Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

El gato desaparece

Título: El gato desaparece

Dirección: Carlos Sorin

Interpretación: Luis Luque, Beatriz Spelzini.

Argentina 2011

 

 

 

 

 

 

 

-“El doctor me dijo que era normal que sintiera esa inquietud, que muchos familiares de enfermos psiquiátricos habían tenido miedo”.

-“Donatello desapareció, el nunca se había ido”.

 

El gato es el topo.

 

Una apuesta por el suspense con tintes cómicos. Esa es la curiosa propuesta que Carlos Sorin trae al Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, con el mejor guión de lo visto hasta el momento en las proyecciones de la sección oficial. El punto de partida del argumento es el regreso de un profesor universitario a casa tras una larga estancia en un hospital psiquiátrico al que a fue a parar por un brote psicótico por el que agredió a un amigo. Pese al alta médica, la mujer sospecha que no todo está bien, una inquietud que se dispara cuando el gato de la familia desaparece misteriosamente.

De esta forma, con una narración sencilla y límpida, Sorin nos va adentrando en un descomunal MacGuffin, jugando constantemente con el espectador, engañándole, dándole falsas pistas que se van disipando mientras otros engaños se fraguan sin que el espectador se pueda desvincular de ellos. Es una película que inquieta, que atrapa, y sin demasiados alardes ni elementos consigue captar la atención, mientras que el espectador comienza a formarse mil y una posibilidades en su cabeza.

Aunque su sencillez artística y técnica no permite demasiado lucimiento, se nota una dirección firme y especialmente un ejercicio de manejo del tempo de la película para conseguir mantener esa inquietud constante  durante todo el filme y para saber conjugar en imágenes la tensión del thriller psicológico con la cotidianidad casi cómica de la familia, un extraño equilibrio que le da el especial toque de distinción a la película, que la hace atípica.

Bien interpretada en general, con papeles simples pero bien definidos e interesantes, la película, después de llevarnos por los sinuosos caminos que Sorin nos marca, nos depara una sorpresa final, un magnífico epílogo que nos deja un gran sabor de boca nunca imaginado antes. Una película para dejarse arrastrar por su atrevimiento, su intenso pulso narrativo y sobre todo, por su ingenio.

Una película rodada al estilo Hitchcock (nunca he dicho que descubriera nada nuevo) y con un efecto muy similar, donde la utilización del sonido también es muy importante para lograr el efecto deseado.

 

Nota: 7

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