Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Satantango

Título: Satantango

Dirección: Bela Tarr

Interpretación: Mihaly Vig, István Hovath, Peter Berling, Erika Bok, Miklos B. Szekely

Hungría 1994

 

 

 

 

-“No has oído hablar de las lluvias interiores por supuesto. Te lavan los órganos día y noche, vienen del corazón y te lavan el hígado, el estómago, el bazo y los riñones. Yo estoy calado hasta los huesos, si no fuera por este abrigo no sé lo que haría, no me atrevo a desabrocharlo”.

-“No debería beber, cuando lo hago, pienso en ataúdes”.

-“Por el tierno sonido del acordeón, las arañas lanzaron en la taberna su último ataque. Tejieron sus telarañas encima de las copas, vasos, ceniceros, alrededor de las patas de las mesas y las sillas, entonces, con sus hilos secretos, las ataron de modo tal que en sus ocultos rincones pudieron notar cada pequeño movimiento, mientras la tela perfecta, casi invisible, no fuera dañada”.

 

Fango en el agujero negro

 

Con Bela Tarr puedo descubrir que el tiempo cuenta. En efecto, que un filme ya de entrada llame la atención por su duración y no por lo que contiene, es en sí un mal síntoma, una distorsión de lo que debería ser el cine, pero aún así convenía darle una oportunidad a una película que ha levantado también cientos de elogios. Si a usted alguien le habla sobre Satantango, lo primero que le dirá es que dura siete horas y media (sí, no es broma) y aunque le cuente después que lleva a cabo un ejercicio fílmico innovador, con una fotografía preciosa en Blanco y Negro, con un realismo tan extremo que puedes llegar a sentir el aliento de los protagonistas, sin duda lo que más le llamará la atención es que dura siete horas y media. 

No es un asunto baladí, como cualquier acto de comunicación artística el cine sólo existe con el público y aquí Bela Tarr cuenta poco con el ‘otro extremo del cable’  y no piensa para nada en los intereses de alguien que probablemente en 450 minutos sienta necesidad de orinar. No es sólo eso, no soy contrario a que una película tenga dicha extensión si realmente hay algo que contar (Nunca me atrevería a decir que hay que recortarle páginas a El Quijote) pero en lo que no estaría nunca de acuerdo es en coger una preciosa pequeña historia como la del principito y empezarle a añadirle párrafos redundantes hasta convertirla en la enciclopedia Larousse. Eso es en mi opinión Satantango, una buena historia, en la que no sobra una sola escena porque cada una tiene su significado, pero en la que cada una podría ser perfectamente recortada sin que perdiera significado, ni calidad, e incluso en la que se conseguiría realzar más los valores fotográficos y de iluminación del filme al no atiborrarnos con lo mismo en una misma secuencia. No es una crítica gratuita, razonablemente sí tengo una escena de una persona andando por un camino, sin ningún tipo de diálogo ni acción paralela, no es necesario dejar una cámara fija durante los cinco minutos que tarda en hacer el recorrido, con mostrar 30 segundos de la acción sobraría para mostrar el camino, la dirección, la velocidad fija del personaje y el precioso paisaje enfangado por la lluvia que se muestra detrás. A eso se le llama elipsis y es una regla básica de la gramática cinematográfica. Aquí, Tarr utiliza los puntos y aparte, pero no pone un sólo punto y seguido en la historia. Y no me malinterpreten tampoco, estoy de acuerdo con que se rompan las barreras y las leyes para crear algo nuevo, pero nunca si se desvirtúa la obra y en este caso (perdone el autor mi escasa sesera) el aire reiterativo y agobiante con el que se presenta la obra me hace perder el hilo y la perspectiva de la historia hasta dejarme un famélico argumento desmadejado. 

Pero vamos con lo bueno que también lo tiene, pues si la Anaconda resulta ser demasiado larga y pesada para ser sostenida por un sólo ser humano, también destaca por tener una piel preciosa y suave que desata los sentidos. Satantango es visualmente una de las películas más poderosas que jamás allá visto, con un sentido de la plasticidad exquisito flanqueado por el desasosegante ambiente de lluvia perpetua que cae en la granja enfangando a hombres y animales, convirtiendo caminos en un lodazal, y cayendo sobre cortijos desvencijados, muebles destartalados y vidas apesadumbradas, con personajes también caracterizados de una forma impecable, casi perfecta. Cada fotograma es una delicia (pero sobra demasiado tiempo para descifrarlo) y a eso le sumamos un exquisito repertorio de encuadres, planos-secuencias, trávellings, zoom-outs, y juegos de iluminación que cualquier cinéfilo sabrá apreciar. En una película casi sin música los elementos sonoros también cobran vida propia y tienen una importancia vital. Tomados de forma magistral, los lacerantes tic-tacs de reloj, los ecos de las campanas languideciendo en el aire, el pertinaz soniquete de la lluvia estrellándose contra el suelo y las paredes o el irreductible cimbrear del viento, conforman la peculiar banda sonora de esta película creando una atmósfera de tensión irrespirable adecuada para la película que el director húngaro trata de crear. El aderezo de unas interpretaciones estupendas completan la parte positiva de este filme.

Pero toda esta parte contemplativa pasa mucho más desapercibida si uno se aburre y es incapaz de centrar su atención en el filme, si desvía de vez en cuando la mirada a sabiendas de que cuando vuelva a la película nada habrá cambiado y esa sensación puede llegar a ser desesperante.

 

Nota: 4

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Un pensamiento en “Satantango

  1. “el aire reiterativo y agobiante con el que se presenta la obra me hace perder el hilo y la perspectiva de la historia hasta dejarme un famélico argumento desmadejado. ”

    ahí describes exactamente el argumento de la película expresado a través de su forma. Puede gustar más o menos, o funcionar más o menos, pero está claro que Bela Tarr consiguió su objetivo. La elipsis es un recurso, no un “must”.

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