Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

La ducha

Título: La ducha

Dirección: Zhang Yang

Interpretación: Zhu Xu, Pu Cun xin, Jiang Wu

China 1999

 

 

 

-“Se que te avergüenzas de lo que hago, que te molesta lo que soy, pero no me importa, soy feliz en mi trabajo, me basta con ver a mis viejos clientes”.

-“Ducharse no da ni la mitad de gusto que bañarse aquí, todos juntos charlando y riendo”.

 

Intimidad pública.

 

Delicioso retrato del choque generacional en la China actual entre las tradiciones ancestrales y la pujante mercadotecnia capitalista, en una historia sencilla, sin pretensiones, sin giros inesperados pero que uno se traga sin pestañear, gracias al cuidadoso gusto empleado por hacer de las pequeñas cosas un reto y a apelar a los sentimientos del espectador con pequeñas dosis de drama, humor y compasión que se van desarrollando silenciosamente a lo largo del filme.

Cuenta la ducha el regreso de un hijo a casa en un antiguo barrio de ciudad, tras varios años en los que se ha forjado su propia vida haciendo negocios, mientras su padre y su hermano menor (discapacitado psíquico) se hacen cargo del negocio familiar, los baños públicos, un oficio en extinción en un China estresada que abraza el capitalismo.

Bajo este paraguas tan débil, Zhang Yang sabe construir un sólido guión, sin artificios, pero sostenido con entereza por los valores que despiertan sus personajes y especialmente por la ternura que Er Ming, el chico retrasado mental que ayuda al padre que con su mirada inocente de la vida evidencia tanto lo que une como lo que separa al padre y al otro hijo de la familia, siendo este personaje entrañable el verdadero eje sobre el que gira la película.

Cada escena, por nimia que parezca, despierta un encanto especial, los cantos bajo la ducha cantando ‘O sole mio’ de uno de los clientes con miedo escénico resultan agradables, los problemas de virilidad de otro de los clientes del local, comprensibles, el enfado entre dos amigos por una disputa tras una lucha de grillos, compasión. Todas las historias están hechas a pequeña escala, pero se ponen en común y se comparten en los baños públicos ofreciendo una gran variedad de pequeñas tramas para empatizar con todos los clientes del local que son como de la familia.

¿Y tiene una película tan sencilla el gravamen del tedioso ritmo asiático?… pues no, porque Zhang Yang, sabe dosificar las historias a la percepción y aunque sin peripecias, el ritmo al que se desarrollan las historias es del estilo occidental, algo que se logra con un trabajo de dirección encomiable que le valió a este realizador chino la concha de plata a la mejor dirección en el Festival de San Sebastián.

Con una técnica tampoco demasiado llamativa para no ensuciar la imagen del filme, el realizador sí que sabe envolver cada una de las escenas intimistas del vaho de las duchas o los trabajos mecánicos y diarios en los baños para crear un ambiente adecuado a lo que se cuenta.

No se encontrará mucho en la película, pero lo poco que hay es de una calidad exquisita.

 

Nota: 8

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