Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Providence

Título: Providence

Dirección: Alain Resnais

Interpretación: John Gielgud, Dirk Bogarde, Ellen Burstyn, David Warner, Elaine Stritch.

Francia 1977

 

 

 

 

 

 

 

-“Si yo no he sabido morir, al menos he sabido vivir”.

-“Que bonito sería mostrar mi condición de intelectual en los brazos de un hombre y que pudiera mostrarse sincero conmigo”.

-“Me gustaría que mis ansias de libertad fueran más fuertes que el muro de condescendencia que veo en el rostro de Claude”.

-“Tengo que admitir que fuiste un cerdo muy convencional”.

 

Diarrea intelectual.

 

Resnais se atiborra de citas freudianas con tres botellas de vino blanco, luego se toma (y muy a pecho) algunas experiencias personales de postre, algunas azucaradas y melosas, otras, directamente amargas y nauseabundas, y… porque no?, para digerirlo le añadimos alguna droga psicotrópica que introduzca el elemento onírico, tal mejunje, no resiste estómago y termina yéndose furibundamente por la taza del váter.

Yo, que amo ‘Hiroshima mon amour’, que me quedé prendado de la elegancia narrativa de Resnais, no he logrado comprender esta obra caleidoscópica, escurridiza, caótica y desestructurada, donde nada es lo que parece, porque sencillamente nada es, no hay continuidad en una trama desparramada, cruzada por personajes que entran y salen de forma arbitraria sin respetar las mínimas normas espacio-temporales, que dialogan de una forma bellísima y comprometida, pero sin ninguna lógica de guión y la mayoría de las veces sin humanidad en ellos (es como ver una conversación entre los dos ordenadores más inteligentes del mundo), que no emocionan porque ni tan si quiera son humanos, si no parte de una estrafalaria pesadilla… que deambulan por diferentes escenarios con objetos fetiche discutiendo sobre lo divino y lo humano y que hasta se convierten en hombres-lobo.

Toda esta amalgama de desvaríos, tratan de buscar un punto en común, el delirio de un afamado escritor de novelas, que una noche en un éxtasis de creación imagina a los personajes de su próximo escrito, pero, lejos de ser el escritor el que maneja las vidas de estos personajes, son ellos los que son capaces de meterse en la vida de su creador, desafiarlo, e interrumpirlo en un juego creativo que no termina de funcionar, que es demasiado personal para hacerlo extensible a unos espectadores (a no ser que Resnais hiciera una película para él solo) y la obra resulta demasiado ajena, remota a los sentimientos.

Las actuaciones son frías y banales, creo sinceramente que ni los propios actores comprendieron su papel, porque simplemente parecen repetir como papagayos una retahíla de frases inteligentes y estudiadas, pero que sencillamente no tienen conexión con nada de lo que ocurre en la película.

En el apartado técnico tampoco se le puede alabar. Los decorados paupérrimos (Por favor señores directores del futuro, si no tienen dinero para grabar en exteriores no me pongan un decorado con un mar de fondo con una ola a punto de romper, porque todos notamos que durante 10 minutos de escena la ola no se mueve) y el maquillaje también resulta de muy falso en las escasas escenas donde se hace necesario.

Muy decepcionante.

 

Nota: 2

 

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