Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

La buena vida

Título: La buena vida

Dirección: Andrés Wood

Interpretación: Aline Küppenheim, Manuela Martelli, Eduardo Paxeco, Roberto Farías, Manuela Oyarzún, Paula Sotelo, Nestor Corona.

 Chile. 2008

 

 

-“A tú padre le preocupaban las cosas importantes, la familia, el país, no las tonteras”.

-“Cuando me vine a esta mierda de país me dijo que estaba perdiendo 20 años de felicidad”.

Osario de sueños

No siempre lo que deseas es lo que más te conviene. No siempre los sueños que más están a tu alcance son los que terminan consiguiendo. Premisa básica y simple para fabricar una película coral, un retrato urbano de la infelicidad hiperrealista, que desprenden su hálito sobre la cara del espectador, con historias conmovedoras, cercanas, a la vuelta de la esquina de nuestras propias vidas. Tres historias diferentes que se entrecruzan en determinados momentos, un modelo de construcción del relato que en su momento fue revolucionario pero que a base de ser utilizado por los guionistas ya empieza a saber a añejo, es la fórmula utilizada por la ‘buena vida’ para acercarnos el drama, sin recurrir a histrionismos desnaturalizados, con humildad, sin pretensiones. Lo que más se hecha en falta sin embargo, es que aunque las historias, de forma individual, funcionan a la perfección, de manera conjunta resultan un tanto desarboladas y pierden eficiencia, es más difícil extraer una conclusión común.

A diferencia de lo que ocurre en otras películas con historias que se entrecruzan (nadie las hiló mejor que Robert Altman en Vidas Cruzadas) los encontronazos entre personajes no son para nada relevantes para la trama general, o hacen cambiar a los personajes, no, aquí hay simplemente un pasar por la calle apenas unas miradas, para que cada uno siga por la vida por su lado y eso le quita vigor al relato, el guión se desinfla en su conjunto aunque a veces notemos mucha compenetración con los personajes.

Pero pese a esto, las piezas del mosaico resultan bellas, afables, simpáticas a veces, dramáticas en otros puntos, hay escenas que marcan (las que ocurren en el cementerio son verdaderamente emotivas) ajenas a un análisis de género ya que las barreras entre la comedia y el drama se difuminan con una gran naturalidad.

Con estos segmentos de vida, el espectador tiene la oportunidad de reflexionar durante su ritmo pausado, de empatizar con el peluquero que vive en casa de su madre y no puede pagarle una tumba a su padre, la del gran clarinetista formado en Alemania que se encuentra demasiados obstáculos para entrar en la filarmónica, o la de la asistenta social que se encuentra con el embarazo de su hija adolescente. Todas llegan al alma con un realismo muy próximo y humano.

La percepción social de una Chile urbanita, más capitalista, pero con profundos problemas de cohesión social, también resulta interesante.

Trailer de La buena vida

Nota: 6

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