Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Violeta se fue a los cielos

Título: Violeta se fue a los cielos.

Dirección: Andrés Wood

Interpretación: Francisca Gavilán, Cristian Quevedo, Patricio Ossa

Chile. 2011

 

 

 

 

 

 

 

-“Escribe como quieras, usa los ritmos que te salgan, prueba instrumentos diversos, siéntate en el piano, destruye la métrica, grita en vez de cantar, sopla la guitarra y toca la corneta. Odia las matemáticas y ama los remolinos. La creación es un pájaro sin plan de vuelo, que jamás volará en línea recta”.

-“Si tuviera que elegir, elegiría quedarme con la gente, porque es la gente la que me motiva a hacer todas esas cosas”.

-“La vida es más fuerte que un poema y que una canción”.

Corazón malherido por cinco espadas.

 

Andrés Wood se presenta en el Festival Iberoamericano de cine con un desastre armonioso, una biografía transformada en arte, una apuesta firme para intentar conquistar su tercer Colón de Oro. ‘Violeta se fue a los cielos’ cuenta la vida de la cantante chilena Violeta Parra basándose en la obra biográfica escrita por su hijo Ángel Parra, una biografía que Wood reinterpreta libremente,  que se salta algunos pasajes, inventa otros y deforma el resto para armar una obra libérrima, de una profundidad insondable. Algunas críticas en Chile han acusado a Wood de pasar por alto la verdadera biografía de la artista, de desvirtuar la imagen de un emblema nacional. Para mí lo que hace Wood es ir mucho más allá. Verdaderamente, no sería una película para mostrar en los colegios chilenos, apenas repasa la vida y obra de la artista en algunos retazos, sin penetrar en los detalles ni en los puntos álgidos, en realidad Wood está más interesado en biografiar el alma indómita de esta rebelde orgullosa, en fotografiar el dolor, en biopsiar el torrente artístico que emanaba de esta figura.

Es por ello que el mejor lenguaje narrativo que se puede utilizar para transmitir la personalidad de Violeta Parra, es el caos y la mejor estructura es el desorden. Eso es lo que nos trae acertadamente el director chileno a la pantalla, una historia sin cronología alguna, que parece fluir al libre albedrío por encima de los convencionalismos de un reloj, que toma y retoma casi caprichosamente diferentes momentos de su niñez, su madurez, sus viajes y sus sueños, que van y vienen en diferentes momentos sin hilo conductor que los ate.

Si hay un elemento que sirva como conducto para dejar correr a la película, esa es la música, las canciones virulentas, desgarradas de Violeta Parra, interpretadas aquí en la voz de la actriz protagonista Francisca Gavilán, que no solo canta con una preciosa voz quebrada, sino que se funde en la piel de Violeta hasta conseguir calcar un papel furibundo y evocador, una interpretación que golpea con su amargura.

Luego está el papel del director, de lo mejor que ha dado Sudamérica en los últimos años, con una visión poética de los planos que narran sutilmente, con un ritmo apenas perceptible pero seguro, con una utilización magistral de los efectos sonoros para evocar, con repeticiones esporádicas de ciertas imágenes para marcar pautas y hacer un montaje fusionado en una película sin hilo cronológico (es posible aunque no lo parezca). Wood, más que una forma propia de hacer cine, tiene su propia textura de cine,  y aquí vuelve a demostrarlo.

Desde luego se pueden hacer otras cosas, tal vez mejores (la historia en sí no es gran cosa ni tiene pundonor propio) pero lo que ha hecho con esta película, no se puede hacer mejor.

 

Nota: 8

 

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