Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Dogville

Título: Dogville

Dirección: Lars Von Trier

Interpretación: Nicole Kidman, Paul Bettany, Lauren Bacall, Stellan Skarsgard, James Caan, Ben Gazzara, Harriet Anderson.

Dinamarca 2003

 

 

 

-“No se haga ilusiones, este pueblo está podrido hasta la médula, nadie lo echaría de menos si se lo tragara la tierra, no le encuentro ningún encanto, pero usted sí, admítalo, ha picado el anzuelo”.

-“Sólo te estoy preguntando si tienes miedo de ser humano. No es un pecado dudar de uno mismo, pero es maravilloso que no lo hagas”.

-“Tienes la idea preconcebida de que no hay nadie que tenga los elevados valores morales que tú tienes y disculpas a todos. No puedo pensar en nada más arrogante que eso. Perdonas a todos con excusas que nunca te permitirías a ti misma”.

 

A-tiza.

Axioma número 1: Nadie en el siglo XXI hace un tipo de cine ni remotamente parecido al de Lars Von Trier, un talento natural soberbio para esto de hacer películas. Axioma número 2: Este filme es uno de los más valientes y arriesgados que se han hecho jamás, con una puesta en escena absolutamente novedosa y un guión narrado con una voz en off (principalmente) más cercano a los modos narrativos del teatro que del propio cine.

Con estas premisas nos encontramos ante una película, inteligente, inquietante, extraña por sus singularidades y con un guión demoledor al más puro estilo de una tragedia griega, en un desarrollo de las intrigas que se desmadejan ‘in crescendo’ para explotar en un noqueante final.

Los más intelectuales, encontrarán en esta película raíces inequívocas del teatro de Bertold Brecht y de Henrik Ibsen  con mensajes aleccionadores y críticas morales que ponen patas arriba la conciencia y exprimen al máximo la tensión dramática como ejemplo de las ruines actitudes de los personajes en un cuento moral arrebatador.

Los que no busquen más allá, encontrarán una historia fabulosa, construida con un ritmo constante hacia el estallido, ganando tensión, provocando la abyección, dosificando la intriga y, sobre todo, haciendo evolucionar al grupo-coral de personajes del pequeño pueblo de Dogville para terminar siendo prácticamente antagónicos a lo que predicaban en el principio de la película. Nada es lo que parece en una película que habla sobre todo de la doble moral de las personas y de la justicia con mayúscula, en el sentido más filosófico de la palabra y cuyo lento giro hacia el final rompe todas las estructuras preconcebidas por el espectador.

Hablábamos al principio de una puesta en escena revolucionaria, tan deliberadamente sobria y desmaquillada que termina por prescindir, directamente, de las localizaciones y la escenografía. Así, un puñado de personajes se distribuye en un escenario donde las casas están dibujadas con tiza sobre el suelo y donde unos pocos de utensilios cotidianos sirven para implementar maniobrabilidad al relato. La idea parece ser la de recalcar el carácter ficticio de la historia y concentrar más la atención sobre el mensaje, sólo que la historia tiene una fuerza tan brutal, que incluso siendo tan teatralizada inspira emociones profundas en el espectador. Lo mismo se podría decir de la voz en off omnisciente que va conduciendo el relato con múltiples paradas para la reflexión o de la propia estructura narrativa del relato dividida en un prólogo y nueve capítulos, ahondando a un más en el ejercicio de desmarcarse de la realidad. Así, debe ser la imaginación del espectador la que construya el entorno y los detalles, focalizando en el alma humana y en sus emociones (la ira, la venganza, la compasión y sobre todo la culpa) para desmembrar la esencia de los seres sociales (en los que también se incluirá un perro). 

Narrar en términos teatrales no implica que Von Trier no encuentre hueco para lucirse en la técnica cinematográfica. El trabajo de iluminación con juegos de cortinas que dejan traspasar más o menos los rayos, o la propia irradiación de la luna representada minimalísticamente por un simple foco, es majestuoso y logra unos efectos sorprendentes. De igual modo, ante tan escasa importancia de la fotografía y la escenografía el genial director danés sabe encontrar en el primer plano la emoción necesaria, sacando partido a la gestualidad de sus actores, especialmente de una maravillosa Nicole Kidman. Los barridos cenitales, mostrando de una sola pasada la totalidad del pequeño pueblo, literalmente dibujado en líneas blancas, es otro de los movimientos de cámara con el que Von Trier saca magia de su chistera, recursos que hay que sumar a su habitual y prodigioso sentido de la dramatización con la que ya nos tiene acostumbrados con películas como Bailar en la oscuridad o Rompiendo las olas.

Otra de las conclusiones a la que nos lleva la película es la aversión que el director puede llegar a tener hacia la sociedad estadounidense una crítica demoledora de sus convecinos donde existe, según el director, una violencia latente y una máscara de sonrisa por delante de cada amargura de la que no se escapa ni una minúscula sociedad rural como la de Dogville.

Es una película universal, de temas universales, abstracta y conmovedora pese a ello, un poema moral que no puede dejar indiferente, un ataque directo a la humanidad con una profunda reflexión acerca de las motivaciones que mueven a traspasar la delgada línea entre lo bueno y lo malo.

Vea el trailer de la película

Nota: 9

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