Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Alemania, año cero

Título: Alemania, año cero.

Dirección: Roberto Rossellini

Interpretación: Edmund Moeschke, Werner Pittschau, Barbara Hintz, Franz Kruger.

Italia. 1948

 

 

 

-“¿Porqué he sido condenado a vivir?”

-“No me fío de la ayuda de los demás, cada uno debe apañárselas solo”.

 

El desamparo

 

Neorrealismo puro: la filmación del desamparo. Rossellini nos trae una cinta durísima, virulenta, donde el hambre, la muerte, el extraperlo y la delincuencia forman parte de la vida diaria en la Alemania de la postguerra. El escenario: el real, las escombreras de una Berlín a medio derruir poco después de la segunda guerra mundial, impagable como lugar donde rodar, en exteriores, ningún decorado por perfeccionado que fuera podría lograr ese efecto.

La película es terrible en su guión, un martillazo a la conciencia, y es que el maestro Rossellini es ante todo un director comprometido, que siente lo que hace y que trata de que sus películas tengan una relevancia social que trasciendan más allá de lo puramente cinematográfico.

La imagen desoladora que consigue el pequeño protagonista de doce años en mitad de los cascotes y las huellas de los horrores de la guerra es, además de efectiva, fantástica y es el motor de la historia que nace en el drama y culmina en los infiernos. La contundencia de la imagen es abrumadora para hacer sentir al espectador las miserias de una vida arrastrada, donde la necesidad hace cruzar los límites de la honestidad y hace plantearse opciones morales que rasgan el corazón, porque también esa traba pone el guión al espectador, para hacerle pensar acerca de las condiciones de vida, y también de la condición humana, es una película para sangrar, para derrumbarse.

Tiene como peor elemento el paso del tiempo, en primer lugar, porque la calidad del metraje ha perdido muchas de las tonalidades de claroscuros que debiera tener antaño y la fotografía pierde fuelle en un celuloide ajado y granulado que evita poder detenerse más en los detalles y en su factura técnica. En segundo lugar, porque la guerra queda demasiado lejos y la conciencia del espectador actual está más edulcorada a golpe de telediario, por ello la película parece extremista en muchas de sus condiciones y el final es claramente exagerado, pero aún así nunca está demás ampliar los horizontes de la conciencia con un filme en la que los escenarios naturales del Berlín, los diálogos amargos y certeros y un guión que sangra deja al menos un sello en la historia del cine. Una joya antigua.

Nota: 6

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