Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

La historia interminable

Título: La historia interminable.

Dirección: Wolfgang Petersen

Interpretación: Barret Oliver, Noah Hathaway, Mosses Gunn

Alemania. 1984

 

 

 

 

 

 

 

 

-“Los libros que tú lees son sólo cuentos, este libro no es para ti”

-“Quizá todo el reino de Fantasía esté en peligro, sería espantoso”

-“Tú no te rindas nunca y la buena suerte te acompañará siempre”.

 

Para soñarla más que para verla.

 

Die unendliche Geschichte, en su título original, es una historia de fantasía y aventuras que rompió fronteras a finales de la década de los ochenta y engatusó a toda una generación de niños y jóvenes que se emocionaron con el pequeño Bastian y su dragón de la suerte.

En efecto, una novedad para la época como es la concurrencia de personajes fantásticos, surgidos de la imaginación conectada con los niños de Michael Ende (autor del libro en el que se basó de la película y que con buen criterio renegó de la misma), sumado a algunos efectos especiales, una banda sonora pegadiza y un llamamiento a la esperanza en el ser humano fueron suficientes para que el filme diera la vuelta al mundo, pero un cuarto de siglo después y con un análisis más profundo de la película, lo que nos queda es en realidad un guión insulso y deslavazado que tira de épica y emotividad para salir adelante, recursos ‘facilones’ pero que al menos le permiten llegar hasta el final salvando los muebles.

Un mundo mágico, por sorprendente que sea, no es suficiente como para hacer una buena historia. Aquí, para empezar los efectos están desfasados y muchos de los personajes imaginados parecen meros monigotes de plastilina. Pero lo peor, es que la poderosa amplitud que permite esta temática inabarcable (tanto como la imaginación del creador pueda asumir sin tener que ceñirse a las cortapisas del realismo) queda aquí un tanto subyugado por el factor humano, por emprender la historia dentro de un libro y de un niño fascinado, lo que al fin al cabo supone un lastre para la historia, una innecesaria conexión con la realidad, alas cortadas.

El ritmo también es desigual, con una mezcla de elipsis brutales en las que se suponen que los personajes han recorrido cientos de millas, o largos paréntesis para superar alguna de las pruebas que tiene que superar, pero la sensación general es que todo va demasiado acelerado, como la de una historia verdaderamente interminable que hay que encorsetar en 94 minutos con calzador dentro de una cinta, faltan muchos detalles, muchas tramas incompletas, muchas incógnitas por despejar, y sobre todo muchos personajes por conocer… porque pese al gran corolario de seres maravillosos que se dibuja en la película (mérito de Michael Ende y nunca de Wolfgang Petersen) nunca hay tiempo para adentrarse en la personalidad única y arrolladora de cada uno de estos simpáticos ‘muñequitos’ que sí tiene el libro y por los que el director pasa olímpicamente.

Por todo ello, aunque tenga sus buenos momentos, aunque te invite a soñar, la película es totalmente prescindible. Léanse el libro.

 

Nota: 4

 

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