Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

La vida secreta de las palabras

Título: La vida secreta de las palabras

Dirección: Isabel Coixet

Interpretación: Sarah Polley, Tim Robbins, Javier Cámara, Leonor Watling, Sverre Ankel Ousdal, Steven McKintosh, Eddie Marsan.

España. 2005

 

 

-“En el fondo, todo es un accidente”.

-“¿Cómo se vive con las cosas que han pasado?… con las consecuencias de…¿Cómo se vive con los muertos?

-“Aprenderé a nadar Hanna, te lo juro, aprenderé a nadar”. 

El secreto de Hannah

La guerra de los Balcanes y sus atrocidades ya han sido tratadas en muchas películas, algunas de las cuales ya forman parte de este blog (Véase: ‘Grbavica, el secreto de Esma’; ‘En tierra de nadie’; ‘El círculo perfecto’ o ‘Antes de la lluvia’) pero ninguna se había centrado en el efecto post-traumático que se mantenía sobre los ciudadanos que más sufrieron sus consecuencias, las mujeres y curiosamente ha sido una película española la que se ha encargado de abordarlo. Isabel Coixet ya conocía de cerca el grado de abyección que alcanzó el ser humano en esta cruenta guerra gracias a su película documental: ‘Viaje al corazón de la tortura’, pero en ‘La vida secreta de las palabras’ ficciona la vida real de tantas mujeres con el toque sensibilidad, diálogos susurrantes y el desengranaje parsimonioso que caracteriza al cine de esta directora (y que un director consiga tener una impronta propia en su obra ya es un logro en los tiempos que corren).

Esta película tiene un toque mágico desde el primer momento, en una de las primeras escenas los obreros de una fábrica van cogiendo orejeras protectoras para amortiguar el ruido de la maquinaria, la estantería en la que permanecen se va vaciando hasta que se queda sólo con unas, así nos damos cuenta de que la protagonista es sorda. Este es el arranque de una película que, al estilo contemplativo, metódico y reflexivo deparará muchas sorpresas más que se desvelan casi sutilmente. Nos daremos cuenta de muchos pequeños detalles que no terminarán de encajar hasta que la película estalla. Y ese es quizá el problema de ‘La vida secreta de las palabras’ durante algo más de una hora la película no es más que el cúmulo de pequeños detalles, minúsculos diálogos, pistas a la luz de una lupa, algo que se sobrelleva, pero no llena, que se intuye pero no cala, y en ocasiones la opacidad del guión para guardar su línea argumental hace que el recorrido llegue a ser tedioso y no se llegue a cuajar la emoción que se entrevé a los personajes, que sale a veces diluyéndose al instante.

Todo cambia a los 75 minutos de película, Hannah cuenta su secreto, y entonces todo cobra sentido y el hachazo es monumental. El espectador ya está listo para recibir un torrente de sensaciones, para dejarse arrastrar por una historia llena de sensibilidad, dolor y amor en una mezcla de sensaciones poderosísima que hace de los últimos 40 minutos de película un auténtico elixir para los sentidos.

En cierto modo, comprendo la decisión de Isabel Coixet… su película podría haber sido un mejor producto cinematrográfico de haberse ajustado a otros cánones de ritmo y habernos enfrentado al dolor de la muchacha mucho antes, pero Coixet ha cambiado la calidad por el compromiso y si queremos sentir en nuestra propia carne lo que supuso para muchos el horror de esa guerra, no hay nada como ese hachazo que se queda grabado a fuego, inolvidable.

Por otro lado, el escenario de la plataforma petrolífera en medio del océano (copiado directamente de ‘Rompiendo las olas’ de Lars Von Trier; también puede encontrar la crítica en este blog) resulta fantástico para el desarrollo de la película y ese ambiente de soledad y silencio resulta muy adecuado para que los personajes vayan dejando su poso, sus pequeños extractos de vida a lo largo de la película.

También adecuado al tono de la película resulta la elección de la música, con algunas piezas nostálgicas que te dejan ciertos instantes para la reflexión y el sosiego y que incluyen al gran Tom Waits.

Tanto Sarah Polley como Tim Robbins brillan a nivel altísimo (magnífico dueto para una película española) y consiguen extraer lo mejor de unos personajes, pese al impedimento físico de no poder moverse de una misma habitación, algo que siempre es un hándicap para la interpretación, les acompaña en un papel secundario un Javier Cámara que ha tenido mejores momentos.

Así, de forma silenciosa, conspirando con los detalles, con las frases que en un principio parecen carecer de toda importancia y que luego se tornan trascendentales cuando los personajes se van liberando de sus miedos a hablar, se construye esta historia deliciosa y dramática, romántica e hiriente, dolorosa y balsámica y que deja en su haber una de las mejores frases de amor jamás escuchadas: “Aprenderé a nadar” (óigase en su contexto).

Nota: 7

 

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: