Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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El territorio de la bestia

Título: El territorio de la bestia (Rogue)

Rogue

Dirección: Greg McLean

Interpretación: Radha Mitchell, Michael Vartan, Stephen Curry, John Jarratt, Caroline Brazier, Sam Worthington.

Australia. 2007

 

 

-“Es una locomotora con dientes y el capullo este cree que lo va a sujetar con un trocito de hilo dental”.

-“Si te clasifica como alimento ya no para, es como un perro asesino vigilando un trozo de carne en su jardín”.

 

Carne de cocodrilo hollywoodiense

 

Turistas complacidos que buscan aventuras en un páramo australiano para ver y fotografiar a los cocodrilos terminan siendo asediados por una de estas enormes bestias que trata de alimentarse con los pobres excursionistas…. Mala pinta ¿verdad?… Pues casi no, y digo casi porque a pesar de su vulgar planteamiento de telefilme con amagos de terror de supervivencia (survival terror) y serie b, lo cierto es que durante la primera hora de metraje la película incluso mantiene el tipo y diríase que tiene hasta cierto gusto y una buena administración del tempo y de la tensión narrativa, no con grandes alharacas ni alabanzas, pero suficiente para reconocer algunos detalles de calidad… otra cosa es la media hora final, ahí el filme se vuelve carne de Hollywood, explota su faceta más comercial y destripa cualquier posibilidad de convertirse en una buena película… pero vayamos por partes que diría el cocodrilo despedazador.

Lo primero que destaca de la película es su capacidad para generar una atmósfera inquietante y nada forzada… el director se vale del paisaje australiano, de las ciénagas, la fauna local, los movimientos en el agua y la vegetación o las costumbres de la población local para recrear un ambiente salvaje e indómito donde el factor humano está a merced de las fuerzas de la naturaleza… éste se genera en coalición con el paisaje, es la cámara la que se adapta a las condiciones del territorio y no al revés, lo que en principio logra que el resultado sea mucho más natural que el que encontramos en otras películas del subgénero. Así nos encontramos con una muy buena fotografía, una apreciable iluminación y una buena gestión de la tensión narrativa que no se realiza con elementos digitales o con truquitos de cineasta sangrientos, sino que es la propia naturaleza (la subida del nivel del agua, el anochecer, los ruidos nocturnos) los que provocan el desasosiego, los que predicen que algo va mal. El espectador logra así sumergirse en cierto grado en la historia pese a su absurdo nada original planteamiento inicial y el oleaje con el que se mueve la inquietud son las que provocan la sensación de terror necesaria en este tipo de filme.

Luego llega un desenlace absurdo e intolerable, forzando el necesario final feliz institucionalizado (si la película hubiera acabado en el minuto 62 hubiera alcanzado mejores cotas), cuando el turista tiene que convertirse en héroe, cuando la sutileza de los encuadres de fondo de la bestia, agazapada en la oscuridad se termina para poner todos los focos en su enorme mandíbula y en sus dimensiones mastodónticas. Aquí culmina cualquier posibilidad de comunión entre película y espectados, el guión se deshilvana y hace aguas y la naturalidad conseguida se vuelca para aliarse con el espectáculo descreído y fútil que emanan los telefilmes sin pretensiones. Si a estos le sumamos unas horribles interpretaciones (a algunos quieres que el cocodrilo se los coma lo antes posible) el resultado no es bueno…pero la película prometía un mejor sabor de boca, lástima.

 Vea el trailer de El territorio de la bestia

Nota: 4

Australia

Título: Australia

Dirección: Baz Luhrmann

Interpretación: Hugh Jackman, Nicole Kidman, David Wenham, Bryan Brown, Brando Walters.

Australia. 2008

 

 

 

-“En verano volverás a transportar ganado, pero ahora llegan las lluvias”.

-“Que algo no sea así no significa que no deba ser así”.

 

Re-épica

 

Tiene un aroma a cine clásico de los 50 embriagador, una fotografía embelesante, variada e infinita, un completo guión con épica, acción, romance… como en las grandes superproducciones de antaño, y sin embargo, la película cae en el lodazal de la exageración, la pretenciosidad, la épica machacona y el sentimentalismo masivo. Todo en Australia es grande, y eso puede llegar a ser demasiado cargante para el espectador.

Luhrmann dibuja sobre todo un retrato de su país natal vigoroso y hermoso, salvajemente bello, embaucador gracias a una fotografía exquisita. No existe un solo plano feo en todo el filme, milimétricamente cuidado para resaltar en su variedad los extremos del paisaje australiano, desde sus llanuras desérticas a sus caudalosos ríos… pero claro, no sólo de paisajes vive el cinéfilo…

Luego llega el guión, con su esencia épica clasicista sí, con una trama principal bien organizada sí, pero lleno de subtramas y temas, recargado al máximo, exagerado, lo que provoca que la narración sea aparatosa, trastabillada. Uno está viendo una película histórica sobre el colonialismo en Australia en su etapa previa a la segunda guerra mundial, pero también está viendo una película romántica entre una damisela inglesa y un duro ‘cowboy’ hecho a sí mismo, pero también está viendo una película con un entronque social hacia la pérdida del legado aborigen y la crítica a la sociedad racista que excluía a los mestizos, pero también está viendo una película de aventuras con el largo traslado del ganado hacia el puerto de Darwin permanentemente boicoteado por los malos. Demasiada trama para una sola película (Hay elementos sobrados para hacer dos o tres temporadas de una serie) y esto tiene un efecto sobre el filme que termina de darle la puntilla, una longitud de metraje exasperante por la que terminas suplicando un final para la película, un final que por cierto puede llegar antes en varios momentos, pero que el director se empeña en alargar para ir cerrando tramas intrascendentes en su obsesión por clarificarlo todo.

Además, muchas de estas tramas están deliberadamente hinchadas, la historia de amor desborda pasión a raudales, la épica está exagerada y es reiterativa y la trama social está manchada de un enfoque sentimentalista que le hace perder su esencia a favor de derramar alguna lagrimilla.

El ritmo aunque constante, es ciertamente lánguido, no llega a aburrir, pero pese a hacer acopios de acción en ciertos momentos tampoco es una película definitivamente entretenida, lo cual es una pésima noticia para una película tan larga, convirtiéndola en un mamotreto de difícil digestión.

Así, pese a su buena base, la película muere pronto para el espectador, y el preciosismo de la fotografía o el vestuario no es suficiente para ganarse a un espectador que termina hastiado, atiborrado de película por todos sitios.

 

Nota: 4

Animal Kingdom

Título: Animal Kingdom

Dirección: David Michod

Interpretación: Ben Mendelsohn, Joel Edgerton, Guy Pierce, Luke Ford, Jacki Weaver, Sullivan Stapleton.

Australia 2010

 

 

 

 

 

 

 

-“Tengo problemas para encontrarle algo positivo a esto, normalmente soy muy buena en eso, pero ahora no logro encontrarlo”.

 -“Se que te han dicho que hablar conmigo es traicionar a la familia, pero son ellos los que te han traicionado, el hecho de que hayas tratado con nosotros es toda la prueba que necesitas… y estás en peligro, no te dejes confundir”.

 

Tensión parsimoniosa.

 Opera prima esplendorosa. La película se adentra en las relaciones de una familia vinculada con el crimen, un tema ya trillado por el cine, pero la diferencia de esta película que la hace diferente a todas las demás es la sequedad con la que se presenta, es sobria y fría hasta helar la sangre sin necesidad de regodearse en la brutalidad o la violencia, las escenas de crimen y sangre simplemente sobrevienen como una causa, efecto lógica aunque el director se las apaña muy bien para que nunca sepamos del todo cual va a ser el resultado final de cada paso que da el personaje. No hay tiroteos, ni luchas feroces, ni muertes agónicas no música de rock and roll con persecuciones efervescentes a las que nos tiene acostumbrado el cine negro, el efecto encarnizado que provoca la película de Michod es precisamente que esas situaciones se producen con una naturalidad pasmosa lo que las hace más crudas y realistas.

No está exenta de trucos para realzar la tensión, pero el directo también lo hace de una manera brillante y en esta ocasión opta por estirar la cuerda al máximo en cada escena en la que queda algún cabo suelto. El espectador se encuentra con que algo va a ocurrir tras una de las múltiples decisiones que tiene que tomar el personaje principal, espera a que algo impactante vaya a ocurrir y es aquí cuando Michod en lugar de optar por la acción trepidante, decide ralentizar la cámara, hacer que los personajes se comporten de manera mundana y poner una música que hace que la tensión esperada vaya in crescendo hasta la desesperación y hasta que en un momento dado termina por estallar, esta tensión parsimoniosa es una de las claves para que la película funcione.

También destaca una utilización del sonido inteligente, con mucho detalle en cada uno de los movimientos de los personajes, que crujen sobre el silencio desatado también la tensión, unos silencios que por cierto, también llega a utilizar en escenas cumbre cuando la acción está realmente desatada, pero que el director prefiere adormilar creando esa especie de desasosiego en el espectador.

Los planos a ras de suelo, lentos en trávellings para mostrar algo significativo, o simplemente el estado de ánimo de los personajes, junto con algún juego de espejos, son los primeros síntomas de un buen dominio de la cámara, nada mal para un debutante.

Por último también destaca una buena recreación de los personajes, especialmente el de la abuela de la familia, el candor entre los asesinos que está dispuesto a todo por la familia, un personaje realmente memorable y atípico con una seña de identidad propia.

Buen cine independiente, bien llevado y capaz de reescribir un género casi en el lado opuesto en el que se engendró, una buena apuesta por el cine.

Nota: 8

Generación Robada

Título: Generación Robada

Dirección: Philip Noyce

Interpretación: Everlyn Sampi, Tianna Sansbury, Laura Managhan

Australia 2002

 

 

 

 

 

-“Miran quienes tienen la piel más blanca, son mejores que nosotras y pueden ir a un colegio de verdad”.

-“Que esa gente utilice herramientas neolíticas no significa que tengan mentes neolíticas”.

-“Siguiendo la valla de los conejos llegaremos a casa”.

 

 

La valla que separa

 

Este filme basado en una historia real, sabe aprovechar la fuerza que le da la propia historia y que tenga a personajes reales (de hecho, en la película aparecen al final dos de las protagonistas ancianas en la actualidad a modo de documental para afianzar esa historia), es además un relato poco conocido por lo que se asegura la frescura del género, en absoluto mancillado todavía quizá por el escaso calado internacional del cine australiano. Lo que pierde a la película es precisamente su parte fílmica (no la documental) donde la narración es excesivamente sensiblera, previsible que te llevan linealmente hacia el inevitable final. La película tampoco está demasiado bien interpretada y en esta ocasión no se saca todo el jugo que pudiera darse en este tipo de cintas. Así que, aunque la película no esté del todo bien lograda si hay que darle que cuenta con una buena intención que da a conocer hechos ignotos por la mayoría de la sociedad occidental, en cualquier caso, pese a sus debilidades y carencias, el filme cala en la audiencia siempre que esta esté ya predispuesta a dejarse llevar con facilidad por la emoción e injusticia de lo narrado o puede enternecerse con los enormes ojos de las dos pequeñas protagonistas, vestidas en harapos y polvorientas para provocar la lástima fácil en todo momento. Aunque la historia es simple la larga travesía de las tres mestizas llega a aburrir en su recta final, cuando el espectador empieza a hartarse de tantos recursos reiterativos para escapar de sus perseguidores, pero al fin y al cabo sólo ocurre durante un pequeño tramo del metraje.

 Nota: 4

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