Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Lolita

Título: Lolita

Dirección: Stanley Kubrick

Interpretación: James Mason, Sue Lyon, Shelley Winters, Peter Sellers, Marianne Stone

 Reino Unido. 1962

 

 

 

-“Ningún hombre puede cometer el crimen perfecto, la casualidad, sin embargo puede hacerlo”.

-“Tu eras la personificación de la integridad. ¿Cómo pudimos haber engendrado a ese pequeño monstruo?”.

-“Voy a hacer lo que me de la gana, cuando quiera, como quiera y  con quien quiera y no podrás impedírmelo”.

El pecado.

Luz de mi vida, fuego de mis entrañas, pecado mío, alma mía… así comienza la excepcional novela de Nabokov Lolita. Pocas veces una película ha hecho honor al libro del que se forjó, pero en esta ocasión Kubrick obra la excepción, probablemente sólo alguien como él podría hacerlo, aunque también tuvo algo que ver que fuera el propio Vladimir Nabokov el que escribiera el guión cinematográfico.

Ya sólo la historia merece un punto y aparte, su versión literaria ya fue todo un escándalo en la época y creó un icono social que se ha multiplicado y diversificado ampliándose en la actualidad hasta un concepto sexual ampliamente aceptado como referente erótico. Evidentemente libro y  película tienen mucha menos carga sexual de la que actualmente se le confiere a este personaje, eran otros tiempos, pero el solo hecho de imaginar a una menor de edad con esas ‘atenciones’ hacia el sexo opuesto ya eran más que suficientes para concitar la atención de un lector/espectador y hoy día ese proceso de seducción oculto, esa insinuación, ese dulce escándalo sigue teniendo vigencia porque se realiza con una sutilidad narrativa maravillosa.

Lolita es sin duda un trabajo arriesgado y provocador que resulta portentoso desde el punto de vista narrativo, Kubrick se las ingenia muy bien para mantener la atención más allá de los juegos de una niña, comenzando por el propio inicio del filme en el que el director da una vuelta a su ingenio y nos muestra directamente al final lógico de la película, una argucia narrativa que servirá para centrar la atención del espectador más allá de los poderes afrodisíacos de la bella protagonista.

Si guión y dirección son muy acertados también lo son las interpretaciones, comenzando por el siempre genial Peter Sellers, que aquí hace el complejo papel de Quilty, un ser camaleónico y malvado, el único tal vez con el que el espectador no llega a identificarse y que resulta mezquino pero complejo. Shelley Winters en el papel de la madre de Lolita (Charlotte) y James Mason como el pedófilo obsesionado con Lolita también están realmente bien encarnando a sus personajes. La actriz elegida para el complejo papel de niña seductora, Sue Lyon, también actúa bien, sabe darle un aire de perversión inocente a su personaje muy acorde con lo que plantea el guión, pero en realidad su aspecto físico descoloca. La Lolita de la novela tiene 12 años, que se elevan a 14 en el filme a causa de la censura, Sue Lyon, tenía 16 cuando se estrenó el filme, pero su melena rubia parece que llegue a los 22, quizás demasiado bella para una película de estas características. Y es aquí donde el filme se topa con su mayor talón de Aquiles, la verosimilitud. En primer lugar por el ya anunciado conflicto de edades de la protagonista y en segundo lugar, porque la película no explica un hecho clave para la novela, la afición u obsesión de Humbert Humbert (James Mason) por lo que el llama nínfulas. Un problema psicológico, que aparece perfectamente explicado en el libro pero que en la cinta se omite, por lo que el enamoramiento súbito del personaje por  la pequeña Lolita es simplemente atroz.

Pero aún así, no se le puede negar al filme un altísimo valor narrativo y el principio de toda una oleada de filmes que luego han mirado a esta primera obra de Kubrick como ejemplo y que ha inspirado innumerables historias. Sólo como ejemplo, la escena que utiliza Kubrick para los títulos de crédito iniciales en el que una mano masculina se recrea mimando los pies de la joven Lolita aparece casi como una copia en una película vietnamita como Cyclo y las historias de jovencitas que causan la perdición de los hombres se pueden ver a lo largo de todo el mundo, como por ejemplo en la película mexicana Flor de fango. Son sólo algunos ejemplos de una iconografía, que Nabokov inventó y que Kubrick hizo aún más grande con el poder que confiere la imagen.

Vea el trailer de Lolita

Nota: 7

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