Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Abre los ojos

Título: Abre los ojos

Dirección: Alejandro Amenabar

Interpretación: Eduardo Noriega, Penélope Cruz, Chete Lera, Fele Martínez, Najwa Nimri.

España 1997

 

 

 

-“Los sueños no se descubren hasta que uno despierta”

-“Esta empresa promete lo mismo que ha prometido la iglesia durante siglos, pero en vez de curas son matasanos”.

 

Con la boca abierta.

 

Ingeniería fílmica, trabajo de precisión milimétrica en el montaje, un guión compuesto por múltiples engranajes, demencial y perversamente intrigante. Elementos para una de las películas más sorprendentes que jamás haya ideado la industria patria.

Abre los ojos es una historia caleidoscópica, una inyección de fluidos de sueño y realidad, una argamasa que se desliza entre la locura, la pesadilla, la ficción, la verdad y la apariencia, para mantener al espectador en una permanente tensión.

Tampoco se corta Amenábar a la hora de mezclar géneros salpimentando el metraje con algo de Ciencia-Ficción, drama, Thriller psicólogico y unas gotitas de romance.

Con todo esto, la visión es toda una aventura, una película valiente y difícil de cuadrar, con un estilo más americano que dejó en evidencia a la anquilosada filmografía española, con algo verdaderamente renovador, un guión de locos que funciona, sorprende y te deja con la boca abierta con un final con el que se cierran todas las incongruencias que parecen simplemente imposibles a lo largo de la película.

Entre unos personajes deliberadamente confusos, y misteriosos y los desordenes temporales, se encarga de poner algo de orden y unidad al filme la ambientación, una atmósfera oscura, misteriosa, inquietante muy adecuada para el contexto en el que se desarrolla la historia y con un brillante concepto de la iluminación.

El hecho de que todo el peso del guión recaiga en el final, asegura un impacto brutal en el primer visionado, una gran sorpresa al conseguir atar todos los cabos suelos y dar sentido a toda el maremagno de sensaciones inconexas que se desatan, aunque por otro lado, le hacen perder vigor cuando la película se ve una segunda vez.

Lo peor es la interpretación que realizan los actores. Un joven Eduardo Noriega tiene verdaderos problemas para hacerse con el personaje, sobre todo en los primeros compases de la película, Penélope Cruz pone una cara bonita y poco más, Fele Martínez sigue siendo uno de los actores más antinaturales del panorama español con un personaje que además no tiene demasiado interés para la trama, y la voz sibilante de Najwa Nimri sigue pareciendo forzada aún en su neurótico personaje, la dirección de actores nunca fue el fuerte de Amenábar, pero en esta, su segunda película, desde luego no supo transmitir la esencia de la trama, a unos actores que aún no habían acumulado demasiada experiencia.

Pero el guión sigue siendo toda una odisea, una historia fantástica y desestructurada, una vuelta de tuerca más a la imaginación, rayano a los límites del surrealismo (en su sentido onírico), con un sentido comercial sí, pero que funciona y que tiene rasgos de brillantez por momentos.

 

Nota: 7

 

 

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