Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

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La Ola

Título: La Ola

Die welle

Dirección: Dennis Gansel

Interpretación: Jürgen Vogel, Frederick Lau, Jennifer Ulrich, Max Riemelt, Christiane Paul, Elyas M´Barek, Jacob Matschenz, Cristina Do Rego.

 Alemania 2008

 

 

-“La semana de proyectos trata de poner en valor la democracia, la preparación de cockteles molotov es cosa de química”.

-“En el nuevo orden de los asientos subyace un sistema”

-“Este es nuestro símbolo, la ola va a arrasar la ciudad”

-“Desde aquí la ola arrasará a Alemania entera y quién se interponga en nuestro camino será arrasado por la ola”.

 

Filofascismo

 

Interesante, didáctica, intrigante y demoledora. La ola es una seria advertencia a los que dormitan sus ideales amparados en la plácida protección del estado democrático. El guión de esta película germana husmea en las raíces de los idearios fascistas o autocráticos, indaga en su germen social y atiza con una perseverante actitud crítica las razones por las que estas pueden llegar aún a proliferar hoy en día.

El medio para conseguirlo es un guión bien trabajado, que remueve poco a poco los despojos para dejarlos oler en un final explosivo, narrando la convergencia ideológica de un grupo de alumnos que se dejan llevar por un experimento de clase sobre el autoritarismo y la disciplina hasta ser subyugados por el sistema ficticio que han llegado a crear, manipulados por sí mismos casi sin darse cuenta. Esta es la interesante propuesta del novato Gensel que deja, desde luego, una historia para la reflexión, una parábola corrosiva que te lleva a comprender lo que muchas veces los ciudadanos de a pie consideramos incomprensibles, la expansión de grupúsculos de extrema derecha o adoradores de Hitler.

Si a eso le sumamos el intrigante comienzo de la película con el cartel de ‘basado en hechos reales’ (en realidad es la adaptación de la novela de Tod Stresser del mismo nombre que a su vez se basa en el experimento real llevado a cabo en una escuela de Palo Alto, en California) un recurso facilón para aumentar el realismo de una película pero que suele funcionar en el subconsciente del espectador, el resultado es casi estremecedor… Y digo casi porque a la película le faltan algunos ingredientes para que nos subamos en su cresta. La película entretiene, dosifica y explica con bastante nitidez los acontecimientos, reparte intriga y en realidad hasta su propio funcionamiento narrativo es un cúmulo continuo de agua que termina por estallar al final contra las rocas, pero lo del realismo… se me escapa, sólo a medias. En realidad la película está bastante forzada especialmente en la confección de dos personajes, quizás los dos con más protagonismo para la historia, por un lado el profesor Rainer Wenger, que comienza autodefiniéndose en el filme como una persona vinculada a la izquierda, e incluso a movimientos okupas y anarquistas y termina de forma no muy lograda creyéndose sus propias mentiras para la clase y por otro el del alumno Tim Stoltefuss quién en apenas un día de clase es capaz de cambiar su conducta radicalmente de un chico aparentemente normal a un doctrinario cuyo lavado de cerebro apenas necesitó una sesión para erigirse en el más dependiente de la ‘secta’, mientras que la actitud del resto de alumnos más o menos se sostiene en estos dos casos mi credulidad pone un listón más alto y además coincide con que son personajes clave para la trama. Que conste que Jürgen Voler si hace una genial interpretación, sólo que la conversión de su personaje no está a la altura. Su interpretación destaca mucho sobre las de los demás chicos que no terminan de encontrar la talla (tal vez por que interpretan a miembros de un grupo y no a seres individuales) .

En este punto también llegamos a otra clave, estamos ante un buen guión y una buena historia de acuerdo, pero que hay del apartado técnico?  Pues ni se nota. El joven director alemán no aprovecha en absoluto los aspectos de la historia para posicionar o mover la cámara y se limita a rodar del modo más aséptico y equilibrado posible, sin romper esquemas en una trama que tiene poderosas opciones de trasladarse a un estilo más independiente (se me ocurriría simplemente el poder de los picados y contrapicados en un discurso del líder a sus seguidores), habla la historia, pero no la cámara, tampoco la iluminación ni la escenografía dejan detalles para impresionar… la técnica no acompaña al torrente creativo intrínseco de la historia.

 Vea el trailer de La Ola

Nota. 7

 

 

Vicky el vikingo y el martillo de Thor

Título: Vicky el vikingo y el martillo de Thor

Wickie auf Grosser Fahrt

Dirección: Christian Ditter

Interpretación: Jonas Hämmerle, Waldemar Kobus, Valeria Eisenbart, Nic Romm

 Alemania 2011

 

 

-“Vicky, es el momento de demostrar que hay un auténtico Vikingo en ti”

-“Todos podemos ser valientes si algo nos importa de verdad”.

-“Si tenemos un jefe es para no tomar decisiones.

 

Golpe a golpe

 

Es una película para niños sí, pero aún teniendo en cuenta este hecho, un buen filme, o al menos trabajado, debería tener algo más que una sucesión de mamporros con sonidos enlatados, chistes de poca altura y unas aventuras desdentadas de guión, tratando de llevar al público más joven por fuertes emociones sin más cautela y sin importar que los recovecos de euforia que debe serpentear el joven héroe tengan si quiera el más mínimos sentido. No se trata de hacer realista una película para niños y basada en los famosos dibujos animados pero… al menos mantener la lógica dentro de este ámbito, no creo que sea mucho pedir.

El estereotipo de vikingo que decide llevar adelante la película es el de un bobalicón descerebrado, rudo, algo cobarde y que se ve envuelto en aventuras casi sin proponérselo y de la que, como no, milagrosamente parece que siempre salen bien parados por arte de magia. Ante esta panda de paletos, Vicky, el hijo del jefe del poblado, es el más débil pero también el más avispado, y cada vez que tiene una buena idea para salir del apuro, se frota la nariz produciendo un extraño brillo mágico. Lo raro y es quizá lo peor, es que en mi opinión, este hecho antes reseñado que es la piedra angular de este proyecto no se sostiene por las prisas o por la excesiva sencillez a la hora de afrontar el proyecto, ya que, las ‘increíbles’ ideas de Vicky, son en realidad bastante lógicas y elementales y sólo un vikingo bobalicón no las vería, es decir, el guión poco trabajado deja la impresión de que el héroe ni siquiera lo es tanto y a partir de esa premisa básica derrumbada todo se tambalea. No esperen encontrar un Mcgyber o un ingenioso Daniel El Travieso, encontrarán a un niño que quiere rescatar a su padre, punto y final, envuelto en un ambiente más mágico con amazonas, castillos de hielo, amuletos mágicos y piruetas de circo.

Queda bien recogido al menos esta escenografía y el vestuario, la elección del actor protagonista, pizpireto y alegre así como la recreación del poblado o de los lugares que visitan durante su larga travesía, y la fisionomía de los compañeros de aventuras con un aire de cuento ciertamente divertido y original que cuadran muy bien con la historia que tratan de contar… tiene cierto encanto.

Poca solvencia en la dirección, escasa imaginación, efectos especiales y sonoros muy tontorrones a la altura de sus protagonistas, poca altura de miras y el único objetivo de intentar entretener o incluso hacer gracia pero con tampoco demasiada fortuna. Si es de los que echa de menos las aventuras de este peculiar personaje, vuelva a las andanzas de la antigua serie de dibujos animados y olvide este vil invento comercial y escasamente trabajado, tiene mucho por mejorar.

 Vea el trailer de Vicky el Vikingo y el martillo de Thor

Nota: 3

 

Soul Kitchen

Título: Soul Kitchen

Dirección: Fatih Akin

Interpretación: Adam Bousdoukos, Moritz Bleibtreu, Birol Ünel, Anna Bederke, Pheline Roggan, Lukas Gregorowicz.

 Alemania 2009

 

 

 

-“La gente no sabe lo que es sabor, sólo come mierda para llenar la barriga”.

-“Te acuerdas cómo besábamos los coños de las revistas… por cierto, esta es mi prometida”.

Con las manos en la masa

Con la ligereza de una Mousse de limón, Soul Kitchen empapa de humor la pantalla. Fatih Akin se pasa esta vez a la comedia con una divertidísima (que raro suena eso en una película alemana) historia acerca de un joven de ascendencia griega y las vicisitudes que tiene que sobrepasar para montar un bar-restaurante en Alemania… y esto lo hace el mismo director de dramones tan profundos como Contra la pared o Al otro Lado. Pero el cambio de género no parece ser un problema para este director de origen turco y afincado en Alemania que ha dado alguno de los mejores títulos de este país en los últimos tiempos, y ello porque ha sabido ponerse con las manos en la masa a trabajar la comedia, a amasar una historia jocosa, llena de complicaciones económicas, de encuentros y desencuentros emocionales, de extrañas relaciones familiares, de buena música, de situaciones hilarantes y de personajes repletos de vida con un mensaje optimista por delante incluso cuando las cosas pintan peor. 

La película resulta fresca y estimulante en un terreno tan cenagoso a veces como el del humor y con una gran oferta gastronómica de la mano de unos actores no muy conocidos pero que trabajan bien en sus papeles, con estados de ánimo zigzagueantes, imprevisibles como los avatares de la vida y cuya evolución se refleja también en la del restaurante como catalizador de las vidas de estos personajes, nada convencionales, pero sí verosímiles. Todos los personajes juegan un papel imprescindible en la película, todas las escenas están calculadas, y aunque al final pueda tener el aspecto de comedia ligera con poca altura de miras y algunos de los gags o chistes se produzcan por repetición, en general la obra resulta bastante redonda.

Interesante también el choque de culturas entre inmigración, alemanes de larga tradición e incluso inmigrantes chinos que se dan en una contagiosa coctelera.

El resultado final es el de una película agradable a la vista, muy cercana al espectador con un humor simple pero no idiotizado, alegre, humanista y que sobre todo hace reir, que es lo menos que se espera de una comedia y que resulta muy interesante en unos momentos en los que el genero parece haberse transmutado en vodeviles obscenos, concatenaciones de gags absurdos o en un batido de géneros donde el humor apenas ofrece un pequeño matiz. Soul Kitchen recupera el espíritu de la comedia primigenia pero adaptada a los toques modernos y aunque el resultado tampoco sea para caerse de espaldas si que al menos logra que creamos en este género y al mismo tiempo echar unas risas.

 Vea el trailer de Soul Kitchen

Nota: 7

La vida de los otros

Título: La Vida de los otros

Das leben der anderen

Dirección: Florian Henckel von Donnersmarck

Interpretación: Ulrich Mühe, Martina Gedeck, Sebastian Koch, Ulrich Tukur, Thomas Thieme, Hans Uwe-Bauer.

  Alemania. 2006

 

 

-“Eres tan idealista que pareces un pez gordo del partido, ¿Quién ha hundido a Jerska, gente como ellos, soplones traidores y conformistas, si no tomas partido es que no eres humano, si te decides a actuar llámame, si no, no tenemos nada más que decirnos”.

-“Aún recuerdo las palabras de Lenin sobre la Pasionatta: (si sigo escuchándola no acabaré la revolución). ¿Puede un hombre escuchar esta música, escucharla de verdad, y ser mala persona?”.

-“Recuerde que ahora es una confidente, eso conlleva responsabilidades, pero también privilegios”.

Sonata para un hombre bueno

República Democrática Alemana (RDA) años 80. El control del estado comunista sobre sus habitantes muestra su mayor exponente en la Stasi (Organo de seguridad y espionaje de la RDA) que asfixia la libertad de expresión, especialmente de los artistas. Por motivos más personales que profesionales, los altos mandos del ministerio deciden investigar a un poeta y dramaturgo que en principio no parece sospechoso de tener vinculación alguna con los movimientos anti-régimen. Sin embargo, la relación que surge entre los intereses del poder, los espías y los espiados darán para un muy buen guión, para desarrollar una trama inteligente, crítica, veraz e instructiva con momentos de enorme tensión narrativa bien administrados por el director y que merecieron el Oscar de la academia de Hollywood a la mejor película de habla no inglesa, amén de otros muchos reconocimientos por parte de los círculos de la crítica o de los certámenes de cine de otros países como Italia (David de Donatello) o Francia (Cesar).  

La película es bastante sobria en cuanto a elementos artísticos o técnicos, hay poco que admirar en cuanto a movimientos de cámara, ambientación o fotografía, que simplemente se pueden incluir en el apartado de correctos, pero la película prefiere centrarse más en lo emocional, en la convicción de presentar de forma acertada una serie de personajes con objetivos contrapuestos, privados de libertad en diversas áreas de sus vidas por culpa del Estado y que, en cierta manera, chocan frontalmente entre sí arrastrados por las corrientes que se imponen desde arriba. La búsqueda de la libertad, el tratar de escapar del sistema haciendo trampas, será la que encierre la mayor virtud de la cinta, la valentía o cobardía que muestran los personajes en momentos críticos determinará de alguna forma sus vidas.

Y es que en esta historia hay un hombre que es especialmente bueno, que arriesga mucho para salvaguardar la felicidad de otros de los que sabe que no son culpables, que son injustamente acusados, un héroe anónimo a los que esta historia trata de hacer justicia muchos años después de la caída del muro de Berlín.

La película tiene sin duda cierta maestría para llevar a cabo el guión para desarrollarlo y dosificarlo para inyectarle un aire trágico y conmovedor… pero tampoco va mucho más allá.

Destacable también Ulrich Mühe en el papel del ‘hombre bueno’ sabiendo reflejar esas pequeñas dosis de soledad y sentimentalismo dentro de un personaje bastante austero por lo general, el resto de las actuaciones son en realidad demasiado hieráticas y no del todo convincentes.

Y eso es a grandes rasgos La Vida de los Otros, un filme que narra aspectos no tan conocidos de la vida en el Europa del Este, que apunta hacia el control del estado en la ideología y en los proyectos artísticos (un tema ya desarrollado en otros filmes como Mephisto) y que encierra un memorable guión.

Vea el trailer de La vida de los otros

Nota: 7

Contra la pared

Título: Contra la pared

Dirección: Fatih Akin

Interpretación: Birol Ünel, Sibel Kekilli, Catrin Striebeck, Guven Kiraç

Alemania 2004

 

 

 

-“Soy una mujer turca casada, intenta algo y mi marido te matará”.

-“Si quieres de verdad a Cahit, déjale, vete”.

-“Cuando vi a Sibel por primera vez, estaba muerto, había muerto mucho antes de conocerla, me había perdido, había desaparecido, entonces ella irrumpió en mi vida, me dio amor y me dio poder”.

Amores suicidas.

Un dramón desdramatizado, rodada muy a la europea pero con los toques otomanos que la da su director de ascendencia turca y que incluye localizaciones tanto en Hamburgo como en Estambul.

Contra la pared cuenta una buena historia que trata de desmarcarse de lo de siempre en los ambientes de alcohol y droga, aunque tampoco lo consigue del todo, es sólo ‘ligeramente original’ desde luego no transgresora pero te deja un buen regusto de haber visto algo nuevo y esa es su mayor virtud. Cahib y Sibel tienen, cada uno por su lado, tendencias suicidas, pero cuando se conocen ambos ven un rayo de esperanza en el otro. Entre cocaína, alcohol, música funk y algún polvo esporádico con otras personas, ambos parecen haber mejorado de sus tendencias hasta que el destino los separa y tendrán que esperar para volver a verse. A priori esto es algo muy visto en su esencia, pero no en las circunstancias que definen la película con un tono fatalista que deja al espectador expectante de ver como se desarrollan los acontecimientos. Del mismo modo, lo ‘exótico’ del argumento, también permite algunos golpes de humor negro entre la desesperación de dos personajes que al menos luchan por intentar ser felices en lugar de arrojarse al vacío.

Entre las características técnicas, el director turco-alemán, se decanta por el modelo germano-europeo,  llevado por planos cortos, planos secuencia, una velocidad narrativa muy adecuada dependiendo del momento que quiera transmitir, es decir, muy correcto en el plano técnico, aunque no brillante.

Destaca sobre todo, esa especie de suciedad fangosa que imprime en los fondos, una oscuridad que de alguna manera también vertebra a los personajes, que da sentido a la película que amenaza constantemente a los personajes.

Bien fotografiada especialmente en las escenas rodadas en Estambul, también con calles muy grises y neones destartalados que roban la luz de los personajes.

Otra curiosidad de la película, es la ruptura temporal que ofrece, dividiéndola directamente en actos como si de una tragedia griega se tratase. Entre acto y acto vemos a una orquesta turca tocando a orillas del Bósforo con una preciosa toma de Estambul al fondo. No deja de ser una mera curiosidad, que a algunos incluso les parecerá pesados, solo trata de marcar de forma más eficaz los saltos en el tiempo.

Una película interesante pues, con cierto atrevimiento y una factura técnica muy correcta, suficiente para merecer el Oso de Oro en el Festival de Berlín.

 

Nota: 7

El estado de las cosas

Título: El estado de las cosas

Dirección: Win Wenders

Interpretación: Patrick Bauchau, Allen Garfield, Isabelle Weingarten, Geoffrey Carey.

Alemania. 1982

 

 

 

-“Las historias sólo existen en las historias, mientras que la vida continúa sin volverse una historia”.

-“Nunca pensé en el blanco y negro hasta que vi el muestrario. La vida es en color, pero el blanco y negro es más realista”.

-“Una película sin una historia es como hacer una casa sin paredes”.

La casa sin paredes

El propio Win Wenders lo reconoce en el guión de su película: “una película sin una historia es como una casa sin paredes”, pero Wenders no se aplica el cuento. La película además de aburrida (muy aburrida) es egocéntrica ya que el director parece estar hablando de sí mismo continuamente, en un filme sobre el cine mismo y los entresijos de su industria, metacine propiamente dicho pero con un guión poco definido, sin giros argumentales, sin interés y que se hace larga entre conversación y conversación sin que lleve a ningún sitio. No debieron pensar lo mismo en el Festival de Venecia en el que le otorgaron en León de Oro a la mejor película, pero en mi opinión hay que armarse de paciencia para terminarla.

Tiene el toque de distinción de Wenders que la hace algo más atractiva, paisajes desoladores, hombres desamparados ante la inmensidad de la naturaleza (como en los cuadros de Fiedrich, curiosamente, el nombre del protagonista de la película), una preciosa fotografía en blanco y negro, y esa desconcertante música electrónica ochentena que reviste de cierta intriga y solemnidad al filme. Son todos efectos apasionantes toques de buen director, pero sin una buena historia no hay casa donde habitar, y la narración de este equipo de una película que culminando el rodaje de un filme post holocaustito se queda sin financiación y sin cinta para rodar,  no me despierta el menor interés… y menos Wenders prosigue hablando de sí mismo, de su estilo, de lo comercial  que es Hollywood, de las dificultades de un rodaje, de la motivación de los actores… supongo que a muchos directores les gustaría en la época un filme valiente que habla sin tapujos, pero para el espectador normal, que no tiene porque dominar la técnica cinematográfica, entiéndame señor Wenders, no tiene el menor interés, la película es una enorme laguna de conversaciones insípidas y pseudo intelectuales acerca de la razón de ser del propio cine así hasta los últimos 20 minutos cuando el director decide viajar a Los Ángeles en busca del productor que los ha dejado tirado. Ahí la historia gana algo de interés (no mucho no se crean), hasta llegar a un final que por inesperado, no es menos absurdo y que constituye la única acción de todo el filme.

Si resulta verdaderamente curioso el principio de la película, donde el director alemán nos sumerge directamente en la historia que está grabando el equipo, una película de ciencia-ficción en la que el sol quema y rodada con unos toques amarillentos, mugrientos que resultan atractivos e inquietantes. Pero la metapelícula se corta y nos deja la película a secas, mucho más alejada de los gustos del espectador, más seca argumentalmente. Y aunque las críticas internas hacia el propio mundo del cine se digan en voz alta, pasan desapercibidas ante la dosis de dormidera suministrada. No tan desapercibida pasa su hipnótica textura, pero… para mi no es suficiente.

Nota: 3

La historia interminable

Título: La historia interminable.

Dirección: Wolfgang Petersen

Interpretación: Barret Oliver, Noah Hathaway, Mosses Gunn

Alemania. 1984

 

 

 

 

 

 

 

 

-“Los libros que tú lees son sólo cuentos, este libro no es para ti”

-“Quizá todo el reino de Fantasía esté en peligro, sería espantoso”

-“Tú no te rindas nunca y la buena suerte te acompañará siempre”.

 

Para soñarla más que para verla.

 

Die unendliche Geschichte, en su título original, es una historia de fantasía y aventuras que rompió fronteras a finales de la década de los ochenta y engatusó a toda una generación de niños y jóvenes que se emocionaron con el pequeño Bastian y su dragón de la suerte.

En efecto, una novedad para la época como es la concurrencia de personajes fantásticos, surgidos de la imaginación conectada con los niños de Michael Ende (autor del libro en el que se basó de la película y que con buen criterio renegó de la misma), sumado a algunos efectos especiales, una banda sonora pegadiza y un llamamiento a la esperanza en el ser humano fueron suficientes para que el filme diera la vuelta al mundo, pero un cuarto de siglo después y con un análisis más profundo de la película, lo que nos queda es en realidad un guión insulso y deslavazado que tira de épica y emotividad para salir adelante, recursos ‘facilones’ pero que al menos le permiten llegar hasta el final salvando los muebles.

Un mundo mágico, por sorprendente que sea, no es suficiente como para hacer una buena historia. Aquí, para empezar los efectos están desfasados y muchos de los personajes imaginados parecen meros monigotes de plastilina. Pero lo peor, es que la poderosa amplitud que permite esta temática inabarcable (tanto como la imaginación del creador pueda asumir sin tener que ceñirse a las cortapisas del realismo) queda aquí un tanto subyugado por el factor humano, por emprender la historia dentro de un libro y de un niño fascinado, lo que al fin al cabo supone un lastre para la historia, una innecesaria conexión con la realidad, alas cortadas.

El ritmo también es desigual, con una mezcla de elipsis brutales en las que se suponen que los personajes han recorrido cientos de millas, o largos paréntesis para superar alguna de las pruebas que tiene que superar, pero la sensación general es que todo va demasiado acelerado, como la de una historia verdaderamente interminable que hay que encorsetar en 94 minutos con calzador dentro de una cinta, faltan muchos detalles, muchas tramas incompletas, muchas incógnitas por despejar, y sobre todo muchos personajes por conocer… porque pese al gran corolario de seres maravillosos que se dibuja en la película (mérito de Michael Ende y nunca de Wolfgang Petersen) nunca hay tiempo para adentrarse en la personalidad única y arrolladora de cada uno de estos simpáticos ‘muñequitos’ que sí tiene el libro y por los que el director pasa olímpicamente.

Por todo ello, aunque tenga sus buenos momentos, aunque te invite a soñar, la película es totalmente prescindible. Léanse el libro.

 

Nota: 4

 

La ansiedad de Veronika Voss

Título: La ansiedad de Veronika Voss

Dirección: Rainer Werner Fassbinder

Interpretación: Rosel Zech, Hilmar Thate, Cornelia Froboess, Annemarie Duringer.

Alemania. 1982

 

 

 

 

 

 

 

 

-“Ahora te pertenezco, lo único que me queda por darte, es mi muerte”.

-“Luces y sombras, los dos secretos del cine ¿lo sabías?”

-“No querrás morir ¿verdad?, podrás morir cuando yo lo decida”

Crepúsculo barroco.

El complejo personaje de Veronika Voss (una famosa actriz durante el régimen del III Reich que se ve arrastrada a la más absoluta decadencia tras la II guerra mundial) marca la extraña esencia de este film, de aires expresionistas y que está abigarrado al pesimismo exacerbado y a un decrépito tono clásico que le da una huraña identidad. Voss es un personaje visceral, histriónico, neurótico, atormentado por enfermedades psicosomáticas y por una locura creciente que además se ve envuelta en una sucia trama de tráfico de medicamentos (morfina para ser más exactos) que la lleva directamente a los infiernos, lo cual resulta más duro aún para una persona que vivió en el estrellato del cine alemán. Esta madeja argumental ya hace que de por sí el relato sea muy poco creíble, demasiado enrevesado, y que el personaje, pese a su definida y moldeada personalidad no enganche al espectador hacia la misma locura. Siempre hay un muro entre la película y el espectador y eso ya resta mucho crédito a la misma y más cuando el guionista se permite algunas concesiones que el espectador medio no está dispuesto a tolerar. Algunas incongruencias tendrían fácil remedio pero en la película aparecen añadiendo más caos a la trama.

Otra de las experiencias que ofrece la película en un sentido negativo es su registro sonoro en cuanto a la música se refiere. Todas las escenas con una mínima tensión se solventan con un molesto sonido de percusión a grandes decibelios que llevan incluso a apartar la atención de la escena y lo peor es que no se diversifican si no que se utiliza el mismo recurso una y otra vez. La banda sonora en general, más que acompañar confunde y nos encontramos con contradicciones de música suave y envolvente en situaciones de verdadero dramatismo en lo que se nos cuenta, parece que el director está empecinado en alejarnos de la película. Si Fassbinder no consigue desgajarnos con todo lo anterior, lo conseguirá a buen seguro con el montaje y la conexión de las escenas. Aquí el director alemán sorprende con una extraña sucesión de escenas que en muchos inicia directamente por su climax, sin solución de continuidad, sin advertencia previa que deja la sensación de haberte dejado parte de la película por el camino, es muy abrupto en el montaje. En cuanto a su conexión, el corolario de cortinillas y fundidos con el objeto de darle un aire retro al filme es lamentable, sobre todo si no se busca ningún otro método para engarzar escenas. Nuevamente lo mejor está en el plano técnico y aquí sí es sublime (alguna lógica tendría que tener su Oso de Oro en el festival de Berlín). Para empezar el director rueda la película en blanco y negro, pero con un tono especial aún más antiguo y decadente, más funesto que, esta vez sí, es totalmente apropiado para la película. El efecto tenebrista que consigue con la iluminación, es soberbio, destacando blancos brillantes que contrastan con negros exageradamente oscuros, rescatando la herencia expresionista del cine alemán. Las escenas íntimas a la luz de las velas, inducen más al pavor que al erotismo, un efecto preciso para las necesidades del complejo personaje de Veronika y los movimientos de cámaras, juegos de espejos o fraccionamiento de los personajes a través de puertas y ventanas son realmente fantásticos. También resultan los escenarios sobrecargados, barrocos e inquietantes que dibujan una escena compleja llena de cachivaches polvorientos muy efectista. Todo el envoltorio es fantástico, lástima que falle el contenido.

Nota: 3

El tambor de hojalata

Título: El tambor de hojalata

Dirección: Volker Schlondorff

Interpretación: David Bennet, Mario Adorf, Angela Winkler

Alemania 1979

 

 

 

 

 

 

 

-“Yo vi la luz en forma de una bombilla de 60 vatios”.

-“Mi caída del sótano fue un éxito rotundo”.

 

Realismo mágico germánico.

 

La sensación que se le queda a uno después de ver ‘El tambor de hojalata’, es imprecisa y volátil. Es desde luego una película que despierta la curiosidad, prolija en imaginación, atípica, extraña incluso… y es que uno no se imagina a priori una película germánica con tintes de un realismo mágico muy ‘sui géneris’ pero que al fin y al cabo explora las mismas vías de fabulación quimérica dentro de un entorno realista, que utiliza el movimiento artístico iberoamericano.

Aunque sólo sea por la sorpresa y por la voz de niño narrando su propio nacimiento o la historia de su pasado, la película deslumbra, te extrae de cualquier prejuicio o pensamiento sobre lo que vas a ver y te introduce en una especie de comedia grotesca a través de un personaje que no encuentras la forma de definir específicamente y esa búsqueda de buscarle un sentido a lo que estas viendo te hace engancharte irremediablemente durante la primera mitad del filme. Ese es también, sin embargo, el gran problema de la película, el de ser incapaz de empatizar con un personaje medio niño, medio monstruo tan cálido y dulce a veces como abominable, otras a medio camino entre la candidez y el juglar de circo, con extrañas habilidades un personaje inclasificable al que el espectador no sabe si adorar o despreciar, irregular y con demasiados giros de timón. Además el desarrollo de la historia deja pasar demasiado el contexto histórico de entreguerras y sólo ofrece meras pinceladas, de la caída de Alemania tras la primera guerra mundial y el ascenso del nazismo hasta la segunda guerra un poco más de contextualización no hubiera estado de más.

Bien es cierto igualmente que la película ofrece una segunda lectura muy amplia en metáforas, alegorías y antítesis procedentes de la obra literaria de Gunter Grass sobre las que se asiente este guión y escarbando un poco podemos encontrar decenas de lecturas que nos llevan a una reflexión más profunda y que nos muestra a Oskar como la esencia del propio pueblo alemán, pero la película está sobrecargada de este tipo de análisis internos que además necesitan en muchas ocasiones de un segundo visionado pues son complicadas de ver en la primera escala narrativa.

‘El tambor de hojalata’ tiene también a mi parecer una de las mejores escenas de la historia del cine, la que convierte una marcha militar en un vals gracias al toque del tambor y a las habilidades pseudo-mágicas del niño-hombre, una metáfora mucho más fácil de alcanzar.

Es desde luego fascinante en muchos aspectos y monstruosa en otros, tiene más valor por su poder visual y la capacidad arrolladora de despertar la curiosidad, que por sus propios méritos fílmicos, pero en cualquier caso merece la pena verla. Lo que dije al principio, una sensación imprecisa y volátil.

Nota: 6

Yo, Cristina F

Título: Yo, Cristina F.

Dirección: Uli Edel

Interpretación: Thomas Haustein, Natja Brunckhorst, Jens Kuphal

Alemania 1981

 

 

 

 

 

 

-“Dormiras todo lo que quieras cuando palmes”.

-“Si esnifas caballo te engancharás como yo, pronto serás un  muerto viviente”.

-“Debemos dejar de pincharnos, no quiero que mueras”.

 

Más chutes no

 

Estremecedora y durísima película que se convierte en todo un alegato contra la droga que casi a modo de documental trata de reflejar toda la amargura y todo lo que conlleva el mundo de la heroína (está basado en el relato autobiográfico de Cristina F). Su mayor virtud, además del propio efecto sociológico que puede llegar a tener para alejar a los jóvenes de la droga, es la atmosfera que Uli Edel sabe dar a la película con una puesta en escena más que correcta. El submundo de la drogadicción, sucio y decadente se reflaja en los lavabos de la estación de metros, las calles descuidadas, la suciedad, las caras demacradas de todos los que participan de ese zoológico humano. Ese es el gran logro, el de dibujar la marginalidad en su cruda realidad sin que resulte forzada ni artificial. Lo malo de la película, por el contrario, es que su objetivo de denuncia social está muy por encima de su interés como creación artística por ello el guión es lineal, deducible en muchos aspectos, y todo está enfocado a resaltar el realismo, obviando las tramas secundarias y desperdiciando los matices de la historia para centrarlo todo en la progresiva decadencia y degradación moral que va absorbiendo a los protagonistas en un vórtice sin fin. La música de David Bowie, con actuación del propio cantante en la película, también le ofrece la atmósfera musical que necesita la película. Desgarrador y cercano acercamiento en la que no se escatiman detalles pero que en ocasiones pierde el pulso narrativo.

 Nota: 5

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