Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

El señor de los anillos: La comunidad del anillo

Título: El señor de los anillos: La comunidad del anillo.

Dirección: Peter Jackson

Interpretación: Elijah Wood, Ian McKellen, Vigo Mortensen, Sean Astin, Sean Bean, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Liv Tyler, Ian Holm, Orlando Bloom, Christopher Lee.

Nueva Zelanda. 2001

 

 

 -“Un anillo para gobernarlos a todos, un anillo para encontrarlos, un anillo para traerlos a todos y atarlos en las tinieblas. Este es el anillo único, forjado por el señor Oscuro en los fuegos del monte del destino, arrebatado por Ísildur de las mismas manos de Saurón”.

-“La tierra media se encuentra al borde de su destrucción, debéis uniros o pereceréis. Toda raza se enfrenta a este destino, a esta maldición”.

-“Que extraño destino tener que sufrir tanto miedo y dudas por algo tan insignificante, tan irrisorio”.

-“Sólo tú puedes decidir que hacer con el tiempo que se te ha dado”.

La historia más grande jamás contada.

El señor de los anillos merecería un blog entero para sí. Sólo la mirada ambarina de Galadriel daría para un post, la brillante espada Dardo merecería un amplio comentario, los ribeteados del colgante de Arwen bien valdrían unas cuantas líneas y así, con cada pequeño detalle se podría rellenar un libro de artículos más amplio que la propia obra magna que Tolkien ideó en su cabeza. George Stevens eligió la Biblia para rodar en 1965  la que denominó ‘La historia más grande jamás contada’, pero se equivocó, ya se había publicado en 1954 y se llevó al cine de forma insuperable en 2001. La base estaba puesta y la tecnología del siglo XXI y un ingente presupuesto han hecho el resto para lograr contar una epopeya sin par y sin fisuras.

¿Qué se ha hecho tan bien como para que una superproducción convenza no sólo al público de todo el mundo si no también a la crítica, y lo que es más difícil aún, a los millones de fans de la saga literaria, catalogados de frikys, a lo largo y ancho del mundo?.. pues muchas cosas, en primer lugar respetar en gran parte la historia, hacer una obra cinematográfica fidedigna al espíritu del libro, pero no un calco. El guión cinematográfico se guarda algunas sorpresas propias y acertadísimas, entre ellas, el dar más protagonismo a los papeles femeninos, algo que resulta maravilloso gracias a las inspiradísimas interpretaciones de Cate Blanchett y Liv Tyler. Toda una gozada.

En segundo lugar el magnífico tratamiento del ritmo de la película dosificado de tal forma que las tres horas de película se hagan cortas al espectador que se queda con ganas de ver la segunda parte para seguir la andadura de Frodo Bolsón. La película no aburre en ningún momento, y pese a contener un gran número de acciones, tampoco se emborracha de aventuras al encantado espectador. Se le da el punto justo a la historia, mérito del señor Jackson.

 

La tercera razón pasa por su esplendorosa fotografía de los paisajes neozelandeses, y la conjugación de la escenografía real o por ordenador que se hace combinando a la perfección con los elementos reales de la naturaleza. Las fantásticas ciudades y torres, los colosales monumentos o las impresionantes construcciones que se observan en la película, no son meros postizos, están absolutamente integrados en los maravillosos paisajes de esa indómita Nueva Zelanda, y el resultado es de una grandilocuencia abrumadora.

Pero no sólo de las apoteósicas construcciones vive la escenografía de esta primera parte de la saga de El Señor de los anillos, lo verdaderamente mágico de la película es la absoluta meticulosidad con la que se labran los pequeños detalles en vestuario, orfebrería, mobiliario y diversos utensilios que recrean la vida de los personajes fantásticos con una precisión nanométrica. Cada raza, y dentro de cada una de ellas, cada clase social de los seres que integran la película, goza de un amplio espectro de atavíos que van desde las armas, a la vestimenta, la comida o hasta los botones y ojales de cada una de las prendas, y todos los utensilios tienen una líneas de diseño característicos del modo de vida de cada individuo dependiendo de si son elfos, enanos, orcos, hombres o hobbits. No puedo ni imaginar la enorme carga de trabajo que ha habido detrás del perfeccionamiento de cada uno de esos trabajos.

Pero claro, nada de esto serviría si no hubiera un trabajo actoral a la medida. Nuevo acierto. El casting de actores se sirve de un amplio elenco de interpretes con una larga trayectoria consolidada, pero ninguna estrella, el resultado de esta combinación es exquisito y la capacidad para hacer llegar con credibilidad una historia por definición increíble y fantástica es realmente un logro, de todos en general, pero quiero detenerme especialmente en el pequeño papel de Cate Blanchett como la reina élfica Galadriel, su gracilidad a la hora de bajar escaleras como si flotara, su expresividad a la hora de hablar con la mente (sin mover los labios) o la intensa profundidad que consigue con su mirada celeste, capaz de ser dulce o terrible, es verdaderamente un ejercicio de interpretación que me dejó anonadado, lástima que su papel no diera para más.

 

Una de las ventajas del cine fantástico es la oportunidad que da de crear personajes ficticios llenos de matices, que no están anclados a una realidad fija para ser verosímiles, cualquier creación puede estar justificada en el guión y en la saga del señor de los anillos esta oportunidad se aprovecha de forma magistral. El sabio y enigmático Gandalf el gris (Ian McKellen), el valeroso, intrépido y honesto Aragorn (Viggo Mortensen), el estilizado guerreo élfico Légolas (Orlando Bloom), el tozudo y orgulloso enano Gimli (John Rhys-Davies), el débil pero con un alto sentido de la responsabilidad Frodo Bolsón (Elijah Wood), su inseparable y leal compañero Samsagaz Gamgee (Sean Astin), la bellísima y sensible Arwen (Liv Tyler), el poderoso mago corrompido por el poder Sarumán (Christopher Lee) y así un amplio elenco de personajes cada uno de ellos con características propias, con una personalidad diferente, con rasgos y habilidades definitorias que los hacen únicos. Si a eso le sumamos el gran acierto a la hora de escoger a los actores por sus características físicas de forma que la caracterización sea excelente, es lo que permite que tan épica historia resulte creíble (dentro del propio guión, claro) y apasionante.

Otro apartado merece una banda sonora deliciosa, armoniosa, en virtud de cada momento y cada ambiente, también la música sabe diferenciar entre composiciones de hobbits y composiciones de elfos o de orcos y eso requiere de verdadero talento.

Pero por encima de otras consideraciones, lo mejor de esta maravilla sigue siendo la historia, la cosmogonía creada por un señor llamado J.R.R. Tolkien que un buen día jugó a ser Dios y creó su propio mundo con sus propios continentes, reinos, culturas, lenguajes y una historia entera para ese mundo forjada a través de los siglos. Fue la creación de la historia más grande jamás contada. Plasmarla en el cine era un reto dificilísimo y Peter Jackson lo ha conseguido con creces, superando las expectativas. Uno, que no suele ser muy amigo de las superproducciones, no tiene más remedio que rendirse ante la grandilocuencia de una obra llamada a los altares de la eternidad. Me dejo cautivar por esta obra faraónica.

 Nota: 10

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2 pensamientos en “El señor de los anillos: La comunidad del anillo

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