Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Todas las azafatas van al cielo

Título: Todas las azafatas van al cielo.

Dirección: Daniel Burman.

Interpretación: Ingrid Rubio, Alfredo Casero, Norma Aleandro

Argentina 2002

 

 

 

 

 

 

-¿Dónde viven los que viven en la tierra?

-Cuando tengo miedo me dan muchas ganas de dormir

-Blanco debe ser el color de la muerte, blanco idiota, insulso, blanco que no es nada.

 

 

Raffaella Carrá en Ushuaia

 

Esta comedia romántica a la argentina, tiene algo más que un argumento empalagoso y tonto, un error en la que suelen abundar las de su género. ‘Todas las azafatas van al cielo’ tiene un encanto impreciso, una fotografía preciosa en los paisajes montañosos y nevados de Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, y un cierto halo lírico que la convierte en una película, ligera, muy digerible y entretenida sin caer en los pecados de la acción meliflua, la música empalagosa, o sin que los personajes tengan que recurrir a una falsa heroicidad para  llevar a cabo su amor. El secreto está quizá en que esta película es más humana y menos épica. Que el amor se desarrolle en el “culo del mundo” y no en una urbe de ensueño o en jardines esplendorosos o que la música de la película sea tan llana como la horterada de Raffaella Carrá, le dan un tono con los pies en la tierra, por más que el cartel del filme aluda a lo contrario.

Estos hechos, sumados a unos personajes bien confeccionados e interesantes, permite que el espectador se pueda introducir en la trama sin demasiadas dificultades e incluso identificarse.

Y eso que el guión no es para tirar cohetes, de hecho es bastante deficiente. La historia cuenta el viaje de un viudo a esta región de la tierra de fuego para tirar las cenizas de su ex esposa, donde conoce a una azafata en el vuelo que lo llevaba. Allí pasarán diferentes vicisitudes  de tipo romántico, una tontería sí, pero al menos no es tan insulsa como otras de su estilo, y es que el cine argentino parece haberse especializado en darle un toque de interés a este género ya depauperado por décadas de bodrios, pero pese  esto la concatenaciones de encuentros y desencuentros fortuitos típicas en el género se dan en demasía y le resta gran parte de la originalidad que consigue en otros ámbitos.

Espectacular Ingrid Rubio tanto en su belleza natural que exhibe en este filme como en su interpretación igual de natural que en su hermosura desmaquillada, no tan acertado su compañero de reparto, Alfredo Casero, que simplemente cumple el papel.

Todas las azafatas van al cielo se convierte así en una película agradable, un tanto irregular, pero eficaz al fin y al cabo y con un buen sabor de boca, con buenas dosis de ternura, diálogos muy bien fraguados y una fotografía preciosa.

 

Nota: 6

 

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