Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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El niño

Título: El niño

Dirección: Jean Pierre Dardenne y Luc Dardenne

Interpretación: Jeremie Reiner, Deborah Francois, Jeremie Segard.

Bélgica. 2005

 

 

 

 

 

 

-¿Porqué estás enfadada?, pensé que haríamos otro

-Tengo hambre, al menos pásame un billete por debajo de la puerta, te lo devolveré.

El Gran Hermano de la miseria.

Al estilo Dardenne, ese que ha enamorado en dos ocasiones al festival de Cannes, los hermanos belgas nos vuelven a traer una película libre de artificios, sobria, austera, honesta, como un pedazo de documental puesto sobre la mesa, en planos cortos, con una cámara sutil, apenas perceptible, que se limita a seguir a sus personajes allá donde van camino de su desgracia.

Sin discutir sobre la honestidad de la propuesta, sobre la capacidad de recoger un drama social de forma precisa y verosímil, como si de un Gran Hermano de la miseria se tratase, el problema que vuelvo a ver en los hermanos Dardenne (como ya recogiese en la crítica de Rosetta) es su mínima trama argumental que ni si quiera se define en el espacio-tiempo, si no que aparece como un retazo en la vida de estos adolescentes, que no se sabe de donde vienen ni adonde van, pues la película ni lo refleja ni da pistas claras. Este empecinamiento por dejar abierta una historia que ya de por sí tiene poco desarrollo, puede parecerle a algunos intelectuales del cine una metáfora de la inestabilidad de los personajes, pero para mi será siempre cobardía, el no definir una historia es siempre demasiado fácil, un quebradero de cabeza menos a la hora de elaborar un guión.

De nuevo muchos silencios, bastante expresividad gestual, e identificación de la cámara con la mirada del personaje, sin rasgar demasiado en las profundas hondonadas de los personajes, que se muestran pero en las que el guión no se introduce.

Nos queda una película donde queda más por completar de la parte del espectador que del director, y eso, insisto, es un recurso demasiado fácil y de una arquitectura débil que se desmorona ante la mínima incapacidad del espectador.

La pulcritud por rodar de una forma cuasi-documental, les lleva nuevamente a desechar los recursos fílmicos que sirven para adornar y ensalzar el acto narrativo. Aquí, los Dardenne prefieren los escenarios naturales a la escenografía y se olvidan completamente de la música como recurso narrativo, el resultado, demasiado sobrio, demasiado aburrido, aunque ligeramente mejor a lo que ya consiguieran con Rosetta.

Y es que al menos aquí, la interpretación del personaje de Bruno si me convence y las idas y venidas del bebé convertido en un paquete, en una mercancía, me producen al menos cierta intranquilidad y espero algo del futuro de la película, aunque sea más o menos previsible. Ese Bruno que se pasa el día fumando junto al carrito y que parece más infantil que el niño que lleva en brazos, es al menos una buena construcción de personaje, aunque no se profundice demasiado y se defina más por sus acciones que por su alma. En cualquier caso, los Dardenne siguen sin convencerme.

Nota: 4

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Rosetta

Título: Rosetta

Dirección: Luc Dardenne y Jean Pierre Dardenne

Interpretación: Emilie Daquenne, Fabrizio Rongione.

Bélgica. 1999

 

 

 

 

 

 

-“Vete a un burdel si quieres follar, mi madre no es una puta”.

-“Me llamo Rosetta, he encontrado un trabajo, he encontrado un amigo, tengo una vida normal, no me caeré al hoyo, buenas noches”.

 El pan antes que la moral

No tiene música, apenas despliega un par de frases seguidas en cada diálogo, carece de una trama compleja o de giros de guión espectaculares, no hay traslaciones o maduración de los personajes a lo largo de la película más allá de su presentación, por no tener no tiene ni final, se corta abruptamente como se podría haber cortado diez minutos antes o diez minutos de pie, no tiene cine, solo el intento de apropiarse de la realidad de la protagonista como si fuéramos el Gran Hermano de la vida de Rosetta, y pudiéramos verla a cada instante, cámara en mano, sin ningún otro artificio técnico que lo caracterice, muy a la Nouvelle Vague, pero 50 años después. ¿En qué se basaron pues en el festival de Cannes para darle dos palmas de oro a este filme de tinte documentalista?, pues supuestamente en la angustia y emotividad que despierta la interpretación  de la protagonista que, llega a emocionar a muchos ayudado por las técnicas documentales que la arropan, como si el espectador no pudiera escapar de la ‘realidad’ de la exclusión social que nos presenta. Esto hace que todo el peso de la cinta recaiga sobre la protagonista femenina, tanto es así que, todos los que hayan sido calados por su interpretación salgan encantados, pero si no logran imbuirte en el papel, la película no tiene nada más que la presentación de un drama social, este, por desgracia para mi es mi caso. Aunque Emilie Daquenne se llevara la palma de oro a la mejor interpretación, yo necesito algo más que unos jadeos y una cara desafecta para emocionarme, no me llega, no siento su angustia interior, no me atrapa su lucha por la supervivencia, y en este aspecto para mí, la película carece de sentido, aunque haya millones de críticas que alaben el gran papel de la protagonista. Y es que el papel es duro, porque la protagonista no llora (sólo en la escena final y sin lágrimas a la vista), parece siempre como acomplejada, pero al mismo tiempo con un orgullo de supervivencia que la hace estar siempre más allá de sus posibilidades, por lo tanto su papel es el de estar absolutamente desolada, pero sin parecerlo ante la sociedad que la rodea, y a mi simplemente no me lo parece, no veo el desgarro detrás de su mirada y eso poniendo en su personaje toda la carne en el asador de la película, es fatal para su comprensión.  Me queda pues la presentación de unos personajes desarrapados, la exposición de un drama social con el paro y el alcoholismo como telón de fondo, una traición como principal giro inesperado de la trama, y alguna buena consecución de planos en los enfoques de detalles que llevan a cabo los hermanos Dardenne, o algún plano secuencia (el de la cliéntela por detrás de la cámara mientras es vendedora de gofres roza la genialidad) junto con la escena final, que sin ser un final realmente, la metáfora de la bombona de butano con la motocicleta dando vueltas en derredor si es al menos original y un tanto angustiosa. Sólo eso, no logro sacar más de esta multipremiada cinta.

Nota: 3

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