Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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Nueve reinas

Título: Nueve reinas

Dirección: Fabián Bielinsky

Interpretación: Ricardo Darín, Gaston Pauls, Leticia Brédice, Tomás Fonzi, Elsa Balaguer, Celia Juárez.

 Argentina 2000

 

 

 

-“Claro que puedo comprarlo, pero también puedo no comprarlo, como harían todos si pudieran”

-“En realidad las estampillas me recuerdan bastante a mi marido, cuadrado, pegajoso…”

-“Putos no faltan, lo que faltan son financistas”

 

Cepos, trampas y falsificaciones

 

Ingeniosa, muy atractiva y entretenida, pero decepcionantemente tramposa. Bielinsky ejerce de trilero en una película sobre timadores profesionales, en la que callejea por diferentes posibilidades, manipula al espectador, lo lleva a su terreno perdiéndolo entre falsas apariencias, juegos desorientativos  y caminos esquivos para embelesar al espectador con una trampa gigantesca en la que el embrollo se convierte durante casi todo el film en una magistral pieza de guión donde casi nada es lo que parece. Pero la propia película esconde un truco, una carta en la manga que más que un as, es una triste sota de bastos. Cerrar tal telaraña de ficción con un mínimo de coherencia, verosimilitud, o cuanto menos honestidad, se hace extremadamente difícil, y ahí Bielinsky no pasa la prueba. Todo resulta ser una farsa, un vil intento de impresionar con elementos nada creativos en un final hecho para justificar toda la emocionante bola de nieve creada anteriormente, pero que se derrite en un flash, porque no hay sentido para el burdo truco final (nada que ver con El Golpe, que trata el mismo tema pero se ayuda de un final apoteósico).

Esta es la decepción, pero durante la película sí hay bastante elementos de intriga, sorpresas, giros imprevistos y una hábil conducción de las sensaciones del espectador que llevan al entretenimiento sin freno, todo ello acompañado con una muy buena interpretación de Ricardo Darín, de lo mejor que ha dado el país en cuestión cinematográfica y que en este filme destaca sobre los demás.

En cuanto a la dirección y los elementos técnico-artísticos, pues pasan con más pena que gloria, no hay nada destacable en este ámbito en una película en la que todo pasa por un guión resultón y motivante, dejando el resto en un segundo plano y haciendo lo justo para acompañar a la historia de adrenalina y pasión por el timo que nos trae esta curiosa película.

Aunque no lo parezca a simple vista, la cinta también tiene un trasfondo social. Las tretas y argucias de los protagonistas para poder estafar el dinero a la gente y la proliferación de timadores en las calles de la ciudad, también son en cierto modo un indicativo de la situación económica de un país que en el año 2.000 estaba acuciado por una grave crisis económica, por lo que la gente tenía que lanzarse al mundo de la delincuencia para poder llevar el pan a casa. Esto sin embargo, aparece en una esfera muy secundaria y reconocible sólo por oriundos argentinos, ya que para un espectador de fuera aparecer totalmente desapercibido.

 Vea el trailer de Nueve reinas

Nota: 5

Un novio para mi mujer

Título: Un novio para mi mujer

Dirección: Juan Taratuto

Interpretación: Valeria Bertuccelli, Gabriel Goity, Adrián Suar

 Argentina 2008

 

 

 

-“Detesto enérgicamente el optimismo, me parece una forma estúpida de encarar la vida”.

-“Cuando empezaste a cambiar, yo me volví loco de amor por vos, empecé a sentir lo que sentía al comienzo”.

-“Pensé que amor era también ver la tele un domingo por la tarde tirados en el sofá”

 

Amar lo insoportable.

 

Exitazo de taquilla en su país de origen, esta comedia romántica argentina resulta simplona, con un corto análisis de las situaciones matrimoniales, poca altura de miras y escasa factura técnica que sólo trata de hacer reir con la situación esperpéntica que plantea (no descubro nada reseñable de ser Spoiler pues el título lo dice todo, es decir el protagonista masculino trata de que otro tipo enamore a su mujer para separarse de ella) y especialmente con el personaje femenino, un papel de mujer insoportable, criticona, vaga, inactiva, terriblemente fumadora, ama de casa sin ambiciones ni ilusiones, cuyas verborreas sobre su actitud ante una vida en la que todo parece molestarle resultan bastante graciosas, consiguiendo ser de largo lo más interesante de cara al espectador, antes incluso que la trama principal que resulta fallida por previsible, irreal, poco trabajada y no muy bien interpretada por parte de los dos personajes masculinos (marido y aspirante a amante). Pocos mimbres para una comedia agradable, sensiblera y que incluso hacia el final resuelve alguna empatía con el espectador y lo deja con el corazón tiritando, más suave y aterciopelado debido a algún planteamiento que no por convencional resulta menos efectivo y cumple el rol de comedia romántica. 

Pero como digo tiene un exponente muy válido, la actriz Valeria Bertuccelli, capaz de hacer sonreir al espectador, de hacerse absolutamente insoportable hasta decir internamente “yo también me divorciaría de ella” y virar gradualmente su interpretación conforme a la del personaje para engatusar al espectador, para hacerlo babear con una canción, con una simple sonrisa, con su sinceridad atroz pero fascinante y de verla cada vez más guapa, más mujer. El otro factor que hace más digerible la película es el transfondo social, en efecto comencé la crítica aludiendoo a un “corto análisis de las situaciones matrimoniales”, pero lo tiene, y eso en una comedia romántica ya es un paso importante. El despliegue de la película en la sala de un psiquiatra matrimonial con la pareja sentada para ser analizada es un claro indicio de lo que también pretende la película, ir a la raíz de las discusiones, de la rutina, desmenuzar la cotidianidad que rompe la magia con el tiempo y algo de eso sí que hay.

Pero son sólo dos notas afinadas en una película estereotipada, con algo de gracia, pero carente de mucho sentido.

No me iré sin comentar la terrible elección de Gabriel Goity para el personaje de conquistador por el que se pirran todas las damas, el Cuervo Flores, no resulta para nada real, un punto menos para la película.

 

Vea el trailer de Un novio para mi mujer

Nota: 3

El secreto de sus ojos

Título: El secreto de sus ojos

Dirección: Juan José Campanella

Interpretación: Ricardo Darin, Soledad Villamil, Guillermo Francella, Pablo Rago

 Argentina. 2009

 

 

 

 

-Puede que esté buena tu novela, pero no es para mi. Puede ser que vos te sentirás en el final de tu vida y querrás mirar para atrás, pero yo no puedo. Yo tengo que ir a trabajar todos los días y vivir con esto que no se si será la justicia pero es una justicia, y al final del día tengo que volver a mi casa y vivir con mi marido y con mis hijos que adoro, mi vida entera fue mirar hacia adelante, para atrás no es mi jurisdicción, me declaro incompetente… que causa por Dios, no se muere nunca.

-Su amor por esa mujer nunca más volví a ver, en nadie, nunca.

Justicia nostálgica.

fotograma de la película

 

 

Campanella realiza sus películas con la cadencia de una melodía clásica. Sus cintas rezuman una nostalgia acompasada, una llovizna sentimental marcada por la música de piano, los diálogos introspectivos, el equilibrio en las imágenes, y la repetición de ciertas escenas, iconos o frases para afianzar el ritmo narrativo de la historia. Pero en esta ocasión, en lugar de refugiarse en los amores imposibles o las trabas de la vida (aunque siempre quedan subtramas para tratar estos temas) el director charrúa nos trae una trama policiaca con asesinato incluido como eje principal de la historia, un salto narrativo respecto a su forma de contar que también se ofrece en una estructura más compleja, en el que el Benjamín Espósito (Ricardo Darin) del presente y del pasado se solapan aludiendo a los comienzos de la investigación judicial y a los ecos que deja en el futuro. Obtiene así Campanella una historia contada con lirismo y elocuencia, enamorando con las imágenes, pero al mismo tiempo un guión fuerte, interesante con cierta corrosión, interesante por sí mismo y encima con sorpresa final. En efecto, no nos tiene acostumbrados  el argentino a este tipo de historias, pero sus temas recurrentes siguen fieles en esta película, donde el amor longevo y altamente sentimental que perdura en el tiempo vuelve a darse en una de sus parejas fetiche Ricardo Darin y Soledad Villamil, con una complicidad entre personajes que despierta una simpatía y una emotividad contenida que va acumulando tensión a lo largo del filme, como ya lo hicieran con tintes algo más lacrimógenos los mismos protagonistas en ‘El mismo amor la misma lluvia’. Ambos forman una pareja protagonista solvente capaz de otorgar ese clima tanto de incertidumbre como de profundidad a un amor, donde la cobardía, o las trabas sociales le impiden explotar y se mantiene latente, deseoso y expectante durante toda la película.

Técnicamente, Campanella es también más arriesgado que en películas predecesoras, y  pese a que el equilibrio en los planos sigue siendo marca de la casa, para acompañar a una historia contada con serenidad, nos sorprende con una enorme secuencia que se inicia con una meteórica grúa y que continua con una persecución cámara en mano con varios zig-zags y cambios de sentido que sorprenden por su buen hacer, todo ello, entre una enorme multitud en mitad de un partido del Racing de Avellaneda, bellísima secuencia.

 

 

 

Campanella tiene ese extraño don de utilizar los tópicos más rancios de la comedia romántica sin que suenen empalagosos en la narración y aquí además suma ese expresionismo que sólo los grandes saben hacer, el contar con silencios, con miradas, con los dedos en un plano detalle… Muchos mimbres para llevarse el Oscar a la mejor película extranjera.

 

 

Vea el trailer de la película

Nota: 8

Pizza, Birra, Faso

Título: Pizza, Birra, Faso

Dirección: Adrián Caetano, Bruno Stagnaro.

Interpretación: Héctor Anglada, Jorge Sesán, Pamela Jordán, Walter Díaz.

Argentina. 1997

 

 

 

-“Quiero que me prometas que si este trabajo no funciona, te vas a buscar algún otro, pero no vas a robar más”.

-“Tanto correr y al final, no sacamos un mango”.

 

Aire entre la marginación.

 

En su estreno fue una revolución en Argentina por romper con la tradición cinéfila de este país. Pero que este filme de bajos fondos, delincuencia juvenil y ambiente urbano tratara el tema por primera vez desde la perspectiva ‘bajuna’ de los chavales en este país, no significa que no se hubiera hecho antes ni que se hiciera bien.

La temática, la forma e incluso la escenografía que se lleva a cabo para ejecutar la película está desde luego muy vista, y hay mejores ejemplos de este tipo de películas. La difícil vida de los cuatro amigos desarraigados, forzados por las circunstancias y por la pobreza que están obligados a actuar de malandros, a robar lo que pueden para, llegada la noche, tomar un trozo de pizza, una cerveza y un cigarrillo, en su ritual nocturno cuando culmina el día, a mi no me llega a emocionar, se le puede sacar mucho más jugo a este tipo de historias, primero porque trazan un guión muy básico, una historieta simple dentro de este submundo, con los personajes jóvenes de siempre en el que lo que más que llegan a inventar (y eso sí le da cierto toque diferenciador) es que uno de los personajes es una embarazada y otro asmático. Pese a todo, en el trabajo de guión se centran más en mostrar la desesperación general que se genera en estos suburbios, los estilos de vida en la marginalidad más que en los propios personajes, craso error, especialmente en una película de unos 75 minutos, donde si quieres decir algo tiene que ser certero. Aquí no nos dicen nada, nos muestran la ficción de vida de un estrato social en Buenos Aires de forma muy genérica, pero no es una película coral, y cuando les toca actuar a los personajes, pues nada resulta demasiado creíble, porque realmente no sabemos que les incita a cometer sus actos, que les ha llevado a esa situación, que les gusta, que sueños tienen… nada, aire entre la marginación. Incluso el final resulta exagerado, hay una patética exaltación de la amistad, una poco certera escena de acción absolutamente previsible y un desarrollo inverosímil de los acontecimientos.

Con tan escaso personaje, también es difícil sacar algo de la interpretación y la verdad es que los chavales que intentan poner en pie la historia también sobreactúan en el ‘chavacanismo’ tal vez por inexperiencia, el mismo pie por el que cojea una dirección novel de escasos recursos y en el que las ganas por hacer algo no son suficientes.

Nota: 3

 

El gato desaparece

Título: El gato desaparece

Dirección: Carlos Sorin

Interpretación: Luis Luque, Beatriz Spelzini.

Argentina 2011

 

 

 

 

 

 

 

-“El doctor me dijo que era normal que sintiera esa inquietud, que muchos familiares de enfermos psiquiátricos habían tenido miedo”.

-“Donatello desapareció, el nunca se había ido”.

 

El gato es el topo.

 

Una apuesta por el suspense con tintes cómicos. Esa es la curiosa propuesta que Carlos Sorin trae al Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, con el mejor guión de lo visto hasta el momento en las proyecciones de la sección oficial. El punto de partida del argumento es el regreso de un profesor universitario a casa tras una larga estancia en un hospital psiquiátrico al que a fue a parar por un brote psicótico por el que agredió a un amigo. Pese al alta médica, la mujer sospecha que no todo está bien, una inquietud que se dispara cuando el gato de la familia desaparece misteriosamente.

De esta forma, con una narración sencilla y límpida, Sorin nos va adentrando en un descomunal MacGuffin, jugando constantemente con el espectador, engañándole, dándole falsas pistas que se van disipando mientras otros engaños se fraguan sin que el espectador se pueda desvincular de ellos. Es una película que inquieta, que atrapa, y sin demasiados alardes ni elementos consigue captar la atención, mientras que el espectador comienza a formarse mil y una posibilidades en su cabeza.

Aunque su sencillez artística y técnica no permite demasiado lucimiento, se nota una dirección firme y especialmente un ejercicio de manejo del tempo de la película para conseguir mantener esa inquietud constante  durante todo el filme y para saber conjugar en imágenes la tensión del thriller psicológico con la cotidianidad casi cómica de la familia, un extraño equilibrio que le da el especial toque de distinción a la película, que la hace atípica.

Bien interpretada en general, con papeles simples pero bien definidos e interesantes, la película, después de llevarnos por los sinuosos caminos que Sorin nos marca, nos depara una sorpresa final, un magnífico epílogo que nos deja un gran sabor de boca nunca imaginado antes. Una película para dejarse arrastrar por su atrevimiento, su intenso pulso narrativo y sobre todo, por su ingenio.

Una película rodada al estilo Hitchcock (nunca he dicho que descubriera nada nuevo) y con un efecto muy similar, donde la utilización del sonido también es muy importante para lograr el efecto deseado.

 

Nota: 7

Todas las azafatas van al cielo

Título: Todas las azafatas van al cielo.

Dirección: Daniel Burman.

Interpretación: Ingrid Rubio, Alfredo Casero, Norma Aleandro

Argentina 2002

 

 

 

 

 

 

-¿Dónde viven los que viven en la tierra?

-Cuando tengo miedo me dan muchas ganas de dormir

-Blanco debe ser el color de la muerte, blanco idiota, insulso, blanco que no es nada.

 

 

Raffaella Carrá en Ushuaia

 

Esta comedia romántica a la argentina, tiene algo más que un argumento empalagoso y tonto, un error en la que suelen abundar las de su género. ‘Todas las azafatas van al cielo’ tiene un encanto impreciso, una fotografía preciosa en los paisajes montañosos y nevados de Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, y un cierto halo lírico que la convierte en una película, ligera, muy digerible y entretenida sin caer en los pecados de la acción meliflua, la música empalagosa, o sin que los personajes tengan que recurrir a una falsa heroicidad para  llevar a cabo su amor. El secreto está quizá en que esta película es más humana y menos épica. Que el amor se desarrolle en el “culo del mundo” y no en una urbe de ensueño o en jardines esplendorosos o que la música de la película sea tan llana como la horterada de Raffaella Carrá, le dan un tono con los pies en la tierra, por más que el cartel del filme aluda a lo contrario.

Estos hechos, sumados a unos personajes bien confeccionados e interesantes, permite que el espectador se pueda introducir en la trama sin demasiadas dificultades e incluso identificarse.

Y eso que el guión no es para tirar cohetes, de hecho es bastante deficiente. La historia cuenta el viaje de un viudo a esta región de la tierra de fuego para tirar las cenizas de su ex esposa, donde conoce a una azafata en el vuelo que lo llevaba. Allí pasarán diferentes vicisitudes  de tipo romántico, una tontería sí, pero al menos no es tan insulsa como otras de su estilo, y es que el cine argentino parece haberse especializado en darle un toque de interés a este género ya depauperado por décadas de bodrios, pero pese  esto la concatenaciones de encuentros y desencuentros fortuitos típicas en el género se dan en demasía y le resta gran parte de la originalidad que consigue en otros ámbitos.

Espectacular Ingrid Rubio tanto en su belleza natural que exhibe en este filme como en su interpretación igual de natural que en su hermosura desmaquillada, no tan acertado su compañero de reparto, Alfredo Casero, que simplemente cumple el papel.

Todas las azafatas van al cielo se convierte así en una película agradable, un tanto irregular, pero eficaz al fin y al cabo y con un buen sabor de boca, con buenas dosis de ternura, diálogos muy bien fraguados y una fotografía preciosa.

 

Nota: 6

 

El mismo amor, la misma lluvia

Título: El mismo amor, la misma lluvia.

Dirección: Juan José Campanella

Interpretación: Ricardo Darín, Soledad Villamil, Eduardo Blanco, Ulises Dumont, Alfonso de Gracia, Alicia Zanca.

Argentina. 1999

 

 

 

 

 

-“Yo Jorge Pellegrini, conmovido por la pasión que me domina, he decidido iniciar un diario íntimo al estilo de mis ilustres predecesoras: Anna Frank, Mafalda y la pequeña Lulú”.

-“Yo pensé que ese fuego era amor, pero ahora me doy cuenta de que no, de que ese fuego te quema nada más”.

-“Fue un simple y vulgar intento de suicidio, nada como para cortarse las venas”.

-“A veces pienso que las charlas sin importancia, en los lugares sin importancia, fueron los momentos más importantes de mi vida”

 

Diario íntimo de la nostalgia.

 

Algo tiene Campanella como para coger los elementos básicos de un género como la comedia romántica, sin innovaciones ni estridencias, y transformarlos en algo más libre, cercano y conmovedor. ‘El mismo amor, la misma lluvia’ tiene una pareja de enamorados, tiene pasión, música suave de piano y guitarra, traiciones, obstáculos y la lluvia salpicando los cristales de los coches en una despedida, es decir, justo los mismos recursos narrativos con los que Sandra Bullock y Hugh Grant protagonizarían un bodrio empalagoso… y sin embargo, el resultado final en manos de este director argentino es una reflexión mucho más profunda sobre las relaciones humanas, sobre los encuentros y los desencuentros, sobre el papel del azar, de las dictaduras, del periodismo, de la evolución natural del hombre a lo largo de su vida, de la libertad…

Todo ello se fundamenta naturalmente en un guión mucho más forjado, simple en su esencia pero ensamblado a unos diálogos maravillosos, de un elevado tono literario, evocadores, honestos, íntimos, que remueven sentimientos y nostalgias. Y es que escuchar a los protagonistas de esta película, con su bello acento argentino, extendiendo las elles en los tímpanos, es una verdadera delicia, una experiencia emotiva y cálida.

La virtud de la película también radica en que la relación amorosa no se sirve con edulcorantes artificiales, simplemente se muestra con sus parabienes y sinsabores y el guión no la aísla del resto de la sociedad, la enmarca y la muestra tan natural como compleja, sin artificios, ni demostraciones de heroicidad, ni enormes casualidades, ni ‘boludeces’ del destino.

Ayuda mucho a quitarle azúcar a la historia el fino sentido del humor que nos regalan los diálogos, que saben romper en el momento justo, cuando la miel empieza a adherirse demasiado al paladar, y darle otro tono a la historia gracias a alguna carcajada, y de veras que lo consigue con sus comentarios ‘chévere’.

Fantástico también Ricardo Darín, y Soledad Villamil en sus réplicas como Laura, que hacen un trabajo extraordinario con sus personajes imbuidos ambos en muchas complejidades y hasta contradicciones y que le dan el punto exacto para que la película funcione con esa pasmosa naturalidad y que sea capaz de transmitir tantas cosas, de tantas maneras diferentes. Hoy soñaré con Jorge y Laura.

 

Nota: 8

 

El viento se llevó lo que

Título: El viento se llevó lo que.

Dirección: Alejandro Agresti

Interpretación: Vera Fogwill, Fabián Vena, Ángela Molina, Jean Rochefort.

Argentina 1999

 

 

 

 

 

 

-“Soy el dueño del último cine del mundo, acá no tenemos radio, no tenemos televisión… yo soy una persona muy importante, sin mí la gente se moriría de aburrimiento”.

-“Aquí la gente tiene el problema ese de las películas, así que si te aburres haz lo que quieras, pero no vayas al cine”.

-“No lo podía creer, toda esa gente vive literalmente en el culo del mundo sin tener ni idea de lo que ocurre a su alrededor”.

 

La loca historia del culo del mundo.

 

Fascinante guión, deliciosa historia, tan alocada como arraigada a las pasiones que emanan de un pueblo perdido en la Patagonia. Partiendo de una premisa original, todo es más fácil y la de ‘El viento se llevó lo que’ es sorprendente, todo se basa en la historia del culo del mundo, un pueblo perdido al sur de Argentina, absolutamente incomunicado, en el que su único contacto con la realidad es el del cine, unas películas que llegan al final de su recorrido de años de exhibición en un estado lamentable, con cortes, cambios cronológicos en la película, y planos del revés, pero eso que ven los habitantes es lo único que conocen del mundo exterior y lo toman como cierto, por lo que desencadena en la locura colectiva en la que se ven envueltos los personajes. Esta historia tan fascinante como verosímil dentro de la estructura narrativa es lo que da vida al relato y lo que permite dibujar todo un corolario de personajes esperpénticos, divertidos, dicharacheros que aportan al relato toda su vitalidad, su extraño encanto de fábula misteriosa, desbordante de mágicas microhistorias.

Llena de humor, aunque también deje espacio para la tragedia (el golpe de estado se cuela sutilmente en la trama) si es cierto que la película se desfigura un tanto al tratar de dar paso a demasiados personajes (algunos innecesarios) y se bifurca en demasiadas subtramas lo que da al relato un tanto de caos. Pero no obstante, mientras nos perdemos en la vorágine de personas aisladas que inventan su conexión con la civilización para sentirse parte del mundo en unos escenarios naturales llenos de casas destartaladas y una bella riqueza natural, la verdad es que nos divertimos con los absurdos comportamientos y frases que tienen en este pueblo. Todo un descubrimiento rebosante de originalidad, un poco de frescura para el cine.

Muchos críticos destacaron como muy polémica la concha de oro que consiguió en el festival de cine de San Sebastián, al no considerarla merecedora del galardón y calificarla de pedante, sin embargo, por una vez, yo avalo la decisión del jurado.

Nota: 8

Historias mínimas

Título: Historias Mínimas.

Dirección: Carlos Sorín

Interpretación: Javier Lombardo, Antonio Benedictis, Javiera Bravo, Laura Vagnoni.

Argentina 2002

 

 

 

 

 

 

-“En estos tiempos, los que no tienen capacidad de improvisar, desaparecen”.

-“A mi marido le gustaba el cultivo de la palmera, decía que la Patagonia algún día sería como Brasil”.

-“Ese perro es el único que me conoce”.

 

La pequeña soledad remota.

 

Pocas veces el título de una película ha dicho tanto de su contenido. Lo que se concentra dentro de este celuloide de 96 minutos son eso, Historias mínimas, pequeños retazos de la vida de tres personas diferentes que viven su particular aventura. Todos ellos tienen dos denominadores comunes, están solos, muy solos, y viven en los parajes extremos y semidespoblados de la Patagonia argentina, el marco incomparable para hablar de la soledad, con un enfoque fotográfico que bien se asemeja a la mítica Paris-Texas de Win Wenders. Las historias (tres principalmente) están envueltas todas en una especie de drama, pero por dentro son amables y cómicas incluso en algunas ocasiones en unos relatos que se entrecruzan y que están dotados de un guión con una pasmosa naturalidad. Poco a poco los personajes ‘mínimos’ se van encontrando con otros secundarios que dibujan el retrato social de una Patagonia alejada de todo, longitudinal, remota, pero alegre y amable entre sus gentes recreando un magnífico entramado de relaciones que subrayan un retrato costumbrista de la zona. Todo para enriquecer a los personajes centrales. Y todo esto se hace casi susurrando, la película es un ligero soplo de brisa, una sencillísima narración sin nada más extraordinario que la cotidianidad y las diminutas aventuras que la acompañan, totalmente realista y natural, apoyada en esencias humanas, y es de esa concreción donde Sorín consigue sacar un sentido épico, casi universal que da a la película ese toque de delicadeza tan especial.

Huir de la tristeza y poner un punto de optimismo y esperanza en esta vasta planicie atravesada por una carretera apenas transitada es el gran acierto de Sorín, en una sui generis ‘road movie’ por la que se circula sin aditamentos, solo con las vidas que las atraviesan.

También destacables las actuaciones de Javier Lombardo con su particular odisea por conseguir perfeccionar una tarta de cumpleaños, como la del anciano, Antonio Benedictis buscando el perdón de su perro.   La tercera historia, más mundana y que toca el corazón mucho menos (afortunadamente es la más corta) está peor interpretada.

Nota: 7

Los árboles mueren de pie

Título: Los árboles mueren de pie.

Dirección: Carlos Schlieper

Interpretación: Arturo García Buhr, Amalia Sánchez Ariño, Zoé Ducos, Francisco López Silva.

Argentina. 1951

 

 

 

 

-“A veces basta con el canto de un pájaro para salvar la vida de un hombre”

-“Las casas viejas no las hacemos los arquitectos, las hace el tiempo”.

 

 

Lo tuyo es puro teatro.

 

Comedia de enredo en la que el buen humor, la fantasía, la alegría y el amor son protagonistas. Basada en la obra teatral de Alejandro Casona, el gran déficit de la película radica precisamente ahí en su excesiva teatralización, tanto que entre grabar la obra directamente en una representación y esta película, no debe haber demasiada diferencia. Los planos son fríos y largos, el montaje demasiado sistematizado en presentación, nudo y desenlace, y la escenografía resalta como un escenario de cartón-piedra (casi toda la película transcurre en la misma casa, en diferentes dependencias). No hay matiz cinematográfico y a pesar de todo se disfruta esa alocada historial fruto del guión basado al 100% en la obra literaria original y que de hecho firma Alejandro Casona como guionista en la película. Los personajes, aunque bien perfilados, son un tanto irreales, están hechos para hacer reír y para crear ilusión no para emocionar o para empatizar con el espectador y sus aventuras y vicisitudes cómicas realmente rayan muchas veces el absurdo, parecen así más específicos para el teatro que para el cine. Se pasan buenos momentos, se disfruta de las ensoñaciones,  se participa de las locuras (un tanto desmedidas) que plantea la trama y el visionaje no se hace pesado, eso sí te quedan serias dudas de que lo que está viendo uno es cine de verdad. Las interpretaciones, por cierto, vuelven al mismo pecado, demasiadas teatralizadas, lástima que no se rodara con un poco de más pulsión cinematográfica.

Nota: 4

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