Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

La hora cero

Título: La hora cero

Dirección: Diego Velasco

Interpretación: Zapata 666, Amanda Key, Laureano Olivarez, Erich Wilpred, Marisa Román, Alejandro Furth.

Venezuela. 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

-“Quita esa cara de santo, tú y yo somos la misma mierda”.

-“No se que vamos a hacer para salir de aquí sin que te pidan autógrafos”.

-“Cuando llega la hora, nadie se salva, nadie es culpable, nadie es inocente”.

 

Más que acción.

La hora cero es una trepidante película de acción sin descanso, de persecuciones, tiroteos, emoción, giros de guión imprevisibles y grandes dosis de adrenalina en vena, al más puro estilo Hollywood sí, pero también es mucho más, porque esta impresionante película venezolana va más allá, y entre esa manada de delincuentes que secuestra un hospital a lo John Q, hay además una enorme crítica social a muy diferentes niveles, y un tratamiento de los personajes muy digno, confundiendo siempre al espectador sobre quienes son los buenos o los malos (en John Q por ejemplo quedaba claro que el secuestrador era el bueno, pero aquí, por muy buenas motivaciones que tenga, un sicario es un sicario).

Este joven director, va desenvolviendo la trama con una plausible soltura, adentrándose en el Parca (el personaje principal) a través de flashbacks reveladores que nos desvelan parte de lo que está ocurriendo ahora. El guión está maquinado con fiereza, y su estructura compleja y dinámica está creada para señalar con el dedo en otras subtramas al objeto de sus críticas. No hay piedad, policías, políticos, misses, la sanidad pública en general, todos sufren un varapalo mientras los disparos suenan. Así el argumento transcurre en una clínica privada mientras la sanidad pública está en huelga, mientras una miss se opera los pechos, mientras los ricos acuden a curar sus mundanas dolencias en el mismo instante que otros se desangran… y lo dejo ahí, pero hay muchas otras sorpresas que se encargan de desprestigiar todos los estamentos del país de manera subrepticia mientras la acción que se desarrolla sigue disparada y sin freno.

También hay un control de la cámara muy bueno, acudiendo muchas veces al hombro para las secuencias de mayor intensidad y caos, haciendo barridos panorámicos, contrapicados, ralentizando la imagen para sostener la tensión, primeros planes de detalles, en lo más sórdido (perros lamiendo la sangre o la huella roja dejada en el cristal de una ventanilla) que viene a afianzar con buena técnica el trabajo de guión realizado y la caracterización de los personajes.

Su mayor debilidad radica quizás en la poca profusión que hace del resto de personajes, toda la película la basa en la fortaleza ( y las escondidas flaquezas que lo hacen más humano) del Parca, interpretado por Zapata 666, un rapero venezolano criado en los barrios bajos de Caracas que parece conocer bien a personajes como el que interpreta y que hace un buen papel. El resto de personajes de la trama son casi meros clichés, sin una personalidad definida, una periodista zorrón que busca escalar a través de la audiencia, su cámara adicto a la marihuana, un puñado de ricos snob defensores de los valores tradicionales y otro puñado de ‘malandros’ barriobajeros capaces de asesinar con la mayor frialdad.

Pero en general la película merece mucho la pena, especialmente en una época en la que es difícil ver buen cine de acción, para quién me siga, sería algo así como una especia de Celda 211, algo más que acción.

Nota: 7

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