Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Al final de la escapada

Título: Al final de la escapada

Dirección: Jean-Luc Godard

Interpretación: Jean-Paul Belmondo, Jean Seberg, Daniel Boulanger, Henri-Jacques Huet.

Francia. 1960

 

 

 

 

 

 

-“Cuando una chica dice que todo va muy bien y no puede encenderse el cigarrillo significa que tiene miedo de algo”.

-“Entre el dolor y la nada, elijo la nada, no es mejor, pero el dolor es un compromiso”.

Dinamismo gamberro

Comienza la película, sin títulos de crédito, un chico Martini lee el periódico, roba un coche, acelera, adelanta, es perseguido por la policía, se escabulle, asesina, escapa… sin solución de continuidad, elipsis tras elipsis, la película avanza con un continuo chasquido de dedos, a un ritmo vertiginoso. Es ‘Al final de la escapada’, la película que revolucionó la historia del cine, que reactivó el movimiento cinematográfico de la ‘Nouvelle Vague’ y que innovó en la sintaxis cinematográfica para marcar un nuevo tempo.

La película es una provocación, una gamberrada, una obra que busca romper moldes más allá de comunicar o entretener, hecha más para sorprender que para gustar y por ello se olvidan de todos los formalismos. En su virtud está la continua improvisación, la ausencia de encuadres medidos, la cámara al hombro que deambula persiguiendo a los personajes, los cortes de escena sin previo aviso como si de espasmos narrativos se tratasen… pero mira por donde, todo esto que debería haber convergido en una chapuza narrativa no queda tan mal. Seamos claros, ‘Al final de la Escapada’ es una película más importante por su trascendencia posterior en la historia del cine, por lo que aportaron sus ideas a la películas posteriores, que por sí misma, pero a mi me pareció muy entretenida y aunque la estructura del guión quede rota a cada momento, al menos se sigue un fino hilo con su nudo y su desenlace con algunos momentos realmente sorprendentes y frases para enmarcar, a veces cargadas de pedantería, pero significativas. Y la frescura y la naturalidad con la que pasan sus personajes a lo largo del filme (no hay nada más fresco que la pura improvisación) es muy de agradecer. Otra cosa al margen de las actuaciones es la construcción de los personajes, por un lado el chico ‘malote’ que se busca Jean-Paul Belmondo, resulta demasiado superficial y encantador al mismo tiempo, poco creíble en definitiva. Diferente es el papel que ofrece Jean Seberg, jovial, dubitativa, con conflictos internos, comiéndose la cámara, su personaje es mucho más profundo y conmovedor.

Pese a su rebeldía la película no está exenta de talento, pese a sus descuidos no deja de ser estimulante, pese a sus bofetadas al guión, la mezcla de Thriller, cine negro y romanticismo no deja de generar cierta atracción en los espectadores.

Nota: 7

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