Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

El señor de los anillos: Las dos torres

Título: El señor de los anillos: Las dos torres.

Dirección: Peter Jackson

Interpretación: Elijah Wood, Viggo Mortensen, Ian McKellen, Sean Astin, Andy Serkis, John Rhys-Davies, Orlando Bloom, Bernard Hill, Miranda Otto, David Wenham

Nueva Zelanda. 2002

 

 

 -“Algo está a punto de ocurrir, algo que no ocurría desde la edad antigua. Los Ents despertarán y descubrirán su fortaleza”.

-“¿Qué esperas que haga? Mira a mis hombres, su coraje pende de un hilo, si este es nuestro fin, haré que rubriquen un final que permanezca en las memorias”.

-“Lo queremos, lo necesitamos, debemos conseguir nuestro tesoro, ellos nos lo han robado, sucios, rastreros hobbits, malos, traidores, falsos… no, no…Sí, falsos, te engañan, te sacuden, mienten…El amo es mi amigo… No tienes amigos, nadie te quiere…No oigo nada, no puedo oírte… Eres mentiroso y asesino…”

Gollum, nuestro tesoro.

La travesía hacia el Monte del Destino continúa, pero la comunidad del anillo se deshace. En ‘Las dos torres’ se mantienen la mayoría de los elementos que hacen del Señor de los anillos la historia más grande jamás contada. Personajes magníficamente definidos dentro de una historia épica y llena de grandilocuencia, escenarios espectaculares, una escenografía meticulosa, cuidada al milímetro y un ritmo, quizás en un escalón inferior al de la primera parte, pero igualmente portentoso.

Pero tiene esta segunda entrega algunos inconvenientes que en mi opinión le hacen rebajar en algunos puntos la magnífica eficacia narrativa de la primera parte sin dejar de reconocer que en lo básico sigue siendo una película de gran calidad.

El rodaje se encuentra aquí con una dificultad añadida, la separación de las tramas y los personajes al dividirse la comunidad de la primera parte en tres grupos de personajes independientes. Esto significa tres tramas principales (además de las secundarias), tres escenarios diferentes de acción y añade la dificultad de otorgar el protagonismo a diferentes personajes en diferentes momentos. Esto significa un hándicap importante para el montaje, especialmente agravado en una película de largo metraje como es esta. La consecuencia inevitable es una narración con saltos espacio temporales demasiado largos, cuando el montaje te lleva a otra trama el espectador ya prácticamente había olvidado el destino del resto de personajes y la historia pierde equilibrio y pulso narrativo pues de la épica furibunda del fragor de la batalla, te lleva en una profunda fosa narrativa a la tranquilidad y parsimonia de las profundidades del bosque en el que han terminado los hobbits Merry y Pippin o de ahí, a la fatiga e incertidumbre que sufren Sam y Frodo en las inmediaciones de Mordor. Estos saltos y cambios de intensidad que en libro funcionan a la perfección, resultan demasiado distantes en una narración cinematográfica que no puedes dividir en pequeños capítulos como sí ocurre en la literaria. La fidelidad al libro que intenta guardar Peter Jackson en todo momento, aquí sí pasa factura.

Otro de los hándicaps de la segunda entrega de la saga es el exceso de épica en la gran batalla que desarrolla el ejército de 10.000 orcos contra los guerreros de Rohan en el abismo de Helm. La crónica de la batalla colosal que ya reseña el libro ya es de una naturaleza tan portentosa que no necesitaría de más artificios, sin embargo, aquí Peter Jackson le da un giro más para pasarse de rosca, con actuaciones sobrenaturales en cuanto a la épica de la batalla centradas principalmente en las habilidades guerreras de Légolas, capaz de diezmar tropas montado sobre una especie de ‘monopatín’ o de encaramarse a un caballo con un giro espectacular de saltimbanqui, excesos de la acción que no requiere un guión que ya de por sí ofrece acción a raudales.

El propio director neozelandés parece darse cuenta de esta circunstancia y en ocasiones intenta romper la elevada línea en la que se desarrolla la epopeya con giros de humor, centrados especialmente en el pique que mantienen Gimli y Légolas por matar a un mayor número de rivales. En efecto consigue limar en parte el exceso en la magnitud de la batalla, pero al mismo tiempo, tiene contraindicaciones. Vivir el buen humor de los personajes principales en un momento de máxima tensión en el que sus vidas penden de un hilo, parece cuanto menos contraproducente y resta mucha verosimilitud en la intrahistoria que se desarrolla, un desacierto.

Pero si hay algo nuevo en lo positivo de esta segunda parte de El señor de los Anillos, es la irrupción de un personaje como Gollum, un ser fantástico desarrollado por ordenador a partir de la gestualidad y los movimientos del actor Andy Serkis. Gollum-Smeagol, es simplemente uno de los mejores personajes que ha aparecido jamás en una película. Su complejidad comienza en su desdoblamiento de personalidad, en ser dos personajes a la vez. Gollum y Smeagol conviven en el mismo cuerpo esmirriado, y ambos son contrapuestos, uno es aparentemente bondadoso, el otro aparentemente perverso. Uno es aparentemente débil y otro aparentemente fuerte, pero en ocasiones las tornas de cada una de las dos personalidades varían, convirtiendo a este bichejo en uno de los personajes más sensacionales de la historia del cine por sus autocontradicciones y su extrema y enigmática complejidad. Pero lo mejor quizás del personaje se encuentra en que tras su caparazón de diseño gráfico por ordenador, se encuentra el corazón y el alma de un actor llamado Andy Serkis que logra lo imposible con un personaje de fantasía dándole una emoción interpretativa y una intensidad dificilísima en un personaje de sus características. La gestualidad en este ser de ficción, la profundidad de sus enormes ojos melancólicos que reflejan la tristeza sufrida durante cientos de años por esta criatura y su extraña y grácil movilidad a gatas por los pedregosos terrenos en los que transita, van más allá de lo humano, justo lo que requiere la interpretación de un ser tan enrevesado y psicótico. Brillante ejercicio de interpretación que encuentra su culmen en la escena en la que este ser comienza a hablar consigo mismo, con dos tonos de voces diferente, acusándose y dándose la réplica simultáneamente en un diálogo que se te queda marcado.

Otros personajes que también nacen en esta segunda entrega y que también resultan fascinantes son Theoden, Faramir, Eowyn u otro personaje fantástico como Bárbol, cada uno aporta cosas importantes a la película pero no tanta intensidad o eficiencia como para sobresalir de la manera que lo hace Gollum, magníficamente caracterizado.

Nota: 7

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Un pensamiento en “El señor de los anillos: Las dos torres

  1. Dulce en dijo:

    Creo que una de las cosas más interesantes y entretenida que tiene Las Dos Torres es que sale mucho más Gollum que en las otras dos películas, la vi en hbogo hace unos días y me sorprende lo mucho que te dejan conocer a ese personaje en esa película, creo que por eso es la que más me gusta.

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