Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

La pianista

Título: La pianista

Dirección: Michael Haneke

Interpretación: Isabelle Huppert, Benoit Magimel, Annie Girardot, Anna Sigalevitch, Susanne Lothar

Francia 2001

 

 

 

 

 

 

-“No tengo sentimientos, métaselo en la cabeza, y aunque algún día los tenga, no triunfarán sobre mi inteligencia”.

-“No puedes excitar así a un tío y luego refugiarte en el hielo”.

-“Suena tan transparente como un parabrisas sucio..¿Será por las imágenes que le rondan por la cabeza?”

 

 

Juguemos al sado.

 

Otra vez Haneke bailando al borde del abismo sin precipitarse, con una maestría insondable. La Pianista es una obra que resulta a veces repulsiva, con la que el espectador se siente violado, y observa con reticencias y curiosidad malsana las atrocidades y desviaciones sexuales que se proyectan en la pantalla. No es una película fácil, ni si quiera agradable, pero el alubión de sentimientos que te hace experimentar, la empatía con los personajes, los increíbles giros de guión y la tormentosa relación entre profesora de piano y alumno que se contempla, hace que a partir de la primera hora seas incapaz de separar la mirada de una pantalla, sintiéndote un vulgar vouyer, pero atrapado por esa sensación entre el placer y el asco que hizo que esta obra ganara el gran premio del jurado en el Festival de Cannes.

Y es aquí, además de la violencia tan habitual en este director austriaco, donde se fragua una cinta en la que tenemos, para empezar, un magnífico personaje protagonista, con una doble vida, una doble moral y una doble sexualidad, la de una rígida y fría profesora de piano que marcada seguramente por años de autorrepresión sexual termina por acudir secretamente a cabinas de sex-shop, practicar el vouyerismo e inclinarse por el sadomasoquismo. La bidisección psicológica de este personaje es realmente encomiable y cruel y resulta apasionante a ojos del espectador, desbordante y atrayente un resultado al que contribuye sin duda la impecable actuación de Isabelle Huppert, que borda un papel complejísimo y redactado a dos velocidades, en ambas, su contribución es exquisita y Cannes se lo reconoció con el premio a la mejor actriz mientras que el de mejor actor se quedó en manos de su compañero de reparto, Benoit Magimel.

Su guión es macabro, enfermizo, tóxico, pero en él se encuentra también la precisión matemática y fría para jugar con los tiempos y asir al espectador por el cuello, una obra de ingeniería como casi siempre en Haneke pero con un problema inevitable, el de tener que cocinar lentamente a los personajes durante los primeros 45 minutos a fuego muy lento, buscándole los matices, ‘introspecionándolos’ (perdón por el palabro que me acabo de inventar)  lo que puede derivar en que durante un buen rato acabes hasta el gorro de la música de Schubert y de las clases de piano, pero indiscutiblemente, sin esta preparación previa, sin meterse uno en el mundo que nos plantea, el efecto de la película no sería el mismo, de tal modo que, nos guste o no, terminamos por participar en el juego aberrante de Haneke.

Aviso que no es una película apta para todas las sensibilidades y que, las personas morbosas, tampoco encontrarán exactamente lo que buscan, aunque puede que si encuentren algún premio en esta obra incómoda, pero excelente.

 

Nota: 8

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