blancas, es otro de los movimientos de cámara con el que Von Trier saca magia de su chistera, recursos que hay que sumar a su habitual y prodigioso sentido de la dramatización con la que ya nos tiene acostumbrados con películas como Bailar en la oscuridad o Rompiendo las olas.

Otra de las conclusiones a la que nos lleva la película es la aversión que el director puede llegar a tener hacia la sociedad estadounidense una crítica demoledora de sus convecinos donde existe, según el director, una violencia latente y una máscara de sonrisa por delante de cada amargura de la que no se escapa ni una minúscula sociedad rural como la de Dogville.

Es una película universal, de temas universales, abstracta y conmovedora pese a ello, un poema moral que no puede dejar indiferente, un ataque directo a la humanidad con una profunda reflexión acerca de las motivaciones que mueven a traspasar la delgada línea entre lo bueno y lo malo.

Vea el trailer de la película

Nota: 9

En un mundo mejor

Título: En un mundo mejor.

Dirección: Susanne Bier

Interpretación: Mikael Persbrandt, Trine Dyrholm, Ulrich Thomsen, Markus Rygaard, William Johnk Nielsen.

Dinamarca. 2010

 

 

-“Los adultos parecen niños cuando están muertos”.

-“Coño pequeño, cuchillo grande. Tal vez Omar pueda tomarla, a él le gustan las cosas que no se mueven”.

A un paso del bien y del mal.

Últimamente Hollywood suele tener mejor tino a la hora de premiar a las películas extranjeras que a las suyas propias y esta ‘In a better world’ es un buen ejemplo al haber sido la ganadora del oscar a la mejor película de habla no inglesa. Este cocktail molotov de emociones, de relaciones paterno-filiales, de violencia… te estalla en los ojos con virulencia, te captura con una historia compleja, que no se limita a exponer si no que explora el germen de las emociones humanas, los detonantes que nos impulsan a tomar uno y otro camino y especialmente a caminar sobre la delgada línea que separa el bien del mal y reflexiona sobre los orígenes de la violencia y sus consecuencias con dos niños como protagonistas.

Durante este torbellino de emociones nos encontramos la historia de Antón, un medico comprometido con los más necesitados en África que deja en Dinamarca a su mujer engañada (de la que requiere su perdón) y a su hijo Elías. Este chico que sufre acoso escolar conocerá en el primer día de colegio a Christian, un chico que ha perdido a su madre por un cáncer, que está enrabietado con la vida y que busca venganza haya donde encuentre una buena excusa. Con tales circunstancias Bier sazona un drama que irá creciendo apaciguadamente hasta estallar, cocinado lentamente y con temple de maestro, sin perder jamás el interés pero sin precipitarse y revolviendo emociones a un lado y al otro de la balanza.

Con cada uno de los personajes, la directora danesa consigue hacer un profundo retrato personal de enorme calado, reflexivo. Nos desnudas sus almas y nos deja al descubierto lo bueno y lo malo de todos ellos. A nivel moral hay sin embargo un personaje que está por encima de todos ellos, y cuyo sentido de la vida y su disposición natural a poner la otra mejilla en los casos de violencia le supone una superioridad moral con respecto al resto de personajes. Se trata de Anton, magníficamente interpretado por Mikael Persbrandt que sabe transmitir la paciencia, la estabilidad emocional, la capacidad para encajar los golpes de un personaje complejo al que le labra un intenso y cálido valor emocional gracias a un trabajo actoral de lujo. De igual modo los dos niños que aparecen en la cinta también consiguen hacer creíble e incluso intensificar emociones en un papel dificilísimo para sus edades e incluso la complicidad entre ambos con dos personajes a priori muy alejados en sus personalidades resulta muy convincente.

En el plano técnico destaca una muy buena fotografía (especialmente en las escenas que se desarrollan en África, así como en los paisajes más rurales en los que se refugian los personajes que de vez en cuando necesitan de la soledad) así como algunos primeros o primerísimos planos para captar las emociones en momentos clave.

Una historia muy humana, accesible, en la que la directora deja opciones a los personajes donde cada acción tiene su causa y su efecto perfectamente hilvanados y con una desgarradora intensidad narrativa.

Nota: 8

Italiano para principiantes

Título: Italiano para principiantes

Dirección: Lone Sherfig

Interpretación: Anders W. Berthelsen, Anette Stovelbaek, Ann Eleonora Jorgensen, Peter Gantzler.

Dinamarca. 2000

 

 

 

 

 

 

 

-“Ahora da clases de italiano, una vez a la semana, las organiza el Ayuntamiento”

-“Cuando muere alguien, ¿Cuánto tiempo hay que esperar para enamorarse?”

-“Se que no entiendes lo que estoy diciendo, pero si no lo digo ahora, no lo diré nunca, te quiero y quiero estar contigo siempre”.

 

Amore a la danesa.

 

Seis personajes en busca de amor que se encuentran en una clase de italiano. Bajo esta premisa que pudiera parecer superflua, se esconde una comedia romántica inteligente, sencilla, melancólica, graciosa y muy eficaz que va (como diría un italiano) ‘in crescendo’.

Esta fue la quinta película elaborada por el movimiento dogma (la primera dirigida por una mujer) que aborrece los artificios, la música extradiegética, los decorados artificiales e incluso la iluminación no artificial, incluso los títulos de crédito tienen que darse en elementos internos de la propia película. Mientras el resto de directores del movimiento dogma, optaron por dramones extremos (Bendito Von Trier)  Sherfig optó por una comedia mucho más ligera, pero muy bien dirigida y muy compleja bajo una aparente sencillez.

Lo bueno de italiano para principiantes es que es tremendamente honesto, los personajes, con sus defectos y sus virtudes te van atrapando, los vas aceptando aunque sepas de sus deslices y de sus miserias, pero también consigues comprenderlos y reírte con ellos, en esta película coral en la que es fácil empatizar con sus seis protagonistas, y así te encuentras que en la recta final de la película cada nuevo paso, cada nueva hazaña, la sientes como tuya, consigue un gran realismo (los movimientos de cámara al hombro ayudan, así como las interpretaciones) y una enorme implicación del espectador, que también se emociona cuando las cosas no vienen bien dadas, porque como buena comedia, tiene que tener un punto dramático.

El romanticismo, especialmente al final, es quizá demasiado meloso y en mi opinión le quita gracia y realismo a la historia, pero en general la película mantiene muy bien el tipo.

La clave, creo, está en la consecución tan precisa de hasta seis personajes, todos ellos muy diferentes entre sí, una extranjera, un cura, una solitaria, un inseguro, un borde y una peluquera lanzada, una gran variedad que permite conocer con amplitud diferentes puntos de vista y transmitiendo en todo momento sinceridad, desconcierto, pasión en ocasiones… la vida misma, una vida amable en la que se superan los sinsabores con un happy end no muy adecuado pero perdonable.

 

Nota: 7

Rompiendo las olas

Título: Rompiendo las olas

Dirección: Lars Von Trier

Interpretación: Emily Watson, Stellan Skarsgard, Katrin Carlidge, Jean-Marc Barr, Udo Kier, Adrian Rawlins.

Dinamarca. 1996

 

 

 

 

 

-“Toda mujer de esta comarca debe aprender a estar sola cuando su hombre se marcha a la mar o a las plataformas, incluso tú debes aprenderlo”.

-“Lo que el doctor quiere decir es que en algunos casos, cuando la vida no merece ser vivida, tal vez sea mejor morirse”.

-“Quiero que busques a un hombre y que hagáis el amor, y que luego vengas aquí, y me lo cuentes, sólo eso me mantendrá vivo”.

 

La redención extrema

 

Creo en Von Trier todopoderoso, creador del drama infinito, de todo lo visible y lo invisible…. La manera retorcida, sórdida, abrumadora que Lars Von Trier tiene de coger una historia dramática, desmenuzarla y servirla cruda, con la sangre manando de esos trocitos de existencia, es mucho más que cine, es una manera de oprimir las sensaciones, de centrifugar la conciencia, de hendir un dardo redentor en el más doloroso recoveco del alma. Rompiendo las olas es una experiencia trascendental a medio camino entre la obsesión religiosa, el asco, la admiración, el sacrificio y el amor extremo hasta sus peligrosos confines. Sea como sea, lo cierto es que esta cocktail molotov de sentimientos enfrentados en una sola cinta funciona, con una epidemia de sensaciones contradictorias, exasperantes en ocasiones, deliciosas en otras, que conducen al espectador hasta la extenuación a lo largo de sus 154 minutos de metraje.

Desgarradora, apabullante, desmesurada, el guión enfermizo de la película es una auténtica obra maestra que hace del que la vea un títere a merced de los caprichos de este genial director. Su manera de mezclar la conciencia religiosa de una mujer criada al amparo del fanatismo cristiano, con la sordidez sexual, la locura en el sentido literal de la palabra y con temas tan espinosos como la eutanasia, hacen ya de la obra un auténtico ejercicio de arquitectura narrativa, pero si además se consigue que la película no sólo sea verosimil, si no que se te inyecte en las venas con sus dosis de realismo (al estilo dogma un tanto tramposo de Von Trier) el guión es de por sí un monumento.

Y para mantenerlo en pie hace falta cimentarlo en una interpretación visceral y emotiva como la que consigue Emily Watson, que pone en pie un papel complejísimo y lo exprime con una pasión febril, imposible mejorarlo.

Técnicamente el director danes utiliza ya algunas técnicas Dogma, para afianzar la tensión dramática del filme, el temblor de la cámara al hombro, microelipsis de gran valor narrativo, sobriedad en la escenografia, planos muy cortos, luces naturales… todos ellos recursos para indagar en el realismo, para meter de lleno al espectador en su vorágine, y a buen seguro que lo consigue, incluso en su final donde busca la extroversión saliéndose por completo del cariz de realismo que ha tenido durante toda la película pero que de alguna manera sirve de desahogo para el espectador (difícil olvidar esas campanas)

Como casi siempre en Von Trier, peca de excesivo, de pedantería en ocasiones, de encajar frases y situaciones maquillándolas con una técnica envidiable, de tener poca consideración con el espectador, pero aún así tengo que rendirme a sus pies. Bravo.

 

Nota: 9

Bailar en la oscuridad

Título: Bailar en la oscuridad

Dirección: Lars Von Trier

Interpretación: Bjork, Catherine Deneuve, Peter Stormare, David Morse.

Dinamarca. 2000

 

 

 

 

-“Tengo un truco, me salgo del cine en la penúltima canción, así la película no se acaba nunca”.

-“Tengo un secreto, voy a quedarme ciega, no ahora, pero tal vez dentro de unos meses, y es hereditario”.

-“Cuando trabajaba en la fábrica, soñaba que estaba en un musical, en los musicales nunca pasa nada malo, pero este silencio…¿los presos nunca hacen desfiles?”

 

Tacto de obra maestra.

 

De sensaciones indescriptibles e interpretaciones maravillosas (la de Bjork es simplemente una de las mejores que haya visto jamás) Bailar en la oscuridad es un drama bestial narrado como musical. Es una obra brutal, aterradora definitiva como drama, en el guión que cuenta la historia de un ser bondadoso como pocos al que el destino le coloca en la tesitura de ser repudiado por la sociedad por las situaciones en las que se ha visto envuelta, con toda la intención filosófica que eso conlleva. Un servidor que no es muy amante de los musicales se ha visto deslumbrado por este género muy lejano de las canciones salpicadas de luces de neón y alegría del estilo de hollywoodiense, sino con ese regusto amargo del ritmo como huída de la realidad sin conseguirlo del todo, los números musicales son absolutamente arrebatadores y originales, por descontado el del final de la película, uno de los más desoladores y brutales que se haya visto jamás en el cine y que deja en estado de shock. Y todo ello, es lo que se puede contar desde las tripas y el corazón, porque si utilizamos la cabeza, técnicamente es perfecta, una iluminación precisa, un ritmo marcado a fuego por los musicales y los sonidos, un montaje que lo acentúa… pero todo eso es poco al lado de una historia que te noquea y que está narrada con una inquieta y traviesa cámara que se mueve por los rincones de los escenarios como un gusano que aprovecha todos los rincones. La construcción de los personajes raya al límite con el absurdo, con la irrealidad, sólo unas interpretaciones clavadas podrían salvarla y lo hacen, he aquí la grandeza de una película como esta.

 Nota: 10

Wilbur se quiere suicidar

Título: Wilbur se quiere suicidar.

Dirección: Lone Scherfig

Interpretación: Jamie Sives, Adrian Rawlings, Shirley Henderson

Dinamarca.2002

 

 

 

 

 

-“Prefiero morir antes que hacerle daño, quizás pienses que morir no significa mucho viniendo de mi, pero es mi hermano”.

-“se hace cada vez más humillante cada vez que sobrevivo”.

-“Si quisiera que me lamieran tendría un perro”.

 

El humor del casi muerto.

 

Mantener el difícil equilibrio de hacer humor sobre las propuestas suicidas de un joven (encantador a veces, tremendamente cortante en otras), es ya de por sí una obra de ingeniería guionística y de montaje y lo consigue con contundencia, porque realmente la película tiene momentos muy divertidos y diálogos agudos que afilan el humor en el ingenio de la frase y eso que la historia gira en torno a dos tragedias (cada hermano con la suya) realmente brutal y aún así, la simpleza con la que se toman la vida los personajes, disfrutando de las pequeñas cosas y momentos, hacen que sea, no solo llevadera, sino realmente graciosa y hace que miremos todo con simpatía. Bajo este logro tiene la película una cierta incapacidad para adentrarse en el interior de esos personajes inadaptados, a los que deja a medias, de los que sólo extraes unas características principales, extrañas y definitorias pero sin llegar ahondar demasiados.  Sensible, humana, fresca, la película tiene un guión realmente original, el trío amoroso que se forma es realmente fresco en cuanto a todo lo visto anteriormente.  Una película sencilla, armónica, pequeña gran película bien aderezada y con un mágico sabor de boca. El desenlace de la historia en la que todo parece darse la vuelta es sangrante, y aún así la directora sabe como hacernos sacar una sonrisa en ese punto, increíble el tacto que tiene para no ahogarnos en las angustia que pudiera generar la tragedia de la que nace la historia.

 Nota: 7

Celebración

Título: Celebración

Dirección: Thomas Vinterberg

Interpretación: Henning Moritzen, Ulrich Thomsen, Paprika Steen, Trine Dyrlhom

Dinamarca.1998

 

 

 

 

 

-“Brindo por el asesino de mi hermana, por un criminal”

-“Decía mamá que en 1974 viste como la polla dura de mi padre se restregaba contra mi pelo”.

 

Tiene esta película una furia interna, una corrosiva visión de los convencionalismos que destroza toda esperanza, una fuerza brutal. Thomas Vinterberg estrenó el movimiento Dogma con este filme apabullante, de un guión hambriento de destrozar conciencias y de buscar culpables y es que bajo el prisma de lo que debiera ser una historia sencillísima (en realidad lo es, lo que no lo es son las tensiones que provocan los diálogos) hay unos giros de guión que hieren como puñaladas que dejan el resto de la película en suspense, con la total convicción de que es imposible predecir que va a pasar a continuación y lo mejor, sin necesidad de grandes escenarios (una de las condiciones del movimiento Dogma) prácticamente toda la película gira alrededor de una mesa y sus comensales. Antes de ver está película parecía imposible ver tanta violencia en las palabras, tantas tensiones acumuladas sin resolver, y es que sin sangre, sin muertes ni explosiones, uno tiene la sensación de haber visto una película extremadamente violenta en todo su esplendor, sólo que las hostias son psicológicas y de ellas cuesta trabajo recuperarse. Para conseguir este demoledor efecto hacen falta dos premisas fundamentales, unos diálogos magistralmente escritos, con una acidez extrema y una ejecución interpretativa impecable, ambos se cumplen en esta película. El guión para ser sinceros, pierde muchos detalles por el camino, no cierra algunas tramas secundarias, olvida a algunos personajes y tienes que hacer un esfuerzo por creerte algunas situaciones, pero la fuerza narrativa de la trama principal es tan brutal y descorazonadora, que pasa como un elemento nimio aunque fallido. Le faltan también algunas de las cosas que el movimiento Dogma repudia de por sí, la música por ejemplo, que podría haber aportado más a algunas escenas, o algún juego más de iluminación (obligado por acuerdo a ser natural), pero aún así, que las ganas de innovar que se tuvieron en este primer filme del Dogma, han conseguido un efecto estupendo, con una cinta que trata la hipocresía, la pederastia, el racismo, la sumisión, el poder, la soledad, el suicidio, la infidelidad, el alcoholismo, la masonería, el aburgesamiento… todo un cocktail de pasiones que estallan en la celebración de un cumpleaños, junto a canapés y copas de vino y que aturden a golpe de reproches y trapos sucios.

 Nota: 8

 

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