Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

El estado de las cosas

Título: El estado de las cosas

Dirección: Win Wenders

Interpretación: Patrick Bauchau, Allen Garfield, Isabelle Weingarten, Geoffrey Carey.

Alemania. 1982

 

 

 

-“Las historias sólo existen en las historias, mientras que la vida continúa sin volverse una historia”.

-“Nunca pensé en el blanco y negro hasta que vi el muestrario. La vida es en color, pero el blanco y negro es más realista”.

-“Una película sin una historia es como hacer una casa sin paredes”.

La casa sin paredes

El propio Win Wenders lo reconoce en el guión de su película: “una película sin una historia es como una casa sin paredes”, pero Wenders no se aplica el cuento. La película además de aburrida (muy aburrida) es egocéntrica ya que el director parece estar hablando de sí mismo continuamente, en un filme sobre el cine mismo y los entresijos de su industria, metacine propiamente dicho pero con un guión poco definido, sin giros argumentales, sin interés y que se hace larga entre conversación y conversación sin que lleve a ningún sitio. No debieron pensar lo mismo en el Festival de Venecia en el que le otorgaron en León de Oro a la mejor película, pero en mi opinión hay que armarse de paciencia para terminarla.

Tiene el toque de distinción de Wenders que la hace algo más atractiva, paisajes desoladores, hombres desamparados ante la inmensidad de la naturaleza (como en los cuadros de Fiedrich, curiosamente, el nombre del protagonista de la película), una preciosa fotografía en blanco y negro, y esa desconcertante música electrónica ochentena que reviste de cierta intriga y solemnidad al filme. Son todos efectos apasionantes toques de buen director, pero sin una buena historia no hay casa donde habitar, y la narración de este equipo de una película que culminando el rodaje de un filme post holocaustito se queda sin financiación y sin cinta para rodar,  no me despierta el menor interés… y menos Wenders prosigue hablando de sí mismo, de su estilo, de lo comercial  que es Hollywood, de las dificultades de un rodaje, de la motivación de los actores… supongo que a muchos directores les gustaría en la época un filme valiente que habla sin tapujos, pero para el espectador normal, que no tiene porque dominar la técnica cinematográfica, entiéndame señor Wenders, no tiene el menor interés, la película es una enorme laguna de conversaciones insípidas y pseudo intelectuales acerca de la razón de ser del propio cine así hasta los últimos 20 minutos cuando el director decide viajar a Los Ángeles en busca del productor que los ha dejado tirado. Ahí la historia gana algo de interés (no mucho no se crean), hasta llegar a un final que por inesperado, no es menos absurdo y que constituye la única acción de todo el filme.

Si resulta verdaderamente curioso el principio de la película, donde el director alemán nos sumerge directamente en la historia que está grabando el equipo, una película de ciencia-ficción en la que el sol quema y rodada con unos toques amarillentos, mugrientos que resultan atractivos e inquietantes. Pero la metapelícula se corta y nos deja la película a secas, mucho más alejada de los gustos del espectador, más seca argumentalmente. Y aunque las críticas internas hacia el propio mundo del cine se digan en voz alta, pasan desapercibidas ante la dosis de dormidera suministrada. No tan desapercibida pasa su hipnótica textura, pero… para mi no es suficiente.

Nota: 3

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