Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Super 8

Título: Super 8

Dirección: J.J. Abrams

Interpretación: Joel Courtney, Riley Griffiths, Elle Fanning, Ryan Lee, Gabriel Basso.

USA. 2011

 

 

 

 

 

 

 

-“No todo son cosas malas, también hay cosas buenas”.

-“Las drogas son muy malas”.

-“Pero… tenemos que terminar la película”.

 

Super-forzada.

 

Su sabor ochenteno, sus referencias a títulos como los Goonies, ET o encuentros en la tercera fase o sus fascinantes efectos especiales, no son suficientes para hacer olvidar a una película con un guión desastroso, carente de sentido, de diálogos absurdos, con situaciones tan increíbles que rozan lo cómico, en una narración totalmente inverosímil. Lo cierto es que esta historia de aventuras de un grupo de niños con un extraterrestre de por medio, ni emociona, ni comparte experiencias, ni innova, ni conecta con el espectador, a lo sumo entretiene… y solo a ratos.

Todo en la película es añejo, lo que a veces resulta entrañable, pero también deja un sabor mascado, por ejemplo: las personalidades del grupo de niños no podría ser más tópica, el gordito gracioso, el héroe aventurero, la niña rubia y adorable en un entorno familiar hostil y el más pequeñajo y obsesivo… ¿les recuerda a algo? a mi a decenas de películas. Lo mismo ocurre con muchas de las actitudes del ejército, de las piruetas del alien (esta vez con forma arácnida), o de la convivencia de los niños, son todas situaciones muy vistas y que además están mal utilizadas en el desarrollo del filme.

 Para colmo muchas de las situaciones que se dan en la película aparecen demasiado forzadas, apelando a las coincidencias para dinamitar el guión y por ende la credibilidad misma de la película, la historia está mal grapada y a veces hasta insulta a la inteligencia del espectador que tiene que arrojar grandes dosis de voluntad para seguir adelante con el visionado sin regurgitar los nada sutiles fallos que presenta la historia. Todo ello tiene una escena abanderada, la del final, un auténtico reto de ensanchamiento de las tragaderas del espectador en el que héroe-niño dialoga con el monstruito de turno con un diálogo simplemente aborrecible, infantiloide, deplorable…

Tiene en cambio ese poder que da el invertir unos cuantos milloncejos, en explosiones (a veces excesivas) coches volando, luces centelleantes y especialmente en hacer que un bicho arácnido gigante hecho por ordenador se mueva con soltura por la cinta y hasta tenga rasgos faciales y expresiones, e incluso se le puede atribuir un cierto gusto por saber devolver ese cine de aventuras un tanto olvidado en los últimos años y que dejó su sello de diversión… pero ya no estamos en los 80 y la fórmula no funciona, menos aún si la adulteramos con la exigencias de un público ávido de excitaciones a base de llamaradas o sangre, éste no es mi cine de los 80.

 

Nota: 3

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